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Lectura de Hoy

Devocional: Génesis 14

Si leyéramos el libro de Génesis sin conocer el contenido de ningún otro libro de la Biblia una de las secciones que encontraríamos más enigmáticas sería estos versículos que tratan de Melquisedec (Génesis 14:18- 20). ¿Cómo puede ser que contribuya de forma sustancial a la línea narrativa del libro?

Aparece tras la decisión (Génesis 13) de Abram y de Lot de separarse para poner fin a las querellas que se sucedían entre sus respectivos empleados. Lot escoge las llanuras de Sodoma y Gomorra. Esto quiere decir que tanto él mismo como su familia y sus bienes son capturados cuando Quedorlaomer y los reyes más bien mediocres que se han aliado con él atacan las ciudades gemelas y se hacen con un botín considerable. Abram y un buen número de guerreros persiguen a los saqueadores. La batalla acaba con la liberación de Lot y de su familia, y la restauración tanto de las personas como de los bienes que habían sido saqueados. En los versículos siguientes, Abram rechaza cualquier recompensa de parte del rey de Sodoma, una ciudad cuya maldad ya era notoria, pero acepta con agrado la bendición del rey de Salem (posiblemente la misma ciudad que Jerusalén) y a cambio le ofrece un diezmo honorífico.

Históricamente, Melquisedec (nombre que significa “rey de justicia”) parece ser el rey de la ciudad-Estado de Salem (nombre que significa “paz” o “bienestar”. Su rol en la narrativa no es solo el del “Rey de Salem”, sino también “sacerdote del Dios altísimo” (14:18). De hecho, bendice a Abram en nombre del Dios Todopoderoso. Hasta tal punto Abram le respeta, aparentemente conociéndole ya por otros encuentros anteriores, que él a su vez también le honora.

No hay motivo para creer que Abram fuese la única persona en la tierra que conservase el conocimiento del Dios viviente. Melquisedec era otro, y Abram reconoce en él un alma gemela. En un libro que cataloga con detalle la genealogía de prácticamente todo el mundo que tiene un lugar en la narrativa, no deja de sorprender la manera como Melquisedec aparece y desaparece – no se nos dice ni quiénes eran sus padres ni como murió. Él y su ciudad son la contrapartida de Sodoma y su rey. Otra vez más, se contraponen la ciudad de Dios y la de los hombres (como diría Agustín).

Melquisedec solo se menciona en dos sitios más en la Biblia. El primero, es el Salmo 110 (ver la reflexión para el 17 de junio); el otro es Hebreos, donde el escritor reconoce la importancia de la inclusión de Melquisedec en la línea narrativa de Génesis, afirmando que se trata de un evento cargado de simbolismo cuyo significado es extraordinario (ver especialmente He­breos 7). Dios prepara así el camino para el último rey-sacerdote, no sólo a través de profecías verbales, sino también, mediante modelos (o tipos) que establecen las categorías y configuran las expectativas del pueblo de Dios.

 


Este devocional es un extracto de Por amor a Dios, Volumen 1, por Donald A. Carson © Publicaciones Andamio, 2013. Usado con permiso.

Génesis 14

La guerra de los reyes

14 Aconteció en los días de Amrafel, rey de Sinar, de Arioc, rey de Elasar, de Quedorlaomer, rey de Elam, y de Tidal, rey de Goyim, que estos hicieron guerra a Bera, rey de Sodoma, y a Birsa, rey de Gomorra, a Sinab, rey de Adma, a Semeber, rey de Zeboim, y al rey de Bela, es decir, Zoar. Estos últimos se reunieron como aliados en el valle de Sidim, es decir, el Mar Salado.

Doce años habían servido a Quedorlaomer, pero en el año trece se rebelaron. En el año catorce, Quedorlaomer y los reyes que estaban con él, vinieron y derrotaron a los refaítas en Astarot Karnaim, a los zuzitas en Ham, a los emitas en Save Quiriataim, y a los horeos en el monte de Seir hasta El Parán, que está junto al desierto. Entonces volvieron a En Mispat, es decir, Cades, y conquistaron todo el territorio de los amalecitas, y también a los amorreos que habitaban en Hazezon Tamar.

