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Lectura de Hoy

Devocional: Deuteronomio 19

La justicia que se contempla en Deuteronomio 19 parece distar mucho de los conceptos de justicia que prevalecen en Occidente hoy en día.

Con la mayor parte del enfoque de este texto, la mayoría de nosotros nos encontraremos en sintonía: los tribunales no pueden sentenciar a una persona a base de evidencias poco sólidas. En una época que carecía de las herramientas forenses que hoy damos por sentadas, esto casi siempre implicaba que se requería más de un testigo (19:15). Hoy día la base de evidencias necesarias se ha ampliado considerablemente: las huellas dactilares, identificación de grupos sanguíneos, etcétera. La mayoría de nosotros reconoce que estos avances son positivos. Pero hay suficientes casos de evidencias que han sido manipuladas como para que nos convenzamos que la preocupación esencial de nuestro texto sigue siendo actualísima. Hacen falta procedimientos y medidas que hagan que sea lo más difícil posible corromper al tribunal o sentenciar a una persona inocente.

Sin embargo el resto del capítulo (19:16-21) nos resulta, a primera vista, algo ajeno, por tres razones. (1) Si unos jueces cuidadosos deciden que uno de los testigos ha mentido, estos jueces deben imponer a dicho testigo la misma pena que habría sido impuesta al reo falsamente acusado: “entonces le harán a él lo mismo que se proponía hacerle a su hermano”. (2)El propósito es ni más ni menos que el de extirpar “el mal que haya en medio de ti”.

(3) Una vez más. La lex talionis (el estatuto del “ojo por ojo”) se repite (19:21; ver también Éxodo 21:24, y la meditación del 11 de marzo).

Estos tres puntos se miran de modo muy diferente en los tribunales Occidentales. (1) El castigo del perjurio malévolo normalmente es casi inexistente. Pero esto significa que hay poco interés oficial en ventilar las llamas de la sed colectiva de justicia pública. Mientes si lo puedes hacer con impunidad; la única vergüenza consiste en que te pillen con la mentira en la boca. (2) Los arquitectos de nuestros códigos penales creen que la encarcelación sirve para que nuestra sociedad sea un espacio más seguro, o que facilita una oportunidad para la reforma (sea terapéutica o de otra clase), o que asegura que el culpable “pague su deuda a la sociedad”. Se presta tanta atención al análisis de los condicionantes sociales que explican la aparición de los criminales, que la gente suele ser reacia a hablar del mal con relación a la persona como de sus actos. Tal vez sea por esto que las películas de venganza tienen que proyectar la crueldad en monstruos tan unidimensionales para que la venganza se acepte como justificable. La postura bíblica es verdaderamente radical (es decir: va a la radix, a la raíz de la cuestión): en términos jurídicos, los tribunales deben “[extirpar] el mal que haya en medio de ti”. (3) Encarcelamos; pero rara vez nos paramos a pensar en la necesidad justa de una pena que “corresponda” al delito. Sin embargo, esta fue justamente una de las funciones de la lex talionis.

Cuando nos centramos en la justicia y la responsabilidad personal, nos damos cuenta que nuestro sistema jurídico y penal es el que resulta estar cada vez peor encaminado y alineado.

 


Este devocional es un extracto de Por amor a Dios, Volumen 1, por Donald A. Carson © Publicaciones Andamio, 2013. Usado con permiso.

Deuteronomio 19

Ciudades de refugio

19 »Cuando el SEÑOR tu Dios destruya las naciones cuya tierra el SEÑOR tu Dios te da, y las desalojes y habites en sus ciudades y en sus casas, te reservarás tres ciudades en medio de tu tierra que el SEÑOR tu Dios te da en posesión. Prepararás los caminos, y dividirás en tres partes el territorio de tu tierra que el SEÑOR tu Dios te dé en posesión, para que huya allí todo el que haya matado a alguien.

»Y este será el caso del que mató y que huye allí para vivir: cuando mate a su amigo sin querer, sin haberlo odiado anteriormente (como cuando un hombre va al bosque con su amigo para cortar leña, y su mano blande el hacha para cortar el árbol, y el hierro salta del mango y golpea a su amigo, y este muere), él puede huir a una de estas ciudades y vivir. No sea que el vengador de la sangre en el furor de su ira persiga al que lo mató, y lo alcance porque el camino es largo, y le quite la vida aunque él no merecía la muerte, porque no lo había odiado anteriormente.

