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UN PLAN DE LECTURA BÍBLICA Y DEVOCIONAL EN COLABORACIÓN CON LA NUEVA BIBLIA DE LAS AMÉRICAS Y ANDAMIO EDITORIAL
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Lectura de Hoy

Devocional: Salmo 145

Cuando reflexionamos sobre el Salmo 119 (ver las meditaciones del 22, 25 y 27 de junio), observamos que es un poema acróstico. En la primera sección, todos los versículos comienzan con la primera letra del alfabeto hebreo; en la segunda sección, todos los versículos empiezan con la segunda letra del alfabeto hebreo; y así sucesivamente durante veintidós secciones que corresponden a las veintidós letras del alfabeto hebreo. Pero hay otros siete salmos acrósticos en el salterio. En estos, sin embargo, a cada letra se le asigna un solo versículo (Salmos 9-10, 25, 34, 37, 111, 112, 145). Cinco de los ocho, incluyendo a este último (Salmo 145) se le atribuyen a David.

En la mayoría de los manuscritos hebreos de este salmo, no hay ningún versículo que empiece con la letra hebrea que corresponde a nuestra N. No obstante, la mayoría de las traducciones antiguas suplen el versículo que falta y apareció también un manuscrito hebreo con un versículo N, así que la mayoría de las versiones modernas incluyen los versos adicionales (13b en la NVI). Así que en este salmo tenemos la última composición de David que se conserva en el libro de los Salmos, un auténtico alfabeto de alabanza.

Hay varios temas que reciben un énfasis especial en este salmo.

(1) Aunque muchos de los salmos de David se centran en sus propias experiencias o, en ocasiones, en los gozos y tristezas de la nación israelita, aquí el horizonte se expande para incluir al reino universal de Dios (145:13a), su cuidado de todas las criaturas en su universo –en particular, al proveerles el alimento que necesitan (145:15-16). Nada de esto niega, desde luego, que sigue siendo un mundo caído. Las criaturas a veces mueren de hambre; envejecen y mueren. Sin embargo, vemos vida fecunda y esta vida sobrevive y florece mediante la provisión de la gracia de Dios.

(2) Se entremezcla maravillosamente la gloria de Dios con su compasión. “El Señor es clemente y compasivo, lento para la ira y grande en amor. El Señor es bueno con todos; él se compadece de toda su creación” (145:8-9). Por esto, todo el orden creado le alaba (145:10). A la vez, el pueblo de Dios es el primero en hablar acerca de sus proezas maravillosas del esplendor de su reino, de la gloria de su reino (145:11-12).

(3) No es meramente que la grandeza de Dios es insondable para los seres humanos (145:3), sino que el relato de su grandeza y bondad pasa de generación a generación (145:4), a medida que otros celebran la “inmensa bondad” de Dios y cantan con gozo sobre su justicia (145:7). De hecho, al leer las palabras del salmista y pronunciar nuestro propio “¡Amén!”, nuestra generación recibe esta gloriosa comunicación de hace tres mil años, y se compromete a proclamar las proezas de Dios y meditar en sus obras maravillosas (145:4-5).

 


Este devocional es un extracto de Por amor a Dios, Volumen I, por Donald A. Carson © Andamio Editorial, 2013. Usado con permiso.

Devocional: Jeremías 6

Algunas reflexiones acerca de las advertencias de Jeremías 6:

(1) Benjamín (6:1), que junto a Judá permaneció leal a la dinastía davídica, no siendo por tanto deportada por Asiria junto a las otras 10 tribus, se encuentra al norte de Jerusalén. Así pues, cuando las hordas enemigas se acercaban “desde el norte”, podríamos pensar que Jeremías les aconsejó huir hacia el sur hasta Jerusalén, la ciudad mejor defendida de toda la región. Sin embargo, el profeta dice a Benjamín que huya de ella, lo cual constituye esencialmente una predicción de que la propia Jerusalén sería totalmente destruida y nadie podría refugiarse en ella.

