El líder emocionalmente sano

En los últimos años se han escrito centenas de libros sobre cómo hacer crecer nuestras iglesias locales. Cada uno de estos materiales presenta su modelo y sus estrategias para el crecimiento exponencial. Lamentablemente, la mayoría se han enfocado en lo externo y medible —en los números, en los resultados, en lo superficial—, pasando por alto o relegando a un lugar de poca importancia la vida interior de quienes lideran. Han sido pocos quienes han cimentado su modelo de iglecrecimiento en la salud emocional y espiritual de sus líderes. Pete Scazzero ha sido uno de esos pocos.

En su libro, El líder emocionalmente sano, Scazzero, pastor con más de 25 años de experiencia y autor de dos libros best sellers del New York Times busca mostrar a los líderes cristianos cómo transformar su vida interior para así revolucionar sus iglesias y el mundo. Este material va dirigido no solo a pastores, sino a toda clase de líder cristiano. Los principios que presenta son aplicables a la iglesia local, instituciones para-eclesiásticas, y otras entidades cristianas.

Las soluciones que propone este libro nacen de la experiencia personal del autor. Scazzero declara que, tras años como pastor, ha entendido que el cambio en su iglesia tenía que empezar consigo mismo, considerando que él era el mayor obstáculo para el cumplimiento de los planes de Dios para su iglesia local. En la introducción, el autor describe a grandes rasgos sus cuatro “conversiones”, hasta convertirse en lo que él cataloga como “un líder emocionalmente sano”. En el resto del libro profundiza en las prácticas, experiencias, y metodologías que le han ayudado durante este proceso.

El líder emocionalmente sano
Peter Scazzero
Harper Collins. 337 pp. US$5.99.

El libro se divide en dos porciones. La primera parte se centra en la vida interior del líder, tratando temas como: tratar con la versión escondida y dañada de tu personalidad, priorizar tu vida matrimonial o soltería sobre las labores ministeriales, aminorar el ritmo de vida para enfocarte en tu relación personal con Dios, y practicar el deleitarse en el sabbat. Estos primeros capítulos buscan enraizar al líder cristiano en una espiritualidad profunda sin la cual el autor considera imposible dar un fruto ministerial duradero.

“Sin los sólidos cimientos de una profunda vida interior, hasta las mejores prácticas en el liderazgo solo me resultarán marginalmente eficaces” (p. 54).

La segunda sección del libro se enfoca en aspectos prácticos del liderazgo. El autor describe minuciosamente cómo ejecutar cuatro tareas básicas: la planificación y la toma de decisiones, la formación de la cultura y el equipo, el uso del poder y la sabiduría en la fijación de límites, y cómo enfrentar los finales y nuevos comienzos.

Análisis acertado, respuestas poco acertadas

Admiro la honestidad y transparencia del escritor para hablar de un tema que es ignorado o considerado tabú en muchos contextos cristianos. El pastor Scazzero hace un análisis acertado del estado actual del liderazgo cristiano. Trata problemas reales en el seno de la iglesia, tales como el activismo, la obsesión por los números, el descuido de la vida interior y familiar de los líderes, el abuso de la autoridad, la prepotencia, entre otros. Sin embargo, considero que el autor no logra ofrecer soluciones consistentes con la Biblia y el evangelio. La mayoría de sus respuestas nacen de los campos de la psicología y la espiritualidad contemplativa.

A pesar de que el autor no hace referencia a las fuentes originales, la influencia de varias escuelas psicológicas es más que evidente. Quisiera aclarar de antemano que no tengo nada en contra de la psicología; tengo estudios en esa disciplina y considero que es una materia con mucha utilidad en diferentes esferas de nuestra sociedad. Sin embargo, es importante admitir que la psicología no es una disciplina que sea cien por ciento compatible con el evangelio y una cosmovisión cristiana.

Examinemos, por ejemplo, uno de los temas recurrentes en este libro: el concepto de “la sombra”. Scazzero, quien tomó prestada esta idea de la psicología analítica de Carl Jung (el reconocido discípulo y rival de Sigmund Freud), presenta este concepto de la siguiente manera:

“Tu sombra es la acumulación de emociones sin controlar, motivaciones poco puras y pensamientos que, aunque mayormente inconscientes, influyen de modo fuerte en tu conducta y la moldean. Es la versión dañada, pero mayormente escondida, de la persona que eres” (p. 59).

