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Lectura de Hoy

Devocional: Deuteronomio 17

Moisés contempla un tiempo futuro cuando la nación de Israel escogerá a un rey (Deuteronomio 17:14-20). No podía saber que, siglos después, cuando los israelitas pedirían un rey, sería por motivos equivocados (en primer lugar para que fuesen como las naciones alrededor). El resultado fue Saúl. Pero esa es otra historia.

Si el pueblo va a tener un rey, ¿qué clase de rey tendría que ser? (1) Debe ser un rey escogido por Dios mismo (17:15). (2) Debe ser israelita, “asegúrate de nombrar como rey a uno de tu mismo pueblo” (17:15), no un extranjero. (3) No debería acumular para sí mismo gran número de caballos, amasar grandes fortunas y poder militar, especialmente si esto viene asociado con alianzas con poderes fácticos como Egipto, por ejemplo (17:16). (4) No debe tampoco acumular muchas esposas (17:17). No se trataba simplemente de la poligamia. En el antiguo Medio Oriente, cuantas más esposas tenía un rey, mayor era su poder. Esta restricción, por tanto, es simultáneamente un límite del poder del rey y una advertencia de que tener muchas esposas entrañaba el riesgo de que su corazón se desviase (17:17). No era tanto porque las mujeres en cuestión sean intrínsecamente malas; más bien, por la probabilidad de que un rey que busca esposa, se case con princesas de casas nobles de las naciones colindantes que traerán sus creencias paganas. Con este trasfondo, el corazón del rey se desviará. Esto es exactamente lo que ocurrió en el caso de Salomón. (5) Al subir al trono, lo primero que el rey debería hacer sería escribir, para sí mismo, en hebreo, una copia de “esta ley” –ya sea el libro de Deuteronomio o todo el Pentateuco. Tras hacer esto, debería leerla cada día durante el resto de su vida (17:18-20). Los múltiples propósitos detrás de esta obligación resultan muy explícitos: para que reverencie al Señor su Dios, siga sus palabras con diligencia, y, por consiguiente, no se considere superior a sus conciudadanos, ni se desvíe de la ley. El resultado del cumplimiento de estas obligaciones sería una dinastía duradera.

Es difícil imaginarse hasta qué punto la historia de Israel habría sido diferente si cada uno de estos cinco criterios hubiese sido fielmente cumplido por cada rey que subió al trono de David. Pasaría un milenio y medio antes de que en Israel apareciera un rey que sería el Siervo escogido de Yahvé, alguien que “en todo se asemejara a sus hermanos” (Hebreos 2:17), un simple artesano sin riquezas ni poder, un hombre no seducido en absoluto por la belleza, por el poder ni por el paganismo (a pesar de los ataques tremendamente virulentos por parte de Satanás), un hombre inmerso en las Escrituras desde su juventud, y que seguía todas las palabras de Dios. ¡Cómo necesitamos un rey así!

 


Este devocional es un extracto de Por amor a Dios, Volumen 1, por Donald A. Carson © Publicaciones Andamio, 2013. Usado con permiso.

Deuteronomio 17

17 »No sacrificarás al SEÑOR tu Dios buey o cordero que tenga defecto o alguna imperfección, porque es cosa abominable al SEÑOR tu Dios.

»Si en medio de ti, en cualquiera de las ciudades que el SEÑOR tu Dios te da, se encuentra un hombre o una mujer que hace lo malo ante los ojos del SEÑOR tu Dios, violando Su pacto, y que haya ido y servido a otros dioses, adorándolos, o adorando al sol, a la luna o a cualquiera de las huestes celestiales, lo cual Yo no he mandado, y si te lo dicen y has oído hablar de ello, harás una investigación minuciosa. Y si es verdad y es cierto el hecho que esta abominación ha sido cometida en Israel, entonces sacarás a tus puertas a ese hombre o a esa mujer que ha cometido esta mala acción, y los apedrearás, al hombre o a la mujer, hasta que mueran. Al que ha de morir se le dará muerte por la declaración de dos o tres testigos. No se le dará muerte por la declaración de un solo testigo. La mano de los testigos caerá primero contra él para darle muerte, y después la mano de todo el pueblo. Así quitarás el mal de en medio de ti.

»Si un caso te es muy difícil de juzgar, como entre una clase de homicidio y otra, entre una clase de pleito y otra, o entre una clase de asalto y otra, siendo casos de litigio en tus puertas, te levantarás y subirás al lugar que el SEÑOR tu Dios escoja. Y vendrás al sacerdote levita o al juez que oficie en aquellos días, y consultarás con ellos, y ellos te declararán el fallo del caso. 10 Harás conforme a los términos de la sentencia que te declaren desde aquel lugar que el SEÑOR escoja; y cuidarás de observar todo lo que ellos te enseñen. 11 Según los términos de la ley que ellos te enseñen, y según la sentencia que te declaren, así harás; no te apartarás a la derecha ni a la izquierda de la palabra que ellos te declaren. 12 Y el hombre que proceda con orgullo, no escuchando al sacerdote que está allí para servir al SEÑOR tu Dios, ni al juez, ese hombre morirá. Así quitarás el mal de en medio de Israel. 13 Entonces todo el pueblo escuchará y temerá, y no volverá a proceder con arrogancia.

