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Lectura de Hoy

Devocional: Jueces 19

Una vez llegamos a Jueces 19, vemos que la ley de la jungla ha triun- fado en la joven nación de Israel.

El levita que ya conocimos ha tomado ahora para sí una concubina. (Los levitas se supone que sólo se casaban con vírgenes; ver Levítico 21:7, 13-15.) Esta le fue infiel y lo abandonó para regresar a casa de su padre. El levita la quiso recuperar, así que viajó a Belén y la encontró. Dado que em- prendieron su viaje de regreso por la tarde, no lograron completar la tra- vesía en un día. Y como preferían no detenerse en uno de los pueblos ca- naneos, siguieron hasta Gabaa, un poblado de la tribu de Benjamín. Un residente local advirtió al levita y a su concubina de que no se debían que- dar a dormir en la plaza, pues era muy peligroso, y los acogió en su casa.

Por la noche, una multitud de vándalos lujuriosos le pidieron al dueño de la casa que les sacara al levita para sodomizarlo. Esto es impresionante. En primer lugar, bajo los estándares sociales del antiguo Oriente Próximo, era inconcebible no mostrar hospitalidad—y ellos quieren violar en grupo a un visitante. A medida que continúa el relato, queda muy claro que viola- rían tanto a hombres como mujeres; en realidad no les importa.

Pero quizás el momento más horrible de la narración ocurre cuando el dueño de la casa, al recordar las reglas de hospitalidad y seguramente ate- morizado también por su propia seguridad, les ofrece a su hija y a la con- cubina del levita. El relato es breve y escueto, pero no hace falta demasiada imaginación para visualizar el terror—dos mujeres cuyos hombres no las defienden sino que las abandonan y las traicionan, ofreciéndolas a una al- borotada chusma de violadores para salvar sus propios pellejos. La multitud insistió en que eso no era suficiente, de manera que el levita agarra a su con- cubina y la saca a la puerta, sola. Así comenzó su última noche en la tierra, en una pequeña ciudad que pertenecía al pueblo de Dios.

Al amanecer, vemos al levita ordenarle a esta mujer que se levante por- que es hora de partir, pero se da cuenta de que está muerta. Arrastra el ca- dáver y se lo lleva a su casa, donde lo divide en doce pedazos y envía una parte a cada tribu de Israel, como quien dice, en esencia: ¿Cuándo acabará la violencia? ¿En qué momento diremos basta y cambiaremos estas costum- bres horribles?

“En la época en la que no había rey en Israel” (19:1).

Pero, ¿qué decir de su propia complicidad y profunda cobardía? El ab- soluto horror de los pedazos desmembrados del cuerpo seguramente pro- vocaría una reacción, pero durante esta época, no sería la respuesta justa de un pueblo bíblico, pensativo y controlado. Sólo alguien muy ingenuo po- dría pensar que esto no produciría el descenso a una vorágine de maldad y violencia.

 


Este devocional es un extracto de Por amor a Dios, Volumen I, por Donald A. Carson © Publicaciones Andamio, 2013. Usado con permiso.

Devocional: Jeremías 33

En la visión de restauración que encontramos en Jeremías 33, la última mitad del capítulo se centra en la restauración del trono davídico y asuntos relacionados (Jeremías 33:14-26). Haremos algunas observaciones:

(1) Los versículos 15-16 repiten 23:5-6 (véase la meditación del 27 de julio). Las palabras se describen como “la promesa de bendición” de Dios (33:14), es decir, la promesa que este hizo a Israel anteriormente por medio de Jeremías, y hacia la que atrae la atención ahora que Jeremías está prisionero en el patio de la guardia y la destrucción de la ciudad no se retrasará mucho. Esta es inminente y el exilio del pueblo, inevitable. El Señor quiere que el profeta y los israelitas miren más allá de estos desastres y contemplen sus promesas, que se cumplirán con total seguridad, algo que forma parte sustancial de lo que significa andar por fe.

