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Lectura de Hoy

Devocional: Deuteronomio 27:1-28:19

En esta meditación, los textos de Deuteronomio y Salmos convergen.

El escenario descrito por Deuteronomio 27-28 es impresionante. Cuando los israelitas entran en la Tierra Prometida, deben llevar a cabo un acto solemne de compromiso nacional. Deben dividirse en dos grandes compañías, cada una compuesta por cientos de miles de personas. Seis de las tribus deben ponerse en las pendientes del Monte Gerizim y las otras seis en las del Monte Ebal. Las dos grandes multitudes luego debían llamar la una hacia la otra en una serie de respuestas antifonales. Durante algunas partes de esta ceremonia, los Levitas, quienes se encontraban con los otros en el Monte Gerizim, debían pronunciar unas frases prescritas y la multitud entera clamaba: “¡Amén!”. En otras partes, la multitud del Monte Gerizim clamaba las bendiciones de la obediencia y la del Monte Ebal clamaba las maldiciones de la desobediencia. El impacto dramático de este acontecimiento, en el momento de llevarse a cabo (Josué 8:30-32), tuvo que ser asombroso. El propósito de este ejercicio fue que el pueblo en su conjunto comprendiese la absoluta seriedad con la que hay que tomar la palabra de Dios si realmente queremos gozar de su bendición, y las terribles consecuencias que contrae la desobediencia, la cual da lugar a la maldición divina.

El Salmo 119 es muy diferente desde el punto de vista formal, pero aquí también nos damos cuenta del énfasis extraordinario que pone en la Palabra de Dios. Parece como si el capítulo más largo de todas las Escrituras tuviese como propósito desplegar el significado del segundo versículo del libro de los Salmos: “sino que en la ley del Señor se deleita, y día y noche medita en ella” (1:2, ver también la meditación que corresponde al 1 de Abril). El Salmo 119 es un poema acróstico: cada una de las 22 letras del alfabeto hebreo sirve para introducir cada uno de los ocho versículos cuyo tema, en todos los casos, es la palabra de Dios. A lo largo de este poema, se emplean ocho términos casi sinónimos para referirse a las Escrituras: la ley (que tal vez se traduce mejor con la palabra instrucción, y que sugiere la revelación), los estatutos (término que nos llama la atención a la fuerza vinculante de las Escrituras), los preceptos (término que tiene que ver con la benévola supervisión de Dios, que cuida todos los detalles de quienes son objeto de su protección), los decretos (las decisiones del Juez supremo y sabio), la palabra (tal vez el término más amplio, que engloba toda la verdad de un Dios que se ha autorrevelado, sea en forma de promesa, de relato, de estatuto o de mandamiento), mandamientos (basados en la autoridad que Dios tiene para decir a sus criaturas lo que tienen que hacer), promesas (palabra que viene del verbo “decir”, pero que se emplea en contextos que nos recuerdan la palabra inglesa “promise”), y testimonios (la acción decidida con la cual Dios “testifica” o “da testimonio” de la verdad contra todo aquello que es falso; la palabra en Hebreo a veces se traduce por “estatuto” en algunas versiones inglesas.

 


Este devocional es un extracto de Por amor a Dios, Volumen I, por Donald A. Carson © Publicaciones Andamio, 2013. Usado con permiso.

Devocional: Isaías 54

La profecía de Isaías ha anunciado “paz” repetidas veces, el bienestar total que fluye de una relación adecuada con el Dios viviente y soberano. Anteriormente, nos dice que el Mesías sería el “Príncipe de paz” (9:6), presentando un reino de paz eterna (9:7). Finalmente, es el Señor quien la establece (26:12). Sin embargo, aunque son buenas noticias (52:7), esa paz está reservada a aquellos que confían en él (26:3). “No hay paz para el malvado” (48:22). Los que confían en Dios se vuelven testigos que reconocen total y felizmente que el Siervo ha hecho posible su reconciliación con el Creador: “Sobre él recayó el castigo, precio de nuestra paz, y gracias a sus heridas fuimos sanados” (53:5). La consecuencia, en Isaías 54-55, es una gran paz para los hijos de Sion (54:13), un “pacto de paz” que nunca se eliminará (54:10), una gran procesión del pueblo de Dios que saldrá con alegría y será guiada en paz (55:12).

