“Sully” y el juzgar con justo juicio

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Nos fascina decirle a los demás que no nos juzguen. Después de todo, “No juzguéis para que no seáis juzgado”.

Pensaba en esto mientras veía Sully: Hazaña en el río Hudson junto a un grupo de hermanos. En el invierno del 2008, a baja altura, el avión 1549 de US Airways sufrió un inaudito choque con docenas de aves, lo que causó que quedara planeando sin ambos motores. Con una precisión y agudeza mental asombrosa, el Capitán Chesley “Sully” Sullenberger logró aterrizar la aeronave en el Río Hudson, salvando la vida de las 155 personas a bordo. Una hazaña milagrosa.

Pero en un mundo caído no hay bien que por mal no venga. El filme hace un excelente trabajo en mostrarnos la parte menos conocida de la hazaña, a saber, el escrutinio que el Capitán Sully sufre literalmente horas después del evento. La película aborda la investigación que surge después del acuatizaje: ¿Quién tuvo la culpa? ¿Por qué cayó el avión? ¿Hizo la tribulación lo que le correspondía? ¿Tomó Sully las mejores decisiones?

El doloroso accidente del avión chapecoense en Colombia ha demostrado la necesidad de las aerolíneas de regulación y supervisión gubernamental. Lo interesante de Sully, y como el mismo capitán remarca en el filme, es que no hubo ningún accidente. Debido a la pericia del oficial, lo que pudo haber resultado en tragedia terminó siendo un día de celebración.

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Warner Bros. Pictures

Creo que hay mucho que podemos reflexionar en esta película, pero quisiera enfocarnos en dos cosas en particular:

En primer lugar, la vida cristiana no es compatible con el pragmatismo. A pesar del buen resultado, Sully fue sujeto a una investigación para garantizar que sus acciones como capitán fueron las correctas. Eso es algo justo y bueno, y algo que lamentablemente en América Latina no entendemos. Si las cosas salen bien, no hacemos preguntas. Simplemente celebramos y seguimos adelante, felicitando y diciendo “¡Gloria a Dios!”, sin meditar si genuinamente le dimos gloria a Dios con la forma en que actuamos. A Dios le importa tanto los resultados como los métodos. De hecho, le importan mucho más los métodos: la intención, el esfuerzo, el corazón, la dependencia de Él.

No hubiera sido correcto que el comité de aviación haya dejado a Sully sin investigar. La vida de 155 personas estuvo en juego. Para los cristianos, que un evento o una consejería o un sermón o lo que sea haya “quedado bien” no implica que ya todo está bien. Necesitamos examinar nuestras vidas y ministerios y no solo los resultados (más oportunidades de servicio; más personas en la iglesia; más felicitaciones por nuestro sermón), y ver si se conforman con el evangelio de Cristo. Recuerda la solemne verdad de que Dios mira el corazón (1 Sa. 16:7) más que la apariencia.

En segundo lugar, debemos luchar con nuestra tendencia a pensar que “nosotros lo hubiéramos hecho mejor”. En nuestra pecaminosidad, observamos la vida de los demás con lupa, atentos a cada cosa que creamos que no cumple con la Ley de Dios. En el filme, esto se hace evidente en la actitud del comité investigativo, que pone en juicio cada acción del capitán, pero desde la comodidad de su estrado. En la vida real, se hace evidente cuando estamos viendo pajas en el ojo ajeno mientras ignoramos nuestras vigas oculares (Mt. 7:3).

Nuestra pecaminosa tendencia a juzgar por nuestras opiniones se hace dolorosamente evidente en el mundo del internet, donde cada sermón, cada artículo, cada idea es evaluada por un infinito de jueces con maestrías de computador y doctorados en opiniones. Una y otra vez nos vemos tentados a emitir un juicio definitivo sobre algo que sucedió en otro país, en otra iglesia, en otra circunstancia, y en otra vida. Pensamos que nosotros lo hubiéramos hecho diferente –mejor– que el otro, todo el tiempo siendo cegados por la viga de orgullo en nuestros ojos.

Así que Sully me sirvió para reflexionar en lo importante de evaluar y juzgar las acciones independientemente de sus resultados. La vida cristiana es una vida de reflexión. Pero Sully también me recuerda lo peligroso y arrogante de andar evaluando desde nuestra comodidad la vida y las acciones de los demás. La vida cristiana es una vida de humildad. Nuestro llamado es a juzgar con justo juicio (Jn. 7:24), no por apariencias. Prestemos atención al llamado de nuestro Señor de no andar juzgando a los demás según nuestras opiniones y preferencias. Más bien, cumplamos nosotros la Ley de Cristo, que es llevar los unos las cargas de los otros (Gá. 6:2). Cada cual rendirá cuentas ante el tribunal de Cristo, y la única razón por la que nosotros podemos tener confianza en tal grande y terrible día es por la gloria de la cruz, la hazaña más asombrosa y milagrosa de todos.

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