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Lectura de Hoy

Devocional: Números 22

Recientemente recibí una llamada de alguien que quería contratarme como su teólogo particular. De modo que, en caso de que me escribiera o llamase, yo, tendría que responder a las preguntas que tuviese.

No llegué a preguntarle en qué cifra de dinero había pensado. Tampoco quiero cuestionar su motivación: es posible que quisiese ayudarme, o incluso honrarme o quizá simplemente quería pagarme un servicio prestado. Pero sabiendo con qué facilidad mis propias motivaciones se pueden corromper, le dije que de ninguna manera podía entrar en un arreglo de esta clase. Los predicadores no deberían considerarse como asalariados. Más bien, están siendo sostenidos por el pueblo de Dios a fin de que puedan estar libres para servir. Si me escribía, haría lo que pudiese para responder a sus preguntas, con los mismos criterios que aplico para decidir si responder o no a las numerosas preguntas que recibo cada año.

Números 22 comienza con el relato de Balán. Su vida de altibajos tiene mucho que enseñarnos, pero la lección que se destaca en el primer capítulo es el peligro que existe para un predicador o un profeta de sacrificar su independencia en el altar de la prosperidad material. Tarde o temprano el amor al dinero corromperá su ministerio.

El hecho de que Balán era profeta de Dios demuestra que seguía habiendo personas que retenían ciertos conocimientos acerca del único Dios verdadero. El llamamiento de Abraham y el nacimiento del pueblo de Israel no significan que no hubiese otros que también conociesen al único Creador soberano: otro ejemplo es Melquisedec (Gen 14). Además, Balán, parece que poseía un don profético de origen sobrenatural: a veces pronunciaba oráculos que realmente procedían de Dios mismo. Era suficientemente consciente de su don misterioso como para comprender que no era algo que pudiese manipular, y que si se trataba de un oráculo divino auténtico, él mismo no podía controlar el contenido. Sólo podía proclamar lo que Dios le mandaba decir.

Pero esto no impidió que codiciase la oferta de dinero por parte de Balac. A ojos de Balac, Balán era una especie de mago o hechicero, semejante a un practicante del vudú, alguien que viniese y maldijese al pueblo de Israel. Dios le prohíbe con contundencia que fuese con Balaac: Dios relaja la prohibición, permitiéndole que vaya, con la condición de que se limite a hacer lo que Dios le manda (22:20). Al mismo tiempo, Dios se opone a Balán en juicio, puesto que está motivado por un corazón avaricioso. Sólo la señal milagrosa de la asna que habla le inculca suficiente miedo como para guardar silencio (2:32-39).

Nunca te rebajes hasta el punto de comerciar con la palabra de Dios.

 


Este devocional es un extracto de Por amor a Dios, Volumen I, por Donald A. Carson © Publicaciones Andamio, 2013. Usado con permiso.

Devocional: Isaías 11-12

Isaías 1—12 forma la primera parte importante del libro; Isaías 11-12 la cierra con una imagen del rey ideal y de los cambios que traerá, con el Señor adorado en Sion.

Se pasa rápidamente de la destrucción de Asiria en Isaías 10 al establecimiento del reino de Dios en el capítulo 11. Ambos acontecimientos están obviamente relacionados teológicamente: ambos tienen lugar por iniciativa del Señor. Sin embargo, en la profecía de Isaías se produce un gran escorzo (acortamiento de la perspectiva de los tiempos) en el proceso histórico.

En la visión por la cual se le llamó al ministerio profético, Isaías vio una semilla brotando de un tocón, el remanente de Israel (6:13). Ahora, Asiria cae como un poderoso bosque derribado por el hacha de Dios (10:33-34) y una vara sale del tronco de Isaí (11:1), es decir, de la dinastía davídica. Si en 4:2 el renuevo se refería al remanente, o a la obra salvadora del Señor por medio de este, aquí lo hace explícitamente al Mesías. “Mesías” significa simplemente “ungido”, por lo que cada rey ungido en el linaje de David era uno de ellos en este sentido. Sin embargo, sólo el Mesías definitivo podía llenar el hueco descrito aquí. Fortalecido de forma única por el Espíritu de Dios (11:2-3a; cp. Juan 3:34), su reinado es impecablemente justo (11:3b- 5), la antítesis de la corrupción existente en la nación, que ha atraído el juicio de Dios. El gobierno del Mesías será tan perfecto y absoluto que la muerte y la destrucción morirán: el escenario definitivo que presenta será ideal (11:7-9).