Entonces el rey de Sodoma, con el rey de Gomorra, el rey de Adma, el rey de Zeboim y el rey de Bela, es decir, Zoar, salieron y les presentaron batalla en el valle de Sidim: es decir, a Quedorlaomer, rey de Elam, a Tidal, rey de Goyim, a Amrafel, rey de Sinar, y a Arioc, rey de Elasar; cuatro reyes contra cinco. 10 El valle de Sidim estaba lleno de pozos de asfalto, y el rey de Sodoma y el de Gomorra al huir cayeron allí. Y los demás huyeron a los montes.

11 Entonces tomaron todos los bienes de Sodoma y Gomorra con todas sus provisiones, y se fueron. 12 Se llevaron también a Lot, sobrino de Abram, con todas sus posesiones, pues él habitaba en Sodoma, y se fueron.

Abram libera a Lot

13 Uno de los que escaparon vino y se lo hizo saber a Abram el hebreo, que habitaba en el encinar de Mamre el amorreo, hermano de Escol y hermano de Aner, y estos eran aliados de Abram. 14 Al oír Abram que su sobrino había sido llevado cautivo, movilizó a sus hombres adiestrados nacidos en su casa, 318 en total, y salió en su persecución hasta Dan.

15 Por la noche, él, con sus siervos, organizó sus fuerzas contra ellos, y los derrotó y los persiguió hasta Hoba, que está al norte de Damasco. 16 Y recobró todos sus bienes, también a su sobrino Lot con sus posesiones, y también a las mujeres y a la demás gente.

Abram y Melquisedec

17 A su regreso después de derrotar a Quedorlaomer y a los reyes que estaban con él, salió a su encuentro el rey de Sodoma en el valle de Save, es decir, el valle del Rey. 18 Y Melquisedec, rey de Salem, sacó pan y vino; él era sacerdote del Dios Altísimo. 19 Él lo bendijo, diciendo:

«Bendito sea Abram del Dios Altísimo,
Creador del cielo y de la tierra;
20 Y bendito sea el Dios Altísimo
Que entregó a tus enemigos en tu mano».

Abram le dio el diezmo de todo.

21 El rey de Sodoma dijo a Abram: «Dame las personas y toma para ti los bienes». 22 Y Abram dijo al rey de Sodoma: «He jurado al Señor, Dios Altísimo, creador del cielo y de la tierra, 23 que no tomaré ni un hilo ni una correa de zapato, ni ninguna cosa suya, para que no diga: “Yo enriquecí a Abram”. 24 Nada tomaré, excepto lo que los jóvenes han comido y la parte de los hombres que fueron conmigo: Aner, Escol y Mamre. Ellos tomarán su parte».

   

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Mateo 13

Parábolas sobre el reino

13 Ese mismo día salió Jesús de la casa y se sentó a la orilla del mar. Y se congregaron junto a Él grandes multitudes, por lo que subió a una barca y se sentó; y toda la multitud estaba de pie en la playa.

Parábola del sembrador

Y les habló muchas cosas en parábolas, diciendo: «El sembrador salió a sembrar; y al sembrar, parte de la semilla cayó junto al camino, y vinieron las aves y se la comieron. Otra parte cayó en pedregales donde no tenía mucha tierra; y enseguida brotó porque no tenía profundidad de tierra; pero cuando salió el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó. Otra parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron y la ahogaron. Y otra parte cayó en tierra buena y dio* fruto, algunas semillas a ciento por uno, otras a sesenta y otras a treinta. El que tiene oídos, que oiga».

Propósito de las parábolas

10 Y acercándose los discípulos, dijeron a Jesús: «¿Por qué les hablas en parábolas?». 11 Jesús les respondió: «Porque a ustedes se les ha concedido conocer los misterios del reino de los cielos, pero a ellos no se les ha concedido. 12 Porque a cualquiera que tiene, se le dará más, y tendrá en abundancia; pero a cualquiera que no tiene, aun lo que tiene se le quitará. 13 Por eso les hablo en parábolas; porque viendo no ven, y oyendo no oyen ni entienden.