Instrucciones sobre los reyes

14 »Cuando entres en la tierra que el SEÑOR tu Dios te da, y la poseas y habites en ella, y digas: “Pondré un rey sobre mí, como todas las naciones que me rodean”, 15 ciertamente pondrás sobre ti al rey que el SEÑOR tu Dios escoja, a uno de entre tus hermanos pondrás por rey sobre ti; no pondrás sobre ti a un extranjero que no sea hermano tuyo. 16 Además, el rey no tendrá muchos caballos, ni hará que el pueblo vuelva a Egipto para tener muchos caballos, pues el SEÑOR te ha dicho: “Jamás volverán ustedes por ese camino”. 17 Tampoco tendrá muchas mujeres, no sea que su corazón se desvíe; ni tendrá grandes cantidades de plata y oro.

18 »Y cuando él se siente sobre el trono de su reino, escribirá para sí una copia de esta ley en un libro, en presencia de los sacerdotes levitas. 19 La tendrá consigo y la leerá todos los días de su vida, para que aprenda a temer al SEÑOR su Dios, observando cuidadosamente todas las palabras de esta ley y estos estatutos, 20 para que no se eleve su corazón sobre sus hermanos y no se desvíe del mandamiento ni a la derecha ni a la izquierda, a fin de que prolongue sus días en su reino, él y sus hijos, en medio de Israel.

   

Nueva Biblia de las Américas Copyright © 2005 por The Lockman Foundation, La Habra, California. Todos los derechos reservados. Para más información, visita https://www.nuevabiblia.com

Salmo 104

Dios cuida de sus obras

104 Bendice, alma mía, al SEÑOR. SEÑOR, Dios mío, cuán grande eres; Te has vestido de esplendor y de majestad, Cubriéndote de luz como con un manto, Extendiendo los cielos como una cortina. Él es el que pone las vigas de Sus altos aposentos en las aguas; El que hace de las nubes Su carroza; El que anda sobre las alas del viento; Que hace de los vientos Sus mensajeros, Y de las llamas de fuego Sus ministros.

Él estableció la tierra sobre sus cimientos, Para que jamás sea sacudida. La cubriste con el abismo como con un vestido; Las aguas estaban sobre los montes. A Tu reprensión huyeron, Al sonido de Tu trueno se precipitaron. Se levantaron los montes, se hundieron los valles, Al lugar que Tú estableciste para ellos. Pusiste un límite que no pueden cruzar, Para que no vuelvan a cubrir la tierra.

10 Él hace brotar manantiales en los valles, Corren entre los montes; 11 Dan de beber a todas las bestias del campo, Los asnos monteses mitigan su sed. 12 Junto a ellos habitan las aves de los cielos, Elevan sus trinos entre las ramas. 13 Él riega los montes desde Sus aposentos, Del fruto de Sus obras se sacia la tierra.

14 Él hace brotar la hierba para el ganado, Y las plantas para el servicio del hombre, Para que él saque alimento de la tierra, 15 Y vino que alegra el corazón del hombre, Para que haga brillar con aceite su rostro, Y alimento que fortalece el corazón del hombre. 16 Los árboles del SEÑOR se sacian, Los cedros del Líbano que Él plantó, 17 Donde hacen sus nidos las aves, Y la cigüeña, cuya morada está en los cipreses.

18 Los montes altos son para las cabras monteses; Las peñas son refugio para los tejones. 19 Él hizo la luna para señalar las estaciones; El sol conoce el lugar de su ocaso. 20 Tú ordenas la oscuridad y se hace de noche, En ella andan todas las bestias del bosque. 21 Rugen los leoncillos tras su presa, Y buscan de Dios su comida. 22 Al salir el sol se esconden, Y se echan en sus guaridas. 23 Sale el hombre a su trabajo, Y a su labor hasta el atardecer.

24 ¡Cuán numerosas son Tus obras, oh SEÑOR! Con sabiduría las has hecho todas; Llena está la tierra de Tus posesiones. 25 He allí el mar, grande y anchuroso, En el cual se mueve un sinnúmero De animales tanto pequeños como grandes. 26 Allí surcan las naves, Y el Leviatán que hiciste para que jugara en él.