»Por tanto, te ordeno: “Reservarás para ti tres ciudades”. Si el SEÑOR tu Dios ensancha tu territorio, como ha jurado a tus padres, y te da toda la tierra que ha prometido dar a tus padres (si guardas cuidadosamente todos estos mandamientos que te mando hoy, de amar al SEÑOR tu Dios y de andar siempre en Sus caminos), entonces te añadirás tres ciudades más, además de estas tres. 10 Así no se derramará sangre inocente en medio de tu tierra que el SEÑOR tu Dios te da por heredad, y no seas culpable de derramar sangre.

11 »Pero si hay un hombre que odia a su prójimo, y acechándolo, se levanta contra él, lo hiere y este muere, y después él huye a una de estas ciudades, 12 entonces los ancianos de su ciudad enviarán a sacarlo de allí, y lo entregarán en mano del vengador de la sangre para que muera. 13 No tendrás piedad de él; sino que limpiarás de Israel la sangre del inocente, para que te vaya bien.

Ley de límites y de testigos

14 »No moverás los linderos de tu prójimo, fijados por los antepasados, en la herencia que recibirás en la tierra que el SEÑOR tu Dios te da en posesión.

15 »No se levantará un solo testigo contra un hombre por cualquier iniquidad o por cualquier pecado que haya cometido. El caso será confirmado por el testimonio de dos o tres testigos. 16 Si un testigo falso se levanta contra un hombre para acusarlo de transgresión, 17 los dos litigantes se presentarán delante del SEÑOR, delante de los sacerdotes y de los jueces que haya en esos días. 18 Y los jueces investigarán minuciosamente; y si el testigo es un testigo falso y ha acusado a su hermano falsamente, 19 entonces ustedes le harán a él lo que él intentaba hacer a su hermano. Así quitarás el mal de en medio de ti. 20 Los demás oirán y temerán, y nunca más volverán a hacer una maldad semejante en medio de ti. 21 No tendrás piedad: vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie.

   

Nueva Biblia de las Américas Copyright © 2005 por The Lockman Foundation, La Habra, California. Todos los derechos reservados. Para más información, visita https://www.nuevabiblia.com

Salmo 106

La rebeldía de Israel y la liberación del SEÑOR

106 ¡Aleluya! Den gracias al SEÑOR, porque es bueno; Porque para siempre es Su misericordia. ¿Quién puede relatar los poderosos hechos del SEÑOR, O expresar toda Su alabanza? Bienaventurados los que guardan el juicio, Los que practican la justicia en todo tiempo.

Acuérdate de mí, oh SEÑOR, en Tu bondad hacia Tu pueblo; Visítame con Tu salvación, Para que yo vea la prosperidad de Tus escogidos, Para que me regocije en la alegría de Tu nación, Para que me gloríe con Tu heredad.

Nosotros hemos pecado como nuestros padres, Hemos hecho iniquidad, nos hemos conducido impíamente. Nuestros padres en Egipto no entendieron Tus maravillas; No se acordaron de Tu infinito amor, Sino que se rebelaron junto al mar, en el Mar Rojo. No obstante, los salvó por amor de Su nombre, Para manifestar Su poder. Reprendió al Mar Rojo, y se secó; Y los condujo por las profundidades, como por un desierto. 10 Los salvó de mano del que los odiaba, Y los redimió de mano del enemigo. 11 Las aguas cubrieron a sus adversarios, Ni uno de ellos escapó. 12 Entonces ellos creyeron en Sus palabras, Y cantaron Su alabanza.

13 Pero pronto se olvidaron de Sus obras; No esperaron Su consejo. 14 Tuvieron apetitos desenfrenados en el desierto, Y tentaron a Dios en las soledades. 15 Él les concedió lo que pedían, Pero envió una plaga mortal sobre ellos.

