¿Lenguas durante el sermón?

Andrés Birch: Yo me acuerdo de algo que pasó hace como unos 40 años. Yo estaba en una reunión, en una iglesia, y el predicador, de repente, predicando, empezaba a hablar en lenguas durante unos minutos, y después volvió a predicar con normalidad; y me pareció un poco extraño. Pero José me estaba comentando algo que le pasó a él mientras estaba predicando en una ocasión, ¿verdad?

José Mercado: Sí. Hace tiempo, una persona, en medio de una predicación muy emotiva, comenzó a hablar en lenguas. Y hacía unos meses habíamos hablado de 1 Corintios 14, y todo el mundo en la congregación como que se quedó pensando, “¿Qué va a pasar?”. Lo que hice fue que caminé y puse mi mano sobre la persona. Ella se calmó. Pregunté si había un intérprete, y no había uno, y continué predicando. Algo que hice el próximo domingo fue animar a la congregación en el sentido de que no queríamos poner a esa persona como algo tan malo o verla como que estaba tratando de dañar a la congregación. Quise animar y hacer ver que había un corazón que buscaba bendecir, pero que lo ocurrido había sido hecho fuera del momento correcto, y que la Palabra nos anima a que las palabras que digamos en una reunión pública deben ser entendidas por todos. ¿Por qué? Porque las personas son más edificadas cuando las palabras son entendidas por todos.

AB: Seguramente sabes que hay diferentes opiniones sobre el tema de alguno de los dones del Espíritu Santo. Algunos creen que todos siguen vigentes y otros que no. Pero creo que ese no es el tema en este caso. Creo que lo importante es pensar que la Palabra predicada es la parte central de cualquier reunión cristiana. Por lo tanto, es por eso –independientemente de lo que pensemos sobre el tema de los dones del Espíritu Santo– que es importante que la gente entienda que no hay que interrumpir la predicación de la Palabra de Dios. Hay que hacer las cosas como dice la Palabra de Dios: decentemente y con orden. Ese es el tema, más que el tema en sí de los dones, ¿no?

JM: Quizás has estado en una iglesia que está en transición y cambiando; y es muy importante entender que muchas veces estos cambios no suceden de un día para otro. Un pastor y el equipo de enseñanza en una iglesia debe enseñar a la congregación para que aprenda cómo se respeta y se sienta a recibir la Palabra de Dios predicada, que es Dios mismo hablándonos en ese momento. Así que [cuando alguien interrumpe hablando en lenguas] no es un momento de frustración, sino una oportunidad de enseñar a la congregación para crecer y poder glorificar más a Dios durante nuestro tiempo de adoración.

AB: A veces pensamos que no podemos evitar hablar en un momento porque el Espíritu Santo viene sobre nosotros y nos impulsa a hacerlo, pero según la Palabra de Dios el espíritu del profeta está sujeto al profeta; y eso yo entiendo que quiere decir que cada persona controla sus impulsos. Sí, queremos que el Espíritu Santo nos impulse, pero también somos responsables de cuándo y cómo responder y usar los dones que el Señor nos da en cualquier momento determinado.

JM: Totalmente de acuerdo. No es que “en ese momento yo pierdo control de mí”. Vemos claramente en 1 Corintios 14 que esto debe ser en orden, que hay hasta cierta cantidad de personas: si había un cuarto, no tenía que hacerlo porque era una, dos, o tres personas. Así que nadie se debe sentir como que “si no hago esto, Dios no se va a mover en la reunión”, porque al final lo que Dios ha llamado, ha instruido, y ha hecho para que la congregación sea edificada, es la proclamación de la Palabra de Dios por pastores ordenados para servir a esa congregación. Esto es para la edificación del cuerpo de Jesucristo, no para nuestra satisfacción; para que el evangelio sea embellecido y Dios sea glorificado. No se trata de continuismo o cesacionismo; se trata de practicar los dones de una forma que sea de edificación para la iglesia.