14 «Y en ellos se cumple la profecía de Isaías que dice:

“Al oír, ustedes oirán, pero no entenderán;
Y viendo verán, pero no percibirán;
15 Porque el corazón de este pueblo se ha vuelto insensible,
Y con dificultad oyen con sus oídos;
Y han cerrado sus ojos;
De otro modo, verían con los ojos,
Oirían con los oídos,
Y entenderían con el corazón,
Y se convertirían,
Y Yo los sanaría”.

16 «Pero dichosos los ojos de ustedes, porque ven, y sus oídos, porque oyen. 17 Porque en verdad les digo que muchos profetas y justos desearon ver lo que ustedes ven, y no lo vieron; y oír lo que ustedes oyen, y no lo oyeron.

Explicación de la parábola del sembrador

18 «Ustedes, pues, escuchen la parábola del sembrador. 19 A todo el que oye la palabra del reino y no la entiende, el maligno viene y arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Este es aquel en quien se sembró la semilla junto al camino. 20 Y aquel en quien se sembró la semilla en pedregales, este es el que oye la palabra y enseguida la recibe con gozo; 21 pero no tiene raíz profunda en sí mismo, sino que solo es temporal, y cuando por causa de la palabra viene la aflicción o la persecución, enseguida se aparta de ella. 22 Y aquel en quien se sembró la semilla entre espinos, este es el que oye la palabra, pero las preocupaciones del mundo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se queda sin fruto. 23 Pero aquel en quien se sembró la semilla en tierra buena, este es el que oye la palabra y la entiende; este sí da fruto y produce, uno a ciento, otro a sesenta y otro a treinta por uno».

Parábola del trigo y la cizaña

24 Jesús les contó otra parábola: «El reino de los cielos puede compararse a un hombre que sembró buena semilla en su campo. 25 Pero mientras los hombres dormían, vino su enemigo y sembró cizaña entre el trigo, y se fue. 26 Cuando el trigo brotó y produjo grano, entonces apareció también la cizaña. 27 Y los siervos del dueño fueron y le dijeron: “Señor, ¿no sembró usted buena semilla en su campo? ¿Cómo, pues, tiene cizaña?”. 28 Él les dijo: “Un enemigo ha hecho esto”. Y los siervos le dijeron*: “¿Quiere, usted, que vayamos y la recojamos?”. 29 Pero él dijo*: “No, no sea que al recoger la cizaña, arranquen el trigo junto con ella. 30 Dejen que ambos crezcan juntos hasta la cosecha; y al tiempo de la cosecha diré a los segadores: ‘Recojan primero la cizaña y átenla en manojos para quemarla, pero el trigo recójanlo en mi granero’”».

Parábola del grano de mostaza

31 Otra parábola les contó Jesús: «El reino de los cielos es semejante a un grano de mostaza, que un hombre tomó y sembró en su campo, 32 y que de todas las semillas es la más pequeña; pero cuando ha crecido, es la mayor de las hortalizas, y se hace árbol, de modo que las aves del cielo vienen y anidan en sus ramas».

Parábola de la levadura

33 Les dijo otra parábola: «El reino de los cielos es semejante a la levadura que una mujer tomó y escondió en tres medidas (39 litros) de harina hasta que todo quedó fermentado».

34 Todo esto habló Jesús en parábolas a las multitudes, y nada les hablaba sin parábola, 35 para que se cumpliera lo que fue dicho por medio del profeta, cuando dijo:

«Abriré Mi boca en parábolas;
Hablaré de cosas ocultas desde la fundación del mundo».

