Desde Coalición por el Evangelio (español), te invitamos a participar de nuestro taller en línea y en vivo Escribir para la iglesia vs. escritura IA, con los autores y editores Ana Ávila, Pepe Mendoza, Emanuel Elizondo y Josué Barrios. Haz clic en el enlace para más información.
Tienes quince años y estás en segundo año de secundaria. Tus tareas de lectura y redacción se están intensificando. Se espera que leas fragmentos más largos (no libros completos; el profesor de lengua y literatura tuvo que dar marcha atrás con esas tareas hace dos años). Se espera que escribas ensayos cortos basados en una investigación limitada a búsquedas en Internet. El responsable de tecnología de tu escuela visitó la clase a principios del semestre para enseñarte cómo dar instrucciones a la IA. Tu maestro de lengua y literatura no parecía muy contento. Pero, obviamente, tu escuela considera que trabajar con IA es importante. Tus padres también lo creen así. Ellos usan la IA ampliamente en el trabajo. Nadie puede imaginarse que consigas un empleo al terminar la universidad sin contar con la IA como una herramienta esencial. Te quedarás rezagado si no dominas el uso de la IA.
¿Escribirás tus ensayos de investigación utilizando instrucciones para la IA? Técnicamente, eso va en contra de las reglas. También lo es pedirle a la IA un resumen de los textos que se suponía que debías leer. Pero todos los demás en tu clase lo están haciendo. Has oído que tu profesor de lengua y literatura intentó tomar medidas drásticas el año pasado. Los padres se quejaron con el director cuando sus hijos sacaron un cero en su tarea. El director se puso del lado de los padres. No tenía sentido oponerse. La propia lógica de la escuela no lo permitía. El objetivo de la educación (tanto para muchas escuelas públicas como cristianas) es obtener un título para que puedas ir a la universidad y conseguir un trabajo. Los estudiantes que no usan la IA para escribir sus ensayos de ingreso a la universidad y sus solicitudes de empleo se enfrentan a una desventaja competitiva.
Piensa en los jóvenes de quince años de hoy. ¿Qué es lo mejor para su salud? ¿Qué tipo de mundo planeas dejarles como herencia?
¿Aceptarías voluntariamente esa desventaja por principios? ¿A los quince años? ¿Cuando a tus padres no les molesta y tu escuela no puede hacer cumplir sus propias reglas (arbitrarias)? ¿Cuando incluso la propia escuela te está mostrando todas las formas en que la IA puede aumentar tu eficiencia, incluyendo la lectura y la escritura? ¿Y cuando ya estás atareado seis noches a la semana con los entrenamientos de fútbol, los scouts y el grupo de jóvenes de la iglesia?
Lo más probable es que no lo harías. «Escribirías» el ensayo con una instrucción para la IA.
Reacciones variadas
El anuncio sobre la política de IA de The Gospel Coalition generó muchas y variadas reacciones. A algunos les disgustó la medida (especialmente en X). A otros les encantó (especialmente en Instagram). Varios amigos e incluso miembros del personal de TGC se comunicaron con nosotros para expresar inquietudes específicas. Muchos creen que la política es demasiado restrictiva en lo que respecta a la investigación y la edición asistidas por inteligencia artificial. Aseguran que cambiaremos esta política poco realista en un plazo de dos años. Más de unos pocos han señalado que TGC depende de la IA en docenas de formas para sus servicios tecnológicos.
No todos llegaremos a la misma conclusión sobre dónde, cuándo y cómo implementar la IA, al igual que los cristianos adoptan diferentes enfoques con respecto a otras tecnologías, como los teléfonos inteligentes, las redes sociales, la televisión, entre otras. Hemos estado trabajando desde hace meses con diversos expertos en IA y especialistas en ética para preparar una guía para iglesias, escuelas y padres sobre casos de uso de la inteligencia artificial. Así que mantente atento a esos recursos. No siempre estaremos de acuerdo entre nosotros ni trazaremos los límites en los mismos lugares. La conciencia varía.
Algunos de mis amigos más sabios y colaboradores más cercanos consideran que la política de TGC va demasiado lejos, especialmente al prohibir la investigación y la edición. Otras organizaciones de medios cristianas podrían permitir una mayor integración de la IA, a veces incluso en la escritura como producto terminado. El mes pasado, The Wall Street Journal informó sobre pastores que usan la IA para escribir sus sermones. Varios de los críticos más insistentes de TGC no ven ningún problema en utilizar la IA para que redacte sus publicaciones en Substack y sus hilos en X.
Los lectores me han preguntado qué hago cuando «sorprendo» a escritores que intentan hacer pasar contenido generado por IA como si fuera obra propia. Algunos de estos escritores no ven ningún problema en lo que han hecho. Ya estás leyendo más contenido generado por IA de lo que probablemente te imaginas. Solo busca libros de teología sistemática en Amazon. Haz clic en las biografías que no te suenan. Quizás pienses que estos libros simplemente reflejan el funcionamiento del mercado, el avance inevitable del progreso tecnológico. Los humanos no pueden competir en este campo de juego desigual con contenido generado por computadora, a precios más bajos de lo que las editoriales y los autores tradicionales pueden permitirse.