Según el pastor Scazzero, uno de nuestros más graves problemas es que desconocemos nuestra “sombra” y su persistente impacto en nuestras vidas. Su solución al dilema de la sombra es identificar y trazar en nuestro pasado la raíz de estas motivaciones internas y ocultas. Para lograr este objetivo, sugiere hacer ejercicios de introspección, elaborar un genograma (herramienta que surgió de la teoría familiar sistemática de Murray Bowen en los años 70) para identificar patrones de conducta en nuestra historia familiar, identificar y cambiar los guiones negativos (concepto de la terapia cognitivo conductual) que nos han transmitido, y buscar las opiniones de otros que nos ayuden a identificar los puntos ciegos de nuestra personalidad.

Esta postura lleva al lector/líder cristiano a pensar que su problema es “su sombra” y no su pecado; a creer que su problemática radica en su familia de origen y no en su corazón. Produce señalamiento y juicio a los que le dañaron en el pasado, mientras le exime de la responsabilidad por sus decisiones, palabras, y reacciones de su presente. Le lleva a pensar que encontrará respuestas en la introspección, ignorando cuán engañoso es su corazón y que Dios es el único que examina adecuadamente. Le motiva a vivir con la mirada en el pasado, en vez de llevarle a fijar sus ojos en Jesús y su cruz. El enfoque psicológico o terapéutico siempre erra en su diagnóstico y se queda corto en el tratamiento.

Promoción de la espiritualidad contemplativa

Otro aspecto del libro que me costó digerir fue el deseo del autor de llevar a los lectores hacia una espiritualidad contemplativa. Este tipo de espiritualidad busca conducir al individuo a un conocimiento más profundo y experiencial de Dios a través de diversas prácticas, como la oración silenciosa, la meditación, y la introspección. En las últimas décadas, la espiritualidad contemplativa ha sido un tema polémico en círculos evangélicos. Al igual que Scazzero, varios líderes protestantes han abrazado y promovido estas prácticas en sus congregaciones. Por el otro lado, otros cristianos han criticado de manera vehemente estas prácticas, principalmente la oración contemplativa, considerándola una experiencia interna subjetiva y mística sin soporte bíblico. Los detractores perciben en la espiritualidad contemplativa elementos similares a los que se encuentran en la meditación budista, hinduista, y taoísta (uso de mantras, oraciones silenciosas, experiencias místicas y esotéricas, etc.).

La formación espiritual de Pete Scazzero ha sido grandemente influenciada por la espiritualidad monástica contemplativa, y su libro busca que otros sigan esta ruta. El autor promueve prácticas como la regla de san Benito de Nursia, el lectio divino, el oficio divino, y la oración del examen de san Ignacio de Loyola. Scazzero también es un ávido promotor de la oración contemplativa. En este libro hace gran hincapié en la necesidad de apartar tiempos diarios de oración silenciosa: “En el silencio nos mantenemos quietos ante el Señor en medio de oración sin palabras. Yo trato de guardar silencio en la presencia de Dios durante veinte minutos al día. Cuando lo hago, me siento mucho más calmado y menos ansioso cuando estoy activo” (p. 146).

Este es un tiempo de silencio con el propósito de “centrarnos” y alcanzar un estado de “paz interior”. Cuesta catalogar este ejercicio como un tiempo de oración, ya que no se busca la comunicación con Dios, ni adorarle, ni meditar en sus obras o su Palabra. No trata a Dios como una persona, sino como una experiencia. Esta práctica se basa en creer que podemos encontrar la verdad espiritual en lo profundo de nuestro interior, en vez de centrar nuestra interacción con Dios en su Palabra escrita.

Este, y otros de los ejercicios que Pete Scazzero fomenta, van ligados a su deseo de llevar al líder a aminorar su ritmo de vida y enfocarse en su comunión personal con Dios. Entiendo y comparto la preocupación de Scazzero, mas no soy partidario de la ruta que promueve.

Uso escueto de las Escrituras

Las propuestas de Pete Scazzero se cimientan primordialmente en sus experiencias y otros casos de personas que ha conocido durante sus más de 20 años de ministerio. El libro contiene una gran cantidad de ejemplos, lo cual por momentos hace que la lectura se convierta monótona. Aprecio los testimonios, pero son tantos y tan repetitivos, que en más de una ocasión me vi tentado a brincar estas historias. El autor también tiende a sobre-enfatizar y repetir varios de sus puntos. El resultado es un libro más largo de lo que debería ser.

