¿Qué es el evangelio?

¿Qué es el evangelio? Quizá no hay pregunta más fundamental que los cristianos, particularmente los evangélicos, podamos hacernos. Recientemente planteé esta pregunta en mi muro de Facebook y recibí una gran variedad de respuestas. Algunos me dijeron que el evangelio es “buenas noticias”, otros que el evangelio es “amor”, unos más que el evangelio es “Jesús murió por mis pecados”, y aun otros que el evangelio es “Jesús”. 

¿Por qué una variedad tan amplia de respuestas a una pregunta aparentemente sencilla y ciertamente elemental para la fe cristiana? Creo que el asunto radica en que entendemos de maneras diversas la misma pregunta. En realidad todas las respuestas que recibí son correctas y reflejan una parte del mensaje evangélico. Sin embargo, cada una de ellas contesta desde diferentes perspectivas. Por ello propongo tres formas de contestar esta pregunta que nos ayudarán a tener una comprensión más integral del término.

1. El evangelio es una buena noticia.

Cuando preguntamos “¿qué es?” acerca de cualquier cosa, lo hacemos de dos maneras distintas, por lo menos. En primer lugar, podemos estar preguntando qué tipo de cosa es. Y en segundo lugar, podemos estar preguntando cuál es el contenido. 

Por ejemplo, si yo pregunto: “¿Qué es un pastel?”, podría estar preguntando qué tipo de cosa es un pastel (es un alimento), o de qué está compuesto un pastel (de harina, betún, frutas, etc.). En este primer punto trataremos de contestar qué tipo de cosa es el evangelio.

La palabra evangelio proviene de un término griego que significa “buenas noticias”. Así, el evangelio es un anuncio, un mensaje, una noticia; de hecho, una muy buena noticia. Esa es la razón por la que no hablamos del evangelio como un objeto o algo tangible. Se trata de un mensaje de carácter urgente, bueno en su naturaleza y divino en su origen.

Ese es el tipo de cosa que es el evangelio: es una buena noticia.

2. El evangelio es Jesús.

Ahora bien, ¿cuál es el contenido del mensaje? ¿Cuál es la noticia que se nos proclama en el evangelio? 

Cuando el apóstol Pablo menciona por primera vez el evangelio en la carta a los Romanos, nos dice que el mensaje proviene de Dios (“el evangelio de Dios” en el v. 1) y que es:

“Es el mensaje acerca de Su Hijo, que nació de la descendencia de David según la carne, y que fue declarado Hijo de Dios con un acto de poder, conforme al Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos: nuestro Señor Jesucristo”, Romanos 1:3-4.

Después de esto, Pablo continúa describiendo su propio ministerio en términos del evangelio. Es importante observar que no hay ninguna mención del ser humano en esta descripción. Cuando de dar una síntesis del evangelio se trata, Pablo se enfoca en lo central y nos dice que el evangelio es acerca de Jesús. Todavía más, nos dice que es el mensaje de la persona y obra de Jesús el Hijo de Dios, particularmente en el período comprendido entre su nacimiento y su resurrección. 

Algo similar sucede en 1 Corintios 15, en donde Pablo presenta otro resumen del evangelio, y lo hace en los siguientes términos:

“Porque yo les entregué en primer lugar lo mismo que recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras”, 1 Corintios 15:3-4.

Una vez más es importante destacar que, aunque en este caso hay una mención del beneficio que el ser humano obtiene de la obra de Cristo (más de esto abajo), no obstante, el énfasis sigue siendo Jesús. Aquí Pablo enfatiza particularmente la muerte y resurrección de Jesús.

De manera que la buena noticia, el mensaje que se nos anuncia en el evangelio, es una persona: Jesús el Hijo de Dios. En el evangelio se nos anuncia quién es esa persona y qué es lo que ha hecho, principalmente en su encarnación, muerte, y resurrección. Jesús el Señor es la buena noticia, Él es el gran mensaje que proclamamos. Él es el contenido del evangelio. 

