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Lectura de Hoy

Devocional: Deuteronomio 15

Uno de los rasgos más sobrecogedores de los muchos pasajes del libro de Deuteronomio, en los que se describen cómo la vida debería ser después de la entrada del pueblo en la Tierra Prometida, es la tensión que hay, entre lo que se presenta como ideal, y lo que ocurrirá en la práctica.

De modo que, por un lado, se le dice al pueblo que “Entre vosotros no deberá haber pobres, porque el Señor tu Dios te colmará de bendiciones en la tierra que él mismo te da para que la poseas como herencia. Y así será, siempre y cuando obedezcas al Señor tu Dios y cumplas fielmente todos estos mandamientos que hoy te ordeno” (Deuteronomio 15:4-5). Por otro lado, el mismo capítulo reconoce con franqueza: “Gente pobre en esta tierra, siempre la habrá; por eso te ordeno que seas generoso con tus hermanos hebreos y con los pobres y necesitados de tu tierra” (15:11).

El primero de los dos pasajes, el que dice que no debe haber pobres, está fundamentado en dos cosas: la asombrosa abundancia de la tierra (señal de la bendición del pacto), y las leyes civiles que Dios quiere que se establezcan a fin de evitar cualquier manifestación de la temida “trampa de pobreza”. Estas últimas incluyen la cancelación de todas las deudas cada siete años –una propuesta que resulta chocante a nuestros oídos (15:1-11). Incluso hay una advertencia acerca del “pensamiento malévolo” de planificar mezquinamente ante el inminente cumplimiento del período de siete años (15: 8-10).

Hasta qué punto se llegó a poner en práctica estos estatutos ambiciosos no está del todo claro. Hay poca evidencia de que se convirtieran en ley pública en la Tierra de Promesa. Por lo tanto, el segundo pasaje, según el cual “siempre habrá pobres en la tierra” resulta inevitable. Refleja la triste realidad que no hay ningún sistema político que pueda garantizar la abolición de la pobreza, pues siempre estará en manos de seres humanos, y los seres humanos son avariciosos, y siendo así, no cesarán de manipular y finalmente pervertir el sistema para el interés propio. Esto no significa que todos los sistemas sean igualmente malos; es evidente que esto no es cierto. Tampoco significa que los legisladores no deban trabajar con resolución para corregir los errores del sistema y cerrar las lagunas que permitan la corrupción. Pero lo que sí significa es que la Biblia es brutalmente realista en lo que se refiere a la imposibilidad de cualquier utopía, sea económica o de cualquier tipo, en este mundo caído. Además, los mismos israelitas llegarían en ocasiones a ser tan corruptos, tanto en lo económico como en los demás ámbitos, que Dios dejaría de bendecir la tierra; por ejemplo, la lluvia quedaría retenida (como en tiempos de Elías). Y luego la tierra dejaría de ser capaz de sostener a todos sus habitantes.

Por tanto la insistencia que siempre habría pobres en la tierra (una afirmación que Jesús mismo recogió en Mateo 26:11) no es ningún fatalismo solapado, sino un llamamiento a una generosidad de manos abiertas.

 


Este devocional es un extracto de Por amor a Dios, Volumen 1, por Donald A. Carson © Publicaciones Andamio, 2013. Usado con permiso.

Deuteronomio 15

Año de remisión

15 »Al cabo de cada siete años harás remisión de deudasAsí se hará la remisión: todo acreedor hará remisión de lo que haya prestado a su prójimo; no lo exigirá de su prójimo ni de su hermano, porque se ha proclamado la remisión del SEÑOR. De un extranjero lo puedes exigir, pero tu mano perdonará cualquier cosa tuya que tu hermano tenga. Sin embargo, no habrá menesteroso entre ustedes, ya que el SEÑOR de cierto te bendecirá en la tierra que el SEÑOR tu Dios te da por heredad para poseerla, si solo escuchas fielmente la voz del SEÑOR tu Dios, para guardar cuidadosamente todo este mandamiento que te ordeno hoy. Pues el SEÑOR tu Dios te bendecirá como te ha prometido, y tú prestarás a muchas naciones, pero tú no tomarás prestado; y tendrás dominio sobre muchas naciones, pero ellas no tendrán dominio sobre ti.