(2) El texto hebreo del versículo 4 dice literalmente: “¡Santificad batalla contra ella!”. Toda guerra era “sagrada” en el antiguo Oriente Próximo. Los poderosos ejércitos paganos disponían de astrólogos y luchaban bajo la protección de diversas deidades. Las siguientes líneas describen una batalla típica. Las confrontaciones comenzaban por la mañana después de que ambos bandos hiciesen sus preparativos, continuando durante todo el día hasta el crepúsculo, momento en que los contendientes se retiraban habitualmente del campo de batalla. No obstante, aquí el enemigo prosigue con su ataque por la noche (6:5), indicando una lucha de crueldad y ferocidad inusitadas.

(3) La raíz de la acusación contra los ciudadanos de Jerusalén y Judá es que no prestan atención alguna a la palabra del Señor. Cuando el profeta pronuncia advertencias, sus oídos están “tapados” (6:10), literalmente “incircuncisos”, “y no pueden comprender (véase la meditación de ayer). ¿Por qué? ¿Cuál es el problema? No están sordos físicamente, pero “la palabra del Señor los ofende; detestan escucharla” (6:10). Entretanto, los profetas y sacerdotes, según el Señor, “curan por encima la herida de mi pueblo, y les desean: ‘¡Paz, paz!’” (6:14). En otras palabras, la mayor parte de los líderes religiosos no están ocupándose de los pecados del momento no buscando reformar al pueblo de Dios. Más bien, dan charlas relajadas para personas ocupadas, evitando sobre todo temas como el juicio y el castigo. Su conducta es vergonzosa (6:15), porque no están advirtiendo ni reformando al pueblo, pero, lejos de sentirse avergonzados, “ni siquiera saben lo que es la vergüenza” (6:15). Se engañan creyendo que están haciendo lo correcto. Sin embargo, el profeta de Dios debe preguntar “por los senderos antiguos” y “por el buen camino”, no apartándose del mismo (6:16). No se trata de un llamamiento al tradicionalismo sin límites, sino a la revelación del pacto heredada, de la Palabra de Dios, que se está abandonando en favor de una ilusión consoladora. El pueblo dijo: “No prestaremos atención” (6:17). Dios dice: ellos “rechazaron mi enseñanza” (6:19).

 


Este devocional es un extracto de Por amor a Dios, Volumen II, por Donald A. Carson © Andamio Editorial, 2016. Usado con permiso.

Josué 12–13

Reyes derrotados por Moisés y Josué

12 Estos son los reyes de la tierra a quienes los israelitas derrotaron, y cuya tierra poseyeron al otro lado del Jordán, hacia el oriente, desde el valle del Arnón hasta el monte Hermón, y todo el Arabá hacia el oriente:

Sehón, rey de los amorreos, que habitaba en Hesbón y gobernaba desde Aroer, que está al borde del valle del Arnón, el medio del valle y la mitad de Galaad, y hasta el arroyo de Jaboc, frontera de los amonitas; y el Arabá hasta el mar de Cineret hacia el oriente, y hasta el mar de Arabá, el Mar Salado, al oriente hacia Bet Jesimot, y al sur, al pie de las laderas del Pisga; y el territorio de Og, rey de Basán, uno de los que quedaba de los refaítas, que habitaba en Astarot y en Edrei, y que gobernaba en el monte Hermón, en Salca y en todo Basán, hasta las fronteras del Gesureo y del maacateo, y la mitad de Galaad, hasta la frontera de Sehón, rey de Hesbón.

A estos Moisés, siervo del SEÑOR, y los israelitas los derrotaron; y Moisés, siervo del SEÑOR, dio su tierra en posesión a los rubenitas, a los gaditas y a la media tribu de Manasés.

Estos son los reyes de la tierra que Josué y los israelitas derrotaron al otro lado del Jordán, hacia el occidente, desde Baal Gad en el valle del Líbano hasta el monte Halac que se levanta hacia Seir. Josué dio la tierra de estos reyes en posesión a las tribus de Israel según sus divisiones, en la región montañosa, en las tierras bajas, en el Arabá, en las laderas, en el desierto y en el Neguev; de los hititas, amorreos, cananeos, ferezeos, heveos y jebuseos: el rey de Jericó, uno; el rey de Hai, que está al lado de Betel, uno; 10 el rey de Jerusalén, uno; el rey de Hebrón, uno; 11 el rey de Jarmut, uno; el rey de Laquis, uno; 12 el rey de Eglón, uno; el rey de Gezer, uno; 13 el rey de Debir, uno; el rey de Geder, uno; 14 el rey de Horma, uno; el rey de Arad, uno; 15 el rey de Libna, uno; el rey de Adulam, uno; 16 el rey de Maceda, uno; el rey de Betel, uno; 17 el rey de Tapúa, uno; el rey de Hefer, uno; 18 el rey de Afec, uno; el rey de Sarón, uno; 19 el rey de Madón, uno; el rey de Hazor, uno; 20 el rey de Simrón Merón, uno; el rey de Acsaf, uno; 21 el rey de Taanac, uno; el rey de Meguido, uno; 22 el rey de Cedes, uno; el rey de Jocneam del Carmelo, uno; 23 el rey de Dor, en las alturas de Dor, uno; el rey de Goyim en Gilgal, uno; 24 el rey de Tirsa, uno. Treinta y un reyes en total.

