¿Quién fue Mateo? | Preguntas bíblicas

Rechazado y desechado por la sociedad. Aceptado y escogido por Dios.

Cuando Pablo le escribe a los corintios su primera carta, les dice que “Dios ha escogido lo necio del mundo para avergonzar a los sabios; y Dios ha escogido lo débil del mundo para avergonzar a lo que es fuerte. También Dios ha escogido lo vil y despreciado del mundo: lo que no es, para anular lo que es, para que nadie se jacte delante de Dios” (1 Co. 1:27-29).

Estas palabras son una descripción del testimonio de todo creyente convertido a lo largo de la historia del cristianismo. Pero en ocasiones Dios nos regala la oportunidad de ver eso ilustrado en personas. Él nos sienta en primera fila para que disfrutemos la función y al final hagamos ovación y le demos a Él toda la gloria. 

La vida de Mateo es un ejemplo. Su nombre significa regalo de Jehová. Sin embargo, si hubieras vivido en su comunidad seguramente pensarías todo lo contrario.

Un marginado social escogido por Dios

Los evangelistas describen a Mateo (cuyo nombre hebreo era Leví hijo de Alfeo) como un publicano, o cobrador de impuestos. Su nombre aparece ocho veces en los evangelios y Hechos (Mt. 9:9, 10:3; Mr. 2:14, 15, 3:18; Lc. 5:27, 6:15; Hch 1:23).

Los cobradores de impuestos eran las personas más odiadas en toda la nación. Eran considerados menos que los herodianos (grupo de judíos leales a Herodes) y más dignos de burla que los soldados romanos de la ocupación. 

Un publicano tenía la tarea de colectar los impuestos a los judíos para entregarlos al imperio romano. Compraban al imperio el derecho de recolección para llenar las arcas de los romanos y, obviamente, también sus bolsillos. Bajo acuerdo con los romanos, los publicanos eran responsables de recoger los tributos hasta un monto establecido como legal (Mr. 12:13-17), y tenían el permiso de sacarle al pueblo más dinero de lo requerido.

La conversión de Mateo nos recuerda que la salvación le pertenece al Señor.

Por tanto, a los publicanos los consideraban traidores a la patria y explotadores de sus compatriotas. Como consecuencia, vivían apartados de la sociedad. Su oficio no les permitía ni siquiera tener libertad para adorar en el templo. Su camada eran las prostitutas y otros rechazados socialmente.

Imagina la vida de este tipo de personas: objetos de escarnio debido a su materialismo y abuso. Sin embargo, la historia de Mateo cambió drásticamente un día mientras se encontraba sentado en la oficina de los tributos. El propio Mateo lo relata de manera precisa: “Cuando Jesús se fue de allí, vio a un hombre llamado Mateo, sentado en la oficina de los tributos, y le dijo: ‘¡Ven tras Mí!’ Y levantándose, lo siguió” (Mt. 9:9).

El marginado social había sido escogido por el Dios que no discrimina sino que obra según el puro afecto de Su voluntad (Ef. 1:5). Cuando Jesús llamó a Mateo, el corazón de este hombre estaba preparado por el Espíritu para la salvación. ¡Qué testimonio! ¡Qué impresionante es el Dios que elige! Esto nos recuerda que la salvación le pertenece al Señor (Jon. 2:8). La gloria y el honor son su propiedad. Dios escogió lo que no es para deshacer lo que es.

Un hombre transformado que evangeliza

La conversión de Mateo no solo capta nuestra atención prontamente por lo conciso de la experiencia, sino también por el efecto que causó: “Leví [Mateo] le ofreció un gran banquete en su casa, y había un grupo grande de recaudadores de impuestos y de otros que estaban sentados a la mesa con ellos” (Lc. 5:29).

Lucas nos relata el banquete que Mateo, a raíz de su conversión, preparó para Jesús. Marcos 2:14-16 cuenta que la casa del evento era la del mismo Mateo, quien incluye en el banquete a otros recaudadores de impuestos y pecadores (Mr. 2:15).

Mateo experimentó algo que deseaba compartir. Este banquete fue una oportunidad de gran impacto causado por evangelio en una comunidad de pecadores, donde Jesús compartió su llamado al arrepentimiento (Lc. 5:31-32).

La humildad de un creyente

La vida de quien fuera parte de los doce nos deja un legado, pero no solo por la manera en que el poder de Dios se manifestó en su conversión. Luego de la ascensión de nuestro Señor, Mateo fue inspirado por el Espíritu para redactar uno de los Evangelios.

Mientras cumplimos con nuestra tarea, enfoquemos nuestra vista en Dios. Dejemos que Él sea el centro de nuestras vidas y no nosotros.

El autor del Evangelio que lleva su nombre se señala a sí mismo solo en dos ocasiones: en su llamamiento (9:9) y cuando comparte la lista de los doce discípulos (10:3).

Como parte de aquellos a quienes el Señor dio la responsabilidad de llevar a cabo la extensión de su evangelio, se esperaría más información de él mismo. Sin embargo, es notable la modestia y humildad de este hombre, el cual no centra su narrativa en sí mismo sino en Cristo y su ministerio.

En una época en que las redes sociales son la plataforma para la autopromoción, en estos tiempos de vanidad, Mateo nos ejemplifica que debemos enfocarnos en la gloria de Dios y no en nuestras propias “marcas” (comp. Pr. 27:2).

Al igual que Mateo, de quien la tradición cuenta fue martirizado en Etiopía, hemos recibido el regalo de la salvación y somos comisionados para llevar el evangelio a las naciones (Mt. 28:18-20). Mientras cumplimos con nuestra tarea, enfoquemos nuestra vista en Dios. Dejemos que Él sea el centro de nuestras vidas y no nosotros.


Imagen: Lightstock.
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