Los versículos 10-16, la segunda parte del capítulo 11, revelan algunos de los elementos simbólicos de los versículos precedentes. El pueblo del pacto de Dios se reúne con él (11:11-16), pero a su alrededor están las naciones que también irán en su busca (11:10). El pendón levantado sobre esta inmensa asamblea (11:10, 12) señala el reinado del Mesías, “y glorioso será el lugar donde repose” (11:10). Por un lado, el “remanente” así reunido se refiere a los supervivientes del Israel histórico (11:12), pero en el escorzo profético también son la generación del pueblo de Dios, escogido y fiel, en los últimos días.

La alabanza del capítulo 12 se dirige al “Santo de Israel”, uno de los títulos de Dios en Isaías. En el capítulo 11, el Mesías está en medio de su pueblo y es alabado. Es fácil ver que la presencia del Mesías y la de Dios son la misma cosa, así como en Isaías 9:2-7 el rey davídico es también el poderoso Dios. Aquí tenemos la consumación de la salvación: “¡Dios es mi salvación! Confiaré en él y no temeré. El Señor es mi fuerza, el Señor es mi canción; ¡él es mi salvación! Con alegría sacaréis agua de las fuentes de la salvación” (12:2-3).

 


Este devocional es un extracto de Por amor a Dios, Volumen II, por Donald A. Carson © Publicaciones Andamio, 2016. Usado con permiso.

Números 22

Balac y Balaam

22 Después salieron los israelitas y acamparon en las llanuras de Moab, al otro lado del Jordán, frente a Jericó.

Y Balac, hijo de Zipor, vio todo lo que Israel había hecho a los amorreos. Entonces Moab tuvo mucho temor a causa del pueblo, porque eran muchos; y Moab tuvo miedo ante los israelitas. Y Moab dijo a los ancianos de Madián: «Esta multitud lamerá todo lo que hay a nuestro derredor, como el buey lame la hierba del campo». En aquel tiempo Balac, hijo de Zipor, era rey de Moab. Y envió mensajeros a Balaam, hijo de Beor, en Petor, que está cerca del Río, en la tierra de los hijos de su pueblo, para llamarlo y le dijo: «Mira, un pueblo salió de Egipto y cubren la superficie de la tierra y habitan frente a mí. Ven ahora, te ruego, y maldíceme a este pueblo porque es demasiado poderoso para mí; quizá pueda derrotarlos y echarlos de la tierra. Porque yo sé que a quien tú bendices es bendecido, y a quien tú maldices es maldecido».

Los ancianos de Moab y los ancianos de Madián fueron con el precio de la adivinación en la mano; y llegaron a Balaam, y le repitieron las palabras de Balac. Y él les dijo: «Pasen la noche aquí y yo les traeré palabra según lo que el SEÑOR me diga». Y los jefes de Moab se quedaron con Balaam. Entonces Dios vino a Balaam y le preguntó: «¿Quiénes son estos hombres que están contigo?». 10 Y Balaam respondió a Dios: «Balac, hijo de Zipor, rey de Moab, me ha enviado un mensaje11 “Mira, el pueblo que salió de Egipto cubre la superficie de la tierra; ven ahora, maldícemelos; quizá yo pueda pelear contra ellos y expulsarlos”». 12 Y Dios dijo a Balaam: «No vayas con ellos; no maldecirás al pueblo, porque es bendito». 13 Balaam se levantó de mañana y dijo a los jefes de Balac: «Vuelvan a su tierra, porque el SEÑOR ha rehusado dejarme ir con ustedes». 14 Y los jefes de Moab se levantaron y volvieron a Balac, y le dijeron: «Balaam rehusó venir con nosotros».

15 Entonces Balac envió jefes otra vez, más numerosos y más distinguidos que los anteriores. 16 Y fueron a Balaam, y le dijeron: «Así dice Balac, hijo de Zipor: “Te ruego que no rehúses venir a mí; 17 porque en verdad te honraré en gran manera, y haré cualquier cosa que me digas. Ven, pues, te ruego, y maldíceme a este pueblo”». 18 Y Balaam respondió a los siervos de Balac: «Aunque Balac me diera su casa llena de plata y oro, yo no podría traspasar el mandamiento del SEÑOR mi Dios para hacer ni poco ni mucho. 19 Pero, les ruego que permanezcan aquí también esta noche, y sabré qué más me dice el SEÑOR». 20 Dios vino a Balaam de noche, y le dijo: «Si los hombres han venido a llamarte, levántate y ve con ellos; pero solo dirás la palabra que Yo te hable».