Consideremos, asimismo, las palabras de Jesús para describir el reino de Dios:

“El reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en el campo, que al encontrarlo un hombre, lo vuelve a esconder, y de alegría por ello, va, vende todo lo que tiene y compra aquel campo”, Mateo 13:44.

El reino que Jesús inaugura en las vidas de los hombres por medio del evangelio es un tesoro. Un tesoro tan valioso que vale la pena dejarlo todo para encontrar alegría solo en Él. Ese tesoro consiste en Cristo mismo. Él es el premio. Él es galardón.

El evangelio es una buena noticia, y esa buena noticia es una persona y lo que esa persona ha hecho. Jesús es el evangelio.

3. El evangelio es el poder de Dios para salvación.

Habiendo dicho lo anterior, la pregunta que resta es, ¿cómo se relaciona ese evangelio con nosotros? Si el evangelio es un mensaje que se le anuncia a los seres humanos, ¿qué beneficio obtenemos nosotros en él?

Pablo responde a esto en Romanos 1:16 cuando dice:

“Porque no me avergüenzo del evangelio, pues es el poder de Dios para la salvación de todo el que cree, del Judío primeramente y también del Griego”.

Así como el evangelio es una noticia, y su contenido es la Persona de Jesús, también es —a los seres humanos pecadores— el poder de Dios para salvación. Dios nos anuncia en el evangelio que la obra de Jesús es una obra de redención suficiente para cubrir la culpa por nuestros pecados, trasladarnos a su reino, y transformarnos en sus hijos amados. Dios se da a sí mismo en el evangelio a los hombres, en la persona de su Hijo, para venir y salvarnos gratuitamente de todo el mal que merecemos justamente.

Sin embargo, el evangelio nos anuncia que el beneficiarse de la obra salvífica de Dios en Cristo requiere del instrumento de la fe. Es por ello que en el versículo 17 de Romanos 1, Pablo dice: “Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: MAS EL JUSTO POR LA FE VIVIRA”. Dios requiere de los hombres que se vuelvan de su pecado y confíen en la persona y obra de Jesús a fin de que reciban todas las bendiciones que Él ha ganado, y que nos son anunciadas en el evangelio.

Cuando los hombres se arrepienten y creen en el evangelio, el reino de Dios es establecido en sus corazones. Ellos son librados de la ira y del poder del pecado, y Dios se entrona como Rey y Señor sobre sus vidas. Por eso Marcos describe así la proclamación de Jesús al inicio de su ministerio terrenal:

“Después que Juan había sido encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio de Dios. ‘El tiempo se ha cumplido’, decía, ‘y el reino de Dios se ha acercado; arrepiéntanse y crean en el evangelio’”, Marcos 1:14-15.

Entonces…

¿Qué es el evangelio? El evangelio es una buena noticia, la mejor noticia de todas. El evangelio es la persona y obra (particularmente la encarnación, muerte, y resurrección) de Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios. El evangelio es el poder de Dios para salvar pecadores, librándolos de las consecuencias eternas y del poder del pecado.

Jesucristo es el centro de este mensaje. Él es el origen y el fin de esta buena noticia. Es por él y para su gloria que proclamamos el evangelio. Y de manera extraordinaria se nos ofrece la maravillosa bendición de conocer a este Jesús cuando escuchamos, entendemos, y creemos este evangelio. 

¡Gracias a Dios por tan grande noticia!


La buena noticia del evangelio es el centro del ministerio cristiano, y una correcta comprensión de sus implicaciones ministeriales nos capacitará para ser siervos más fieles y fructíferos para el Señor. Acompáñanos del 2 al 4 de agosto en la conferencia Fieles a Su Llamado 2017 titulada: “El ministerio del evangelio”, que se llevará a cabo en la Iglesia Gracia Soberana de Cd. Juárez, Chihuahua, México. Contaremos con la participación de Miguel Nuñez, Jeff Purswell, Luis Méndez, Bob Kauflin y Carlos Contreras. Conoce más información en http://www.fielesasullamado.com

Imagen: Lightstock
Compartir
CARGAR MÁS
Cargando