Tierra aún sin conquistar

13 Cuando Josué ya era viejo el SEÑOR le dijo: «Tú ya eres anciano y todavía queda mucha tierra por conquistar. Esta es la tierra que queda: todos los distritos de los filisteos y todos los de los gesureos; desde el Sihor, que está al oriente de Egipto, hasta la frontera de Ecrón al norte (que se considera de los cananeos); los cinco príncipes de los filisteos: el gazeo, el asdodeo, el ascaloneo, el geteo, y el ecroneo; también los aveos. Hacia el sur, toda la tierra de los cananeos, y Mehara que pertenece a los sidonios, hasta Afec, hasta la frontera de los amorreos; y la tierra de los giblitas, y todo el Líbano hacia el oriente, desde Baal Gad al pie del monte Hermón, hasta Lebo Hamat.

»A todos los habitantes de la región montañosa desde el Líbano hasta Misrefot Maim, a todos los sidonios, yo los expulsaré de delante de los israelitas. Solamente tú tienes que repartir la tierra por suerte a Israel como heredad tal como te he mandado. Ahora pues, reparte esta tierra como heredad a las nueve tribus, y a la media tribu de Manasés».

Los rubenitas y los gaditas con la otra media tribu habían recibido ya su heredad, la cual Moisés les había dado al otro lado del Jordán, hacia el oriente, tal como se la había dado Moisés, siervo del SEÑOR: desde Aroer, que está a la orilla del valle del Arnón, con la ciudad que está en medio del valle, y toda la llanura de Medeba, hasta Dibón; 10 todas las ciudades de Sehón, rey de los amorreos, que reinaba en Hesbón, hasta la frontera de los amonitas.

11 También Galaad y el territorio de los gesureos y los maacateos, y todo el monte Hermón, y todo Basán hasta Salca; 12 todo el reino de Og en Basán, el cual reinaba en Astarot y en Edrei (solo él quedaba del remanente de los refaítas); porque Moisés los hirió y los desposeyó.

13 Pero los israelitas no desposeyeron a los gesureos ni a los maacateos. Así que Gesur y Maaca habitan en medio de Israel hasta hoy.

14 Solo a la tribu de Leví no le dio Moisés heredad; las ofrendas encendidas al SEÑOR, Dios de Israel, son su heredad, como Él le había dicho.

División de Canaán entre las tribus

15 Moisés le había dado una heredad a la tribu de los hijos de Rubén conforme a sus familias. 16 Y el territorio de ellos era desde Aroer, que está a la orilla del valle del Arnón, con la ciudad que está en medio del valle, y toda la llanura hasta Medeba; 17 Hesbón y todas sus ciudades que están en la llanura: Dibón, Bamot Baal, Bet Baal Meón, 18 Jahaza, Cademot, Mefaat, 19 Quiriataim, Sibma, Zaret Sahar en el monte del valle, 20 Bet Peor, las laderas de Pisga, Bet Jesimot, 21 todas las ciudades de la llanura, y todo el reino de Sehón, rey de los amorreos, que reinaba en Hesbón, al cual Moisés hirió, así como a los jefes de Madián, Evi, Requem, Zur, Hur y Reba, príncipes de Sehón que habitaban en aquella tierra.

22 Entre los que mataron los israelitas, también dieron muerte a espada al adivino Balaam, hijo de Beor. 23 El límite de los rubenitas era el Jordán. Esta fue la heredad de la tribu de Rubén según sus familias: las ciudades y sus aldeas.