»Si hay un menesteroso contigo, uno de tus hermanos, en cualquiera de tus ciudades en la tierra que el SEÑOR tu Dios te da, no endurecerás tu corazón, ni cerrarás tu mano a tu hermano pobre, sino que le abrirás libremente tu mano, y con generosidad le prestarás lo que le haga falta para cubrir sus necesidades. Cuídate de que no haya pensamiento perverso en tu corazón, diciendo: “El séptimo año, el año de remisión, está cerca”, y mires con malos ojos a tu hermano pobre, y no le des nada; porque él podrá clamar al SEÑOR contra ti, y esto te será pecado. 10 Con generosidad le darás, y no te dolerá el corazón cuando le des, ya que el SEÑOR tu Dios te bendecirá por esto en todo tu trabajo y en todo lo que emprendas. 11 Porque nunca faltarán pobres en tu tierra; por eso te ordeno: “Con liberalidad abrirás tu mano a tu hermano, al necesitado y al pobre en tu tierra”.

12 »Si un hermano tuyo, hebreo o hebrea, te es vendido, te servirá por seis años, pero al séptimo año lo pondrás en libertad. 13 Y cuando lo dejes ir libre, no lo enviarás con las manos vacías. 14 Le abastecerás generosamente de tu rebaño, de tu era y de tu lagar; le darás conforme te haya bendecido el SEÑOR tu Dios. 15 Y te acordarás que fuiste esclavo en la tierra de Egipto, y que el SEÑOR tu Dios te redimió; por eso te ordeno esto hoy. 16 Y sucederá que si él te dice: “No me iré de tu lado”, porque te ama a ti y a tu casa, pues le va bien contigo, 17 entonces tomarás una lezna y horadarás su oreja contra la puerta, y será tu siervo para siempre. Y lo mismo harás a tu sierva. 18 No te parezca duro cuando lo dejes en libertad, porque te ha dado seis años con el doble del servicio de un jornalero; y el SEÑOR tu Dios te bendecirá en todo lo que hagas.

19 »Todo primogénito que nazca de tu ganado y de tu rebaño consagrarás al SEÑOR tu Dios; no trabajarás con el primogénito de tu ganado ni trasquilarás el primogénito de tu rebaño. 20 Tú y tu casa lo comerán cada año delante del SEÑOR tu Dios en el lugar que el SEÑOR escoja. 21 Pero si tiene algún defecto, si es cojo o ciego o con cualquier otro defecto grave, no lo sacrificarás al SEÑOR tu Dios. 22 Lo comerás dentro de tus ciudades; el inmundo lo mismo que el limpio pueden comerlo, como se come una gacela o un ciervo. 23 Pero no comerás su sangre; la derramarás como agua sobre la tierra.

   

Nueva Biblia de las Américas Copyright © 2005 por The Lockman Foundation, La Habra, California. Todos los derechos reservados. Para más información, visita https://www.nuevabiblia.com

Salmo 102

Oración de un afligido

Plegaria de uno que sufre, cuando desmaya y expone su queja ante el SEÑOR.

102 Oh SEÑOR, escucha mi oración, Y llegue a Ti mi clamor. No escondas de mí Tu rostro en el día de mi angustia; Inclina hacia mí Tu oído; El día en que te invoco, respóndeme pronto. Porque mis días han sido consumidos en humo, Y como brasero han sido quemados mis huesos. Mi corazón ha sido herido como la hierba y se ha secado, Y hasta me olvido de comer mi pan. A causa de la intensidad de mi gemido Mis huesos se pegan a la piel. Me parezco al pelícano del desierto; Como el búho de las soledades he llegado a ser. No puedo dormir; Soy cual pájaro solitario sobre un tejado.

Mis enemigos me han afrentado todo el día; Los que me escarnecen han usado mi nombre como maldición. Porque he comido cenizas por pan, Y con lágrimas he mezclado mi bebida, 10 A causa de Tu indignación y de Tu enojo; Pues Tú me has levantado y me has rechazado. 11 Mis días son como sombra que se alarga; Y yo me seco como la hierba.