Entonces recuerda cómo se entrenaron los modelos de IA. Pregúntate por la próxima generación de formadores de IA —pastores, maestros y profesores que trabajaron arduamente en sus palabras, tomadas sin su permiso ni remuneración—, ¿dónde aprenderán, pensarán y escribirán? Es posible que tu intuición no vea ningún problema, dado lo mucho que la inteligencia artificial y otras tecnologías de los medios dominan nuestras vidas. O tal vez esperes que la IA alcance la inteligencia general, dejando obsoleto el conocimiento generado por los humanos. Mis intuiciones, al menos, sugieren un futuro diferente. Cuando las computadoras tomen el control de la escritura, los humanos acabarán por dejar de leer. No hace falta ser un experto en economía para explicar qué pasa con el valor de la escritura cuando nadie paga a los humanos por hacerlo.
O, para expresar mis intuiciones de otra manera, ¿qué pasa con el valor de un jonrón cuando todos pueden batear uno con un esfuerzo mínimo?
La era de los esteroides de la IA
Crecí en la década de los noventa, durante lo que ahora se conoce como la «era de los esteroides» de las Grandes Ligas de Béisbol. Recuerdo haber grabado la transmisión televisiva del partido en 1998 cuando Mark McGwire rompió el récord de jonrones en una sola temporada que anteriormente ostentaba Roger Maris, de los Yankees de Nueva York. En la universidad, mis amigos y yo compramos boletos en las gradas del jardín derecho, justo al bajar las líneas morada y roja del metro (L) en el Wrigley Field. Le recordábamos a Sammy Sosa cuántos outs había en cada entrada. Vimos a Glenallen Hill batear uno de los jonrones más largos en la historia del Wrigley Field, que llegó hasta el techo de un edificio al otro lado de la avenida Waveland. «Tienen que ser los zapatos, amigos», exclamó el locutor de los Cubs, Chip Caray, en WGN.
No, fueron los esteroides, admitió Hill más tarde. En aquellos tiempos, casi siempre eran los esteroides. Simplemente no queríamos ver lo que nuestros ojos nos mostraban.
En aquel entonces, había muchas razones por las que los jugadores de béisbol no debían tomar esteroides. Para empezar, iban en contra de las reglas. Además, eran perjudiciales para la salud de los jugadores. Pero la liga de béisbol de ese entonces, ante la resistencia del sindicato de jugadores, se dejó llevar por la avalancha de jonrones y no aplicó las reglas con rigor. Al público le encantaban los jonrones. Jugadores que antes eran mediocres firmaban contratos récord. Los negocios iban bien. Los propietarios se llenaban los bolsillos. La hora de la verdad con respecto a la salud personal y la integridad del juego podía esperar para otro día.
Sin embargo, por simple lógica, la era de los esteroides no podía durar. El primer jugador en inyectarse obtuvo una ventaja. Lo mismo hicieron los siguientes veinte. Los bateadores se recuperaban más rápido de las lesiones. Pero también los lanzadores. Y cuando doscientos jugadores, tanto bateadores como lanzadores, están usando esteroides, cualquier ventaja desaparece. El campo de juego simplemente ha cambiado de nivel. Incluso los jugadores que no usan esteroides sienten que necesitan tomar drogas para mantener su lugar en el béisbol profesional. Esa presión se propaga hacia las ligas menores, a la universidad y a las escuelas secundarias.
No estamos en contra de la tecnología. Estamos a favor de lo humano. Nos negamos a entregar nuestras mentes a las máquinas
Así es como terminas con aspirantes a jugadores de béisbol de quince años que toman esteroides. Igual que sus héroes. Porque esa es la única forma de entrar al equipo de la escuela secundaria. Esa es la única forma de ganar una beca universitaria. Esa es tu única esperanza de jugar algún día en el Wrigley Field.
La hora de la verdad para la salud personal y la integridad del juego puede esperar otro día.
Lleno de gracia y verdad
Puede que no te des cuenta de que la hora de la verdad para la IA ya está aquí. Habla con los maestros. Habla con los profesores. Habla con los editores. Si todos los demás están escribiendo con instrucciones para la IA, ¿aceptarías voluntariamente una desventaja por principios? ¿Escribir más lento? ¿Escribir de manera menos efectiva? ¿Ir a la biblioteca y buscar las fuentes tú mismo? ¿Pedirle a un amigo que revise tu ensayo? ¿Aceptar una calificación de 85 cuando todos los que conoces obtienen un 100 sin esfuerzo? Cuando Google te ofrece ayuda. Cuando Microsoft Word te ofrece ayuda. Cuando tus maestros no pueden hacer nada. Cuando el personal técnico te enseñó cómo hacerlo. Cuando tus padres no hacen más que encogerse de hombros y decir: «En mi época, de hecho, teníamos que pagarle a un amigo para que nos escribiera los ensayos».
Ahora piensa en el bienestar de ese joven de quince años. ¿Importa que él o ella no crezca sabiendo cómo leer un libro completo o incluso un ensayo? ¿Que no sepa cómo estudiar algo más complicado que un video de TikTok? ¿Que no sepa cómo escribir ni siquiera una carta de amor, un brindis de boda o una tarjeta de cumpleaños sin la ayuda de la IA?
Creo que sí importa. Mucho. Lo mismo piensan mis colegas de TGC. Y es por eso que trazamos una línea en la arena, al menos en nuestro pequeño rincón en la internet.
No estamos en contra de la tecnología. Estamos a favor de lo humano. Nos negamos a entregar nuestras mentes a las máquinas.
Piensa en los jóvenes de quince años de hoy. ¿Qué es lo mejor para su salud? ¿Qué tipo de mundo planeas dejarles como herencia?
Deja un mundo de palabras, nuestro medio para encontrarnos con el Verbo lleno de gracia y verdad (Jn 1:14).