16 Cuando en el campamento tuvieron envidia de Moisés, Y de Aarón, el santo del SEÑOR, 17 La tierra se abrió y tragó a Datán, Y se cerró sobre el grupo de Abiram. 18 Un fuego ardió contra su grupo, La llama consumió a los impíos.

19 Hicieron un becerro en Horeb, Y adoraron una imagen de fundición; 20 Cambiaron su gloria Por la imagen de un buey que come hierba. 21 Se olvidaron de Dios su Salvador, Que había hecho grandes cosas en Egipto, 22 Maravillas en la tierra de Cam, Y cosas asombrosas en el Mar Rojo. 23 Él dijo que los hubiera destruido, De no haberse puesto Moisés, Su escogido, en la brecha delante de Él, A fin de apartar Su furor para que no los destruyera. 24 Aborrecieron la tierra deseable, No creyeron en Su palabra, 25 Sino que murmuraron en sus tiendas, Y no escucharon la voz del SEÑOR. 26 Por tanto, les juró Abatirlos en el desierto, 27 Y esparcir su simiente entre las naciones, Y dispersarlos por las tierras.

28 Se unieron también a Baal Peor, Y comieron sacrificios ofrecidos a los muertos. 29 Lo provocaron a ira con sus actos, Y la plaga se desató entre ellos. 30 Entonces Finees se levantó e intervino, Y cesó la plaga. 31 Y le fue contado por justicia Por todas las generaciones para siempre.

32 También hicieron que Él se enojara en las aguas de Meriba, Y le fue mal a Moisés por culpa de ellos, 33 Puesto que fueron rebeldes contra Su Espíritu, Y él habló precipitadamente con sus labios.

34 No destruyeron a los pueblos, Como el SEÑOR les había mandado, 35 Sino que se mezclaron con las naciones, Aprendieron sus costumbres, 36 Y sirvieron a sus ídolos Que se convirtieron en lazo para ellos. 37 Sacrificaron a sus hijos y a sus hijas a los demonios, 38 Y derramaron sangre inocente, La sangre de sus hijos y de sus hijas, A quienes sacrificaron a los ídolos de Canaán, Y la tierra fue contaminada con sangre. 39 Así se contaminaron en sus costumbres, Y fueron infieles en sus hechos.

40 Entonces se encendió la ira del SEÑOR contra Su pueblo, Y Él aborreció Su heredad. 41 Los entregó en mano de las naciones, Y los que los aborrecían se enseñorearon sobre ellos. 42 Sus enemigos también los oprimieron, Y fueron subyugados bajo su poder. 43 Muchas veces los libró; Pero ellos fueron rebeldes en sus propósitos, Y se hundieron en su iniquidad.

44 Sin embargo, Él vio su angustia Al escuchar su clamor, 45 Y se acordó de Su pacto por amor a ellos, Y se arrepintió conforme a la grandeza de Su misericordia. 46 Los hizo también objeto de compasión En presencia de todos los que los tenían cautivos.

47 Sálvanos, oh SEÑOR, Dios nuestro, Y reúnenos de entre las naciones, Para dar gracias a Tu santo nombre, Y para gloriarnos en Tu alabanza. 48 Bendito sea el SEÑOR, Dios de Israel, Desde la eternidad y hasta la eternidad. Y todo el pueblo diga: «Amén». ¡Aleluya!

   

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Isaías 46

46 Se ha postrado Bel, se derrumba Nebo; Sus imágenes son puestas sobre bestias, sobre animales de carga. Sus bultos son pesados, Una carga agobiadora para la bestia fatigada. Se derrumbaron, a una se han postrado. No pudieron salvar la carga, Sino que ellos mismos han ido en cautividad.

«Escúchenme, casa de Jacob, Y todo el remanente de la casa de Israel, Los que han sido llevados por Mí desde el vientre, Cargados desde la matriz. Aun hasta su vejez, Yo seré el mismo, Y hasta sus años avanzados, Yo los sostendré. Yo lo he hecho, y Yo los cargaré; Yo los sostendré, y Yo los libraré.

