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Nuestras culturas latinoamericanas tienen una fuerte dosis de superstición sincretizada con religiosidad popular que cree en fantasmas y otras apariciones de ultratumba, y los cristianos necesitamos tener discernimiento al respecto.

Esto no es algo nuevo, pues ya en el Antiguo Testamento, Dios eligió un pueblo para que fuese diferente a las naciones vecinas. Debido al misticismo, politeísmo, y tradiciones de los pueblos circundantes, existía en ellos la tendencia a la superstición.[1] Hoy se dice que un fantasma es la “imagen de una persona muerta que, según algunos, se aparece a los vivos” (DRAE), y este es el concepto que también creyeron las naciones que mencionan las Escrituras.

El vocablo fantasma aparece en algunos pasajes de la Biblia que consideraremos aquí, detallando cómo la Palabra nos muestra que los fantasmas no existen. La Biblia es el antídoto para la intoxicación que lleva a creer en supersticiones.

1) La adivina de Endor no vio un fantasma (1 S. 28:7-19)

Para hablar sobre fantasmas, algunos citan la historia en la que Saúl pidió a una adivina que hiciera subir del mundo de los muertos al profeta Samuel. Al examinar este pasaje difícil, no podemos llamar “fantasma” a Samuel pensando que era un alma en pena que pretendía asustar a los vivos, sino que apareció —una sola vez— como resultado de una invocación.

Algunos intérpretes afirman que el ser llamado por la adivina era un demonio o cualquier otro fantasma, y no Samuel. Sin embargo, muchos exégetas coinciden en que Dios sí permitió la aparición de Samuel para que profetizara a Saúl su fin desastroso, castigando su pecado de nigromancia, y que esto fue solo una ocasión especial en la Escritura.[2]

2) A Elifaz no se le apareció un fantasma (Job 4:16)

En el libro de Job, Elifaz narra cómo un ser se le apareció, al cual llama ruach “espíritu” en el verso 15 y nombra mareh en el verso 16, traducido “fantasma” por la Reina Valera de 1960 (LBLA “figura”; NVI “silueta”). La palabra mareh también se traduce como “figura” (Éx. 20:4; Dt. 4:15; 5:8).[3] La Reina Valera Actualizada (2015) ya no traduce fantasma sino imagen en Job 4:16.

Sin embargo, Elifaz no está describiendo un fantasma. Ruach nunca tiene este significado en el Antiguo Testamento.[4] Por esta razón, mareh no significa fantasma en este contexto. Esto lo confirmamos con el mensaje que este ser le dio a Elifaz por medio de dos preguntas: “¿Es el mortal justo delante de Dios? ¿Es el hombre puro delante de su Hacedor?” (Job 4:17). Luis Alonso Schökel, Walter Roehrs,[5] y otros expertos piensan que el viento suave y misterioso —descrito en Job 4:15-16— del que habló Elifaz es la presencia de Dios o uno de sus mensajeros. Esta escena nos recuerda la visión de Elías en 1 Reyes 19:12.[6]

3) La voz de fantasma en Isaías significa “debilidad” (Is. 29:4)

Isaías 29 inicia con lamentos sobre Ariel (Jerusalén). Este nombre es irónico porque significa “El león (Ari) de Dios (El)”, lo que implica fuerza y realeza. Sin embargo, el resultado del asedio a Jerusalén (Ariel) sería humillación y postración (v. 4). La voz de los héroes de Judá, estridente como el rugido de un león, subirá de la tierra como la de un fantasma (heb. ôb) o un evocador de espíritus, que es una traducción alternativa para ôb[7] (v. 4b).[8] En otras palabras, su voz quedará apagada, débil, como un susurro, acallada ante el poderío del rey de Asiria (cp. 36:11–14).[9]

4) Los discípulos de Jesús no vieron un fantasma (Mt. 14:26)

La palabra “fantasma” llegó al español tal como se dice en griego y significa manifestar, aparecer, o espectro.[10] Los Evangelios narran que en el mar de Galilea los discípulos confundieron a Jesús con un fantasma y sintieron pánico (Mt. 14:26; Mr. 6:49; Jn. 6:19). La creencia en fantasmas era común a nivel popular en la antigüedad, aun cuando contradecía las enseñanzas judías sobre la resurrección de entre los muertos.[11]

La Biblia no apoya la creencia en los fantasmas

Además de lo mencionado hasta ahora, la Biblia enseña que mientras los cuerpos están en la tumba, las almas de los creyentes van de inmediato a la presencia del Señor, y las almas de los inconversos que mueren van a un lugar de castigo y separación eterna de la presencia de Dios (2 Co. 5:6, 8; Fil. 1:23; Lc. 23:43).[12] Las Escrituras afirman: “Y así como está decretado que los hombres mueran una sola vez, y después de esto, el juicio” (Heb. 9:27).

Sin embargo, sabemos que Satanás y sus demonios se pueden manifestar para engañar. Por eso necesitamos conocer lo que la Biblia enseña sobre los ángeles y demonios, para no darles más importancia de la que debemos (Mt. 8:16; Mr. 7:26; Hch. 5:16).

Recuerda que lo que hay en tu mente y tu corazón a menudo se ve reflejado en lo que te rodea, celebras, y promueves. Por eso debemos evaluar toda creencia cultural con el consejo bíblico para traer todo pensamiento a Cristo (2 Co. 10:5). Hablemos la verdad del evangelio para que Cristo libere a las personas del mundo de las tinieblas y su influencia.


[1] En el Targum (documento de interpretación judía) estas creencias populares se desarrollan como parte de la demonología extranjera. Los espectros son clasificados como nocturnos, diurnos y de atardecer (Targum de Cantares 4:9). En Alfonso Ropero, “Especto”, Gran diccionario enciclopédico de la Biblia (Barcelona: Editorial Clíe, 2014) p. 1365.
[2] Entre los que apoyan esta perspectiva están: Kail & Delitzsch, en su comentario al texto hebreo del Antiguo Testamento; el Comentario Bíblico Mundo Hispano; J. B. Chapman, en el Comentario Beacon; William McDonald; José Luis Sicre; y Luis Alonso Schökel.
[3] Biblia hebraica Stuttgartensia, Editio quinta (Alemania: Deutsche Bibelgesellschaft, 1997) p. 1231.
[4] Alfonso Ropero, “Especto”, Gran diccionario enciclopédico de la Biblia (Barcelona: Editorial Clíe, 2014) p. 1365.
[5] Walter Roehrs, Comentario bíblico Concordia (Missouri: Editorial Concordia, 2004) p. 675.
[6] Luis Alonso Schökel, Job: Los libros sagrados, volumen III (Madrid: Ediciones Cristiandad, 1971) p. 38.
[7] La palabra hebrea ôb también puede significar: “espíritu de la muerte”.
[8] Jamieson, Fausset, Brown, Comentario exegético y explicativo de la Biblia: Tomo I, El Antiguo Testamento (El Paso, Texas: Casa Bautista de Publicaciones, 2003) p. 693.
[9] Comentario Bíblico Mundo Hispano, tomo X, Isaías (El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano, 1993) p. 107.
[10] Elsa Tamez L., Irene de Foulkes, “fantasma”, Diccionario conciso griego-español del Nuevo Testamento (Stuttgart, Alemania: German Bible Society, s.f.) p. 189.
[11] Craig S. Keener, Comentario del contexto cultural de la Biblia: Nuevo Testamento (El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano, 2003) 81.
[12] Wayne Grudem, Doctrina bíblica (Miami, Florida: Editorial Vida, 2005) p. 352, 355.
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