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Nota del editor: 

Este es un fragmento adaptado del libro Esperanza para el corazón de una madre (Editorial Portavoz, 2022), por Christina Fox.

Cada día nuestro Señor Jesucristo debe ser nuestro excelente espejo en el que contemplemos cuánto Dios nos ama y, en su infinita bondad, ha cuidado de nosotros al dar a su amado Hijo por nosotros (Martín Lutero).

Los seres humanos somos propensos al olvido. Poner la ropa en la secadora y olvidarnos de encenderla puede resultar muy irritante. Hacer una gran compra en el supermercado y olvidarnos lo único que necesitábamos puede incluso ser gracioso. Ninguna de las dos cosas es tan perjudicial como olvidarnos de las buenas nuevas del evangelio o tan dañino como no vivir el evangelio en nuestras vidas. Los olvidos de madre palidecen en comparación con el olvido del evangelio.

Supongo que, por eso, las Escrituras a menudo hablan de recordar lo que Dios hizo. Los israelitas debían conmemorar con regularidad las fiestas y celebraciones para recordar lo que Dios había hecho por ellos en el pasado. Nuestro Salvador implementó una comida especial, la Cena del Señor, como un momento especial para que recordemos lo que hizo por nosotros en el evangelio. Y cada vez que la iglesia primitiva luchaba, se descarriaba de la fe o enfrentaba dificultades, los escritores del Nuevo Testamento les recordaban las verdades de quién era Jesús y lo que había hecho.

Recordemos el evangelio

Como mamás cuyo corazón es propenso al olvido, debemos recordarnos el evangelio con regularidad. Necesitamos recordar las buenas nuevas hasta que saturen nuestro corazón y se conviertan en nuestro himno personal. Algunas personas llaman a esto «predicarse el evangelio a uno mismo». Significa repasar y recordar quién es Jesús y qué vino a hacer.

Los olvidos de madre palidecen en comparación con el olvido del evangelio

Cuando luchamos contra el pecado en nuestra vida, recordamos que tenemos un gran Salvador que llevó la vida que nosotras no podíamos vivir. Nos gozamos por Su justicia perfecta que se nos ha acreditado. Recordamos cómo murió para pagar por nuestros pecados. Oramos, nos arrepentimos de nuestros pecados y le pedimos a Dios que nos perdone mediante el sacrificio que Jesús hizo por nosotras. Tenemos una gran esperanza en el hecho de que, gracias a que Jesús ascendió al cielo, ahora está ante el Padre intercediendo por nosotras.

Cuando enfrentamos dificultades o pruebas en nuestra vida, recordamos a nuestro Salvador, que dejó las riquezas del cielo para venir a vivir en este mundo caído. Recordamos que creció en la pobreza como hijo de un carpintero; que sabía lo que era tener hambre y estar sin hogar, porque nunca tuvo un hogar propio. Recordamos la pérdida y el dolor que sintió cuando murió su amigo Lázaro, y el rechazo y abandono que experimentó cuando más necesitaba a sus discípulos y ellos lo abandonaron. Recordamos que nunca cedió a los ofrecimientos de Satanás durante su tentación en el desierto. Sobre todo, recordamos el sufrimiento que experimentó por nosotros en la cruz. Porque conquistó la muerte y resucitó, sabemos que nuestros sufrimientos se acabarán. Un día nos despojaremos de nuestro pecado para siempre y nos uniremos a Él en la eternidad.

Cuando la vida es ajetreada, frenética y abrumadora, recordamos a nuestro Salvador. Debido a que estamos unidas a Cristo por la fe, Él es nuestra fuerza en todas las cosas. Nos sostiene con Su Palabra. Nos da gracia para resistir. Es nuestra paz en medio del caos. Debido a que hizo todo lo posible para rescatarnos y redimirnos del pecado, sabemos que Él está con nosotras en todo lo que nos suceda o enfrentemos a lo largo del día.

Cuando luchamos contra el pecado en nuestra vida, recordamos que tenemos un gran Salvador que llevó la vida que nosotras no podíamos vivir

De todas estas y otras formas, recordamos quién es Cristo y lo que hizo. Independientemente de lo que esté sucediendo en nuestras vidas como madres, el evangelio es válido para toda circunstancia; ya sea que lidiemos con nuestros hijos en el coche, lavemos los platos, paguemos las facturas o vayamos al trabajo. Es importante para nuestra vida. Tanto en las cosas grandes como en las pequeñas, determina quiénes somos.