(2) En general, Jeremías no revela tanto como Isaías de la venida del Mesías o, dicho de manera más precisa, lo que revela es más difuso. Sin embargo, define al que viene como el buen pastor (23:4; 31:10), renuevo justo (23:5; 33:15) y como David el rey, el siervo del Señor (30:9; 33:21, 26).

(3) La certeza del pacto de Dios con David está relacionada con el que ha formalizado con el día y la noche (33:19-21); en otras palabras, con la fiabilidad total del Señor sustentando su universo ordenado. La estabilidad de la monarquía davídica no se compara con la bruma matinal que se desvanece, sino con el ciclo diario, cuya regularidad depende de la fidelidad y fiabilidad de un Dios poderoso y providencial. Aunque, durante un tiempo, lo único que se verá de la dinastía davídica será un pobre tocón, Dios mismo hará “que brote de David un renuevo justo” (33:15).

(4) Más sorprendente, y ciertamente más rara entre los profetas, es la promesa de que los levitas no dejarían de tener un hombre que se presentase delante de Dios y ofreciese los sacrificios prescritos (33:18, 21). Puede referirse a los años posteriores al exilio, cuando se reconstruyó el templo y se establecieron de nuevo los sacrificios levíticos. Sin embargo, este mismo Jeremías también ha predicho un nuevo pacto, un anuncio que vuelve obsoleto en principio al formalizado con Moisés (Hebreos 8:13). De hecho, cuatro siglos antes que Jeremías, David avanzó el surgimiento de un sacerdocio del orden de Melquisedec (Salmos 110), que anunciaba el final del sistema levítico y un cambio en la ley (Hebreos 7:11-12). Desde una perspectiva canónica, quizás el último cumplimiento tipológico de este pasaje se produce en el reino de los “sacerdotes” que se levanta a partir de la obra del gran David (1 Pedro 2:5; Apocalipsis 1:6).
 


Este devocional es un extracto de Por amor a Dios, Volumen II, por Donald A. Carson © Publicaciones Andamio, 2016. Usado con permiso.

Jueces 19

El levita y su concubina

19 En aquellos días, cuando no había rey en Israel, había un levita que residía en la parte más remota de la región montañosa de Efraín, el cual tomó para sí una concubina de Belén de Judá. Pero su concubina cometió adulterio contra él, y ella se fue de su lado, a la casa de su padre en Belén de Judá, y estuvo allí por espacio de cuatro meses. Su marido se levantó y fue tras ella para hablarle cariñosamente y hacerla volver, llevando consigo a su criado y un par de asnos. Y ella lo llevó dentro de la casa de su padre, y cuando el padre de la joven lo vio, se alegró de conocerlo. Su suegro, el padre de la joven, lo retuvo, y se quedó con él tres días. Y comieron, bebieron y se alojaron allí.

Al cuarto día se levantaron muy de mañana y el levita se preparó para irse; y el padre de la joven dijo a su yerno: «Aliméntate con un bocado de pan y después se pueden ir». Se sentaron, pues, los dos y comieron y bebieron juntos. Y el padre de la joven dijo al hombre: «Te ruego que te dignes pasar la noche, y que se alegre tu corazón». El hombre se levantó para irse, pero su suegro insistió, de modo que pasó allí la noche otra vez.

Y al quinto día se levantó muy de mañana para irse, y el padre de la joven dijo: «Aliméntate, te ruego, y espera hasta la tarde»; y los dos comieron. Cuando el hombre se levantó para irse con su concubina y su criado, su suegro, el padre de la joven, le dijo: «Mira, ya ha declinado el día; te ruego que pases la noche, pues el día llega a su fin. Pasa la noche aquí para que se alegre tu corazón. Y mañana se levantarán temprano para su viaje y te irás a tu casa».