21 Y Balaam se levantó muy de mañana, aparejó su asna y se fue con los jefes de Moab. 22 Pero Dios se enojó porque él iba, y el ángel del SEÑOR se puso en el camino como un adversario contra él. Y Balaam iba montado sobre su asna, y sus dos sirvientes con él. 23 Cuando el asna vio al ángel del SEÑOR de pie en el camino con la espada desenvainada en la mano, el asna se salió del camino y se fue por medio del campo; pero Balaam golpeó el asna para hacerla volver al camino. 24 Entonces el ángel del SEÑOR se puso en una senda estrecha de los viñedos, con una pared a un lado y otra pared al otro lado. 25 Al ver el asna al ángel del SEÑOR, se pegó contra la pared y presionó el pie de Balaam contra la pared; entonces él la golpeó otra vez. 26 El ángel del SEÑOR se fue más lejos, y se puso en un sitio estrecho donde no había manera de volverse ni a la derecha ni a la izquierda. 27 Y viendo el asna al ángel del SEÑOR, se echó debajo de Balaam; y Balaam se enojó y golpeó al asna con su palo. 28 Entonces el SEÑOR abrió la boca del asna, la cual dijo a Balaam: «¿Qué te he hecho yo que me has golpeado estas tres veces?». 29 Y Balaam respondió al asna: «Porque te has burlado de mí. Ojalá tuviera una espada en mi mano, que ahora mismo te mataría». 30 Y el asna dijo a Balaam: «¿No soy yo tu asna, y sobre mí has cabalgado toda tu vida hasta hoy? ¿He tenido la costumbre de portarme así contigo?». «No», respondió Balaam.

31 Entonces el SEÑOR abrió los ojos de Balaam, y él vio al ángel del SEÑOR de pie en el camino, con la espada desenvainada en su mano, e inclinándose, se postró rostro en tierra; 32 y el ángel del SEÑOR le dijo: «¿Por qué has golpeado a tu asna estas tres veces? Mira, yo he salido como adversario, porque tu camino me era contrario; 33 pero el asna me vio y se apartó de mí estas tres veces. Si no se hubiera apartado de mí, ciertamente yo te hubiera matado ahora mismo, y a ella la hubiera dejado vivir». 34 Y Balaam dijo al ángel del SEÑOR: «He pecado, pues no sabía que tú estabas en el camino para enfrentarte a mí. Pero ahora, si te desagrada, me volveré». 35 El ángel del SEÑOR respondió a Balaam: «Ve con los hombres, pero hablarás solo la palabra que yo te diga». Y Balaam se fue con los jefes de Balac.

36 Al oír Balac que Balaam se acercaba, salió a recibirlo en una ciudad de Moab, que está sobre la frontera del Arnón, al extremo de la frontera. 37 Entonces Balac dijo a Balaam: «¿No envié a llamarte con urgencia? ¿Por qué no viniste a mí? ¿Acaso no soy capaz de honrarte?». 38 Balaam respondió a Balac: «Mira, ahora he venido a ti. ¿Hay algo, acaso, que pueda decir? La palabra que Dios ponga en mi boca, esa diré». 39 Balaam fue con Balac, y llegaron a Quiriat Huzot. 40 Balac sacrificó bueyes y ovejas, y envió algunos a Balaam y a los jefes que estaban con él.

41 Y a la mañana siguiente, Balac tomó a Balaam y lo hizo subir a los lugares altos de Baal, y desde allí vio un extremo del pueblo.

   

Nueva Biblia de las Américas Copyright © 2005 por The Lockman Foundation, La Habra, California. Todos los derechos reservados. Para más información, visita www.exploranbla.com

Salmos 62-63

Dios, el único refugio

Para el director del coro; según Jedutún. Salmo de David.

62 En Dios solamente espera en silencio mi alma; De Él viene mi salvación. Solo Él es mi roca y mi salvación, Mi baluarte, nunca seré sacudido.

