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“El SEÑOR es mi pastor, nada me faltará”, Salmos 23:1.

Este es un conocido pasaje de la Biblia que nos habla de la centralidad del mensaje de que sin Dios no estamos completos. Es precisamente el reconocimiento de que fuimos creados por Él y para Él que nos pone en una trayectoria correcta para poder encontrar nuestra identidad en algo que sí es fundamental.

Y es que es a lo largo de la vida nos la pasamos buscando encontrar aquello que creemos que nos falta y que si lo encontramos, por fin llenaremos ese vacío que todos experimentamos en esta vida.

Esta búsqueda llega a convertirse en una verdadera pesadilla que no nos deja dormir, puesto que buscamos la seguridad, propósito y felicidad en cosas creadas en lugar de en nuestro Creador.

Sin embargo, por otro lado, el encontrar la realidad de que estamos completos “en Él” hace toda la diferencia, puesto que es una posición objetiva, aun legal, que se nos ha conferido por gracia y que es eterna, completa y suficiente. Además no depende de nosotros. Cuando encontramos y experimentamos esta realidad, descansamos.

Me llama también mucho la atención cómo David intercambia el tiempo de los verbos casi por error en este capítulo, y se mueve del presente al futuro sin sentido aparente. Y es que para aquellos que han encontrando a Dios suficiente a través de la aplicación de la obra redentora de Cristo en Su favor, no hay funcionalmente una diferencia en las promesas de Dios para el futuro y las implicaciones y bendiciones del presente. De ahí es que podemos decir que ya tenemos vida eterna, aunque también sea una promesa para cuando partamos de esta vida física. Es la realidad de los hijos de Dios de vivir en el “ahora, pero todavía no” de la provisión de Dios en el evangelio.

Piensa en esto y encuentra tu descanso en Él.

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