10 Pero el hombre no quiso pasar la noche, así que se levantó y partió, y fue hasta un lugar frente a Jebús, es decir, Jerusalén. Y estaban con él un par de asnos aparejados; también con él estaba su concubina. 11 Cuando estaban cerca de Jebús, el día casi había declinado. Y el criado dijo a su señor: «Te ruego que vengas, nos desviemos, y entremos en esta ciudad de los jebuseos y pasemos la noche en ella». 12 Pero su señor le dijo: «No nos desviaremos para entrar en la ciudad de extranjeros que no son de los israelitas, sino que iremos hasta Guibeá». 13 Y dijo a su criado: «Ven, acerquémonos a uno de estos lugares; y pasaremos la noche en Guibeá o en Ramá».

14 Así que pasaron de largo y siguieron su camino, y el sol se puso sobre ellos cerca de Guibeá que pertenece a Benjamín. 15 Y se desviaron allí para entrar y alojarse en Guibeá. Cuando entraron, se sentaron en la plaza de la ciudad porque nadie los llevó a su casa para pasar la noche.

16 Entonces, un anciano venía de su trabajo del campo al anochecer. Y el hombre era de la región montañosa de Efraín y se alojaba en Guibeá, pero los hombres del lugar eran benjamitas. 17 Y alzó sus ojos y vio al viajero en la plaza de la ciudad. Y el anciano dijo: «¿A dónde vas y de dónde vienes?».

18 Y él le dijo: «Estamos pasando de Belén de Judá a la parte más remota de la región montañosa de Efraín, pues soy de allí. Fui hasta Belén de Judá, y ahora voy a mi casa, pero no hay quien me reciba en su casa. 19 Sin embargo, tenemos paja y forraje para nuestros asnos, y también pan y vino para mí, para tu sierva y para el joven que está con tu siervo; no nos falta nada». 20 «Paz sea contigo», dijo el anciano. «Permíteme suplir todas tus necesidades. Pero no pases la noche en la plaza». 21 Y lo llevó a su casa y dio forraje a los asnos. Ellos se lavaron los pies, comieron y bebieron.

22 Mientras ellos se alegraban, los hombres de la ciudad, hombres perversos, rodearon la casa; y golpeando la puerta, hablaron al dueño de la casa, al anciano, diciendo: «Saca al hombre que entró en tu casa para que tengamos relaciones con él». 23 Entonces el hombre, el dueño de la casa, salió a ellos y les dijo: «No, hermanos míos, no se porten tan vilmente. Puesto que este hombre ha entrado en mi casa, no cometan esta terrible ofensa. 24 Aquí está mi hija virgen y la concubina de él. Permítanme que las saque para que abusen de ellas y hagan con ellas lo que quieran, pero no cometan semejante ofensa contra este hombre».

25 Pero los hombres no quisieron escucharle, así que el levita tomó a su concubina y la trajo a ellos. Y ellos la ultrajaron y abusaron de ella toda la noche hasta la mañana; entonces la dejaron libre al amanecer. 26 Cuando amanecía, la mujer vino y cayó a la entrada de la casa del hombre donde estaba su señor hasta que se hizo de día.

27 Al levantarse su señor por la mañana, abrió las puertas de la casa y salió para seguir su camino, y vio que su concubina estaba tendida a la entrada de la casa, con sus manos en el umbral. 28 Y él le dijo: «Levántate y vámonos». Pero ella no respondió. Entonces la recogió, y colocándola sobre el asno, el hombre se levantó y se fue a su casa.

29 Cuando entró en su casa tomó un cuchillo, y tomando a su concubina, la cortó en doce pedazos, miembro por miembro, y la envió por todo el territorio de Israel. 30 Y todos los que lo veían, decían: «Nada como esto jamás ha sucedido ni se ha visto desde el día en que los israelitas subieron de la tierra de Egipto hasta el día de hoy. Considérenlo, tomen consejo y hablen».

   

Nueva Biblia de las Américas Copyright © 2005 por The Lockman Foundation, La Habra, California. Todos los derechos reservados. Para más información, visita www.exploranbla.com

Hechos 23

23 Entonces Pablo, mirando fijamente al Concilio, dijo: «Hermanos, hasta este día yo he vivido delante de Dios con una conciencia perfectamente limpia».

