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La semana pasada escribí sobre la necesidad de la diversidad en la iglesia. La diversidad es inevitable cuando es Dios quien nos salva porque muestra que nuestro cristianismo no tiene que ver con algo que hicimos nosotros y no es algo con lo que nacimos. Al contrario, muestra que es algo que recibimos en Cristo. Si nuestro cristianismo fuera determinado por nuestras obras, la Iglesia solo incluiría a personas muy hábiles. Si nuestro cristianismo fuera determinado por nuestra cultura, la Iglesia solo existiría en una sola cultura. Pero nuestra cristianismo no es determinado por condiciones humanas, sino por la sangre de Cristo. En Cristo, somos unidos en un solo pueblo.

Creo firmemente el evangelio une lo que mundo separa: personas de todas razas, trasfondos económicos, y culturas. Por ende, la diversidad es una marca necesaria en la iglesia. Entonces, lo que quisiera hacer con este post es dar cinco razones por las que tu iglesia debe ser más diversa.

1. La diversidad fortalece el mensaje del evangelio porque apunta a un solo Dios que reconcilia a todas personas a Sí mismo, sin importar su raza, sexo, o edad. Si realmente creemos que es Dios quién tomó la iniciativa para salvar al mundo, entonces tenemos que reconocer que la Iglesia estará compuesta de personas de todo el mundo. Las iglesias sanas serán diversas. Los viejitos estarán unidos con los jóvencitos. Personas de pocos recursos estarán unidas con personas de muchos recursos. Personas que vivieron una vida entera en pecado estarán unidas con personas que crecieron en un hogar cristiano. La unidad existirá entre todas estas personas tan diferentes porque no se basa sobre algo cultural o superficial, sino sobre el evangelio.

La diversidad fortalece nuestro mensaje porque muestra su poder para salvar a cualquier persona.

2. La diversidad fortalece la obra del ministerio porque permite que el evangelio se esparce a más lugares y personas. Un ministerio que exalta el poder de Dios para salvar a personas de todos lugares hará todo lo posible para ir a esos lugares para proclamar el evangelio. En otras palabras, cuando un ministerio reconoce la gracia soberana de Dios y busca diversidad dentro del pueblo redimido, hará lo necesario para ser un ministerio misionero. Por consiguiente, cuando personas de otras culturas son convertidas a Cristo, las posibilidades para compartir el evangelio a otras culturas aumenta.

La diversidad fortalece nuestros ministerios porque avanza nuestra misión de hacer discípulos de todas las naciones.

3. La diversidad fortalece el siervo cristiano porque lo humilla al mostrar que (a pesar de su excelencia en un area de ministerio), solo forma una parte pequeña de lo que Dios está haciendo alrededor del mundo. La diversidad de la iglesia nos da una ventana a ver lo que Dios está haciendo alrededor del mundo. Cuando vivía en los Estados Unidos, recuerdo frecuentemente tener la oportunidad de compartir con mis hermanos anglos sobre lo que Dios estaba haciendo en Guatemala. Dios siempre está haciendo millones de cosas y al observar solo un 2% de ellas, nuestros éxitos y  logros no se parecerán tan importantes como pretendemos. ¿Cómo nos vamos a jactar en nuestras obras cuando Dios está obrando a un nivel increíblemente mayor en todo el mundo?

La diversidad fortalece a cada ministro, pastor, y laico porque minimiza cualquier orgullo que pueda tener en su propio éxito en su propio contexto.

4. La diversidad fortalece la teología cristiana porque apunta a una centralidad en Dios, y no en el hombre. Seamos claros. No buscamos la diversidad en la Iglesia simple y sencillamente porque queremos ver más iglesias diversas. Todo empieza con la centralidad del evangelio. La diversidad no es la meta de nuestra teología, pero sí es un resultado. Cuando Cristo es nuestro denominador más común, las personas ya no se identifican como judíos, gentiles, ricos, pobres, ladinos, indígenas —¡ahora en Cristo se definen como cristianos!—. Esto es imposible cuando ponemos el enfoque de nuestra teología sobre el hombre. Necesitamos un enfoque centrado en Cristo porque Cristo reconcilia a personas de todas culturas.

La diversidad fortalece nuestra teología porque es evidencia de una teología que se trata principalmente de un Dios único, no de una única cultura.

5. La diversidad fortalece el testimonio de la Iglesia porque da evidencia que el cristianismo no es una religión cultural, sino una realidad global. Una de las razones por las que amo ser un cristiano es porque en Cristo, tengo algo en común con personas completamente diferentes (quienes también están en Cristo). Hoy podría subirme a un avión e ir hasta Japón, Francia, Sudáfrica, Australia, o Brazil y encontrar a personas en iglesias que adoran al mismo Dios y celebran el evangelio que yo.

El cristianismo es más que un fenómeno cultural, es una realidad global, y la diversidad en la iglesia nos recuerda de esto.

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