En Isaías 54, este glorioso plan se anuncia como un “pacto de paz” (54:10) que cumple en algunos aspectos otros tres grandes pactos:

Primero, se vislumbra el de Abraham (54:1-3). Las referencias a la “mujer estéril”, la “tienda” y la “descendencia” prometida que desposee a las naciones lo recuerdan. Dios superará las desesperadas circunstancias de Sion durante el exilio tan fácilmente como lo hizo con la esterilidad de Sara. Los descendientes de Abraham desposeyeron finalmente a las naciones de la tierra de Canaán; los exiliados retornados harán lo mismo o ¿hay una pista que indica que los hijos de este nuevo pacto desposeerán a las naciones de forma más exhaustiva cuando se extiendan a derecha y a izquierda (54:3)?

Segundo, el de Sinaí entra en escena, con los recordatorios de la vergüenza de la juventud de Israel (la esclavitud en Egipto, 54:4), del Hacedor de Israel como su “esposo” (54:5) y de su viudedad en el exilio (54:5-8). No obstante, Dios sigue revelándose como su Redentor, aunque, en este caso, a la luz de la gran redención garantizada en 52:13–53:12: “Con amor eterno tendré compasión de ti”, declara, estableciendo la dirección en la que continuará el pacto de Sinaí.

Tercero, se examina el pacto con Noé (54:9-17), fuera de la secuencia de forma temporal pero totalmente apropiado, ya que no sólo se formalizó con Israel, sino con toda la raza humana. El exilio se compara con el diluvio, y los hijos de Sion con los descendientes de Noé. Dios no los destruirá: de hecho, los “siervos del Señor” (54:17) siguen el modelo del Siervo de Dios en sufrimiento y vindicación suprema.

 


Este devocional es un extracto de Por amor a Dios, Volumen II, por Donald A. Carson © Publicaciones Andamio, 2016. Usado con permiso.

Deuteronomio 27:1-28:19

La inscripción de la ley en Ebal

27 Moisés y los ancianos de Israel dieron orden al pueblo y dijeron: «Guarden todos los mandamientos que yo les ordeno hoy. El día que pasen el Jordán a la tierra que el SEÑOR tu Dios te da, levantarás para ti piedras grandes, y las blanquearás con cal, y escribirás en ellas todas las palabras de esta ley, cuando hayas pasado, para entrar en la tierra que el SEÑOR tu Dios te da, una tierra que mana leche y miel, tal como el SEÑOR, el Dios de tus padres te prometió. Así que cuando pases el Jordán, levantarás estas piedras en el monte Ebal, como yo te ordeno hoy, y las blanquearás con cal. Además, edificarás allí un altar al SEÑOR tu Dios, un altar de piedras; pero no alzarás sobre ellas herramientas de hierro. Construirás el altar del SEÑOR tu Dios de piedras enteras; y sobre él ofrecerás holocaustos al SEÑOR tu Dios; y sacrificarás ofrendas de paz y comerás allí, y te alegrarás delante del SEÑOR tu Dios. Escribirás claramente en las piedras todas las palabras de esta ley».

Entonces Moisés y los sacerdotes levitas dijeron a todo Israel: «Guarda silencio y escucha, oh Israel. Hoy te has convertido en pueblo del SEÑOR tu Dios. 10 Por tanto, obedecerás al SEÑOR tu Dios, y cumplirás Sus mandamientos y Sus estatutos que hoy te ordeno».

Las maldiciones

11 También aquel día Moisés ordenó al pueblo: 12 «Cuando pases el Jordán, estas tribus estarán sobre el monte Gerizim para bendecir al pueblo: Simeón, Leví, Judá, Isacar, José y Benjamín. 13 Y para la maldición, estas tribus estarán en el monte Ebal: Rubén, Gad, Aser, Zabulón, Dan y Neftalí. 14 Entonces los levitas responderán y dirán en alta voz a todos los hombres de Israel:

15 “Maldito el hombre que haga ídolo o imagen de fundición, abominación al SEÑOR, obra de las manos del artífice, y la erige en secreto”. Y todo el pueblo responderá, y dirá: “Amén”.

16 “Maldito el que desprecie a su padre o a su madre”. Y todo el pueblo dirá: “Amén”.