Explicación de la parábola del trigo y la cizaña

36 Entonces Jesús dejó a la multitud y entró en la casa. Y se acercaron Sus discípulos, diciendo: «Explícanos la parábola de la cizaña del campo». 37 Jesús les respondió: «El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre, 38 y el campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del reino, y la cizaña son los hijos del maligno; 39 el enemigo que la sembró es el diablo, la siega es el fin del mundo, y los segadores son los ángeles. 40 Por tanto, así como la cizaña se recoge y se quema en el fuego, de la misma manera será en el fin del mundo.

41 «El Hijo del Hombre enviará a Sus ángeles, y recogerán de Su reino a todos los que son piedra de tropiezo y a los que hacen iniquidad; 42 y los echarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el crujir de dientes. 43 Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre. El que tiene oídos, que oiga.

Parábolas del tesoro escondido y la perla de gran valor

44 «El reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en el campo, que al encontrarlo un hombre, lo vuelve a esconder, y de alegría por ello, va, vende todo lo que tiene y compra aquel campo.

45 «El reino de los cielos también es semejante a un mercader que busca perlas finas, 46 y al encontrar una perla de gran valor, fue y vendió todo lo que tenía y la compró.

Parábola de la red barredera

47 «El reino de los cielos también es semejante a una red barredera que se echó en el mar, y recogió peces de toda clase. 48 Cuando se llenó, la sacaron a la playa; y se sentaron y recogieron los peces buenos en canastas, pero echaron fuera los malos. 49 Así será en el fin del mundo; los ángeles saldrán, y sacarán a los malos de entre los justos, 50 y los arrojarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el crujir de dientes.

Parábola del dueño de casa

51 «¿Han entendido ustedes todas estas cosas?». «Sí», le dijeron* ellos. 52 Entonces Jesús les dijo: «Por eso todo escriba que se ha convertido en un discípulo del reino de los cielos es semejante al dueño de casa que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas viejas».

Jesús enseña en Nazaret

53 Sucedió que cuando Jesús terminó estas parábolas, se fue de allí. 54 Y llegando a Su pueblo, les enseñaba en la sinagoga de ellos, de tal manera que se maravillaban y decían: «¿Dónde obtuvo Este tal sabiduría y estos poderes milagrosos? 55 ¿No es Este el Hijo del carpintero? ¿No se llama Su madre María, y Sus hermanos Jacobo, José, Simón y Judas? 56 ¿No están todas Sus hermanas con nosotros? ¿Dónde, pues, obtuvo Este todas estas cosas?».

57 Y se escandalizaban a causa de Él. Pero Jesús les dijo: «No hay profeta sin honra, sino en su propia tierra y en su casa». 58 Y no hizo muchos milagros allí a causa de la incredulidad de ellos.

   

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Nehemías 3

La obra de reedificación

3 Entonces el sumo sacerdote Eliasib se levantó con sus hermanos los sacerdotes y edificaron la puerta de las Ovejas; la consagraron y asentaron sus hojas. Consagraron la muralla hasta la torre de los Cien y hasta la torre de Hananeel. Junto a él edificaron los hombres de Jericó, y a su lado edificó Zacur, hijo de Imri.

La puerta del Pescado la edificaron los hijos de Senaa. Colocaron sus vigas y asentaron sus hojas, sus cerrojos y sus barras. Junto a ellos hizo reparaciones Meremot, hijo de Urías, hijo de Cos. A su lado hizo reparaciones Mesulam, hijo de Berequías, hijo de Mesezabeel; y junto a este hizo reparaciones Sadoc, hijo de Baana. A su lado hicieron también reparaciones los tecoítas, pero sus nobles no apoyaron la obra de sus señores.

