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Nota del editor: 

Este es un fragmento adaptado de El Catecismo de la Nueva Ciudad: La verdad de Dios para nuestras mentes y nuestros corazones (Poiema Publicaciones, 2018), editado por Collin Hansen. Puedes descargar una muestra gratuita visitando este enlace.

¿Qué creemos mediante la fe verdadera?

Todo lo que nos enseña el evangelio. El Credo de los Apóstoles expresa lo que creemos con estas palabras: Creemos en Dios el Padre Todopoderoso, Creador del cielo y la tierra; y en Jesucristo su único Hijo, Señor nuestro, quien fue concebido por el Espíritu Santo, nacido de la virgen María, sufrió bajo Poncio Pilato, fue crucificado, murió y fue sepultado. Él descendió al infierno. Al tercer día resucitó de los muertos. Ascendió al cielo y está sentado a la diestra de Dios el Padre Todopoderoso; de ahí vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos. Creemos en el Espíritu Santo, la santa iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de pecados, la resurrección del cuerpo y la vida eterna.

Judas 3: “Queridos hermanos, he deseado intensamente escribirles acerca de la salvación que tenemos en común, y ahora siento la necesidad de hacerlo para rogarles que sigan luchando vigorosamente por la fe encomendada una vez por todas a los santos” (NVI).

“Creemos en Dios el Padre Todopoderoso, Creador del cielo y la tierra”. Así comienza lo que es conocido universalmente como el Credo de los Apóstoles. Estrictamente hablando, no fue formulado por los apóstoles. Emergió en el segundo siglo. Pero es llamado Credo de los Apóstoles porque lo que se dice en el credo refleja la doctrina de los apóstoles, la doctrina del Nuevo Testamento de una forma resumida. Es una confesión cristiana primitiva. Pero es tan primitiva, y ha sido tan ampliamente utilizada en las denominaciones cristianas alrededor del mundo, que es una de las pocas cosas que unen a todos los cristianos en una creencia común.

Si lo lees despacio y con cuidado, verás que menciona explícitamente al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, la creación, el nacimiento virginal, la venida de Cristo, su resurrección, quiénes son los cristianos, lo que significa tener al Espíritu Santo obrando en nuestro interior, etc. Todo en un muy pequeño conjunto de palabras que millones y millones de cristianos han memorizado, o recitado cada domingo, o usado ocasionalmente como parte de sus devocionales personales.

Es importante recordar que los credos son moldeados, al menos en parte, por la época en que son formulados, no porque la Biblia cambie, sino porque las preguntas que hacemos sobre la Biblia cambian un poquito de una época a la otra. Por ejemplo, otros credos que fueron hechos en el tiempo de la Reforma en el siglo dieciséis tienen preguntas y respuestas que son algo diferentes.

Pero el Credo de los Apóstoles se recita con regularidad entre los cristianos en todo el mundo porque fue escrito tan temprano en la historia que fue utilizado mucho antes de todas las divisiones doctrinales más modernas. Y es por esto que logra resumir tan bien el evangelio en unas pocas frases.

En cierto sentido, fue un intento que se hizo en el segundo siglo de recapitular lo que leemos, por ejemplo, en los primeros versículos de 1 Corintios 15, que en sí mismo es un credo muy simple. “¿Qué es el evangelio?”, pregunta Pablo. Bueno, primero, Cristo murió por nuestros pecados de acuerdo a las Escrituras, y después sigue añadiendo y añadiendo y añadiendo cosas hasta que tenemos un resumen de las buenas nuevas —que Dios en la plenitud del tiempo envió a Su Hijo a morir en la cruz, a resucitar de los muertos y a tomar para Sí mismo un gran número de personas que Pablo llama la nueva humanidad.

Así que, cuando te reúnes para alabar públicamente en el día del Señor y recitas el credo, recuerda que detrás de esas palabras se encuentran dos mil años de historia cristiana. El credo sirve para unir a los cristianos a través de las culturas, los idiomas, el tiempo y el espacio mientras juntos decimos que creemos en Dios el Padre Todopoderoso, Creador del cielo y la tierra.

Oración: Creador del cielo y la tierra, permite que las asombrosas declaraciones de nuestra fe sean vivificadas en nosotros. No permitas que nos divorciemos de la verdad teológica de la historia de nuestra salvación, la cual ocurrió en el tiempo y en el espacio. No nos dejes vagar en incredulidad, sino llévanos a descansar en la verdad de que Tú resucitaste de los muertos. Amén.


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