24 Moisés también había dado una heredad a la tribu de Gad, a los hijos de Gad, conforme a sus familias. 25 Y su territorio era Jazer, todas las ciudades de Galaad y la mitad de la tierra de los amonitas hasta Aroer, que está frente a Rabá; 26 desde Hesbón hasta Ramat Mizpa y Betonim, y desde Mahanaim hasta la frontera de Debir; 27 y en el valle, Bet Aram, Bet Nimra, Sucot y Zafón, el resto del reino de Sehón, rey de Hesbón, con el Jordán como límite, hasta el extremo del mar de Cineret al otro lado del Jordán, al oriente. 28 Esta es la heredad de los hijos de Gad según sus familias, las ciudades y sus aldeas.

29 Moisés también le había dado una heredad a la media tribu de Manasés. Fue para la media tribu de los hijos de Manasés, conforme a sus familias. 30 Su territorio abarcaba desde Mahanaim, todo Basán, todo el reino de Og, rey de Basán, y todos los pueblos de Jair que están en Basán, sesenta ciudades. 31 También la mitad de Galaad con Astarot y Edrei, ciudades del reino de Og en Basán, fueron para los hijos de Maquir, hijo de Manasés, para la mitad de los hijos de Maquir conforme a sus familias.

32 Estos son los territorios que Moisés repartió por heredad en las llanuras de Moab, al otro lado del Jordán, al oriente de Jericó. 33 Pero a la tribu de Leví, Moisés no le dio heredad. El SEÑOR, Dios de Israel, es su heredad, como Él les había prometido.

   

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Salmo 145

Bondad y majestad de Dios

Salmo de Alabanza; de David.

145 Te exaltaré mi Dios, oh Rey, Y bendeciré Tu nombre eternamente y para siempre. Todos los días te bendeciré, Y alabaré Tu nombre eternamente y para siempre. Grande es el SEÑOR, y digno de ser alabado en gran manera, Y Su grandeza es inescrutable. Una generación alabará Tus obras a otra generación, Y anunciará Tus hechos poderosos. En el glorioso esplendor de Tu majestad, Y en Tus obras maravillosas meditaré. Los hombres hablarán del poder de Tus hechos portentosos, Y yo contaré Tu grandeza. Ellos proclamarán con entusiasmo la memoria de Tu mucha bondad, Y cantarán con gozo de Tu justicia.

Clemente y compasivo es el SEÑOR, Lento para la ira y grande en misericordia. El SEÑOR es bueno para con todos, Y su compasión, sobre todas Sus obras. 10 SEÑOR, Tus obras todas te darán gracias, Y Tus santos te bendecirán. 11 La gloria de Tu reino dirán, Y hablarán de Tu poder, 12 Para dar a conocer a los hijos de los hombres Tus hechos poderosos Y la gloria de la majestad de Tu reino. 13 Tu reino es reino por todos los siglos, Y Tu dominio permanece por todas las generaciones.

14 El SEÑOR sostiene a todos los que caen, Y levanta a todos los oprimidos. 15 A Ti miran los ojos de todos, Y a su tiempo Tú les das su alimento. 16 Abres Tu mano, Y sacias el deseo de todo ser viviente.

17 Justo es el SEÑOR en todos Sus caminos, Y bondadoso en todos Sus hechos. 18 El SEÑOR está cerca de todos los que lo invocan, De todos los que lo invocan en verdad. 19 Cumplirá el deseo de los que le temen, También escuchará su clamor y los salvará. 20 El SEÑOR guarda a todos los que lo aman, Pero a todos los impíos destruirá. 21 Mi boca proclamará la alabanza del SEÑOR; Y toda carne bendecirá Su santo nombre eternamente y para siempre.

   

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Jeremías 6

Amenazas de invasión

6 »¡Huyan, hijos de Benjamín, De en medio de Jerusalén! Toquen trompeta en Tecoa, Y alcen señal sobre Bet Haquerem, Porque desde el norte se asoma el mal Y una gran destrucción. A la hermosa y delicada hija de Sión destruiré. A ella vendrán pastores con sus rebaños, Levantarán sus tiendas a su alrededor, Y cada uno apacentará en su lugar. Preparen guerra contra ella; Levántense y ataquemos al mediodía. ¡Ay de nosotros, porque el día declina, Porque se extienden las sombras del anochecer! Levántense, ataquemos de noche Y destruyamos sus palacios».