La puerta Vieja la repararon Joiada, hijo de Paseah, y Mesulam, hijo de Besodías. Colocaron sus vigas y asentaron sus hojas con sus cerrojos y sus barras. Junto a ellos, Melatías el gabaonita y Jadón el meronotita, hombres de Gabaón y de Mizpa, hicieron también reparaciones para la sede oficial del gobernador de la provincia más allá del Río. A su lado hizo reparaciones Uziel, hijo de Harhaía, de los orfebres; y junto a él hizo reparaciones Hananías, uno de los perfumistas. Ellos restauraron a Jerusalén hasta la muralla Ancha. Y junto a ellos hizo reparaciones Refaías, hijo de Hur, oficial de la mitad del distrito de Jerusalén. 10 A su lado Jedaías, hijo de Harumaf, hizo reparaciones frente a su casa. Y junto a él hizo reparaciones Hatús, hijo de Hasabnías. 11 Malquías, hijo de Harim, y Hasub, hijo de Pahat Moab, repararon otra sección y la torre de Hornos. 12 Junto a él hizo reparaciones Salum, hijo de Halohes, oficial de la mitad del distrito de Jerusalén, él con sus hijas.

13 Hanún y los habitantes de Zanoa repararon la puerta del Valle. La edificaron y asentaron sus hojas con sus cerrojos y sus barras, y 1,000 codos (450 metros) de la muralla hasta la puerta del Muladar.

14 Malquías, hijo de Recab, oficial del distrito de Bet Haquerem reparó la puerta del Muladar. La edificó y asentó sus hojas, sus cerrojos y sus barras.

15 Salum, hijo de Col Hoze, oficial del distrito de Mizpa, reparó la puerta de la Fuente. La edificó, la revistió y asentó sus hojas, sus cerrojos y sus barras, y la muralla del estanque de Siloé en el jardín del rey hasta las gradas que descienden de la ciudad de David. 16 Después de él hizo reparaciones Nehemías, hijo de Azbuc, oficial de la mitad del distrito de Bet Sur, hasta un punto frente a los sepulcros de David, hasta el estanque artificial y hasta la casa de los valientes. 17 Tras él hicieron reparaciones los levitas bajo Rehum, hijo de Bani. Junto a él, Hasabías, oficial de la mitad del distrito de Keila, hizo reparaciones por su distrito. 18 Después de él hicieron reparaciones sus hermanos bajo Bavai, hijo de Henadad, oficial de la otra mitad del distrito de Keila. 19 Y junto a él, Ezer, hijo de Jesúa, oficial de Mizpa, reparó otra sección, enfrente de la subida al arsenal del Ángulo.

20 Después de él, Baruc, hijo de Zabai, con todo fervor reparó otra sección, desde el Ángulo hasta la puerta de la casa del sumo sacerdote Eliasib. 21 Tras él, Meremot, hijo de Urías, hijo de Cos, reparó otra sección, desde la puerta de la casa de Eliasib hasta el extremo de su casa. 22 Y después de él hicieron reparaciones los sacerdotes, los hombres del valle. 23 Tras ellos, Benjamín y Hasub hicieron reparaciones frente a su casa. Después de ellos, Azarías, hijo de Maasías, hijo de Ananías, hizo reparaciones junto a su casa. 24 Binúi, hijo de Henadad, reparó otra sección, desde la casa de Azarías hasta el Ángulo y hasta la esquina. 25 Palal, hijo de Uzai, hizo reparaciones frente al Ángulo y la torre que sobresale de la casa alta del rey, que está junto al atrio de la guardia. Después de él hizo reparaciones Pedaías, hijo de Faros. 26 Los sirvientes del templo que habitaban en Ofel hicieron reparaciones hasta el frente de la puerta de las Aguas, hacia el oriente y hasta la torre sobresaliente. 27 Después de ellos, los tecoítas repararon otra sección frente a la gran torre sobresaliente y hasta el muro de Ofel.

28 Más arriba de la puerta de los Caballos, los sacerdotes hicieron reparaciones cada uno frente a su casa. 29 Después de ellos, Sadoc, hijo de Imer, hizo reparaciones frente a su casa. Y tras él hizo reparaciones Semaías, hijo de Secanías, portero de la puerta Oriental. 30 Después de él Hananías, hijo de Selemías, y Hanún, sexto hijo de Salaf, repararon otra sección. Tras ellos, Mesulam, hijo de Berequías, hizo reparaciones frente a su vivienda. 31 Después de él, Malquías, uno de los orfebres, hizo reparaciones hasta la casa de los sirvientes del templo y de los mercaderes, frente a la puerta de la Inspección y hasta el aposento alto de la esquina. 32 Los orfebres y los mercaderes hicieron reparaciones entre el aposento alto de la esquina y la puerta de las Ovejas.

