¿Por qué decir que la iglesia hispana está enferma?

La respuesta se ve venir a leguas. Cuando alguien dice que la Iglesia Latinoamericana está enferma, o que no conoce el evangelio correctamente, de inmediato se encienden los comentarios. Muchos dicen amén, y cuentan acerca de sus propias experiencias en diversas iglesias. Otros tantos piden más claridad: no entienden bien qué se quiere decir. Y luego hay otro grupo que se muestra en franca oposición a esta idea, usualmente aludiendo a que eso no es más que la opinión de algunos reformados, influenciados por los gringos. 

Desde el inicio, debemos reconocer la labor que por más de un siglo han hecho pastores hispanos y misioneros de otras tierras, principalmente Estados Unidos, por proclamar el evangelio en la tierra de los latinos. Y por eso puedo entender el deseo de este tercer grupo de reconocer el trabajo de estos hombres y mujeres de Dios de antaño y de hoy. Bendito sea Dios que nunca nos ha dejado solos.

A la vez, decir que la iglesia hispana es una iglesia sana –donde el tambor mayor es el del evangelio de la prosperidad, el animismo hace cruzadas diariamente, y el legalismo abunda por doquier– es, en mi opinión y la de muchos, muchos otros, una muestra de no entender correctamente la eclesiología bíblica, o de no conocer el estado de la iglesia.

Ya que el primer paso para el cambio es reconocer el problema, escribo este artículo orando que de alguna manera sirva para aclarar los términos, y para ayudarnos a luchar juntos por la salud de una iglesia que tanto amamos.

¿Por qué llamarle enferma?

Para poder evitar malentendidos en nuestro lenguaje, me parece importante dejar claro lo que no se quiere decir cuando hablamos de una iglesia enferma.

Lo primero que hay que aclarar (y tal vez lo que ha traído más roce) es que una iglesia de doctrina “reformada” o calvinista no es necesariamente una iglesia sana, al igual que una iglesia arminiana no es necesariamente una iglesia enferma. La historia de la iglesia y un vistazo por las redes sociales muestran claramente que hay muchos calvinistas y muchos arminianos que no representan la imagen de una iglesia sana y redimida. Siendo calvinista, sirviendo en una iglesia calvinista, y laborando en una organización de corte calvinista, soy el primero en admitir que he aprendido y continuaré aprendiendo de muchos hermanos arminianos que han servido fielmente en sus congregaciones por docenas de años.1

Lo segundo que debemos aclarar es que una iglesia enferma no significa una iglesia muerta. La iglesia de Corinto tenía serias deficiencias en sus prácticas, y la de Galacia estaba jugando con su misma salvación al poner en juego el evangelio, y sin embargo el apóstol se refiere a estas congregaciones como lo que son: iglesias. Cuando decimos que la iglesia hispana está enferma, estamos diciendo que, por poner un ejemplo, le duele la cabeza, tiene fiebre, tos, y letargo general. Pero eso no quiere decir que no le funcionen los brazos y pies.

Lo tercero que es importante clarificar es que, por la gracia de Dios, sí hay muchas iglesias sanas, y cada vez más están siendo plantadas en América Latina. Además, dentro de iglesias enfermas hay muchos creyentes que están creciendo en santidad, sirviendo con fidelidad, y conociendo más y más al Dios de la Biblia. Pero una anécdota puede ayudar. Hace unos años estaba en Ciudad de México con unos hermanos de un grupo de iglesias que predican el evangelio. Les preguntaba cómo veía el avance del evangelio en esa ciudad y cuántas iglesias sanas conocían. El hermano que organizaba la reunión, con cierto brillo en su rostro, me dijo que se sentía muy animado por nuevos acontecimientos, y que ya tenían una hermandad de unas 20 iglesias en la ciudad. Yo, sin ningún tipo de sarcasmo, le respondí: “Bueno, ya tienen una iglesia por cada millón de personas, más o menos”. Y su cara perdió un poco del brillo. Si este número es siquiera cercano a la realidad2, podemos hablar de una iglesia enferma.

