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Lectura de Hoy

Devocional: Rut 1

Difícilmente encontraremos en las Escrituras una figura más atractiva que Rut.

Es moabita (Rut 1:4). Vive en tiempos difíciles y se enfrenta a su pro- pio profundo duelo. Ella y otra moabita, Orfa, se casan con dos inmigrantes recientes llamados Mahlón y Quelión. Estos dos hombres y sus padres ha- bían llegado al territorio moabita para escapar de la hambruna que acecha- ba a su pueblo, Belén. Pasaron unos años y el padre de estos hombres, Eli- melec, murió. Luego también murieron Mahlón y Quelión, de manera que quedan las tres mujeres: la suegra de las moabitas, Noemí, y las dos moa- bitas: Orfa y Rut.

Cuando Noemí se enteró de que se había acabado la hambruna en su tierra—la razón principal para haber emigrado a Moab— decide volver a casa. Las familias solían trabajar en relaciones de clanes extendidos. Allí, cuidarían de ella y el dolor de su soledad se mitigaría. Con sabiduría, anima a sus dos nueras a que se queden en su propia tierra, con su pueblo, idioma y cultura. ¿Quién sabe? Con el tiempo, hasta podrían conseguir nuevas pa- rejas. Ciertamente, ¡no podían esperar que Noemí se los produjera!

Así, Orfa acepta el consejo y se queda en Moab, y no se sabe nada más de ella. Rut, sin embargo, se aferra a Noemí: “No me ruegues que te deje, y me aparte de ti; porque a dondequiera que tú vayas, iré yo, y dondequiera que vivas, viviré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios. Donde tú mueras, moriré yo, y allí seré sepultada” (1:16-17). Incluso se amenaza a sí misma con una mal- dición: “¡Que me castigue el Señor con toda severidad si me separa de ti algo que no sea la muerte!” (1:17).

Rut no tenía la intención de parecer heroica. Sencillamente, estaba ha- blando con el corazón. ¿Había alcanzado una fe genuina y consistente en Dios el Señor durante los diez años de su matrimonio? ¿Qué clase de lazos sólidos y sutiles se habían forjado entre Rut y los miembros israelitas de esta familia extendida y, en particular, entre ella y Noemí?

Nuestra cultura suele bromear acerca de las suegras. Pero muchísimas son asombrosamente desinteresadas y establecen relaciones con sus nueras que son tan profundas y piadosas como las mejores entre madres e hijas. Así parece ser aquí. Rut estaba dispuesta a abandonar a su propio pueblo, cul- tura, tierra e incluso religión, con tal de quedarse con Noemí para ayudarla.

No podía saber que, al tomar esa decisión, pronto acabaría casada otra vez, y menos aún que ese matrimonio le haría formar parte del linaje, no sólo de la impresionante dinastía davídica, sino del Rey supremo que surgi- ría de ella siglos más tarde.

 


Este devocional es un extracto de Por amor a Dios, Volumen I, por Donald A. Carson © Publicaciones Andamio, 2013. Usado con permiso.

Devocional: Jeremías 36, 45

Jeremías 36 y 45 ofrecen valiosas perspectivas dentro de dos ámbitos: la relación existente entre Jeremías y Baruc, y cómo llegaron a escribirse las profecías del primero.

(1) Baruc, hijo de Nerías (36:4) y hermano de Seraías, oficial al servicio del rey Sedequías (51:59), aparece por primera vez en este libro en el capítulo 32, como testigo legal. Se deduce, por tanto, que Baruc era el amanuense del rey (su escriba; más o menos, su secretario).

(2) Parece claro que Baruc creyó en algún momento que estar vinculado con un profeta como Jeremías contribuiría a su progreso. Ahora, lo encontramos profundamente decepcionado al ver que los acontecimientos no se producen como esperaba (Jeremías 45). La trascendencia de los mensajes que ha estado transcribiendo angustia a su alma y se siente terriblemente deprimido. Jeremías reacciona de dos formas: (a) reprende al joven por pensar únicamente en su propio futuro cuando la nación se está hundiendo por completo. Sus palabras constituyen una amonestación que muchos necesitan escuchar en el Occidente individualista; (b) lo tranquiliza: a pesar de la catástrofe que está a punto de caer sobre la ciudad, Baruc sobrevivirá.