12 Pero Tú, SEÑOR, permaneces para siempre, Y Tu nombre por todas las generaciones. 13 Te levantarás y tendrás compasión de Sión, Porque es tiempo de apiadarse de ella, Pues ha llegado la hora. 14 Ciertamente Tus siervos se deleitan en sus piedras, Y se apiadan de su polvo. 15 Las naciones temerán el nombre del SEÑOR, Y todos los reyes de la tierra, Su gloria. 16 Porque el SEÑOR ha edificado a Sión, Y se ha manifestado en Su gloria. 17 Ha considerado la oración de los menesterosos, Y no ha despreciado su plegaria.

18 Esto se escribirá para las generaciones futuras, Para que un pueblo aún por crear alabe al SEÑOR. 19 Pues Él miró desde Su excelso santuario; Desde el cielo el SEÑOR se fijó en la tierra, 20 Para oír el gemido de los prisioneros, Para poner en libertad a los condenados a muerte; 21 Para que los hombres anuncien en Sión el nombre del SEÑOR Y Su alabanza en Jerusalén, 22 Cuando los pueblos y los reinos se congreguen a una Para servir al SEÑOR.

23 Él debilitó mis fuerzas en el camino; Acortó mis días. 24 Dije: «Dios mío, no me lleves a la mitad de mis días; Tus años son por todas las generaciones. 25 Desde la antigüedad Tú fundaste la tierra, Y los cielos son la obra de Tus manos. 26 Ellos perecerán, pero Tú permaneces. Todos ellos como una vestidura se desgastarán, Como vestido los cambiarás, y serán cambiados. 27 Pero Tú eres el mismo, Y Tus años no tendrán fin. 28 Los hijos de Tus siervos permanecerán, Y su descendencia será establecida delante de Ti».

   

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Isaías 42

Promesa de Dios a Su Siervo

42 »Este es Mi Siervo, a quien Yo sostengo, Mi escogido, en quien Mi alma se complace. He puesto Mi Espíritu sobre Él; Él traerá justicia a las naciones. No clamará ni alzará Su voz, Ni hará oír Su voz en la calle. No quebrará la caña cascada, Ni apagará la mecha que casi no arde; Con fidelidad traerá justicia. No se desanimará ni desfallecerá Hasta que haya establecido en la tierra la justicia. Su ley esperarán las costas».

Así dice Dios el SEÑOR, Que crea los cielos y los extiende, Que afirma la tierra y lo que de ella brota, Que da aliento al pueblo que hay en ella, Y espíritu a los que por ella andan: «Yo soy el SEÑOR, en justicia te he llamado. Te sostendré por la mano y por ti velaré, Y te pondré como pacto para el pueblo, Como luz para las naciones, Para que abras los ojos a los ciegos, Para que saques de la cárcel a los presos, Y de la prisión a los que moran en tinieblas. Yo soy el SEÑOR, ese es Mi nombre; Mi gloria a otro no daré, Ni Mi alabanza a imágenes talladas. Las cosas anteriores ya se han cumplido, Y Yo anuncio cosas nuevas; Antes que sucedan, se las anuncio».

Canto triunfal

10 Canten al SEÑOR un cántico nuevo, Canten Su alabanza desde los confines de la tierra, Los que descienden al mar y cuanto hay en él, Las islas y sus moradores. 11 Levanten la voz el desierto y sus ciudades, Las aldeas donde habita Cedar. Canten de júbilo los habitantes de Sela, Desde las cimas de los montes griten de alegría. 12 Den gloria al SEÑOR, Y proclamen en las costas Su alabanza. 13 El SEÑOR como guerrero saldrá, Como hombre de guerra despertará Su celo. Gritará, sí, lanzará un grito de guerra, Contra Sus enemigos prevalecerá.

14 Por mucho tiempo he guardado silencio, He estado callado y me he contenido. Pero ahora grito como mujer de parto, Resuello y jadeo a la vez. 15 Asolaré montes y collados, Y secaré toda su vegetación. Convertiré los ríos en islas, Y las lagunas secaré. 16 Conduciré a los ciegos por un camino que no conocen, Por sendas que no conocen los guiaré; Cambiaré delante de ellos las tinieblas en luz Y lo escabroso en llanura. Estas cosas haré, Y no las dejaré sin hacer. 17 Serán vueltos atrás y completamente avergonzados, Los que confían en ídolos, Los que dicen a las imágenes fundidas: Ustedes son nuestros dioses.