¿Hasta cuándo atacarán a un hombre, Todos ustedes, para derribarlo, Como pared inclinada, como cerca que se tambalea? Ellos solamente consultan para derribarlo de su eminencia; En la falsedad se deleitan; Bendicen con la boca, Pero por dentro maldicen.           (Selah)

Alma mía, espera en silencio solamente en Dios, Pues de Él viene mi esperanza. Solo Él es mi roca y mi salvación, Mi refugio, nunca seré sacudido. En Dios descansan mi salvación y mi gloria; La roca de mi fortaleza, mi refugio, está en Dios. Confíen en Él en todo tiempo, Oh pueblo; derramen su corazón delante de Él; Dios es nuestro refugio.     (Selah)

Los hombres de baja condición solo son vanidad, y los de alto rango son mentira; En la balanza suben, Todos juntos pesan menos que un soplo. 10 No confíen ustedes en la opresión, Ni en el robo pongan su esperanza; Si las riquezas aumentan, no pongan el corazón en ellas.

11 Una vez ha hablado Dios; Dos veces he oído esto: Que de Dios es el poder; 12 Y Tuya es, oh Señor, la misericordia, Pues Tú pagas al hombre conforme a sus obras.

El alma sedienta se satisface en Dios

Salmo de David, cuando estaba en el desierto de Judá.

63 Oh Dios, Tú eres mi Dios; te buscaré con afán. Mi alma tiene sed de Ti, mi carne te anhela Cual tierra seca y árida donde no hay agua. Así te contemplaba en el santuario, Para ver Tu poder y Tu gloria. Porque Tu misericordia es mejor que la vida, Mis labios te alabarán. Así te bendeciré mientras viva, En Tu nombre alzaré mis manos. Como con médula y grasa está saciada mi alma; Y con labios jubilosos te alaba mi boca.

Cuando en mi lecho me acuerdo de Ti, En Ti medito durante las vigilias de la noche. Porque Tú has sido mi ayuda, Y a la sombra de Tus alas canto gozoso. A Ti se aferra mi alma; Tu diestra me sostiene.

Pero los que buscan mi vida para destruirla, Caerán a las profundidades de la tierra. 10 Serán entregados al poder de la espada; Presa serán de las zorras. 11 Pero el rey se regocijará en Dios; Y todo el que por Él jura se gloriará, Porque la boca de los que dicen mentiras será cerrada.

   

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Isaías 11-12

Reinado justo del Mesías

11 Entonces un retoño brotará del tronco de Isaí,

Y un vástago dará fruto de sus raíces. Y reposará sobre Él el Espíritu del SEÑOR, Espíritu de sabiduría y de inteligencia, Espíritu de consejo y de poder, Espíritu de conocimiento y de temor del SEÑOR. Él se deleitará en el temor del SEÑOR, Y no juzgará por lo que vean Sus ojos, Ni sentenciará por lo que oigan Sus oídos; Sino que juzgará al pobre con justicia, Y fallará con equidad por los afligidos de la tierra. Herirá la tierra con la vara de Su boca, Y con el soplo de Sus labios matará al impío. La justicia será ceñidor de Sus lomos, Y la fidelidad ceñidor de Su cintura.

El lobo morará con el cordero, Y el leopardo se echará con el cabrito. El becerro, el leoncillo y el animal doméstico andarán juntos, Y un niño los conducirá. La vaca con la osa pastará, Sus crías se echarán juntas, Y el león, como el buey, comerá paja. El niño de pecho jugará junto a la cueva de la cobra, Y el niño destetado extenderá su mano sobre la guarida de la víbora. No dañarán ni destruirán en todo Mi santo monte, Porque la tierra estará llena del conocimiento del SEÑOR Como las aguas cubren el mar.

10 Acontecerá en aquel día Que las naciones acudirán a la raíz de Isaí, Que estará puesta como señal para los pueblos, Y será gloriosa Su morada.