Porque así dice el SEÑOR de los ejércitos:

«Corten sus árboles, Y pongan sitio contra Jerusalén. Esta es la ciudad que ha de ser castigada, Todo dentro de ella es opresión. Como un pozo mantiene frescas sus aguas, Así ella mantiene fresca su maldad. En ella se oyen violencia y destrucción; Ante Mí hay de continuo enfermedades y heridas. Sé precavida, oh Jerusalén, No sea que mi alma se aleje de ti; No sea que Yo te convierta en desolación, En tierra despoblada».

Así dice el SEÑOR de los ejércitos:

«Buscarán, rebuscarán como en una viña al remanente de Israel. Vuelve a pasar tu mano como un vendimiador Por los sarmientos». 10 ¿A quiénes hablaré y advertiré, para que oigan? Sus oídos están cerrados, Y no pueden escuchar. La palabra del SEÑOR les es oprobio; No se deleitan en ella. 11 Pero estoy lleno del furor del SEÑOR, Estoy cansado de retenerlo. «Derrámalo sobre los niños en la calle, Y sobre la reunión de los jóvenes; Porque serán apresados tanto el marido como la mujer, El viejo y el muy anciano. 12 Sus casas serán entregadas a otros, Junto con sus campos y sus mujeres; Porque extenderé Mi mano Contra los habitantes de esta tierra», declara el SEÑOR. 13 «Porque desde el menor hasta el mayor, Todos ellos codician ganancias, Y desde el profeta hasta el sacerdote, Todos practican el engaño. 14 Curan a la ligera el quebranto de Mi pueblo, Diciendo: “Paz, paz”, Pero no hay paz. 15 ¿Se han avergonzado de la abominación que han cometido? Ciertamente no se han avergonzado, Ni aún han sabido ruborizarse; Por tanto caerán entre los que caigan; En la hora que Yo los castigue serán derribados», dice el SEÑOR.

16 Así dice el SEÑOR:

«Párense en los caminos y miren, Y pregunten por los senderos antiguos, Cuál es el buen camino, y anden por él; Y hallarán descanso para sus almas. Pero dijeron: “No andaremos en él”. 17 Entonces puse centinelas sobre ustedes, que dijeran: “Escuchen el sonido de la trompeta”. Pero dijeron: “No escucharemos”. 18 Por tanto, oigan, naciones, Y entiende, congregación, lo que se hará entre ellos. 19 Oye, tierra: Yo traigo una calamidad sobre este pueblo, El fruto de sus planes, Porque no han escuchado Mis palabras, Y han desechado Mi ley. 20 ¿Para qué viene a Mí este incienso de Sabá Y la dulce caña de una tierra lejana? Sus holocaustos no son aceptables, Y sus sacrificios no me agradan».

21 Por tanto, así dice el SEÑOR:

«Yo pongo piedras de tropiezo delante de este pueblo, Y tropezarán en ellas Padres e hijos a una; El vecino y su prójimo perecerán».

22 Así dice el SEÑOR:

«Viene un pueblo de tierras del norte, Y una gran nación se levantará de los confines de la tierra. 23 Empuñan arco y jabalina, Crueles son, no tienen misericordia; Sus voces braman como el mar, Y montan a caballo, Como hombres dispuestos para la guerra Contra ti, hija de Sión». 24 Hemos oído de su fama, Flaquean nuestras manos. La angustia se ha apoderado de nosotros, Dolor como de mujer de parto. 25 No salgas al campo Ni andes por el camino, Porque espada tiene el enemigo, Hay terror por todas partes. 26 Hija de mi pueblo, cíñete el cilicio Y revuélcate en ceniza. Haz duelo como por hijo único, Lamento de gran amargura, Porque de pronto el destructor Vendrá sobre nosotros.

27 «Te he puesto como observador y como examinador entre Mi pueblo, Para que conozcas y examines su conducta». 28 Todos ellos son rebeldes obstinados Que andan calumniando. Son de hierro y bronce; Todos ellos están corrompidos. 29 El fuelle sopla con furor, El plomo es consumido por el fuego; En vano se sigue refinando, Pues los malvados no son separados. 30 Los llaman plata de deshecho, Porque el SEÑOR los ha desechado.

