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“Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, carácter probado; y el carácter probado, esperanza”, Romanos 5:3-4.

Para el creyente, la santidad se manifiesta en dos esferas: a nivel posicional — es el acto por medio del cual Dios nos apartó para sí— y a nivel personal, lo que consiste en que nosotros nos apartamos del pecado para honrar a Dios (1 Tes. 4:7). 

Las aflicciones que el creyente vive en este tiempo de pandemia producen santidad a nivel carácter. ¿Cómo obra Dios esta transformación espiritual en nosotros? Veamos la respuesta a través del siguiente acróstico de la palabra “santidad”.

(S) Sabiduría: Conocer la verdad nos transforma

Las convicciones del creyente se basan en verdades bíblicas que nos transforman y nos hacen sabios. Romanos 8:28 comienza de esta manera: “Y sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien”. En otras palabras, si queremos responder piadosamente ante situaciones difíciles como las que vivimos hoy, necesitamos la verdad que nos hace libres y que transforma nuestra experiencia del sufrimiento (Jn. 8:32).

Esa verdad no solo aplica para nuestra justificación, sino también para nuestra santificación. En otras palabras, la verdad del evangelio nos libera de las mentiras que este mundo quiere que creamos en tiempos de dolor. Si queremos agradar a Dios durante esta pandemia —o en cualquier otra aflicción— necesitamos conocer verdades clave, como las siguientes:

(A) Amor: El amor del Padre nos fortalece

Tenemos la certeza de que Dios nos ama por su Hijo Jesucristo (Ro. 5:8). Pablo nos deja este maravilloso pasaje como una fuente de gozo, paz, y seguridad: “Porque estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni lo presente, ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro” (Ro. 8:38-39).

Necesitamos la verdad del evangelio, la cual nos hace libres y transforma nuestra experiencia del sufrimiento

Una verdad esencial que nos ayuda a fortalecer nuestra confianza en Dios es que Él nos ama. Ahora bien, su amor no se debe a que seamos buenos o merecedores, sino a que el Señor decidió amarnos en Cristo. Por esto podemos confiar que nada puede separarnos de Él, ni siquiera una pandemia.

(N) Nunca: El Consolador jamás nos dejará

Una vez más Pablo nos ayuda recordándonos una gran verdad: “Entonces, ¿qué diremos a esto? Si Dios está por nosotros, ¿quién estará contra nosotros?” (Ro. 8:31). Esta gloriosa verdad nos reconforta; aunque andemos en valle de sombra de muerte no debemos temer porque su Espíritu Santo está en nosotros, nos consuela, y nos santifica (Jn. 14:17).

(T) Todo: En Dios, todas las cosas cooperan para bien

Según Romanos 8:28, para los que aman a Dios, aun aquello que consideramos negativo Él lo dirige hacia un propósito específico: “ser hechos conforme a la imagen de Su Hijo” (v. 29).

En otras palabras, Dios usará esta pandemia para producir en nosotros mayor semejanza a Cristo. Por supuesto, esto lucirá diferente en la vida de cada creyente, debido a que cada cristiano tiene diferentes ídolos en su corazón que esta pandemia revelará.

(I) Ídolos: Nuestros dioses falsos saldrán a la luz

Los ídolos del corazón son el resultado de deseos malsanos y falsas creencias que gobiernan nuestra vida y nos llevan a tomar decisiones que deshonran a Dios. Estos ídolos son como una raíz venenosa que nos lleva a producir frutos desagradables al Señor. Sin embargo, el Señor usa el dolor de aflicciones como una pandemia para alumbrar estas raíces del corazón y que así podamos ver la realidad de nuestras vidas, nos arrepintamos, y crezcamos en santidad.

Cualquier cambio que Dios produzca en nosotros, el propósito será el mismo: parecernos más a Cristo para gloria del Padre

Para algunos, esta situación producirá mayor paciencia, para otros un profundo amor hacia el prójimo, pero cualquier cambio que Dios produzca en nosotros, el propósito será el mismo: parecernos más a Cristo para la gloria del Padre. Estas son algunas de las verdades bíblicas que debemos conocer y creer en momentos de aflicción. 

Pasemos ahora a las tres últimas letras del acróstico “santidad”. Lo que veremos a continuación, son tres formas de evidenciar una vida santa ante la presente situación del coronavirus.

(D) Dar gracias: Agradezcamos a Dios con gozo

En 1 Tesalonicenses 5:16-18, Pablo nos exhorta a lo siguiente: “Estén siempre gozosos. Oren sin cesar. Den gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para ustedes en Cristo Jesús”. Como podemos leer: el creyente debe dar gracias a Dios en toda clase de situación y hacerlo con un corazón gozoso, no de mala gana o por obligación.

Ahora bien, la razón de nuestro agradecimiento en situaciones como las que vivimos hoy, es que reconocemos que el Señor tiene el control y sabemos que Dios nos ama. Él nos protegerá y usará todo para producir en nosotros mayor santidad.

(A) Adorar: Exaltar al Señor en medio del sufrimiento

Un buen ejemplo de alguien que adoró a Dios en medio del sufrimiento es Job. En el libro que lleva su nombre leemos: “Entonces Job se levantó, rasgó su manto, se rasuró la cabeza, y postrándose en tierra, adoró, y dijo: ‘Desnudo salí del vientre de mi madre y desnudo volveré allá. El Señor dio y el Señor quitó; bendito sea el nombre del Señor’” (Job 1:20-21).

En Jesucristo también hallamos un ejemplo de genuina adoración. Cuando se encontraba en agonía, Él pronunció estas palabras: “Padre mío, si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad” (Mt. 26:42). Haríamos muy bien en seguir estos dos ejemplos.

(D) Descansar: Que nuestro reposo esté en las promesas divinas

Podemos confiar y descansar en que todas las promesas que ha hecho Dios son “sí” en Cristo. Así que por medio de Cristo respondemos “amén” para la gloria de Dios (2 Co. 1:20).

Por esta razón, el himno Todas las promesas en la tercera estrofa dice: “Todas las promesas del Señor serán gozo y fuerza en nuestra vida terrenal; ellas en la dura lid nos sostendrán y triunfar podremos sobre el mal. Grandes, fieles, las promesas que el Señor Jesús ha dado; grandes, fieles, en ellas para siempre confiaré”.

Conclusión

Dios es tres veces santo y estableció el mandamiento de que su pueblo también lo sea. Esto indica que la santidad no es algo incomprensible e inalcanzable. El Espíritu Santo vino al mundo para quedarse con nosotros para siempre, pero también para guiarnos a la verdad que nos indica el camino correcto a seguir en nuestro peregrinaje en el mundo. De manera que Dios nos ha equipado para que la santidad sea algo accesible y posible de vivir en la tierra. Seamos santos en nuestra manera de vivir aún en medio del sufrimiento (1 P. 1:15-17).

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