(3) No se siempre disponemos de información precisa acerca de cómo llegó la revelación de Dios a los profetas con la forma escrita que tenemos en la Biblia. En este caso, es maravillosamente específica. Dios mismo ordena a Jeremías que escriba las palabras y este las dicta meticulosamente a Baruc, que las transcribe. Nos encontramos en el cuarto año del reinado de Joacim (36:1), alrededor de 605-604 a.C., el año de la batalla de Carquemis, tras la cual Babilonia sustituyó a Egipto como potencia dominante en la región.

(4) Parece que, al menos en primera instancia, la forma escrita de las profecías de Jeremías tuvo más peso entre las autoridades que la oral, a raíz de la cual fue encarcelado (36:8-19). Incluso en la actualidad, los medios públicos (periódicos, radio, televisión) tienen más credibilidad que una simple palabra en boca de un amigo. Lo trágico de la situación es que el rey responde con una actitud cínica y desafiante, rompiendo el rollo y tirándolo al fuego; una reacción tristemente contraria a la del rey Josías cuando le leyeron el libro de la ley que encontraron (2 Reyes 22:11). Peor aún, si lo que está destruyendo es realmente el rollo que contiene las palabras de Dios, qué estupidez absoluta pensar que estas pueden eliminarse tan fácilmente. ¿Es acaso tan corta la memoria del Todopoderoso, que no es capaz recordar lo que ha dicho? ¿Acaso no puede levantar hombres, siervos suyos que transcriban otra vez el material e incluso incluyan nuevas revelaciones (36:27-32)? Ocurre lo mismo con los muchos intentos de destruir las Escrituras habidos a lo largo de la historia: ¿No tiene el Señor poder para defender sus palabras y destruir a los que se burlan de ellas?

 


Este devocional es un extracto de Por amor a Dios, Volumen II, por Donald A. Carson © Publicaciones Andamio, 2016. Usado con permiso.

Rut 1

Rut y Noemí

1 Aconteció que en los días en que gobernaban los jueces, en Israel hubo hambre en el país. Y un hombre de Belén de Judá fue a residir en los campos de Moab con su mujer y sus dos hijos. Aquel hombre se llamaba Elimelec, y su mujer se llamaba Noemí. Los nombres de sus dos hijos eran Mahlón y Quelión, efrateos de Belén de Judá. Y llegaron a los campos de Moab y allí se quedaron. Y murió Elimelec, marido de Noemí, y quedó ella con sus dos hijos. Ellos se casaron con mujeres moabitas; el nombre de una era Orfa y el nombre de la otra Rut. Y vivieron allí unos diez años. Murieron también los dos, Mahlón y Quelión, y la mujer quedó privada de sus dos hijos y de su marido.

Entonces se levantó con sus nueras para regresar de la tierra de Moab, porque ella había oído en la tierra de Moab que el Señor había visitado a Su pueblo dándole alimento. Salió, pues, del lugar donde estaba, y sus dos nueras con ella, y se pusieron en camino para volver a la tierra de Judá. Y Noemí dijo a sus dos nueras: «Vayan, regrese cada una a la casa de su madre. Que el Señor tenga misericordia de ustedes como ustedes la han tenido con los que murieron y conmigo. Que el Señor les conceda que hallen descanso, cada una en la casa de su marido». Entonces las besó, y ellas alzaron sus voces y lloraron, 10 y le dijeron: «No, sino que ciertamente volveremos contigo a tu pueblo». 11 Pero Noemí dijo: «Vuélvanse, hijas mías. ¿Por qué quieren ir conmigo? ¿Acaso tengo aún hijos en mis entrañas para que sean sus maridos? 12 Vuélvanse, hijas mías. Váyanse, porque soy demasiado vieja para tener marido. Si dijera que tengo esperanza, y si aun tuviera un marido esta noche y también diera a luz hijos, 13 ¿esperarían por eso hasta que fueran mayores? ¿Dejarían ustedes de casarse por eso? No, hijas mías, porque eso es más difícil para mí que para ustedes, pues la mano del Señor se ha levantado contra mí». 14 Y ellas alzaron sus voces y lloraron otra vez; y Orfa besó a su suegra, pero Rut se quedó con ella.