17 “Maldito el que cambie el lindero de su vecino”. Y todo el pueblo dirá: “Amén”.

18 “Maldito el que haga errar al ciego en el camino”. Y todo el pueblo dirá: “Amén”.

19 “Maldito el que pervierta el derecho del extranjero, del huérfano y de la viuda”. Y todo el pueblo dirá: “Amén”.

20 “Maldito el que se acueste con la mujer de su padre, porque ha descubierto lo que es de su padre”. Y todo el pueblo dirá: “Amén”.

21 “Maldito el que se eche con cualquier animal”. Y todo el pueblo dirá: “Amén”.

22 “Maldito el que se acueste con su hermana, la hija de su padre o de su madre”. Y todo el pueblo dirá: “Amén”.

23 “Maldito el que se acueste con su suegra”. Y todo el pueblo dirá: “Amén”.

24 “Maldito el que hiera a su vecino secretamente”. Y todo el pueblo dirá: “Amén”.

25 “Maldito el que acepte soborno para quitar la vida a un inocente”. Y todo el pueblo dirá: “Amén”.

26 “Maldito el que no confirme las palabras de esta ley para ponerlas por obra”. Y todo el pueblo dirá: “Amén”.

Bendiciones de la obediencia

28 »Y sucederá que si obedeces diligentemente al SEÑOR tu Dios, cuidando de cumplir todos Sus mandamientos que yo te mando hoy, el SEÑOR tu Dios te pondrá en alto sobre todas las naciones de la tierra. Y todas estas bendiciones vendrán sobre ti y te alcanzarán, si obedeces al SEÑOR tu Dios: Bendito serás en la ciudad, y bendito serás en el campo. Bendito el fruto de tu vientre, el producto de tu suelo, el fruto de tu ganado, el aumento de tus vacas y las crías de tus ovejas. Benditas serán tu canasta y tu artesa. Bendito serás cuando entres, y bendito serás cuando salgas.

»El SEÑOR hará que los enemigos que se levanten contra ti sean derrotados delante de ti; saldrán contra ti por un camino y huirán delante de ti por siete caminos. El SEÑOR mandará que la bendición sea contigo en tus graneros y en todo aquello en que pongas tu mano, y te bendecirá en la tierra que el SEÑOR tu Dios te da. Te establecerá el SEÑOR como pueblo santo para sí, como te juró, si guardas los mandamientos del SEÑOR tu Dios y andas en Sus caminos. 10 Entonces verán todos los pueblos de la tierra que sobre ti es invocado el nombre del SEÑOR; y te temerán.

11 »El SEÑOR te hará abundar en bienes, en el fruto de tu vientre, en el fruto de tu ganado y en el producto de tu suelo, en la tierra que el SEÑOR juró a tus padres que te daría. 12 El SEÑOR abrirá para ti Su buen tesoro, los cielos, para dar lluvia a tu tierra a su tiempo y para bendecir toda la obra de tu mano; y tú prestarás a muchas naciones, pero no tomarás prestado. 13 El SEÑOR te pondrá a la cabeza y no a la cola, solo estarás encima y nunca estarás debajo, si escuchas los mandamientos del SEÑOR tu Dios que te ordeno hoy, para que los guardes cuidadosamente. 14 No te desvíes de ninguna de las palabras que te ordeno hoy, ni a la derecha ni a la izquierda, para ir tras otros dioses y servirles.

Consecuencias de la desobediencia

15 »Pero sucederá que si no obedeces al SEÑOR tu Dios, y no guardas todos Sus mandamientos y estatutos que hoy te ordeno, vendrán sobre ti todas estas maldiciones y te alcanzarán:

16 »Maldito serás en la ciudad, y maldito serás en el campo.

17 »Malditas serán tu canasta y tu artesa.

18 »Maldito el fruto de tu vientre y el producto de tu suelo, el aumento de tu ganado y las crías de tu rebaño.

19 »Maldito serás cuando entres y maldito serás cuando salgas.

   

Nueva Biblia de las Américas Copyright © 2005 por The Lockman Foundation, La Habra, California. Todos los derechos reservados. Para más información, visita www.exploranbla.com

Salmo 119:1-24

Meditaciones sobre la palabra de Dios

Alef.