   

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Hechos 13

Principio del primer viaje misionero de Saulo y Bernabé

13 En la iglesia que estaba en Antioquía había profetas y maestros: Bernabé, Simón llamado Niger, Lucio de Cirene, Manaén, que se había criado con Herodes el tetrarca, y Saulo. Mientras ministraban al Señor y ayunaban, el Espíritu Santo dijo: «Aparten a Bernabé y a Saulo para la obra a la que los he llamado». Entonces, después de ayunar, orar y haber impuesto las manos sobre ellos, los enviaron.

Pablo y Bernabé en Chipre

Ellos, pues, enviados por el Espíritu Santo, descendieron a Seleucia y de allí se embarcaron para Chipre. Al llegar a Salamina, proclamaban la palabra de Dios en las sinagogas de los judíos; y tenían también a Juan de ayudante.

Después de haber recorrido toda la isla hasta Pafos, encontraron a cierto mago, un falso profeta judío llamado Barjesús, que estaba con el procónsul Sergio Paulo, hombre inteligente. Este hizo venir a Bernabé y a Saulo, y deseaba oír la palabra de Dios. Pero Elimas, el mago, pues así se traduce su nombre, se les oponía, tratando de desviar de la fe al procónsul.

Entonces Saulo, llamado también Pablo, lleno del Espíritu Santo, fijando la mirada en él, dijo: 10 «Tú, hijo del diablo, que estás lleno de todo engaño y fraude, enemigo de toda justicia, ¿no cesarás de torcer los caminos rectos del Señor? 11 Ahora, la mano del Señor está sobre ti; te quedarás ciego y no verás el sol por algún tiempo». Al instante niebla y oscuridad cayeron sobre él, e iba buscando quien lo guiara de la mano. 12 Entonces el procónsul, cuando vio lo que había sucedido, creyó, maravillado de la doctrina del Señor.

Pablo y Bernabé en Antioquía de Pisidia

13 Pablo y sus compañeros navegaron desde Pafos y llegaron a Perge de Panfilia; pero Juan se apartó de ellos y regresó a Jerusalén; 14 ellos, saliendo de Perge, llegaron a Antioquía de Pisidia; y en el día de reposo entraron a la sinagoga y se sentaron. 15 Después de la lectura de la ley y los profetas, los oficiales de la sinagoga les mandaron a decir: «Hermanos, si tienen alguna palabra de exhortación para el pueblo, hablen».

Discurso de Pablo en Antioquía de Pisidia

16 Pablo se levantó, y haciendo señal con la mano, dijo:

«Hombres de Israel, y los que temen a Dios, escuchen: 17 El Dios de este pueblo de Israel, escogió a nuestros padres y engrandeció al pueblo durante su estancia en la tierra de Egipto, y con brazo fuerte los sacó de ella. 18 Por un período como de cuarenta años los soportó en el desierto. 19 Después de destruir siete naciones en la tierra de Canaán, repartió sus tierras en herencia; todo esto duró como 450 años. 20 Después de esto, Dios les dio jueces hasta el profeta Samuel. 21 Entonces ellos pidieron un rey, y Dios les dio a Saúl, hijo de Cis, varón de la tribu de Benjamín, durante cuarenta años.

22 «Cuando lo quitó, les levantó por rey a David, del cual Dios también testificó y dijo: “He hallado a David, hijo de Isaí, un hombre conforme a Mi corazón, que hará toda Mi voluntad”. 23 De la descendencia de este, conforme a la promesa, Dios ha dado a Israel un Salvador, Jesús, 24 después de que Juan predicó, antes de Su venida, un bautismo de arrepentimiento a todo el pueblo de Israel. 25 Cuando Juan estaba a punto de terminar su carrera, decía: “¿Quién piensan ustedes que soy yo? Yo no soy el Cristo; pero miren, viene tras mí uno de quien yo no soy digno de desatar las sandalias de sus pies”.