Maneras de recordar el evangelio

¿De qué maneras prácticas podemos reforzar las verdades del evangelio?

1) Lee y estudia las Escrituras

La Biblia nos enseña ante todo sobre el evangelio. El Antiguo Testamento nos muestra nuestra necesidad de un Salvador, y el Nuevo Testamento nos explica quién es y lo que hizo por nosotros. Los Evangelios son una biografía de la vida de Jesús; hacen una crónica de Sus enseñanzas, sanidades y predicaciones. Las epístolas del Nuevo Testamento revelan el evangelio, su significado y su importancia para nuestras vidas. Leer y estudiar la Palabra de Dios nos ayuda a comprender mejor el evangelio y, por consiguiente, a amar más a nuestro Salvador.

2) Concéntrate en el evangelio

A lo largo del día, podemos concentrarnos en las verdades del evangelio. La manera de hacerlo es contrarrestar los pensamientos pecaminosos o descarriados con la verdad de quién es Jesús y lo que hizo. Respondemos a nuestros pensamientos con lo que hemos aprendido en la Palabra de Dios. Cuando nos sentimos abrumadas, preocupadas, contrariadas, etc., nos preguntamos: «¿Qué dice el evangelio sobre esto?». Cuando las tormentas de la vida arrecian sobre nosotras, ponemos nuestra mirada en Cristo: nuestra ancla y esperanza. Cuando nos sentimos tentadas a pecar, declaramos la verdad del evangelio y nos exhortamos.

3) Lee libros que resalten el evangelio

Muchos escritores piadosos resaltan a Cristo. Ya sea un libro de teología, un devocional o un libro sobre vida cristiana, cualquier libro que tenga sus raíces en el evangelio nos animará y exhortará a vivir el evangelio en nuestras vidas. Ningún libro puede sustituir la Palabra de Dios, pero leer otros libros puede ser útil como complemento.

4) Escucha canciones de adoración que hablen sobre el evangelio

Todas conocemos el poder que tiene la música para calmar nuestro corazón. Cuando escuchamos música que nos recuerda el evangelio, no podemos evitar adorar a nuestro Salvador. Esto es particularmente beneficioso cuando nos sentimos abrumadas por nuestras emociones. La música puede llegar a áreas de nuestro corazón a las que es difícil llegar de otra manera, y cuando la música exalta el nombre de Jesús y lo alaba por lo que hizo por nosotras, somos atraídas a su presencia con un corazón agradecido.

5) Declara el evangelio en oración

Si bien a las mamás les puede resultar difícil apartar un momento considerable para leer la Biblia todos los días, pueden orar en cualquier momento del día. La oración es algo que podemos hacer mientras vaciamos el lavavajillas, alimentamos a nuestro bebé o conducimos el automóvil (¡siempre y cuando lo hagamos con los ojos bien abiertos!). Y, mientras oramos, podemos declarar el evangelio.

Acércate a Dios. Clama a Él. Cuando lo hagas, recuerda todo lo que Él hizo por ti en Cristo

¿Cómo podemos hacerlo? No hay una fórmula para esto, pero, sea lo que sea por lo que estemos orando, podemos incluir el evangelio en nuestras oraciones y declarar lo que Jesús hizo mientras oramos. Podemos reforzar el evangelio en nuestra vida al orar. Después de todo, vamos a nuestro Padre en oración por lo que Cristo hizo. Gracias a su vida perfecta y su muerte en sacrificio, la barrera que se interponía entre nosotros y Dios se rompió. El velo literal del templo era un claro recordatorio de nuestra separación de Dios; pero, una vez que se consumó el sacrificio de Cristo, ese velo se rasgó en dos y desapareció la barrera.

¡Qué privilegio es poder ir al trono de Dios y poner nuestras oraciones a sus pies! ¡Qué increíble es que escuche nuestras oraciones! Y no solo eso, sino también que quiera que vayamos a Él.

Querida amiga, acércate a Dios. Clama a Él. Cuando lo hagas, recuerda todo lo que Él hizo por ti en Cristo.


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