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¿Qué es lo que Dios exige en el sexto, el séptimo, y el octavo mandamiento?

El Catecismo de la Nueva Ciudad
Nota del editor: 

Este es un fragmento adaptado de El Catecismo de la Nueva Ciudad: La verdad de Dios para nuestras mentes y nuestros corazones (Poiema Publicaciones, 2018), editado por Collin Hansen. Puedes descargar una muestra gratuita visitando este enlace.

¿Qué es lo que Dios exige en el sexto, el séptimo, y el octavo mandamiento?

En el sexto, que no le hagamos daño, ni odiemos, ni seamos hostiles a nuestro prójimo, sino que seamos pacientes y pa­cíficos, tratando incluso a nuestros enemigos con amor. En el séptimo, que nos abstengamos de la inmoralidad sexual y viva­mos en pureza y fidelidad, ya sea en el matrimonio o en la sol­tería, evitando cualquier acción, mirada, palabra, pensamiento o deseo impuro, y cualquier cosa que conduzca a ellos. En el octavo, que no tomemos sin permiso lo que le pertenece a otro ni retengamos cualquier bien que pueda ser de beneficio para otro.

Romanos 13:9: “Porque los mandamientos que dicen: ‘No cometas adulte­rio’, ‘No mates’, ‘No robes’, ‘No codicies’, y todos los demás mandamientos, se resumen en este precepto: ‘Ama a tu prójimo como a ti mismo’” (NVI).

Los cristianos tienen la obligación de obedecer los Diez Man­damientos porque encontramos en ellos las leyes de Dios. Encontramos en la interpretación de Jesús contenida en el Sermón del Monte que los estándares de la ley son mucho más altos de lo que asumimos.

Si quebrantas los mandamientos es porque hay algo que estás valorando más que a Dios.

No se trata simplemente de no cometer adulterio, de no matar o de no robar. Jesús dice, al interpretar el sexto mandamiento, que si albergas amargura, si eres incapaz de perdonar a alguien, si llamas a una persona raca (es decir, si no lo consideras como una persona), entonces has asesinado a esa persona en tu corazón. También dice que si tienes lujuria en tu corazón estás quebrantando el séptimo mandamiento porque eso es adulterio. Si eres materialista y no eres radicalmente generoso, eres un codicioso. Así que Je­sús eleva el estándar de los mandamientos al más alto nivel.

Martín Lutero escribió que no puedes quebrantar los demás mandamientos sin antes quebrantar el primero. Es decir, si quebrantas los mandamientos es porque hay algo que estás valorando más que a Dios. Lutero también dijo que cuando hay una prohibición negativa en los Diez Mandamientos, se asume una implica­ción positiva.

Por tanto, cuando dice que no debes matar, también significa que debes amar radicalmente a los demás, incluyendo a tus prójimos y a tus enemigos. Y cuando dice que no debes adulterar, se asume que debes ser fiel a tu cón­yuge y reconocer la sexualidad como un hermoso regalo de Dios. Por tanto, si estás en una relación matrimonial, debes reconocer que es un pacto entre un hombre y una mujer. Cuando dice que no debes robar, se entiende que debes ser radicalmente generoso.

Estas son las responsabilidades del cristiano a la luz de los Diez Mandamientos. Pero el problema es que somos in­capaces de obedecerlos perfectamente. ¿Cómo resolveremos esta dificultad? Jesucristo es el segundo Adán, el verdadero Israel, la ca­beza y el representante de la iglesia que ha venido a cumplir perfectamente las obligaciones de la ley.

Ahora Su obedien­cia y Su justicia son nuestras, y Su Espíritu nos capacita para obedecer las obligaciones y las exigencias de la ley. Aunque no las obedeceremos perfectamente, sabemos que no sere­mos aplastados por la ley, y podemos tratar de obedecer la ley de Dios con confianza porque sabemos que Jesucristo ha cumplido perfectamente esos requerimientos por nosotros. Por tanto, podemos vivir sin miedo a ser rechazados por Dios debido a nuestra desobediencia o falta de obediencia perfecta. Sabemos que Jesucristo ha cumplido todas estas cosas, cumpliendo así todo lo que la ley exige de nosotros.

Oración. Fiel Pastor de nuestras almas, Tú nos creaste para vivir en esta tierra en amor y comunión, pero fallamos una y otra vez. Que Tu amor gobierne cada una de nuestras relaciones para que caminemos en pureza, desechando la lujuria y la codicia, para gloria de Tu nombre. Amén.


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