119 ¡Cuán bienaventurados son los de camino perfecto, Los que andan en la ley del SEÑOR! ¡Cuán bienaventurados son los que guardan Sus testimonios, Y con todo el corazón lo buscan! No cometen iniquidad, Sino que andan en Sus caminos. Tú has ordenado Tus preceptos, Para que los guardemos con diligencia. ¡Ojalá mis caminos sean afirmados Para guardar Tus estatutos! Entonces no seré avergonzado, Al considerar todos Tus mandamientos. Con rectitud de corazón te daré gracias, Al aprender Tus justos juicios. Tus estatutos guardaré; No me dejes en completo desamparo.

Bet.

¿Cómo puede el joven guardar puro su camino? Guardando Tu palabra. 10 Con todo mi corazón te he buscado; No dejes que me desvíe de Tus mandamientos. 11 En mi corazón he atesorado Tu palabra, Para no pecar contra Ti. 12 Bendito Tú, oh SEÑOR; Enséñame Tus estatutos. 13 He contado con mis labios De todas las ordenanzas de Tu boca. 14 Me he gozado en el camino de Tus testimonios, Más que en todas las riquezas. 15 Meditaré en Tus preceptos, Y consideraré Tus caminos. 16 Me deleitaré en Tus estatutos, Y no olvidaré Tu palabra.

Guímel.

17 Favorece a Tu siervo, Para que viva y guarde Tu palabra. 18 Abre mis ojos, para que vea Las maravillas de Tu ley. 19 Peregrino soy en la tierra, No escondas de mí Tus mandamientos. 20 Quebrantada está mi alma anhelando Tus ordenanzas en todo tiempo. 21 Tú reprendes a los soberbios, los malditos, Que se desvían de Tus mandamientos. 22 Quita de mí el oprobio y el desprecio, Porque yo guardo Tus testimonios. 23 Aunque los príncipes se sienten y hablen contra mí, Tu siervo medita en Tus estatutos. 24 También Tus testimonios son mi deleite; Ellos son mis consejeros.

   

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Isaías 54

Fecundidad de Jerusalén

54 «Grita de júbilo, oh estéril, la que no ha dado a luz; Prorrumpe en gritos de júbilo y clama en alta voz, la que no ha estado de parto; Porque son más los hijos de la desolada Que los hijos de la casada», dice el SEÑOR. «Ensancha el lugar de tu tienda, Extiende las cortinas de tus moradas, no escatimes; Alarga tus cuerdas Y refuerza tus estacas. Porque te extenderás hacia la derecha y hacia la izquierda; Tu descendencia poseerá naciones, Y poblarán ciudades desoladas.

»No temas, pues no serás avergonzada, Ni te sientas humillada, pues no serás agraviada; Sino que te olvidarás de la vergüenza de tu juventud, Y del oprobio de tu viudez no te acordarás más. Porque tu esposo es tu Hacedor, El SEÑOR de los ejércitos es Su nombre; Y tu Redentor es el Santo de Israel, Que se llama Dios de toda la tierra. Porque como a mujer abandonada y afligida de espíritu, Te ha llamado el SEÑOR, Y como a esposa de la juventud que es repudiada», Dice tu Dios. «Por un breve momento te abandoné, Pero con gran compasión te recogeré. En un acceso de ira Escondí Mi rostro de ti por un momento, Pero con misericordia eterna tendré compasión de ti», Dice el SEÑOR tu Redentor.

«Porque esto es para Mí como en los días de Noé, Cuando juré que las aguas de Noé Nunca más inundarían la tierra. Así he jurado que no me enojaré contra ti, Ni te reprenderé. 10 Porque los montes serán quitados y las colinas temblarán, Pero Mi misericordia no se apartará de ti, Y el pacto de Mi paz no será quebrantado», Dice el SEÑOR, que tiene compasión de ti.

