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Con la muerte de Lázaro, el dolor había entrado en la familia.

Marta, María, y Lázaro eran amigos íntimos de Jesús. No solo eran sus discípulos, sino que formaban parte de su círculo más cercano. De hecho, cuando Marta y María enviaron a algunos a informar a Jesús de la enfermedad de Lázaro, estos le dijeron: “aquel al que amas está enfermo” (Jn 11:3). Por su omnisciencia, Jesús sabía de quién se trataba.

Lázaro corría peligro a causa de su enfermedad. Hoy estamos convencidos de que, si Jesús hubiese estado presente, las cosas hubieran sido distintas (Jn 11:21). Ni siquiera era necesario que Jesús fuera al lugar donde se encontraba Lázaro, ya que Jesús sanó en varias ocasiones a la distancia (Lc 7:1-10; Jn 4:43-54). Sin embargo, el relato bíblico afirma que “cuando [Jesús] oyó que Lázaro estaba enfermo, entonces se quedó dos días más en el lugar donde estaba” (Jn 11:6).

Jesús sabía que Lázaro iba a morir y, debido a que tenía propósitos divinos, no hizo nada de lo que Lázaro y su familia esperaban. Jesús postergó un milagro de sanidad por un milagro de resurrección para que fuera evidente a todos el poder incomparable de Dios. Aunque un día Lázaro volvería a morir, Jesús sabía que en aquel momento el propósito de esta enfermedad era traer gloria a Dios, afianzar la fe de sus discípulos y también que algunos judíos creyeran en Él (Jn 11:4, 14-15, 45).

Los hijos de Dios no estamos exentos de enfermedades. A través de las historias de dolor como esta, Dios muestra quién es Él y afianza nuestra fe. Dios utiliza el sufrimiento para traer gloria a su nombre y beneficios a su pueblo (Ro 8:28). En ocasiones, los creyentes caemos en el error de cuestionar el amor de Dios al enfrentar situaciones difíciles, pero su amor no se mide de acuerdo a las circunstancias, sino de acuerdo con sus propósitos que tienen como base lo que Él ha hecho por nosotros en la cruz de Cristo.

En Cristo tenemos la esperanza de que nada nos podrá separar de Él, incluso en las peores tribulaciones (Ro 8:35). Cuando pienses que no hay esperanza, recuerda esta historia. Jesús nos ama y tiene el poder para librarnos de la enfermedad, y si Él decide no hacerlo es porque hará algo más para bendecirnos conforme con sus propósitos y especialmente para su gloria.

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