27 Todos ellos esperan en Ti Para que les des su comida a su tiempo. 28 Tú les das, ellos recogen; Abres Tu mano, se sacian de bienes. 29 Escondes Tu rostro, se turban; Les quitas el aliento, expiran, Y vuelven al polvo. 30 Envías Tu Espíritu, son creados, Y renuevas la superficie de la tierra.

31 ¡Sea para siempre la gloria del SEÑOR! ¡Alégrese el SEÑOR en sus obras! 32 Él mira a la tierra, y ella tiembla; Toca los montes, y humean. 33 Al SEÑOR cantaré mientras yo viva; Cantaré alabanzas a mi Dios mientras yo exista. 34 Séale agradable mi meditación; Yo me alegraré en el SEÑOR. 35 Sean consumidos de la tierra los pecadores, Y los impíos dejen de ser. Bendice, alma mía, al SEÑOR. ¡Aleluya!

   

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Isaías 44

El SEÑOR es el único Dios

44 »Mas ahora escucha, Jacob, siervo Mío, Israel, a quien Yo he escogido. Así dice el SEÑOR que te creó, Que te formó desde el seno materno, y que te ayudará: “No temas, Jacob, siervo Mío, Ni tú, Jesurún, a quien he escogido. Porque derramaré agua sobre la tierra sedienta, Y torrentes sobre la tierra seca. Derramaré Mi Espíritu sobre tu posteridad, Y Mi bendición sobre tus descendientes. Ellos brotarán entre la hierba Como sauces junto a corrientes de agua”. Este dirá: “Yo soy del SEÑOR”, Otro invocará el nombre de Jacob, Y otro escribirá en su mano: “Del SEÑOR soy”, Y se llamará con el nombre de Israel.

»Así dice el SEÑOR, el Rey de Israel, Y su Redentor, el SEÑOR de los ejércitos: “Yo soy el primero y Yo soy el último, Y fuera de Mí no hay Dios. ¿Y quién como Yo? Que lo proclame y lo declare. Sí, que en orden lo relate ante Mí, Desde que establecí la antigua nación. Que les anuncien las cosas venideras Y lo que va a acontecer. No tiemblen ni teman; ¿No se lo he hecho oír y lo he anunciado desde hace tiempo? Ustedes son Mis testigos. ¿Hay otro dios fuera de Mí, O hay otra Roca? No conozco ninguna”».

Insensatez de la idolatría

Todos los que dan forma a un ídolo son nada, y sus cosas más preciadas de nada sirven. Aun sus propios testigos no ven ni entienden, por eso serán avergonzados. 10 ¿Quién ha dado forma a un dios o fundido un ídolo para no tener ganancia? 11 Ciertamente todos sus compañeros serán avergonzados, pues los artífices son solo hombres. Que se reúnan todos, que se levanten, que tiemblen, que sean a una avergonzados.

12 El herrero hace un instrumento cortante; lo trabaja sobre las brasas, lo forma con martillo y lo forja con su brazo fuerte. Después siente hambre y flaquean sus fuerzas; no bebe agua, y desfallece. 13 El carpintero extiende el cordel de medir, traza el diseño con tiza roja, lo labra con cinceles, lo traza con el compás y le da forma de hombre y belleza humana para colocarlo en una casa.

14 Corta cedros para sí, toma un ciprés o una encina, y hace que sea fuerte entre los árboles del bosque. Planta un pino y la lluvia lo hace crecer. 15 Luego sirve para que el hombre haga fuego, y toma uno y se calienta; también hace fuego para cocer pan. Además, hace un dios y lo adora; hace de él una imagen tallada y se postra delante de ella. 16 La mitad del leño quema en el fuego; sobre esta mitad prepara un asado, come carne y se sacia. También se calienta, y dice: «¡Ah!, me he calentado, he visto la llama». 17 Y del resto hace un dios, su ídolo. Se postra delante de él, lo adora, y le ruega, diciendo: «Líbrame, pues tú eres mi dios».

18 Ellos no saben ni entienden, porque Él ha cerrado sus ojos para que no vean y su corazón para que no comprendan. 19 Ninguno reflexiona; no tienen conocimiento ni inteligencia para decir: «He quemado la mitad en el fuego, y también he cocido pan sobre sus brasas. He asado carne y la he comido; y del resto ¿haré una abominación? ¿Me postraré ante un pedazo de madera?». 20 Se alimenta de cenizas; el corazón engañado le ha extraviado. A sí mismo no se puede librar, ni decir: «¿No es mentira lo que tengo en mi diestra?».