11 Entonces acontecerá en aquel día que el Señor Ha de recobrar de nuevo con Su mano, por segunda vez, Al remanente de Su pueblo que haya quedado De Asiria, de Egipto, de Patros, de Cus, de Elam, de Sinar, de Hamat Y de las islas del mar. 12 Alzará un estandarte ante las naciones, Reunirá a los desterrados de Israel, Y juntará a los dispersos de Judá De los cuatro confines de la tierra. 13 Entonces se disipará la envidia de Efraín, Y los que hostigan a Judá serán exterminados. Efraín no envidiará a Judá, Ni Judá hostigará a Efraín. 14 Ellos se lanzarán sobre el costado de los filisteos al occidente, Juntos despojarán a los hijos del oriente. Edom y Moab estarán bajo su dominio, Y los amonitas les estarán sujetos. 15 Y el SEÑOR destruirá La lengua del mar de Egipto. Agitará Su mano sobre el Río Con Su viento abrasador; Lo partirá en siete arroyos Y hará que se pueda pasar en sandalias. 16 Y habrá una calzada desde Asiria Para el remanente que quede de Su pueblo, Así como la hubo para Israel El día que subieron de la tierra de Egipto.

Cántico de acción de gracias

12 Y en aquel día dirás:

«Te doy gracias, oh SEÑOR, Porque aunque estabas enojado conmigo, Tu ira se ha apartado Y me has consolado. Dios es mi salvación, Confiaré y no temeré; Porque mi fortaleza y mi canción es el SEÑOR DIOS, Él ha sido mi salvación». Con gozo sacarás agua De los manantiales de la salvación. Y en aquel día dirás: «Den gracias al SEÑOR, invoquen Su nombre, Hagan conocer entre los pueblos Sus obras, Hagan recordar que Su nombre es exaltado». Canten alabanzas al SEÑOR, porque ha hecho cosas maravillosas. Sea conocido esto por toda la tierra. Clama y grita de júbilo, habitante de Sión, Porque grande es en medio de ti el Santo de Israel.

   

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Santiago 5

Advertencias a los ricos

5 ¡Oigan ahora, ricos! Lloren y aúllen por las miserias que vienen sobre ustedes. Sus riquezas se han podrido y sus ropas están comidas de polilla. Su oro y su plata se han oxidado, su herrumbre será un testigo contra ustedes y consumirá su carne como fuego. Es en los últimos días que han acumulado tesoros. Miren, el jornal de los obreros que han segado sus campos y que ha sido retenido por ustedes, clama contra ustedes. El clamor de los segadores ha llegado a los oídos del Señor de los ejércitos.

Han vivido lujosamente sobre la tierra, y han llevado una vida de placer desenfrenado. Han engordado sus corazones en el día de la matanza. Han condenado y dado muerte al justo. Él no les hace resistencia.

Exhortación a la paciencia

Por tanto, hermanos, sean pacientes hasta la venida del Señor. Miren cómo el labrador espera el fruto precioso de la tierra, siendo paciente en ello hasta que recibe la lluvia temprana y la tardía. Sean también ustedes pacientes. Fortalezcan sus corazones, porque la venida del Señor está cerca. Hermanos, no se quejen unos contra otros, para que no sean juzgados. Ya el Juez está a las puertas. 10 Hermanos, tomen como ejemplo de paciencia y aflicción a los profetas que hablaron en el nombre del Señor. 11 Miren que tenemos por bienaventurados a los que sufrieron. Han oído de la paciencia de Job, y han visto el resultado del proceder del Señor, que el Señor es muy compasivo y misericordioso.

Exhortaciones varias

12 Y sobre todo, hermanos míos, no juren, ni por el cielo, ni por la tierra, ni con ningún otro juramento. Antes bien, sea el sí de ustedes, sí, y su no, no, para que no caigan bajo juicio.

13 ¿Sufre alguien entre ustedes? Que haga oración. ¿Está alguien alegre? Que cante alabanzas. 14 ¿Está alguien entre ustedes enfermo? Que llame a los ancianos de la iglesia y que ellos oren por él, ungiéndolo con aceite en el nombre del Señor. 15 La oración de fe restaurará al enfermo, y el Señor lo levantará. Si ha cometido pecados le serán perdonados.

16 Por tanto, confiésense sus pecados unos a otros, y oren unos por otros para que sean sanados. La oración eficaz del justo puede lograr mucho. 17 Elías era un hombre de pasiones semejantes a las nuestras, y oró fervientemente para que no lloviera, y no llovió sobre la tierra por tres años y seis meses. 18 Oró de nuevo, y el cielo dio lluvia y la tierra produjo su fruto.

19 Hermanos míos, si alguien de entre ustedes se extravía de la verdad y alguien le hace volver, 20 sepa que el que hace volver a un pecador del error de su camino salvará su alma de muerte, y cubrirá multitud de pecados.

   

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