26 «Hermanos, hijos del linaje de Abraham, y los que entre ustedes temen a Dios, a nosotros nos es enviada la palabra de esta salvación. 27 Pues los que habitan en Jerusalén y sus gobernantes, sin reconocer a Jesús ni las palabras de los profetas que se leen todos los días de reposo, cumplieron estas escrituras, cuando lo condenaron.

28 «Aunque no hallaron causa para dar muerte a Jesús, pidieron a Pilato que lo mandara a matar. 29 Cuando habían cumplido todo lo que estaba escrito acerca de Él, lo bajaron de la cruz y lo pusieron en un sepulcro. 30 Pero Dios lo levantó de entre los muertos; 31 y por muchos días se apareció a los que habían subido con Él de Galilea a Jerusalén, los cuales ahora son Sus testigos ante el pueblo.

32 «Nosotros les anunciamos las buenas nuevas de que la promesa hecha a los padres, 33 Dios la ha cumplido a nuestros hijos al resucitar a Jesús, como también está escrito en el Salmo segundo: “Hijo Mío eres Tú; Yo te he engendrado hoy”.

34 «Y en cuanto a que lo resucitó de entre los muertos para nunca más volver a corrupción, Dios ha hablado de esta manera: “Les daré las misericordias santas y fieles prometidas a David”. 35 Por tanto dice también en otro salmo: “No permitirás que Tu Santo vea corrupción”.

36 «Porque David, después de haber servido el propósito de Dios en su propia generación, durmió, y fue sepultado con sus padres, y vio corrupción. 37 Pero Aquel a quien Dios resucitó no vio corrupción.

38 «Por tanto, hermanos, sepan que por medio de Él les es anunciado el perdón de los pecados; 39 y que de todas las cosas de que no pudieron ser justificados por la ley de Moisés, por medio de Él, todo aquel que cree es justificado. 40 Tengan, pues, cuidado de que no venga sobre ustedes aquello de que se habla en los profetas:

42 Al salir Pablo y Bernabé, la gente les rogaba que el siguiente día de reposo les hablaran de estas cosas. 43 Terminada la reunión de la sinagoga, muchos de los judíos y de los prosélitos temerosos de Dios siguieron a Pablo y a Bernabé, quienes, hablándoles, les instaban a perseverar en la gracia de Dios.

41 “Miren, burladores, maravíllense y perezcan;
Porque Yo hago una obra en sus días,
Una obra que ustedes nunca creerían aunque alguien se la describiera”».

Pablo se dirige a los gentiles

44 El siguiente día de reposo casi toda la ciudad se reunió para oír la palabra del Señor. 45 Pero cuando los judíos vieron la muchedumbre, se llenaron de celo, y blasfemando, contradecían lo que Pablo decía.

46 Entonces Pablo y Bernabé hablaron con valor y dijeron: «Era necesario que la palabra de Dios les fuera predicada primeramente a ustedes; pero ya que la rechazan y no se juzgan dignos de la vida eterna, así que ahora nos volvemos a los gentiles. 47 Porque así nos lo ha mandado el Señor:

“Te he puesto como luz para los gentiles,
A fin de que lleves la salvación hasta los confines de la tierra”».

48 Oyendo esto los gentiles, se regocijaban y glorificaban la palabra del Señor; y creyeron cuantos estaban ordenados a vida eterna. 49 Y la palabra del Señor se difundía por toda la región.

50 Pero los judíos instigaron a las mujeres piadosas y distinguidas, y a los hombres más prominentes de la ciudad, y provocaron una persecución contra Pablo y Bernabé, y los expulsaron de su región. 51 Entonces estos sacudieron el polvo de sus pies contra ellos y se fueron a Iconio. 52 Y los discípulos estaban continuamente llenos de gozo y del Espíritu Santo.

   

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