Y el sumo sacerdote Ananías ordenó a los que estaban junto a él, que lo golpearan en la boca. Entonces Pablo le dijo: «¡Dios lo golpeará a usted, pared blanqueada! ¿Se sienta usted para juzgarme conforme a la ley, y viola la ley ordenando que me golpeen?».

Los que estaban allí observando, dijeron: «¿Al sumo sacerdote de Dios injurias?». Y Pablo dijo: «No sabía, hermanos, que él era el sumo sacerdote; porque escrito está: “No hablarás mal de una de las autoridades de tu pueblo”».

Entonces Pablo, dándose cuenta de que una parte eran saduceos y otra fariseos, alzó la voz en el Concilio: «Hermanos, yo soy fariseo, hijo de fariseos. Se me juzga a causa de la esperanza de la resurrección de los muertos». Cuando dijo esto, se produjo un altercado entre los fariseos y los saduceos, y la asamblea se dividió. Porque los saduceos dicen que no hay resurrección, ni ángel, ni espíritu, pero los fariseos creen todo esto.

Se produjo entonces un gran alboroto. Y levantándose algunos de los escribas del grupo de los fariseos, discutían enérgicamente, diciendo: «No encontramos nada malo en este hombre; pero ¿y si un espíritu o un ángel le ha hablado?». 10 Al surgir un gran altercado, el comandante tuvo temor de que Pablo fuera despedazado por ellos, y ordenó que las tropas descendieran, lo sacaran de entre ellos a la fuerza y lo llevaran al cuartel.

11 A la noche siguiente el Señor se le apareció a Pablo y le dijo: «Ten ánimo, porque como has testificado fielmente de Mi causa en Jerusalén, así has de testificar también en Roma».

Conspiración de los judíos contra Pablo

12 Cuando se hizo de día, los judíos tramaron una conspiración y se comprometieron bajo juramento, diciendo que no comerían ni beberían hasta que hubieran matado a Pablo. 13 Los que tramaron este plan eran más de cuarenta hombres, 14 los cuales fueron a los principales sacerdotes y a los ancianos y dijeron: «Nos hemos comprometido bajo solemne juramento a no probar nada hasta que hayamos matado a Pablo. 15 Ahora pues, ustedes y el Concilio, avisen al comandante para que lo haga comparecer ante ustedes, como si quisieran hacer una investigación más minuciosa para resolver su caso. Nosotros por nuestra parte estamos listos para matarlo antes de que llegue».

16 Pero el hijo de la hermana de Pablo se enteró de la emboscada, y fue y entró al cuartel y dio aviso a Pablo. 17 Pablo, llamando a uno de los centuriones, dijo: «Lleva a este joven al comandante, porque tiene algo que informarle».

18 Él entonces, tomándolo consigo, lo condujo al comandante, y le dijo*: «Pablo, el preso, me llamó y me pidió que te trajera a este joven, pues tiene algo que decirte». 19 El comandante, tomándolo de la mano, y llevándolo aparte, le preguntó: «¿Qué es lo que tienes que informarme?».

20 Y el joven respondió: «Los judíos se han puesto de acuerdo en pedirle que mañana lleve a Pablo al Concilio con el pretexto de hacer una indagación más a fondo sobre él. 21 Pero no les preste atención, porque más de cuarenta hombres de ellos, que se han comprometido bajo juramento a no comer ni beber hasta que lo hayan matado, esperan emboscados. Ellos ya están listos esperando promesa de parte suya». 22 Entonces el comandante dejó ir al joven, encomendándole: «No digas a nadie que me has informado de estas cosas».

23 Y llamando a dos de los centuriones, dijo: «Preparen 200 soldados para las nueve de la noche, con setenta jinetes y 200 lanceros, para que vayan a Cesarea». 24 Debían preparar también cabalgaduras para Pablo y llevarlo a salvo al gobernador Félix.