Por último, de ninguna manera queremos dejar ver que la iglesia estadounidense o alguna otra es la iglesia perfecta a la que debemos apuntar. La iglesia completamente sana solo la encontramos en las bodas del cordero, y será solo porque ha sido lavada por la sangre de Cristo. Lo que caracteriza a una iglesia sana es cuánto se somete a la Escritura, no a una cultura. A la vez, no podemos negar cómo desde su fundación por puritanos, la iglesia estadounidense inició en un lugar mejor que donde iniciamos nosotros. Desde el inicio y hasta hoy, muchas de nuestras iglesias nuevas no son más que divisiones de otras iglesias, plantadas por orgullo. Y no todos los misioneros que iniciaron obras en los inicios del evangelio en Latinoamérica, aun teniendo buenas intenciones, pasaron por procesos correctos de entrenamiento para misiones transculturales, y por los sistemas correctos de rendición de cuentas.3

Las características de una iglesia sana

No creo que yo sea la persona calificada para resumir lo que sí es una iglesia. Cristo la definió en su Palabra, y hay ministerios completos y conferencias dedicadas a hacer lo mismo. Creo que el mínimo común denominador de un cristiano y una iglesia están elaborados en el Credo de Nicea, siguiéndole de cerca los principios centrales de la Reforma en las 5 solas. Pero para los fines de este escrito, es útil demarcar de una manera un poco más práctica lo elemental de lo que es una iglesia sana: un entendimiento correcto del evangelio, una predicación de todo el consejo de Dios, y un liderazgo conforme a los principios de la Palabra.

Entendimiento del evangelio

Con esto nos referimos a lo que Pablo llama “de primera importancia” en 1 Corintios 15, a saber “que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras”. El Jesús histórico es el Cristo profetizado, el mismo Dios de los cielos encarnado en semejanza a nosotros. Este Jesucristo dio su vida por nuestros pecados, sufriendo la muerte que nosotros merecíamos y entregándonos la vida que Él merecía. Su muerte fue real, no solo espiritual o mitológica o conceptual, llevándolo a la sepultura. Pero ya que no se halló pecado en Él, resucitó al tercer día, demostrando ser el Señor. Todo esto había sido ya profetizado en las Escrituras, y luego fue escrito por aquellos que fueron testigos de su resurrección: Pedro, y los 12, y Santiago, y Pablo. Por eso termina el apóstol diciendo que, “haya sido yo o ellos, así predicamos y así creyeron ustedes” (1 Co. 15:11).

Compara este evangelio con el que tanto se escucha en nuestras iglesias. Por un lado, tal vez el que tiene mayor fuerza es el “evangelio” de la prosperidad. “Cree en el Señor Jesucristo y serás rico y sano tú y tu casa”, te promete. “Demuestra que lo crees ofrendando tu casa o tu carro o tu sueldo”, te demanda. Impregnado como una plaga en el mundo hispanohablante, principal pero no únicamente entre congregaciones de corte neopentecostal. Pero esta no es la sola distorsión del evangelio en el evangelicalismo latinoamericano. También es común ver un legalismo encubierto. Fuera de Roma, probablemente no se escuche mucho el “haz estas cosas y serás salvo”, pero en la práctica sí se manifiesta. Si faltas a la iglesia, si pones en duda la palabra del pastor, si no estás sirviendo en 3 o más ministerios, si te vistes o no de cierta manera… si no tienes una conducta sometida a lo que diga la iglesia, entonces no eres una verdadera oveja del redil. Por supuesto: el cristiano es conocido por sus frutos. Pero los frutos nacen, precisamente, por estar pegados a la raíz. El sabernos perdonados por Dios por Cristo Jesús es lo que nos lleva a vivir para Cristo Jesús, no es que al comportarnos de cierta manera entonces somos perdonados. Lo primero es el evangelio: lo segundo es otro “evangelio” cuyos predicadores, dice Pablo, son anatemas (Gá. 1:9). Siendo honestos, ¿cuál evangelio es el que más has escuchado en los canales de televisión y en los púlpitos? Por ignorancia o por maldad, otros evangelios tienen una fuerte presencia en la iglesia hispana, y eso es causa y síntoma de enfermedad.

