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¿Viola la iglesia en línea el mandamiento de Hebreos 10:25?

“¿Estamos desobedeciendo el claro mandamiento de Hebreos 10?” Un miembro de la iglesia en la que sirvo me hizo esta pregunta en referencia al siguiente pasaje:

“Consideremos cómo estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras, no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos unos a otros, y mucho más al ver que el día se acerca”, Hebreos 10:24-25.

¿Estamos descuidando el congregarnos al realizar los servicios dominicales en línea debido a la pandemia del COVID-19? O, como se cita popularmente de la Reina Valera Antigua, ¿estamos dejando nuestra congregación? Desde marzo, la mayoría de las iglesias a lo largo de Estados Unidos (y en todas partes) no se han congregado y no podrán hacerlo durante un número indeterminado de semanas. ¿Estamos pecando?

Para algunos cristianos, esto es fácil de contestar; la respuesta rápida es: “No, no nos estamos reuniendo, y está bien”. Pero otros cristianos pueden tener una conciencia más sensible con respecto a esta pregunta. ¿Estamos dejándonos llevar por lo que es más popular? Si todo el mundo salta de un puente, o en este caso, deja de realizar los servicios en la iglesia, ¿eso significa que está bien?

Una pregunta válida

La pregunta merece una respuesta. En primer lugar, alabo a Dios porque los cristianos se hagan esta pregunta. Nunca deberíamos tomar los mandamientos de las Escrituras a la ligera, y Hebreos 10:25 es, por desgracia, un mandamiento que muchos cristianos pasan por alto. La pregunta surge de un corazón que toma en serio la Palabra de Dios, la obediencia, y la adoración.

Así que, ¿estamos pecando? Para resumir, no lo estamos, y esto se debe principalmente a cuatro razones.

1. Dejar nuestra congregación requiere un abandono voluntario

El “dejar” de Hebreos 10:25 implica un abandono voluntario. En Mateo 27:46, Jesús exclamó: “Dios Mío, Dios Mío, ¿por qué me has abandonado?”. Este “abandono” se refiere a una deserción misteriosa y aterradora de la deliciosa presencia del Padre y, en su lugar, la ira plena de Dios por el pecado. En 2 Timoteo 4:10, Pablo se refiere a Demas como quien lo había “abandonado, habiendo amado este mundo presente”. Demas había dejado a Pablo voluntariamente, por los placeres temporales de esta vida.

“Dejar” es una palabra fuerte en el Nuevo Testamento. Implica renunciar y abandonar voluntariamente a algo o a alguien, frecuentemente por algo distinto.

2. Inhabilidad no es lo mismo que un abandono voluntario

Creyentes, lo que estamos haciendo ahora no es “abandonar la asamblea”; no podemos congregarnos

Tomando en serio a Hebreos 10:25, no suelo cancelar los servicios de la iglesia con facilidad. Cuando está nevando mucho los domingos en la mañana, suelo decir medio en broma: “Si los vendedores de drogas salen, nosotros hemos de salir a la iglesia” (sirvo en una parte difícil del interior de la ciudad de Baltimore). Rara vez cerramos por la nieve. No me gusta cancelar nuestras reuniones. Si lo hacemos, solo es porque es verdaderamente imposible congregarnos.

Creyentes, lo que estamos haciendo ahora no es “abandonar la asamblea”; no podemos congregarnos. No se puede abandonar una asamblea si esta no existe. No hay reunión, por tanto, no hay abandono. Además, los líderes de la iglesia no están pecando cuando cancelan las reuniones simplemente porque no pueden hacerlas.

3. No podemos reunirnos porque hemos sido llamados a glorificar a Dios

Primero y principalmente, los cristianos hacen todo para la gloria de Dios (1 Co. 10:31). Nos levantamos temprano para ir a la iglesia los domingos por la mañana para la gloria de Dios. Nos reunimos para escuchar la Palabra cada domingo para la gloria de Dios. En este tiempo, por extraño que sea, no nos reunimos y, aun así, sigue siendo para la gloria de Dios.

¿Cómo puede glorificar a Dios el no congregarnos? Estamos glorificando a Dios al someternos a las autoridades que nos gobiernan.

El no reunirnos glorifica a Dios cuando buscamos cumplir con Romanos 13:1: “Sométase toda persona a las autoridades que gobiernan”. Como explica el versículo 1, la autoridad del gobierno está limitada: “no hay autoridad sino de Dios”. La autoridad de Dios está por encima de las estructuras gubernamentales. Algunos podrían responder que el gobierno no tiene jurisdicción sobre nuestra libertad para congregarnos, y no debería prohibirnos el hacerlo.

Estamos amando bien a nuestro prójimo al participar en esta estrategia inusual y poco común de no congregarnos para ralentizar la propagación del virus

¿Existe alguna ocasión para la desobediencia civil? Desde luego. Si el gobierno desafía la autoridad de Dios y nos exige pecar, entonces debemos desobedecer a las autoridades. Me vienen a la mente los países en los que plantar iglesias es ilegal. En estos casos, hemos de desafiar al gobierno.

Romanos 13 explica que las autoridades gubernamentales son “para ti un ministro de Dios para bien” (v. 4). En medio de las distintas teorías acerca de cómo tratar con el coronavirus, estamos llamados a confiar en que las autoridades están puestas para nuestro bien. Son ministros de Dios para nosotros. Por tanto, como nuestras autoridades gubernamentales nos han pedido que no nos reunamos, no podemos hacerlo, y nuestra obediencia honra a Dios.

4. Glorificamos a Dios al amar a nuestro prójimo

También glorificamos a Dios al amar a nuestro prójimo. “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”, nos ordena Jesús (Mr. 12:31). Si podemos evitar el contagio inintencionado de una enfermedad mortal, eso es un acto amoroso. Además, nuestro testimonio cristiano podría verse perjudicado si nos congregamos. Para el mundo no creyente, no parecería algo valiente, sino falto de amor. Estamos amando bien a nuestro prójimo al participar en esta estrategia inusual y poco común para ralentizar la propagación del virus.

En resumen, Romanos 13 y Marcos 12 nos llaman a glorificar a Dios honrando a nuestras autoridades y amando a nuestro prójimo. Para muchos de nosotros, reunirnos en estos momentos no nos ayudaría a ser fieles en estas áreas. Por tanto, no podemos reunirnos. Y ya que nuestra cancelación es debida a una incapacidad, no estamos abandonando el congregarnos.


Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Manuel Bento Falcón.
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