Carta de Claudio Lisias a Félix

25 También el comandante escribió una carta en estos términos:

26 «Claudio Lisias, al excelentísimo gobernador Félix: Salud. 27 Cuando este hombre fue arrestado por los judíos, y estaba a punto de ser muerto por ellos, al saber que era romano, fui con las tropas y lo rescaté. 28 Queriendo cerciorarme de la causa por la cual lo acusaban, lo llevé a su Concilio 29 y hallé que lo acusaban sobre cuestiones de su ley, pero no de ningún cargo que mereciera muerte o prisión. 30 Cuando se me informó de que había un plan en contra del hombre, se lo envié enseguida, instruyendo también a sus acusadores que presenten los cargos contra él delante de usted».

31 Así que los soldados, de acuerdo con las órdenes que tenían, tomaron a Pablo y lo llevaron de noche a Antípatris. 32 Al día siguiente regresaron al cuartel dejando que los de a caballo siguieran con él, 33 los cuales, después de llegar a Cesarea y de entregar la carta al gobernador, le presentaron también a Pablo.

34 Cuando el gobernador leyó la carta, preguntó de qué provincia era Pablo. Y al enterarse de que era de Cilicia, 35 dijo: «Te oiré cuando estén presentes también tus acusadores». Y mandó que lo guardaran en el Pretorio de Herodes.

   

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Jeremías 33

Promesas de restauración

33 Entonces vino la palabra del Señor a Jeremías por segunda vez, mientras él estaba aún detenido en el patio de la guardia: «Así dice el Señor que hizo la tierra, el Señor que la formó para establecerla; el Señor es Su nombre: “Clama a Mí, y Yo te responderé y te revelaré cosas grandes e inaccesibles, que tú no conoces”. Porque así dice el Señor, Dios de Israel, acerca de las casas de esta ciudad y acerca de las casas de los reyes de Judá, las cuales han sido derribadas para hacer defensas contra los terraplenes de asalto y contra la espada: “Mientras ellos vienen a pelear contra los caldeos que llenarán la ciudad con los cadáveres de los hombres que herí en Mi ira y en Mi furor, pues Yo había escondido Mi rostro de esta ciudad a causa de toda su maldad. Pero ciertamente Yo le traeré salud y sanidad; los sanaré y les revelaré abundancia de paz y de verdad. Restauraré el bienestar de Judá y el bienestar de Israel y los reedificaré como eran al principio. Los limpiaré de toda la maldad que cometieron contra Mí, y perdonaré todas las iniquidades con que pecaron contra Mí y con las que se rebelaron contra Mí. Y la ciudad será para Mí un nombre de gozo, de alabanza y de gloria ante todas las naciones de la tierra, las cuales oirán de todo el bien que Yo le hago, y temerán y temblarán a causa de todo el bien y de toda la paz que Yo le doy”.

10 »Así dice el Señor: “En este lugar, del cual ustedes dicen: ‘Es una desolación, sin hombres y sin animales’, en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén que están desoladas, sin hombres, sin habitantes y sin animales, se oirá de nuevo 11 voz de gozo y voz de alegría, la voz del novio y la voz de la novia, la voz de los que dicen:

‘Den gracias al Señor de los ejércitos, Porque el Señor es bueno, Porque para siempre es Su misericordia’;

y de los que traen ofrenda de acción de gracias a la casa del Señor. Porque restauraré el bienestar de esta tierra como fueron al principio”, dice el Señor.

12 »Así dice el Señor de los ejércitos: “En este lugar desolado, sin hombres y sin animales, y en todas sus ciudades, habrá de nuevo morada de pastores que hagan descansar sus rebaños. 13 En las ciudades de la región montañosa, en las ciudades de la llanura, en las ciudades del Neguev, en la tierra de Benjamín, en los alrededores de Jerusalén y en las ciudades de Judá, volverán a pasar las ovejas bajo las manos del que las cuenta”, declara el Señor.

