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Nota del editor: El pastor John Piper recibe preguntas de algunos de sus oyentes de su programa: Ask Pastor John. A continuación está su respuesta a una de esas preguntas.


Una mujer de los Emiratos Árabes Unidos, quien desea permanecer en el anonimato, escribe la pregunta: “Estimado Pastor John, ¿qué significa en Éxodo 20:5 que Dios visita la maldad de los padres sobre los hijos? ¿Se refiere a los ‘pecados generacionales’ o ‘maldiciones generacionales’? ¿Cómo se relaciona este principio con nosotros y nuestros hijos quienes estamos bajo el Nuevo Pacto? ¿Pueden mis hijos de alguna manera ser castigados por mis propios pecados?”

Supongo que deberíamos traer los textos pertinentes ante nosotros, incluyendo el que ella mencionó.

Éxodo 20:5-6 “Porque Yo, el Señor tu Dios, soy Dios celoso, que castigo la iniquidad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que Me aborrecen, y muestro misericordia a millares, a los que Me aman y guardan Mis mandamientos”.

Éxodo 34:6-7 “El Señor, el Señor, Dios compasivo y clemente, lento para la ira y abundante en misericordia y verdad (fidelidad); que guarda misericordia a millares, el que perdona la iniquidad, la transgresión y el pecado, y que no tendrá por inocente al culpable; que castiga la iniquidad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos hasta la tercera y cuarta generación”.

Levítico 26:39 “Así que los que sobrevivan de ustedes se pudrirán a causa de su iniquidad en la tierra de sus enemigos; también a causa de las iniquidades de sus antepasados se pudrirán junto con ellos”.

Sin embargo, hay otros textos, que son absolutamente cruciales para la explicación de lo que la Biblia significa en los primeros textos.

Deuteronomio 24:16 “Los padres no morirán por sus hijos, ni los hijos morirán por sus padres; cada uno morirá por su propio pecado”.

2 Reyes 14:6  “Pero a los hijos de los asesinos no les dio muerte, conforme a lo que está escrito en el Libro de la Ley de Moisés, tal como el Señor ordenó, diciendo: No se dará muerte a los padres por causa de los hijos, ni se dará muerte a los hijos por causa de los padres, sino que a cada uno se le dará muerte por su propio pecado”.

Ezequiel 18:20 “El alma que peque, ésa morirá. El hijo no cargará con la iniquidad del padre, ni el padre cargará con la iniquidad del hijo. La justicia del justo será sobre él y la maldad del impío será sobre él”.

Así que ahí tienen, dos grupos de textos que son ambos verdaderos, inspirados por Dios, y los dos infalibles. ¿Cómo encajan juntos? ¿Y qué podemos aprender acerca del llamado pecado generacional? Aquí están mis observaciones:

En primer lugar, los pecados de los padres son castigados en los hijos a través de convertirse en el propio pecado de los hijos. Eso es realmente crucial. Aquí está el texto clave: Éxodo 20:5, “Porque Yo, el Señor tu Dios, soy Dios celoso, que castigo la iniquidad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que Me aborrecen”. En otras palabras, el odio de Dios es la encarnación de lo que era el problema del padre.

No se nos dice cómo los pecados del padre se convirtieron en los pecados de los hijos. Eso es una cosa misteriosa que queda en la mente de Dios. ¡Pero lo hacen! Lo que nos dice es que cuando los pecados del padre son visitados sobre los hijos es porque los niños se han convertido en pecadores como los padres. Los pecados del padre son los pecados de los hijos. Así que nunca ningún niño inocente ha sido castigado por los pecados de un padre; solo los hijos culpables son castigados y son culpables de los mismos pecados de los que sus padres pecaron. Esa es la primera observación.

En segundo lugar, por la gracia de Dios, que es, por supuesto, finalmente asegurada para nosotros por Jesús en la cruz, los hijos pueden confesar sus propios pecados y los pecados de sus padres y ser perdonados y aceptados por Dios. Nadie está atrapado en los pecados de su padre o incluso en sus propios pecados. Ya hemos visto que en el Antiguo Testamento. Levítico 26:40-42, “Si confiesan su iniquidad y la iniquidad de sus antepasados…o si su corazón incircunciso se humilla, y reconocen sus iniquidades, entonces Me acordaré de Mi pacto con Jacob”.

Así que nadie en el Antiguo Testamento o el Nuevo Testamento, bajo el Nuevo Pacto, está atrapado o atado bajo una maldición inquebrantable debido a algo que los padres hicieron, o que ellos hicieron. Las preciosas palabras de Éxodo 34:6-7 no se anulan por la migración generacional del pecado. Dice: “Entonces pasó el Señor por delante de él y proclamó: “El Señor, el Señor, Dios compasivo y clemente, lento para la ira y abundante en misericordia y verdad (fidelidad); que guarda misericordia a millares”—y luego, como para esclarecer, da tres palabras— “el que perdona la iniquidad, la transgresión y el pecado”. Quiero decir que no puede llegar más claro al centro de la ley mosaica que “de generación en generación” Dios perdona los pecados de aquellos que se arrepienten. La sangre de Jesús conquista todo pecado y juicio para los que creen. Y se obtiene una hermosa declaración arrolladora en Hechos 10:43: “De Él dan testimonio todos los profetas, de que por Su nombre, todo el que cree en Él recibe el perdón de los pecados”. Así que nadie está atrapado en el pecado de nadie a causa de la cruz.

En cuarto lugar, nadie que tiene un hijo que va mal y deja el camino de la justicia debe sentir que es todo culpa suya. Ezequiel 18:20, “El alma que peque, ésa morirá. El hijo no cargará con la iniquidad del padre, ni el padre cargará con la iniquidad del hijo”. En otras palabras, hay responsabilidades reales en los corazones de nuestros hijos y no seremos culpables debido a la culpa de nuestros hijos si nos ocupamos, por supuesto, con nuestros propios pecados. Esto significa que no puedes paralizarte por el pensamiento de culpa, “Supongo que los problemas de mis hijos son todos debido a mí”.

Por último, cuando se trata de maldiciones generacionales, los cristianos deben echar mano de Gálatas 3:13, “Cristo nos redimió de la maldición de la Ley, habiéndose hecho maldición por nosotros, porque escrito está: Maldito todo el que cuelga de un madero”. Cristo ha pagado todas las deudas y roto todas las maldiciones. La clave es creer eso y ponerlo en práctica. La sangre de Cristo cubre todas las maldiciones.

Recuerdo que fui al hospital una noche de víspera de Año Nuevo, cuando la tercera angustia y tragedia había entrado en una de las familias jóvenes de nuestras vidas. Y se preguntaban, “¿Qué tan mal se puede llegar a poner esto?”. Y el padre me llevó al pasillo fuera de la sala en donde su hijo estaba muriendo, y me preguntó: “Pastor John, ¿Puede un cristiano estar bajo una maldición? Yo no conozco ninguna explicación de por qué tantas cosas malas suceden a mí”. Y yo dije: “Esta noche puedes estar libre de cualquier tipo de maldición, de la ley de Dios, o vudú o cualquier maleficio, porque Cristo llevó toda maldición por ti (Gálatas 3:13)”. Eso le trajo un gran consuelo, y ellos se abrieron paso en medio de esa situación de una manera maravillosa.


Imagen tomada de Lightstock

Publicado originalmente en Desiring God. Traducido por Eri Miranda.
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