Pasado el día de reposo, María Magdalena, María, la madre de Jacobo, y Salomé, compraron especias aromáticas para ir a ungir el cuerpo de Jesús. Muy de mañana, el primer día de la semana, llegaron al sepulcro cuando el sol ya había salido. Y se decían unas a otras: «¿Quién nos removerá la piedra de la entrada del sepulcro?». Cuando levantaron los ojos, vieron que la piedra, aunque era sumamente grande, había sido removida. Entrando en el sepulcro, vieron a un joven sentado al lado derecho, vestido con ropaje blanco; y ellas se asustaron. Pero él les dijo: «No se asusten; ustedes buscan a Jesús el Nazareno, el que fue crucificado. Ha resucitado, no está aquí; miren el lugar donde lo pusieron (Mr 16:1-6).
El primer día de la semana
El viernes quedó atrás;
día duro, pero necesario.
La masa inerte aguarda,
el viernes quedó atrás.
Día de reposo.
Los amigos reunidos,
la tristeza pesa,
el duelo impide reposar.
Primer día de la semana,
temprano por la mañana,
Jerusalén aguarda.
El mundo está por cambiar.
Primer día de la semana,
está amaneciendo.
Las aves ya cantan,
una nueva canción se escribirá.
Una mañana ordinaria,
pero las mañanas ordinarias
están por terminar.
Será el último amanecer
antes del gran Sol1
que pronto se levantará.
Primer día de la semana,
primavera de Jerusalén.
El cuerpo se levantó,
el mundo es un lugar nuevo.
Primer día de la semana,
la gran piedra fue movida.
La muerte cambiada por vida,
la felicidad finalmente llegó.
La resurrección hoy.
Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, quien según Su gran misericordia, nos ha hecho nacer de nuevo a una esperanza viva, mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos (1 P 1:3).