   

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Mateo 20

Parábola de los obreros de la viña

20 »Porque el reino de los cielos es semejante a un hacendado que salió muy de mañana para contratar obreros para su viña. Y habiendo convenido con los obreros en un denario al día, los envió a su viña. Salió después como a la hora tercera, y vio parados en la plaza a otros que estaban sin trabajo; y a estos les dijo: “Vayan también ustedes a la viña, y les daré lo que sea justo”. Y ellos fueron. Volvió a salir como a la hora sexta y a la novena, e hizo lo mismo. Y saliendo como a la hora undécima, encontró a otros parados, y les dijo*: “¿Por qué han estado aquí parados todo el día sin trabajar?”. Ellos le dijeron*: “Porque nadie nos ha contratado”. Él les dijo*: “Vayan también ustedes a la viña”.

»Al atardecer, el señor de la viña dijo* a su mayordomo: “Llama a los obreros y págales su jornal, comenzando por los últimos y terminando con los primeros”. Cuando llegaron los que habían sido contratados como a la hora undécima, cada uno recibió un denario. 10 Cuando llegaron los que fueron contratados primero, pensaban que recibirían más; pero ellos también recibieron un denario cada uno. 11 Y al recibirlo, murmuraban contra el hacendado, 12 diciendo: “Estos últimos han trabajado solo una hora, pero usted los ha hecho iguales a nosotros que hemos soportado el peso y el calor abrasador del día”.

13 »Pero respondiendo el hacendado, dijo a uno de ellos: “Amigo, no te hago ninguna injusticia; ¿no conviniste conmigo en un denario? 14 Toma lo que es tuyo, y vete; pero yo quiero darle a este último lo mismo que a ti. 15 ¿No me es lícito hacer lo que quiero con lo que es mío? ¿O es tu ojo malo porque yo soy bueno?”. 16 Así, los últimos serán primeros, y los primeros, últimos».

Jesús anuncia Su muerte por tercera vez

17 Cuando Jesús iba subiendo a Jerusalén, tomó aparte a los doce discípulos, y por el camino les dijo: 18 «Ahora subimos a Jerusalén, y el Hijo del Hombre será entregado a los principales sacerdotes y escribas, y lo condenarán a muerte; 19 y lo entregarán a los gentiles para burlarse de Él, lo azotarán y crucificarán, pero al tercer día resucitará».

Petición de los hijos de Zebedeo

20 Entonces se acercó a Jesús la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, y postrándose ante Él, le pidió algo. 21 Jesús le preguntó: «¿Qué deseas?». Ella le dijo*: «Ordena que en Tu reino estos dos hijos míos se sienten uno a Tu derecha y el otro a Tu izquierda». 22 Pero Jesús dijo: «No saben lo que piden. ¿Pueden beber la copa que Yo voy a beber?». Ellos respondieron*: «Podemos». 23 Él les dijo*: «Mi copa ciertamente beberán, pero el sentarse a Mi derecha y a Mi izquierda no es Mío el concederlo, sino que es para quienes ha sido preparado por Mi Padre».

24 Al oír esto, los otros diez se indignaron contra los dos hermanos. 25 Pero Jesús, llamándolos junto a Él, dijo: «Ustedes saben que los gobernantes de los gentiles se enseñorean de ellos, y que los grandes ejercen autoridad sobre ellos. 26 No ha de ser así entre ustedes, sino que el que entre ustedes quiera llegar a ser grande, será su servidor, 27 y el que entre ustedes quiera ser el primero, será su siervo; 28 así como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir y para dar Su vida en rescate por muchos».

Curación de dos ciegos de Jericó

29 Al salir de Jericó, una gran multitud siguió a Jesús. 30 Y dos ciegos que estaban sentados junto al camino, al oír que Jesús pasaba, gritaron: «¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros!». 31 La gente los reprendía para que se callaran, pero ellos gritaban más aún: «¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros!».

32 Y deteniéndose Jesús, los llamó y les dijo: «¿Qué quieren que Yo haga por ustedes?». 33 Ellos le respondieron*: «Señor, deseamos que nuestros ojos sean abiertos». 34 Entonces Jesús, movido a compasión, tocó los ojos de ellos, y al instante recobraron la vista, y lo siguieron.

   

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