El pegajoso pecado de querer siempre tener la razón
No hay pecado más pegajoso que la justicia propia, y eso es porque la autojusticia surge de nuestra propia sensación de tener la razón.
No hay pecado más pegajoso que la justicia propia, y eso es porque la autojusticia surge de nuestra propia sensación de tener la razón.
Como un mendigo de la calle vive de la misericordia de los demás, así es nuestra condición espiritual, pues dependemos de la misericordia de Dios.
Agustín nos anima a no interrumpir con la arrogancia el objetivo central de la interpretación bíblica, que es aumentar nuestro amor por Dios y por el prójimo.
Sin importar tus dones, preparación, rasgos de personalidad o incluso superioridad genética, tienes un problema heredado de Adán que ninguna capacidad te ayudará a superar.
¿Tu vida de oración se siente estancada? Solemos buscar la solución en nuevas técnicas, pero el verdadero poder no está en un método.