14 »“Vienen días”, declara el Señor, “en que cumpliré la buena palabra que he hablado a la casa de Israel y a la casa de Judá. 15 En aquellos días y en aquel tiempo haré brotar de David un Renuevo justo, y Él hará juicio y justicia en la tierra. 16 En aquellos días Judá estará a salvo y Jerusalén morará segura, y este es el nombre con el cual será llamada: el Señor es nuestra justicia”. 17 Porque así dice el Señor: “Nunca le faltará a David quien se siente sobre el trono de la casa de Israel. 18 Tampoco a los sacerdotes levitas les faltará quien en Mi presencia ofrezca holocausto, queme ofrendas de cereal y prepare sacrificios todos los días”».

19 Y vino palabra del Señor a Jeremías: 20 «Así dice el Señor: “Si ustedes pudieran romper Mi pacto con el día y Mi pacto con la noche, de modo que el día y la noche no vinieran a su tiempo, 21 entonces también se podría romper Mi pacto con Mi siervo David, y él no tendría hijo para reinar sobre su trono con los sacerdotes levitas, Mis ministros. 22 Como no se puede contar el ejército del cielo, ni se puede medir la arena del mar, así multiplicaré la descendencia de Mi siervo David y de los levitas que me sirven”».

23 Y vino palabra del Señor a Jeremías: 24 «¿No has observado lo que dice este pueblo: “Las dos familias que el Señor escogió, Él las ha desechado”? Desprecian a Mi pueblo, ya no son una nación ante sus ojos. 25 Así dice el Señor: “Si no hubiera permanecido Mi pacto con el día y con la noche, y si Yo no hubiera establecido las leyes del cielo y de la tierra, 26 entonces hubiera desechado la descendencia de Jacob y de Mi siervo David, para no tomar de su descendencia quien gobernara sobre la descendencia de Abraham, de Isaac y de Jacob. Pero Yo restauraré su bienestar y tendré misericordia de ellos”».

   

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Salmos 3–4

Oración matutina de confianza en Dios

Salmo de David, cuando huía de su hijo Absalón.

3¡Oh Señor, cómo se han multiplicado mis adversarios! Muchos se levantan contra mí. Muchos dicen de mí: «Para él no hay salvación en Dios». (Selah)

Pero Tú, oh Señor, eres escudo en derredor mío, Mi gloria, y el que levanta mi cabeza. Con mi voz clamé al Señor, Y Él me respondió desde Su santo monte. (Selah) Yo me acosté y me dormí; Desperté, pues el Señor me sostiene. No temeré a los diez millares de enemigos Que se han puesto en derredor contra mí.

¡Levántate, Señor! ¡Sálvame, Dios mío! Porque Tú hieres a todos mis enemigos en la mejilla; Rompes los dientes de los impíos. La salvación es del Señor. ¡Sea sobre Tu pueblo Tu bendición! (Selah)

Oración vespertina de confianza en Dios

Para el director del coro; para instrumentos de cuerda. Salmo de David.

4Cuando clamo, respóndeme, oh Dios de mi justicia. En la angustia me has aliviado; Ten piedad de mí, escucha mi oración.

Hijos de hombres, ¿hasta cuándo cambiarán mi honra en deshonra? ¿Hasta cuándo amarán la vanidad y buscarán la mentira? (Selah) Sepan, pues, que el Señor ha apartado al piadoso para sí; El Señor oye cuando a Él clamo.

Tiemblen, y no pequen; Mediten en su corazón sobre su lecho, y callen. (Selah) Ofrezcan sacrificios de justicia, Y confíen en el Señor.

Muchos dicen: «¿Quién nos mostrará el bien?». ¡Alza, oh Señor, sobre nosotros la luz de Tu rostro! Alegría pusiste en mi corazón, Mayor que la de ellos cuando abundan su grano y su vino nuevo. En paz me acostaré y así también dormiré, Porque solo Tú, Señor, me haces vivir seguro.

   

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