«No hay nada nuevo bajo el sol». Así comienza el autor del Eclesiastés, y su afirmación es sin duda cierta en la historia de la filosofía, tanto antigua como moderna.
El estoicismo, una escuela filosófica centrada en maximizar el autocontrol como la forma de alcanzar la paz interior, está resurgiendo una vez más. Organizaciones tan diversas como The Gospel Coalition y The New York Times han señalado esta tendencia, especialmente entre los jóvenes desilusionados y frustrados por el mundo.
Al igual que la mayoría de los demás errores, el estoicismo tiene un atractivo emocional y práctico precisamente porque se acerca a una verdad bíblica. El estoicismo aprovecha la verdadera virtud del contentamiento. Después de todo, ¿quién no querría mantenerse imperturbable frente a las circunstancias, ser paciente ante los reveses y ser capaz de mantener el rumbo cuando la vida parece dar vueltas?
Incluso el apóstol Pablo parece inicialmente apoyar el pensamiento estoico en Filipenses 4 cuando habla del contentamiento «cualquiera que sea mi situación» (v. 12). Sin embargo, una lectura más detallada muestra que, lejos de respaldar el estoicismo, Pablo lo desacredita al declarar que el evangelio de Jesucristo ofrece una mejor respuesta a los problemas y desafíos de la vida.
La sorprendente elección de las palabras de Pablo
En Filipenses 4, a primera vista parece que Pablo respalda el enfoque estoico. Al escribir en griego, utiliza un término que se remonta al menos a Platón y Aristóteles: el verbo arkēo, que significa estar satisfecho. Escribe: «No que hable porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme cualquiera que sea mi situación» (v. 11, énfasis añadido).
El estoicismo tiene un atractivo emocional y práctico precisamente porque se acerca a una verdad bíblica
Arkēo es casi más fácil de definir por su opuesto. La Septuaginta lo utiliza en Proverbios 30:15: «La sanguijuela tiene dos hijas, que dicen: “¡Dame!”, “¡Dame!”. / Hay tres cosas que no se saciarán, / y una cuarta que no dirá: “¡Basta!”» (énfasis añadido). Así que estar contento significa lo contrario, es decir, decir: «Hay suficiente. Estoy satisfecho». Luego, Pablo agrega un prefijo a la palabra. Él añade la palabra autos, que significa «mismo», y usa la combinación como un adjetivo: contento en mí mismo, autosatisfecho.
La forma adjetival, autarkēs, era una de las favoritas de los filósofos estoicos que precedieron a Pablo. Para ellos, autarkēs era la esencia de toda virtud: admitir lo que no se podía controlar y, por lo tanto, enfocarse únicamente en manejar lo que sobrevenía, sin dejar que eso te sacudiera. Era tanto una pasividad ante las olas de las circunstancias que se abatían sobre uno como una impasibilidad emocional como resultado. La virtud consistía en enfocarse únicamente en lo que uno puede controlar y dejar que el pensamiento racional prevalezca por encima de emociones como el miedo, la ansiedad y el deseo.
Donde el estoicismo falla
A menudo se parafrasea a Epicteto, un filósofo estoico que escribió aproximadamente cincuenta años después de Pablo, diciendo: «La esencia de la filosofía es que el hombre debe vivir de tal manera que su felicidad dependa lo menos posible de las cosas externas». Aunque esta afirmación exacta no se encuentra en sus discursos, refleja con precisión su enseñanza. Al menos para los lectores cultos de la carta de Pablo, entonces, el uso que hace Pablo de autarkēs resultaría sorprendente: «Un momento, ¿qué? ¿Acaso Pablo está respaldando esta filosofía pagana como correcta?».
Todo lo contrario. El uso que hace Pablo de autarkēs resalta precisamente dónde falla el estoicismo. Consideremos el contexto más amplio de Filipenses 4:10-13:
Me alegré grandemente en el Señor de que ya al fin han reavivado su cuidado para conmigo. En verdad, antes se preocupaban, pero les faltaba la oportunidad. No que hable porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme cualquiera que sea mi situación. Sé vivir en pobreza, y sé vivir en prosperidad. En todo y por todo he aprendido el secreto tanto de estar saciado como de tener hambre, de tener abundancia como de sufrir necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.
Pablo siente el contentamiento, pero no por eso carece de emociones ni es impasible. En el versículo 10, se regocija enormemente por haber recibido apoyo económico. Esto no es falta de emoción, y el apoyo financiero que recibe de los filipenses sí lo hace feliz. Al contrario de lo que resume Epicteto sobre el estoicismo, Pablo se regocija cuando tiene abundancia.
El contentamiento bíblico no es equivalente a la impasibilidad estoica. Por el contrario, el verdadero contentamiento es compatible con nuestras emociones. Lo vemos cuando Pablo también dice que se mantiene contento cuando tiene poco, incluso en medio del hambre y la necesidad.
El epicentro del contentamiento
¿Cuál es la diferencia entre Pablo y los estoicos? La distinción crucial es el epicentro del contentamiento. Fíjate en el enfoque en uno mismo que caracteriza al contentamiento estoico: la idea de que yo, por mí mismo, mediante el poder de mi voluntad y mi pensamiento racional, superaré todas las emociones y todas las circunstancias, y me mantendré sólido e imperturbable.
Tal contentamiento que proviene de uno mismo fracasará inevitablemente. Podemos llegar muy lejos con esa filosofía, especialmente si tenemos una gran fuerza de voluntad. Podemos llegar aún más lejos si nunca hemos dedicado mucho tiempo a cultivar nuestro ser emocional, de modo que hacemos de la racionalidad un refugio seguro. Incluso podemos mantenerlo durante mucho tiempo, sobre todo mientras los desafíos de la vida, por muy difíciles que sean, sigan siendo las olas normales del mar.
El contentamiento cristiano es totalmente diferente del estoicismo
Pero, tarde o temprano, llega un maremoto. Aunque nos hayamos construido un baluarte, un muelle o una fortaleza impasible frente a la vida, en última instancia no somos suficientes para sostenernos cuando la ola se vuelve demasiado grande: un diagnóstico, una ruptura total de la familia, la implosión de nuestras finanzas. Aun si no ocurriera nada de esto, si la ola termina siendo la muerte misma y el encuentro con Dios, el estoicismo se derrumbará.
Confía en Dios, no en ti mismo
En el versículo 13, Pablo ofrece algo radicalmente diferente al estoicismo de su época, o de la nuestra. Pablo sugiere no confiar en uno mismo en absoluto. Sugiere confiar en Dios. Pablo no está contento porque sea autosuficiente e independiente. Está contento porque conoce a Dios, de quien depende por completo, y porque sabe que Dios es todopoderoso y bueno.
«Todo lo puedo en Cristo que me fortalece» (Fil 4:13, énfasis añadido). Lejos de la autosuficiencia, el autarkēs centrado en uno mismo de los estoicos, Pablo habla de una dependencia externa, un autarkēs centrado en Dios. Eso significa que puede confiar en Dios, incluso cuando las olas de la vida son maremotos gigantescos.
El contentamiento cristiano es totalmente diferente del estoicismo. Nuestra confianza en que podemos manejar lo que sea que venga no se debe a que nos conozcamos y confiemos en nosotros mismos. En el fondo, somos seres temerosos, codiciosos y un desastre. Confiamos en que podemos manejar lo que sea que venga porque conocemos a Dios y confiamos en Él.