11 «Oh afligida, azotada por la tempestad, sin consuelo, Yo asentaré tus piedras en antimonio, Y tus cimientos en zafiros. 12 Haré tus almenas de rubíes, Tus puertas de cristal Y todo tu muro de piedras preciosas. 13 Todos tus hijos serán enseñados por el SEÑOR, Y grande será el bienestar de tus hijos. 14 En justicia serás establecida. Estarás lejos de la opresión, pues no temerás, Y del terror, pues no se acercará a ti. 15 Si alguien te ataca ferozmente, no será de Mi parte. Cualquiera que te ataque, por causa de ti caerá. 16 Yo he creado al herrero que sopla las brasas en el fuego Y saca una herramienta para su trabajo; Yo he creado al devastador para destruir. 17 Ningún arma forjada contra ti prosperará, Y condenarás toda lengua que se alce contra ti en juicio. Esta es la herencia de los siervos del SEÑOR, Y su justificación procede de Mí», declara el SEÑOR.

   

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Mateo 2

Visita de los sabios

2 Después de nacer Jesús en Belén de Judea, en tiempos del rey Herodes, unos sabios del oriente llegaron a Jerusalén, preguntando: «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque vimos Su estrella en el oriente y lo hemos venido a adorar». Cuando lo oyó el rey Herodes, se turbó, y toda Jerusalén con él. Entonces, el rey reunió a todos los principales sacerdotes y escribas del pueblo, y averiguó de ellos dónde había de nacer el Cristo. Y ellos le dijeron: «En Belén de Judea, porque así está escrito por el profeta:

“Y TÚ, BELÉN, TIERRA DE JUDÁ, DE NINGÚN MODO ERES LA MÁS PEQUEÑA ENTRE LOS PRÍNCIPES DE JUDÁ; PORQUE DE TI SALDRÁ UN GOBERNANTE QUE PASTOREARÁ A MI PUEBLO ISRAEL”».

Entonces Herodes llamó a los sabios en secreto y de ellos determinó el tiempo exacto en que había aparecido la estrella. Y enviándolos a Belén, dijo: «Vayan y busquen con diligencia al Niño; y cuando lo encuentren, avísenme para que yo también vaya y lo adore».

Después de oír al rey, los sabios se fueron; y la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que llegó y se detuvo sobre el lugar donde estaba el Niño. 10 Cuando vieron la estrella, se regocijaron mucho con gran alegría. 11 Entrando en la casa, vieron al Niño con Su madre María, y postrándose lo adoraron; y abriendo sus tesoros le presentaron obsequios de oro, incienso y mirra. 12 Y habiendo sido advertidos por Dios en sueños que no volvieran a Herodes, se fueron para su tierra por otro camino.

Huida a Egipto

13 Después de haberse marchado ellos, un ángel del Señor se apareció* a José en sueños, diciendo: «Levántate, toma al Niño y a Su madre y huye a Egipto, y quédate allí hasta que yo te diga; porque Herodes quiere buscar y matar al Niño».

14 Y levantándose José, tomó de noche al Niño y a Su madre, y se trasladó a Egipto; 15 estuvo allá hasta la muerte de Herodes, para que se cumpliera lo que el Señor habló por medio del profeta, diciendo: «DE EGIPTO LLAMÉ A MI HIJO».

La matanza de los niños

16 Herodes, al verse burlado por los sabios, se enfureció en gran manera, y mandó matar a todos los niños que había en Belén y en todos sus alrededores, de dos años para abajo, según el tiempo que había averiguado de los sabios. 17 Entonces se cumplió lo que fue dicho por medio del profeta Jeremías, cuando dijo:

18 «SE OYÓ UNA VOZ EN RAMÁ, LLANTO Y GRAN LAMENTACIÓN; RAQUEL QUE LLORA A SUS HIJOS, Y QUE NO QUISO SER CONSOLADA PORQUE ya NO EXISTEN».

Regreso a Nazaret

19 Pero cuando murió Herodes, un ángel del Señor se apareció* en sueños a José en Egipto, diciéndole: 20 «Levántate, toma al Niño y a Su madre y vete a la tierra de Israel, porque los que atentaban contra la vida del Niño han muerto».

21 Y levantándose, José tomó al Niño y a Su madre, y vino a la tierra de Israel. 22 Pero cuando oyó que Arquelao reinaba sobre Judea en lugar de su padre Herodes, tuvo miedo de ir allá; y advertido por Dios en sueños, se fue para la región de Galilea. 23 Cuando llegó, vivió en una ciudad llamada Nazaret, para que se cumpliera lo que fue dicho por medio de los profetas: «Él será llamado Nazareno».

   

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