Dios perdona y redime

21 «Recuerda estas cosas, Jacob, Y , Israel, porque eres Mi siervo. Yo te he formado, siervo Mío eres. Israel, no me olvidaré de ti. 22 He disipado como una densa nube tus transgresiones, Y como espesa niebla tus pecados. Vuélvete a Mí, porque Yo te he redimido». 23 Griten de júbilo, cielos, porque el SEÑOR lo ha hecho. Griten de alegría, profundidades de la tierra. Prorrumpan, montes, en gritos de júbilo, Y el bosque, y todo árbol que en él hay, Porque el SEÑOR ha redimido a Jacob Y ha mostrado Su gloria en Israel.

24 Así dice el SEÑOR, tu Redentor, El que te formó desde el seno materno: «Yo, el SEÑOR, creador de todo, Que extiendo los cielos Yo solo Y afirmo la tierra sin ayuda. 25 Hago fallar los pronósticos de los impostores, Hago necios a los adivinos, Hago retroceder a los sabios, Y convierto en necedad su sabiduría. 26 Yo soy el que confirmo la palabra de Su siervo, Y cumplo el propósito de Sus mensajeros; El que dice de Jerusalén: “Será habitada”; Y de las ciudades de Judá: “Serán reedificadas, Y sus ruinas levantaré”. 27 Yo soy el que dice a la profundidad del mar: “Sécate”; Y Yo secaré tus ríos. 28 El que dice de Ciro: “Él es Mi pastor, Y él cumplirá todos Mis deseos”, Y dice de Jerusalén: “Será reedificada”, Y al templo: “Serán echados tus cimientos”».

   

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Apocalipsis 14

El cordero y los 144,000

14 Miré que el Cordero estaba de pie sobre el monte Sión, y con Él 144,000 que tenían el nombre del Cordero y el nombre de Su Padre escrito en la frente. Oí una voz del cielo, como el estruendo de muchas aguas y como el sonido de un gran trueno. La voz que oí era como el sonido de arpistas tocando sus arpas. Y cantaban* un cántico nuevo delante del trono y delante de los cuatro seres vivientes y de los ancianos. Nadie podía aprender el cántico, sino los 144,000 que habían sido rescatados de la tierra.

Estos son los que no se han contaminado con mujeres, pues son castos. Estos son los que siguen al Cordero adondequiera que va. Estos han sido rescatados de entre los hombres como primicias para Dios y para el Cordero. En su boca no fue hallado engaño; están sin mancha.

El mensaje de los tres ángeles

Después vi volar en medio del cielo a otro ángel que tenía un evangelio eterno para anunciarlo a los que moran en la tierra, y a toda nación, tribu, lengua, y pueblo, que decía a gran voz: «Teman a Dios y den a Él gloria, porque la hora de Su juicio ha llegado. Adoren al que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas».

Lo siguió otro ángel, el segundo, diciendo: «¡Cayó, cayó la gran Babilonia!, la que ha hecho beber a todas las naciones del vino de la pasión de su inmoralidad».

Entonces los siguió otro ángel, el tercero, diciendo a gran voz: «Si alguien adora a la bestia y a su imagen, y recibe una marca en su frente o en su mano, 10 él también beberá del vino del furor de Dios, que está preparado puro en la copa de Su ira. Será atormentado con fuego y azufre delante de los santos ángeles y en presencia del Cordero. 11 El humo de su tormento asciende por los siglos de los siglos. No tienen reposo, ni de día ni de noche, los que adoran a la bestia y a su imagen, y cualquiera que reciba la marca de su nombre». 12 Aquí está la perseverancia de los santos que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús.

13 Entonces oí una voz del cielo que decía: «Escribe: “Bienaventurados los muertos que de aquí en adelante mueren en el Señor”». «Sí», dice el Espíritu, «para que descansen de sus trabajos, porque sus obras van con ellos».

La siega de la tierra

14 Y miré, y había una nube blanca, y en la nube estaba sentado uno semejante al Hijo del Hombre, que tenía en la cabeza una corona de oro, y en la mano una hoz afilada. 15 Entonces salió del templo otro ángel clamando a gran voz a Aquel que estaba sentado en la nube: «Mete Tu hoz y siega, porque la hora de segar ha llegado, pues la cosecha de la tierra está madura». 16 Aquel que estaba sentado en la nube metió Su hoz sobre la tierra y la tierra fue segada.

17 Otro ángel salió del templo que está en el cielo, que también tenía una hoz afilada. 18 Entonces otro ángel, el que tiene poder sobre el fuego, salió del altar, y llamó con gran voz al que tenía la hoz afilada, diciéndole: «Mete tu hoz afilada y vendimia los racimos de la vid de la tierra, porque sus uvas están maduras». 19 El ángel metió su hoz sobre la tierra, y vendimió los racimos de la vid de la tierra y los echó en el gran lagar del furor de Dios. 20 El lagar fue pisado fuera de la ciudad, y del lagar salió sangre que subió hasta los frenos de los caballos por una distancia como de 320 kilómetros.

   

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