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A menudo recibo correos electrónicos de personas que están buscando una iglesia donde congregarse. Las preguntas son siempre similares:

•¿Qué tipo de iglesia es la ideal?

•¿En qué tipo de iglesia debemos quedarnos?

•¿Cuánto tiempo deberíamos esperar antes de integrarnos a una iglesia?

Para estos casos, he encontrado que las reflexiones de Francis Schaeffer y Dietrich Bonhoeffer son muy útiles al asesorar personas que están en busca de una iglesia. Aquí van:

1. Busca una iglesia ortodoxa

Schaeffer insiste en que la iglesia debe ser ortodoxa:

En primer lugar, debe regirse por una “doctrina ortodoxa”. Es decir, la iglesia debe estar fundamentada totalmente en la Biblia.

En segundo lugar, debe prevalecer una “orthokardia” en su comunidad, que significa una “rectitud de corazón”. Esto denota que el sentir que reine en la iglesia sea el cuidarse los unos a los otros en todo el espectro de la vida, incluyendo las finanzas si fuera necesario. Debe haber un verdadero sentido de comunidad, y la importancia de esto debe ser real entre quienes forman parte de ella; en lugar de que la iglesia sea simplemente un punto de predicación o un centro de actividades.

A esas dos características, yo le añadiría que la iglesia tenga “orthopraxis” en su misión. Esto es, que la implementación de la verdad sea su cometido; que los líderes hagan énfasis en la necesidad de que los creyentes representen a Cristo, y que se proclame el evangelio fuera de las paredes de la iglesia.

Después de haberse enfocado en la ortodoxia, Schaeffer se dirige a lo referente a las preferencias personales:

En tercer lugar, después de comprobar la existencia de los dos puntos anteriores, entonces debemos encontrar una iglesia que se adapte a nuestras necesidades particulares. En teoría, todas las iglesias deberían satisfacer las necesidades de todas las personas, pero en un mundo caído eso no es posible. Hay algunas personas, por ejemplo, que les gusta un tipo de música, y a otros, otro tipo; a unos les gusta una forma de predicación, y a otros, otra forma. En resumen, algunas iglesias llenan las necesidades de ciertos individuos, pero no las necesidades de otros.

2. Prepárate para una iglesia imperfecta

A continuación, Schaeffer establece la realidad de que ninguna iglesia es perfecta. De hecho, él reta al lector a que anticipe imperfección:

Cuando ponemos las tres cosas juntas, tenemos que reconocer que en este mundo caído, no existe ninguna iglesia que sea perfecta; y tristemente, hay un considerable número de comunidades donde es difícil encontrar esa iglesia que llene los tres requisitos.

Debemos añadir dos cosas simultáneamente: primero, no tenemos que aceptar lo que es mediocre; y segundo, si vamos con la mentalidad de solo aceptar lo que es perfecto o nada, en este mundo anormal y caído nunca obtendremos nada.

Es aquí donde Dietrich Bonhoeffer tiene algo que ofrecer al sobre el tema. Él empieza por el amor de Dios hacia una humanidad pecadora:

Dios ama a los seres humanos, y Dios ama al mundo. No a un ideal del ser humano, sino a los humanos tal como son; no a un mundo ideal, sino al mundo real. Lo que nosotros encontramos repugnante porque se opone a Dios; a lo que nosotros le huimos con dolor y animosidad, en concreto, a los verdaderos seres humanos, al mundo real, eso es para Dios el terreno perfecto para desplegar su incomprensible amor.

Ese inquebrantable y profundo amor de Dios por el mundo tal como es es la base que usa Bonhoeffer para persuadir a las personas a que se amen tal como son. Esa es la razón por la que él advierte acerca del idealismo excesivo cuando nos estamos refiriendo a la iglesia:

El hombre que tiende a tener una visión idealista de la comunidad exige eso de parte de Dios, de los demás, y de sí mismo. Él entra a la comunidad cristiana con sus demandas, establece sus propias leyes, y juzga a los hermanos y al mismo Dios de acuerdo a ellas. Él permanece inflexible, y es una crítica viviente para todos los demás en el círculo de los hermanos de la fe. Él actúa como si fuera el creador de la comunidad cristiana, y como si su sueño fuera lo que mantuviera unido a los hombres.

Cuando las cosas no salen como él espera, él llama “fracaso” al esfuerzo que se ha hecho. Cuando su imagen idealista es destruida, él percibe las cosas como si la comunidad fuera camino a la destrucción. En consecuencia, él se convierte primero en un acusador de sus hermanos; luego, en un acusador de Dios; y, finalmente, en un desesperado acusador de sí mismo.

3. Crece en gracia en medio de una comunidad imperfecta

Pero aquí es donde tenemos que dar un paso adelante. Nosotros no simplemente nos conformamos con una iglesia imperfecta. Mas bien, vivimos con la gloriosa expectativa de que ese torpe e imperfecto grupo de creyentes al cual nos hemos unido llegará a ser el medio por el cual Dios nos santifique.

Bonhoeffer escribe sobre la gracia santificadora que proviene del desengaño acerca de la iglesia:

¿Acaso no es cierto que, precisamente en el momento de una gran desilusión con mi hermano o hermana, es cuando ocurre algo incomparablemente saludable para mí, porque me enseña minuciosamente que ninguno de los dos podemos guiarnos por nuestras propias palabras y hechos, sino solo por la Palabra y la obra que realmente nos mantiene unidos, el perdón de los pecados en Jesucristo? El día radiante de la comunidad cristiana emerge siempre cuando se levantan las densas neblinas mañaneras de nuestras visiones idealistas.

Este es el punto que debemos recordar: Dios usa iglesias imperfectas para perfeccionar a sus hijos. Demasiadas personas buscan una iglesia en lo abstracto, en vez de tratar de buscar una con gente de carne y hueso, con quienes se van a encontrar en el camino a la guardería. Esa es una de las razones por la cual yo dediqué un capítulo entero a este tema en mi libro “Falsos Evangelios”:

Recuerdo haber visto una caricatura de Peanuts en el que Linus le grita: “¡Yo amo a la humanidad … es a la gente a la que no puedo soportar!”. G. K. Chesterton dijo algo similar: “Yo aprendí con poco esfuerzo la manera de amar a mi semejante y al mismo tiempo odiar a mi prójimo”.

La verdad es que nosotros decimos amar a los demás, pero cuando el amarlos se hace difícil, con rapidez los abandonamos. Pero nosotros no estamos llamados a amar un ideal, sino a amar a nuestros hermanos y hermanas en Cristo.

Demasiada gente piensa que los problemas de la iglesia son un obstáculo para ser más como Jesús, cuando en realidad es todo lo contrario: El compromiso de sobrellevar los problemas de la iglesia es el método que nos permite ser más como Cristo.

Por lo tanto, busca una iglesia ortodoxa, que su misión sea existir para el reino de Dios. Ve con las expectativas de que la iglesia será imperfecta. Y luego observa cómo Dios puede usar esas imperfecciones para santificar tu corazón.

* Los tres “orto” que aparecen al principio fueron sugeridos por Michael Bird quien los obtuvo de Harry Goodhew,  ex-obispo anglicano de Sydney.

Nota del editor: Si estás en busca de una iglesia, puedes servirte de nuestro directorio de iglesias.


Publicado originalmente para The Gospel Coalition. Traducido por Andreina Lopez.
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