El uso de ejemplos es importante, pero temo que el autor cimentó su planteamiento en estudios de caso, y no en la Palabra de Dios. Por momentos el uso de pasajes bíblicos tiende a ser escueto y superficial. En otras instancias pasó por alto oportunidades claras de enraizar sus propuestas en conceptos bíblicos. Mientras que en otras ocasiones, descontextualizó porciones de la Biblia para acomodarlas a sus teorías. Por ejemplo, presenta al aguijón de Pablo como su “sombra” (p. 72) y argumenta que la grandeza del ministerio de Jesús se debió a que invirtió sus primeros 30 años de vida a una profunda y amorosa comunión con el Padre (p. 138).

Las experiencias del autor y los demás testimonios son totalmente válidos. No obstante, cimentar su propuesta en experiencias personales, y no en la Palabra de Dios, deja al texto muy expuesto al escrutinio ya que su fundamento no es el más sólido.

Pepitas de oro

Más allá de discrepar con el autor en varias de sus posturas, el libro contiene varias pepitas de oro. Uno de los aportes más enriquecedores es su defensa del día de descanso en el capítulo cinco. Scazzero expande en la importancia de apartar un día a la semana para descansar y deleitarnos en las bendiciones de Dios. Él describe el sabbat (día de reposo) como “un bloque de tiempo semanal de veinticuatro horas en el cual dejamos de trabajar, disfrutamos de un descanso, practicamos el deleitarnos y contemplamos a Dios” (p. 153).

Sé que el término sabbat puede causar polémica a causa de los numerosos debates en la historia del cristianismo sobre si estamos obligados o no a guardar la ley mosaica. Sin embargo, Scazzero no promueve el legalismo ni la imposición estricta de la ley. Más bien presenta el día de descanso como un don dado por Dios, que puede ser disfrutado cualquier día de la semana, sin ningún tipo de restricción cultural o religiosa.

El escritor presenta esta práctica como un antídoto al activismo y a la trampa de basar nuestra identidad en lo que hacemos. Para el líder cristiano este es un tiempo de descanso donde se desconecta por completo de sus labores ministeriales y confía en que Dios tiene el control de todos los aspectos de su vida. Es un periodo semanal donde el líder cristiano vive una verdad fundamental del evangelio: “No hago nada productivo y, sin embargo, soy profundamente amado” (p. 178).

Otro capítulo repleto de sabiduría es el capítulo nueve, donde el pastor Scazzero expone extensamente sobre cómo manejar los cambios y las transiciones en nuestras vidas y organizaciones. Scazzero argumenta que nuestra tendencia es a temer a los finales y verlos como señales de un fracaso.

El autor exhorta a los líderes cristianos a aprender a aceptar los finales y épocas de transición como parte inevitable del ritmo de la vida. Transiciones ministeriales, la pérdida de uno de los miembros del equipo, sucesión del liderazgo, o el fin de una visión. Estos finales son instrumentales para abrir la puerta a nuevos principios. Son muertes inevitables, que aunque traigan sufrimiento, son necesarias para la formación del carácter de Cristo en nuestras vidas y el avance del reino de Dios.

“La muerte es el preludio necesario de la resurrección. Para dar fruto a largo plazo para Cristo, necesitamos reconocer que hay algunas cosas que deben morir para que pueda crecer algo nuevo. Si no aceptamos esta realidad, tendremos la tendencia a temer los finales como señales de un fracaso y no como oportunidades para algo nuevo” (p. 288).

Dos extremos

Ante este libro muchos pueden tomar dos extremos. Por un lado, algunos se verán tentados a abrazar todo el material y aceptarlo como la respuesta de Dios para sus vidas y ministerios. Por otra parte, otro puñado se hallará seducido a rechazar todo el texto por su tinte ecuménico y su adherencia a principios psicológicos.

Por mi parte, sugiero al líder cristiano evitar estos extremos y leer el libro con detenimiento para discernir cuáles conceptos se alinean con la verdad bíblica y cuáles no. La lectura cuidadosa de este material permitirá al lector rescatar varias enseñanzas valiosas.

Este libro presenta una postura que vale la pena examinar. Sin embargo, si deseas leer un libro de liderazgo cristiano que con eficacia enraíza sus argumentos en las Escrituras y el evangelio, te recomiendo leer Siervos para Su gloria, escrito por el pastor Miguel Núñez.

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