15 Entonces Noemí dijo: «Mira, tu cuñada ha regresado a su pueblo y a sus dioses; vuelve tras tu cuñada». 16 Pero Rut le respondió: «No insistas en que te deje o que deje de seguirte; porque adonde tú vayas, yo iré, y donde tú mores, moraré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios. 17 Donde tú mueras, allí moriré, y allí seré sepultada. Así haga el Señor conmigo, y aún peor, si algo, excepto la muerte, nos separa». 18 Al ver Noemí que Rut estaba decidida a ir con ella, no le insistió más.

19 Caminaron, pues, las dos hasta que llegaron a Belén. Cuando llegaron a Belén, toda la ciudad se conmovió a causa de ellas, y las mujeres decían: «¿No es esta Noemí?». 20 Ella les dijo: «No me llamen Noemí, llámenme Mara, porque el trato del Todopoderoso me ha llenado de amargura. 21 Llena me fui, pero vacía me ha hecho volver el Señor. ¿Por qué me llaman Noemí, ya que el Señor ha dado testimonio contra mí y el Todopoderoso me ha afligido?».

22 Y volvió Noemí, y con ella su nuera Rut la moabita, regresando así de los campos de Moab. Llegaron a Belén al comienzo de la siega de la cebada.

   

Nueva Biblia de las Américas Copyright © 2005 por The Lockman Foundation, La Habra, California. Todos los derechos reservados. Para más información, visita www.exploranbla.com

Hechos 26

Defensa de Pablo ante Herodes Agripa II

26 Agripa II dijo a Pablo: «Se te permite hablar en tu favor». Entonces Pablo, extendiendo la mano, comenzó su defensa:

«Con respecto a todo aquello de que los judíos me acusan, me considero afortunado, oh rey Agripa, de poder presentar hoy mi defensa delante de usted, sobre todo, porque es experto en todas las costumbres y controversias entre los judíos. Por lo cual le ruego que me escuche con paciencia.

»Pues bien, todos los judíos conocen mi vida desde mi juventud, que desde el principio transcurrió entre los de mi pueblo y en Jerusalén; puesto que ellos han sabido de mí desde hace mucho tiempo, si están dispuestos a testificar, que viví como fariseo, de acuerdo con la secta más estricta de nuestra religión.

»Y ahora soy sometido a juicio por la esperanza de la promesa hecha por Dios a nuestros padres: que nuestras doce tribus esperan alcanzar al servir fielmente a Dios noche y día. Y por esta esperanza, oh rey, soy acusado por los judíos. ¿Por qué se considera increíble entre ustedes que Dios resucite a los muertos?

»Yo ciertamente había creído que debía hacer muchos males en contra del nombre de Jesús de Nazaret. 10 Esto es precisamente lo que hice en Jerusalén. No solo encerré en cárceles a muchos de los santos con la autoridad recibida de los principales sacerdotes, sino que también, cuando eran condenados a muerte, yo añadía mi voto. 11 Castigándolos con frecuencia en todas las sinagogas, procuraba obligarlos a blasfemar, y enfurecido contra ellos, seguía persiguiéndolos aun hasta en las ciudades extranjeras.

Relato de la conversión de Pablo

12 »Ocupado en esto, cuando iba para Damasco con autoridad y comisión de los principales sacerdotes, 13 al mediodía, oh rey, yendo de camino, vi una luz procedente del cielo más brillante que el sol, que resplandecía alrededor mío y de los que viajaban conmigo. 14 Después de que todos caímos al suelo, oí una voz que me decía en el idioma hebreo: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Dura cosa te es dar coces contra el aguijón”.