18 Sordos, oigan; Ciegos, miren y vean. 19 ¿Quién es ciego sino Mi siervo, O tan sordo como el mensajero a quien envío? ¿Quién es tan ciego como el que está en paz conmigo, O tan ciego como el siervo del SEÑOR? 20 Tú has visto muchas cosas, pero no las observas. Los oídos están abiertos, pero nadie oye. 21 El SEÑOR se agradó por causa de Su justicia En hacer la ley grande y gloriosa. 22 Pero este es un pueblo saqueado y despojado, Todos están atrapados en cuevas, O escondidos en prisiones. Se han convertido en presa sin que nadie los libre Y en despojo sin que nadie diga: «Devuélvelos».

23 ¿Quién de ustedes prestará oído a esto? ¿Quién pondrá atención y escuchará en el futuro? 24 ¿Quién entregó a Jacob al despojo, Y a Israel a los saqueadores? ¿No fue el SEÑOR, contra quien pecamos? En Sus caminos no quisieron andar, Ni obedecieron Su ley. 25 Por eso derramó sobre él el ardor de Su ira Y la violencia de la batalla. Le prendió fuego por todos lados, Pero él no se dio cuenta; Lo consumió, pero él no hizo caso.

   

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Apocalipsis 12

La mujer, el dragón y el niño

12 Una gran señal apareció en el cielo: una mujer vestida del sol, con la luna debajo de sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza. Estaba encinta, y gritaba* por los dolores del parto y el sufrimiento de dar a luz.

Entonces apareció otra señal en el cielo: Un gran dragón rojo que tenía siete cabezas y diez cuernos, y sobre sus cabezas había siete diademas. Su cola arrastró* la tercera parte de las estrellas del cielo y las arrojó sobre la tierra. Y el dragón se paró delante de la mujer que estaba para dar a luz, a fin de devorar a su hijo cuando ella diera a luz. Y ella dio a luz un Hijo varón, que ha de regir a todas las naciones con vara de hierro. Su Hijo fue arrebatado hasta Dios y hasta Su trono. La mujer huyó al desierto, donde tenía* un lugar preparado por Dios, para ser sustentada allí por 1,260 días.

Entonces hubo guerra en el cielo: Miguel y sus ángeles combatieron contra el dragón. Y el dragón y sus ángeles lucharon, pero no pudieron vencer, ni se halló ya lugar para ellos en el cielo. Y fue arrojado el gran dragón, la serpiente antigua que se llama Diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero. Fue arrojado a la tierra y sus ángeles fueron arrojados con él.

10 Entonces oí una gran voz en el cielo, que decía:

«Ahora ha venido la salvación, el poder y el reino de nuestro Dios y la autoridad de Su Cristo, porque el acusador de nuestros hermanos, el que los acusa delante de nuestro Dios día y noche, ha sido arrojado. 11 Ellos lo vencieron por medio de la sangre del Cordero y por la palabra del testimonio de ellos, y no amaron sus vidas, llegando hasta sufrir la muerte. 12 Por lo cual regocíjense, cielos y los que moran en ellos. ¡Ay de la tierra y del mar!, porque el diablo ha descendido a ustedes con gran furor, sabiendo que tiene poco tiempo».

13 Cuando el dragón vio que había sido arrojado a la tierra, persiguió a la mujer que había dado a luz al Hijo varón. 14 Y se le dieron a la mujer las dos alas de la gran águila a fin de que volara de la presencia de la serpiente al desierto, a su lugar, donde fue* sustentada por un tiempo, tiempos y medio tiempo. 15 La serpiente arrojó de su boca, tras la mujer, agua como un río, para que ella fuera arrastrada por la corriente.

16 Pero la tierra ayudó a la mujer, y la tierra abrió su boca y tragó el río que el dragón había arrojado de su boca. 17 Entonces el dragón se enfureció contra la mujer, y salió para hacer guerra contra el resto de la descendencia de ella, los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesús.

   

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