Todas tenemos sed. Sed de amor, de validación, de pertenencia. El problema no es la sed… sino dónde intentamos saciarla.
En Juan 4, Jesús se encuentra con una mujer marginada, quebrantada y llena de intentos fallidos por llenar su vacío. En medio de su historia, Él le ofrece algo que nadie más podía darle: verdadera agua viva.