15 »Yo entonces dije: “¿Quién eres, Señor?”. Y el Señor dijo: “Yo soy Jesús a quien tú persigues. 16 Pero levántate y ponte en pie; porque te he aparecido con el fin de designarte como ministro y testigo, no solo de las cosas que has visto, sino también de aquellas en que me apareceré a ti. 17 Te rescataré del pueblo judío y de los gentiles, a los cuales Yo te envío, 18 para que les abras sus ojos a fin de que se conviertan de las tinieblas a la luz, y del dominio de Satanás a Dios, para que reciban, por la fe en Mí, el perdón de pecados y herencia entre los que han sido santificados”.

19 »Por tanto, oh rey Agripa, no fui desobediente a la visión celestial, 20 sino que anunciaba, primeramente a los que estaban en Damasco y también en Jerusalén, y después por toda la región de Judea, y aun a los gentiles, que debían arrepentirse y volverse a Dios, haciendo obras dignas de arrepentimiento.

21 »Por esta causa, algunos judíos me prendieron en el templo y trataron de matarme. 22 Así que habiendo recibido ayuda de Dios, continúo hasta este día testificando tanto a pequeños como a grandes, no declarando más que lo que los profetas y Moisés dijeron que sucedería: 23 que el Cristo había de padecer, y que por motivo de Su resurrección de entre los muertos, Él debía ser el primero en proclamar luz tanto al pueblo judío como a los gentiles».

Pablo exhorta a Herodes Agripa II

24 Mientras Pablo decía esto en su defensa, Festo dijo* a gran voz: «¡Pablo, estás loco! ¡Tu mucho saber te está haciendo perder la cabeza!». 25 Pero Pablo le respondió*: «No estoy loco, excelentísimo Festo, sino que hablo palabras de verdad y de cordura. 26 Porque el rey entiende estas cosas, y también le hablo con confianza, porque estoy persuadido de que él no ignora nada de esto; pues esto no se ha hecho en secreto. 27 Rey Agripa, ¿cree usted en los profetas? Yo sé que cree».

28 Entonces Agripa II le dijo a Pablo: «En poco tiempo me persuadirás a que me haga cristiano». 29 Y Pablo contestó: «Quisiera Dios que, ya fuera en poco tiempo o en mucho, no solo usted, sino también todos los que hoy me oyen, llegaran a ser tal como yo soy, a excepción de estas cadenas».

30 El rey, el gobernador, Berenice y los que estaban sentados con ellos se levantaron, 31 y mientras se retiraban, hablaban entre sí, diciendo: «Este hombre no ha hecho* nada que merezca muerte o prisión». 32 Agripa II le dijo a Festo: «Este hombre podría haber sido puesto en libertad, si no hubiera apelado a César».

   

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Jeremías 36, 45

El rollo de Jeremías leído en el templo

36 En el año cuarto de Joacim, hijo de Josías, rey de Judá, vino esta palabra a Jeremías de parte del Señor: «Toma un rollo y escribe en él todas las palabras que te he hablado acerca de Israel, acerca de Judá y acerca de todas las naciones, desde el día que te hablé, desde los días de Josías, hasta hoy. Tal vez la casa de Judá oiga toda la calamidad que pienso traer sobre ellos, y se vuelva cada uno de su mal camino; entonces perdonaré su iniquidad y su pecado».

Llamó, pues, Jeremías a Baruc, hijo de Nerías, y Baruc escribió al dictado de Jeremías, en un rollo, todas las palabras que el Señor le había hablado. Entonces Jeremías dio órdenes a Baruc: «Estoy detenido; no puedo entrar en la casa del Señor. Ve, pues, y lee en el rollo que has escrito al dictado mío, las palabras del Señor a oídos del pueblo, en la casa del Señor un día de ayuno. También las leerás a oídos de todos los de Judá que vienen de sus ciudades. Tal vez su súplica llegue delante del Señor, y todos se vuelvan de su mal camino, porque grande es la ira y el furor que el Señor ha pronunciado contra este pueblo». Baruc, hijo de Nerías, hizo conforme a todo lo que el profeta Jeremías le había mandado, y leyó en el libro las palabras del Señor, en la casa del Señor.

