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Hazte estas cinco preguntas a la hora de tomar decisiones

10 consejos para tomar decisiones sabias

Nota del editor: 

Este es un fragmento adaptado del libro Un año de cambios: un devocional centrado en disfrutar a Dios (Ministerio Cambios Profundos, 2021), por Nicolás Tranchini.

En un artículo anterior compartí sobre un principio bíblico importante al tomar decisiones: Haz de Dios tu mayor tesoro. Ahora quisiera dejarte cinco preguntas que te ayudarán a poner en práctica este principio cuando debas tomar una decisión.

1. ¿Estoy disfrutando a Dios?

Lo primero es que Dios sea lo primero. Debemos reconocer que el corazón nunca se queda en neutro: si no estoy disfrutando a Dios, estoy disfrutando de otra cosa. Si estoy disfrutando de otra cosa (de mi ídolo favorito, más probablemente) entonces mis decisiones estarán filtradas por el deseo de perpetuar y aumentar ese disfrute que promete llenar mi corazón vacío.

Tú y yo deseamos aquello que promete llenarnos y completarnos. Podría ser un trabajo nuevo, una casa más bonita, un noviazgo o cualquier otra oferta de vida que se vea atractiva. ¿Cómo evaluar si algo nos conviene? ¿Cómo darnos cuenta si tiene el potencial de convertirse en un sustituto de Dios? ¡Estando satisfechos en Él!

Déjame ilustrar lo que quiero decir. ¿Bajo cuáles circunstancias comerías un alimento podrido o en malas condiciones y que sabes que te hará mal? Solo lo harías ¡si estuvieses terriblemente hambriento! Por ejemplo, encerrado en un campo de concentración o abandonado en una isla desierta.

Si nuestra relación diaria con Dios es casi inexistente, no podemos pretender usarlo como un astrólogo para que nos revele el futuro

De la misma manera, elegimos lo que no nos conviene cuando estamos hambrientos y vacíos. La clave es considerar si Dios está en la cúspide de mi corazón al momento de tomar una decisión.

2. ¿Cómo se encuentra mi vida espiritual?

Imagina que en los últimos años desarrollas una vida sedentaria y caes en el hábito de alimentarte con comida chatarra. Entonces un amigo te invita a correr una maratón. ¿Estarías en condiciones de afrontar el desafío? La respuesta es obvia, ¿verdad? Has llevado un estilo de vida incongruente con el desafío que se te presenta y eso te impedirá estar a la altura.

Algo similar sucede con nuestra vida espiritual. Si estamos desvinculados de Dios y nuestra relación diaria con Él es casi inexistente, no podemos pretender usarlo como un astrólogo para que nos revele el futuro, como pretendía hacer Saúl (1 S 28:5-7). Dios no es un adivino con una bola de cristal a quien yo puedo visitar cuando me apetece.

Debo considerar mi relación con Dios al tomar una decisión: ¿Cómo se encuentra mi vida de oración? ¿Y mis tiempos diarios de estudiar Su Palabra? ¿Puedo decir que tengo una comunión genuina y vital con Cristo? Si la respuesta es «no», necesito buscar intimidad con Él.

Cuanto más conozco y amo a Dios, más fácil me resulta saber qué es lo que quiere. Recuerda las palabras de Jesús: «El que tiene mis mandamientos y los guarda, ese es el que me ama; y el que me ama será amado por mi Padre; y yo lo amaré y me manifestaré a él» (Jn 14:21).

3. ¿Estoy desobedeciendo a Dios en otra área?

Otra forma de hacer esta pregunta es: ¿Estoy buscando la guía de Dios en un área, pero desoyendo Su voz en otra? Aunque nos cueste admitirlo, caer en este tipo de contradicción es muy común.

Debo reflexionar si hay algo que Dios ya me ha mostrado que debo hacer o cambiar, pero me estoy retrasando en cumplirlo o simplemente me estoy negando a obedecer.

Antes de buscar la voluntad de Dios para el futuro necesito estar viviendo Su voluntad en el presente

Es como la pareja de novios que está activa sexualmente y le pide a Dios que confirme o guíe su relación. ¿Puedes ver la incongruencia? Deseo que Dios me revele Su voluntad y al mismo tiempo estoy desobedeciendo Su voluntad revelada (1 Tes 4:3). Antes de buscar la voluntad de Dios para el futuro necesito estar viviendo Su voluntad en el presente. De otra forma, sería un completo autoengaño.

4. ¿Por qué estoy eligiendo «esto»?

Dios examina el corazón (1 S 16:7b) y nosotros también deberíamos examinar el nuestro. No puedo tomar una decisión para Dios a menos que mi corazón le pertenezca.

Es llamativo cómo los apóstoles buscaron la dirección de Dios para elegir un sustituto de Judas. En primer lugar, examinaron las Escrituras (Hch 1:20); luego presentaron dos candidatos (v. 23) y finalmente oraron: «Tú, Señor, que conoces el corazón de todos, muéstranos a cuál de estos dos has escogido» (v. 24).

La cuestión más importante para los apóstoles fue el estado del corazón y por eso oraron. Cuando estés por tomar una decisión, es esencial que medites en las motivaciones de tu corazón.

5. ¿Puedo demostrar amor a Dios al hacer «esto»?

Otras formas de hacer esta pregunta pueden ser: Tal decisión ¿me puede alejar de Dios? ¿Tiene el potencial de impedir que ponga a Dios en primer lugar? ¿Conviene para mi vida espiritual?

Cuando mi amor por Dios supera mi amor por todo lo demás y Él es mi mayor tesoro, puedo estar feliz con cualquier cosa

Como Pablo escribió: «Todo es lícito, pero no todo es de provecho. Todo es lícito, pero no todo edifica» (1 Co 10:23). En otras palabras, puede que haya elecciones que no sean malas en sí mismas, pero puede que sean malas para mí. Tal como lo pone otra traducción: «Algunos de ustedes dicen: “Yo soy libre de hacer lo que quiera”. ¡Claro que sí! Pero no todo lo que uno quiere, conviene; ni todo fortalece la vida cristiana» (TLA).

Por ejemplo, si luchas con estar soltero o soltera, deberías considerar si te conviene ir a tomar un café y abrir tu corazón con la persona que te invitó. ¿Tiene algo de malo? No. Pero ¿te conviene? 

Me excedí un poco, ¿verdad? Después de todo, ¡nadie se hace esas preguntas! Pero si eres alguien que de verdad quiere amar a Dios, deberías considerarlas.

Un bonus final. ¿Sabes cuál es un buen termómetro para saber si estoy amando a Dios al tomar una decisión? Cuando el aprecio de Su amor por mí me conmueve de tal manera que me lleva a decir con sinceridad: «Sin importar los resultados de la decisión, tengo todo lo que necesito, lo tengo a Él».

En otras palabras, cuando mi amor por Dios supera mi amor por todo lo demás y Él es mi mayor tesoro, entonces puedo estar feliz con cualquier cosa.

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