»¿A quién me asemejarán, Me igualarán o me compararán Para que seamos semejantes? Los que derrochan el oro de la bolsa Y pesan la plata en la balanza Pagan a un orfebre para que haga un dios de ello, Se postran y lo adoran. Lo levantan en hombros y lo llevan; Lo colocan en su lugar y allí se está. No se mueve de su lugar. Aunque alguien clame a él, no responde, De su angustia no lo libra.

»Acuérdense de esto, y estén confiados; Pónganlo en su corazón, transgresores. Acuérdense de las cosas anteriores ya pasadas, Porque Yo soy Dios, y no hay otro; Yo soy Dios, y no hay ninguno como Yo, 10 Que declaro el fin desde el principio, Y desde la antigüedad lo que no ha sido hecho. Yo digo: “Mi propósito será establecido, Y todo lo que quiero realizaré”. 11 Yo llamo del oriente un ave de rapiña, Y de tierra lejana al hombre de Mi propósito. En verdad he hablado, y ciertamente haré que suceda; Lo he planeado, así lo haré.

12 »Escúchenme ustedes, duros de corazón, Que están lejos de la justicia. 13 Yo acerco Mi justicia, no está lejos; Y Mi salvación no tardará. Pondré salvación en Sión, Y para Israel será Mi gloria.

   

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Apocalipsis 16

Las siete copas de la ira de Dios

16 Oí entonces una gran voz que desde el templo decía a los siete ángeles: «Vayan y derramen en la tierra las siete copas del furor de Dios».

El primer ángel fue y derramó su copa en la tierra, y se produjo una llaga repugnante y maligna en los hombres que tenían la marca de la bestia y que adoraban su imagen.

El segundo ángel derramó su copa en el mar, y se convirtió en sangre como de muerto; y murió todo ser viviente que había en el mar.

El tercer ángel derramó su copa en los ríos y en las fuentes de las aguas, y se convirtieron en sangre. Oí al ángel de las aguas, que decía: «Justo eres Tú, el que eres, y el que eras, oh Santo, porque has juzgado estas cosas; pues ellos derramaron sangre de santos y profetas y Tú les has dado a beber sangre. Se lo merecen». También oí al altar, que decía: «Sí, oh Señor Dios Todopoderoso, verdaderos y justos son Tus juicios».

El cuarto ángel derramó su copa sobre el sol. Y al sol se le permitió quemar a los hombres con fuego. Y los hombres fueron quemados con el intenso calor. Blasfemaron el nombre de Dios que tiene poder sobre estas plagas, y no se arrepintieron para darle gloria a Él.

10 El quinto ángel derramó su copa sobre el trono de la bestia, y su reino se quedó en tinieblas; y todos se mordían la lengua de dolor. 11 Blasfemaron contra el Dios del cielo por causa de sus dolores y de sus llagas, y no se arrepintieron de sus obras.

12 El sexto ángel derramó su copa sobre el gran Río Éufrates; y sus aguas se secaron para que fuera preparado el camino para los reyes del oriente. 13 Y vi salir de la boca del dragón, de la boca de la bestia, y de la boca del falso profeta, a tres espíritus inmundos semejantes a ranas. 14 Pues son espíritus de demonios que hacen señales, los cuales van a los reyes de todo el mundo, a reunirlos para la batalla del gran día del Dios Todopoderoso.

15 «¡Estén alerta! Vengo como ladrón. Bienaventurado el que vela y guarda sus ropas, no sea que ande desnudo y vean su vergüenza». 16 Entonces los reunieron en el lugar que en hebreo se llama Armagedón.

17 El séptimo ángel derramó su copa en el aire. Una gran voz salió del templo, del trono, que decía: «Hecho está». 18 Y hubo relámpagos, voces, y truenos. Hubo un gran terremoto tal como no lo había habido desde que el hombre está sobre la tierra; fue tan grande y poderoso el terremoto. 19 La gran ciudad quedó dividida en tres partes, y las ciudades de las naciones cayeron. Y la gran Babilonia fue recordada delante de Dios para darle la copa del vino del furor de Su ira. 20 Entonces toda isla huyó y los montes no fueron hallados. 21 Enormes granizos, como de 45 kilos cada uno, cayeron* sobre los hombres. Y los hombres blasfemaron contra Dios por la plaga del granizo, porque esa plaga fue* sumamente grande.

   

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