Y en el año quinto de Joacim, hijo de Josías, rey de Judá, en el mes noveno, todo el pueblo en Jerusalén y todo el pueblo que vino de las ciudades de Judá a Jerusalén proclamaron ayuno delante del Señor. 10 Baruc leyó en el libro las palabras de Jeremías a oídos de todo el pueblo en la casa del Señor, en la cámara de Gemarías, hijo del escriba Safán, en el atrio superior, a la entrada de la puerta Nueva de la casa del Señor.

11 Al oír Micaías, hijo de Gemarías, hijo de Safán, todas las palabras del Señor que estaban en el libro, 12 descendió a la casa del rey, a la cámara del escriba. Y estaban sentados allí todos los oficiales: el escriba Elisama, Delaía, hijo de Semaías, Elnatán, hijo de Acbor, Gemarías, hijo de Safán, Sedequías, hijo de Ananías, y todos los demás oficiales. 13 Micaías les declaró todas las palabras que había oído cuando Baruc leyó en el libro a oídos del pueblo. 14 Entonces todos los oficiales enviaron a Jehudí, hijo de Netanías, hijo de Selemías, hijo de Cusi, a decir a Baruc: «Toma en tu mano el rollo en el que has leído a oídos del pueblo y ven». Y Baruc, hijo de Nerías, tomó el rollo en su mano y fue a ellos. 15 Y le dijeron: «Siéntate ahora, y léenoslo». Y Baruc se lo leyó. 16 Cuando oyeron todas las palabras, se miraron unos a otros atemorizados, y dijeron a Baruc: «Ciertamente haremos saber al rey todas estas palabras». 17 Y le preguntaron a Baruc: «Cuéntanos ahora cómo escribiste todas estas palabras. ¿Fue al dictado suyo?». 18 Baruc les respondió: «Él me dictó todas estas palabras, y yo las escribí con tinta en el libro». 19 Entonces los oficiales dijeron a Baruc: «Ve, escóndete, tú y Jeremías, y que nadie sepa donde están».

El rollo quemado y escrito de nuevo

20 Después de haber depositado el rollo en la cámara del escriba Elisama, los oficiales entraron al atrio donde estaba el rey, y contaron a oídos del rey todas las palabras. 21 Entonces el rey envió a Jehudí a buscar el rollo, y este lo tomó de la cámara del escriba Elisama, y Jehudí lo leyó al rey y a todos los oficiales que estaban junto al rey. 22 El rey estaba sentado en la casa de invierno (en el mes noveno), y había un brasero encendido delante de él. 23 Y sucedía que después que Jehudí había leído tres o cuatro columnas, el rey lo cortaba con el cuchillo del escriba y lo echaba al fuego que estaba en el brasero, hasta consumir todo el rollo en el fuego que estaba en el brasero. 24 Ni el rey ni ninguno de sus siervos que oyeron todas estas palabras tuvieron temor ni rasgaron sus vestiduras. 25 Y aunque Elnatán y Delaía y Gemarías rogaron al rey que no quemara el rollo, él no les hizo caso. 26 Luego el rey ordenó a Jerameel, hijo del rey, a Seraías, hijo de Azriel, y a Selemías, hijo de Abdeel, que prendieran al escriba Baruc y al profeta Jeremías, pero el Señor los escondió.

27 Entonces vino la palabra del Señor a Jeremías, después que el rey había quemado el rollo y las palabras que Baruc había escrito al dictado de Jeremías: 28 «Vuelve a tomar otro rollo y escribe en él todas las palabras que antes había en el primer rollo que quemó Joacim, rey de Judá. 29 Y a Joacim, rey de Judá, le dirás: “Así dice el Señor: ‘Tú has quemado este rollo, diciendo: “¿Por qué has escrito en él que ciertamente vendrá el rey de Babilonia y destruirá esta tierra, y hará desaparecer de ella a hombres y animales?”’.

30 ”Por tanto, así dice el Señor acerca de Joacim, rey de Judá: ‘No tendrá quien se siente sobre el trono de David, y su cadáver quedará tirado al calor del día y a la escarcha de la noche. 31 Lo castigaré a él, a su descendencia y a sus siervos por su iniquidad, y traeré sobre ellos, sobre los habitantes de Jerusalén y sobre los hombres de Judá toda la calamidad que les he anunciado, sin que ellos escucharan’”». 32 Entonces Jeremías tomó otro rollo y se lo dio al escriba Baruc, hijo de Nerías, y este escribió en él al dictado de Jeremías todas las palabras del libro que Joacim, rey de Judá, había quemado en el fuego, y aun se le añadieron muchas palabras semejantes.

 

45 Palabra que habló el profeta Jeremías a Baruc hijo de Nerías, cuando escribía en el libro estas palabras de boca de Jeremías, en el año cuarto de Joacim hijo de Josías rey de Judá, diciendo: 2 Así ha dicho Jehová Dios de Israel a ti, oh Baruc: 3 Tú dijiste: ¡Ay de mí ahora!, porque ha añadido Jehová tristeza a mi dolor; fatigado estoy de gemir, y no he hallado descanso. 4 Así le dirás: Ha dicho Jehová: He aquí que yo destruyo a los que edifiqué, y arranco a los que planté, y a toda esta tierra. 5 ¿Y tú buscas para ti grandezas? No las busques; porque he aquí que yo traigo mal sobre toda carne, ha dicho Jehová; pero a ti te daré tu vida por botín en todos los lugares adonde fueres.

   

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Salmos 9

Salmo de acción de gracias por la justicia de Dios

Para el director del coro; sobre Mut Laben. Salmo de David.

9 Daré gracias al Señor con todo mi corazón; Todas Tus maravillas contaré. En Ti me alegraré y me regocijaré; Cantaré alabanzas a Tu nombre, oh Altísimo. Cuando mis enemigos retroceden, Tropiezan y perecen delante de Ti. Porque Tú has mantenido mi derecho y mi causa; Te sientas en el trono juzgando con justicia. Has reprendido a las naciones, has destruido al impío, Has borrado su nombre para siempre. El enemigo ha llegado a su fin en desolación eterna, Y Tú has destruido sus ciudades; Su recuerdo ha perecido con ellas.

Pero el Señor permanece para siempre; Ha establecido Su trono para juicio, Y juzgará al mundo con justicia; Con equidad ejecutará juicio sobre los pueblos. El Señor será también baluarte para el oprimido, Baluarte en tiempos de angustia. 10 En Ti pondrán su confianza los que conocen Tu nombre, Porque Tú, oh Señor, no abandonas a los que te buscan.

11 Canten alabanzas al Señor, que mora en Sión; Proclamen entre los pueblos Sus proezas. 12 Porque el que pide cuentas de la sangre derramada, se acuerda de ellos; No olvida el clamor de los afligidos. 13 Oh Señor, ten piedad de mí; Mira mi aflicción por causa de los que me aborrecen, Tú que me levantas de las puertas de la muerte; 14 Para que yo cuente todas Tus alabanzas, Para que en las puertas de la hija de Sión Me regocije en Tu salvación. 15 Las naciones se han hundido en el foso que hicieron; En la red que escondieron, su propio pie quedó prendido. 16 El Señor se ha dado a conocer; Ha ejecutado juicio. El impío es atrapado en la obra de sus propias manos. (Higaion, Selah)

17 Los impíos volverán al Seol, O sea, todas las naciones que se olvidan de Dios. 18 Pues el necesitado no será olvidado para siempre, Ni la esperanza de los afligidos perecerá eternamente. 19 Levántate, oh Señor; no prevalezca el hombre; Sean juzgadas las naciones delante de Ti. 20 Pon temor en ellas, oh Señor; Aprendan las naciones que no son más que hombres. (Selah)

   

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