Predicación de todo el consejo de Dios

La predicación expositiva es una joya costosa por lo difícil que es hallarla. Mi definición favorita de este glorioso concepto es una que se ha dicho de diversas maneras: predicación expositiva es cuando el punto del sermón es el punto del pasaje. La idea es que el predicador pase la mayor parte de su tiempo tratando de entender qué dicen las Sagradas Escrituras en una porción en particular, para luego explicar ese pasaje a la iglesia y aplicarlo hoy de manera que corresponda a la aplicación del autor para la audiencia original. Pero la predicación expositiva no se ve solo los domingos en la mañana, sino que debe hacerse evidente en los tiempos de consejería, en las enseñanzas a los jóvenes, y en los materiales para los niños. El apóstol Pablo alude a estas verdades cuando le dice a los pastores en Éfeso: “les doy testimonio en este día de que soy inocente de la sangre de todos, pues no rehuí declararles todo el propósito de Dios. Tengan cuidado de sí mismos y de toda la congregación, en medio de la cual el Espíritu Santo les ha hecho obispos” (Hch. 20:25-28). Él se sabía limpio de la sangre de la congregación porque les predicó la Palabra de Dios, y él esperaba eso mismo de ellos.

Compara eso con los púlpitos latinoamericanos. He visitado personalmente docenas de megaiglesias y de iglesias pequeñas en diversos países donde, aun con sus diferencias en tono y habilidades, la dinámica de predicación es muy similar. El pastor abre la Palabra, lee algún pasaje, y luego pasa a hablar de historias y de ideas y de enseñanzas que para nada se desprenden del pasaje que leyó. Puedes, por ejemplo, leer esta historia de Steven Morales. Pero de seguro puedes pensar tú mismo en decenas, cientos, o hasta miles de sermones que has escuchado donde la exposición y aplicación de las Escrituras brilla por su ausencia. No es que no se abra la Biblia: es que no se expone. Por supuesto, hay espacio para presentar temas, y no es necesario ser expertos en hebreo o griego para poder explicar un pasaje de la Biblia. Es más un asunto de enfoque: la predicación de la Palabra implica que el predicador busca cuál es el punto del autor bíblico para poder exponerlo. La predicación hispana más común muestra a un predicador que quiere decir algo, y entonces va a algún pasaje de la Biblia que parece apoyar sus ideas. Eso no es predicar todo el consejo de Dios, y es tanto causa como síntoma de enfermedad en la iglesia hispana.

Liderazgo bíblico

Los requisitos del pastorado son ampliamente conocidos por el mundo evangélico, como los delinea el apóstol en 1 Timoteo 3 y Tito 1. Irreprensible, marido de una sola mujer, dueño de sí mismo, que gobierne bien su casa. Vemos aquí que las características del pastor bíblico, fuera de que sea “apto para enseñar”, son todas acerca del carácter del hombre de Dios. Un pastor conforme al corazón de Dios debe ser un hombre piadoso, de buena reputación en la iglesia y fuera de la iglesia, con finanzas claras, con una familia que honre a Dios, y con un aprecio y manejo por la sana doctrina de la Escritura. Además, estos pasajes dejan fuera la posibilidad del pastorado femenino. El griego, al igual que el español, es bien específico con los géneros: Si Pablo quisiera dejar abierta la posibilidad del pastorado femenino, no hubiera dicho que el obispo (masculino) fuera marido de una sola mujer.4

Compara eso con el liderazgo hispanohablante. Recientemente alguien me comentaba de un pastor que fue encontrado por su esposa enviando imágenes indecorosas a otra mujer. Él la convenció de que no debían decir nada a la iglesia porque ya “Cristo lo perdonó”, y sin embargo ahora su esposa no puede escucharlo predicar porque siente que es hipocresía. En reuniones con diversos miembros del Consejo Pastoral de Coalición he escuchado docenas de testimonios similares. Probablemente tú mismo tienes historias tras historias de este tipo. Y eso es sin mencionar la casi epidemia de amor por el dinero que caracteriza a muchos, muchísimos pastores latinoamericanos. Probablemente influenciados por la corrupción gubernamental de nuestros países, y tentados por las dificultades propias del mundo en desarrollo, vez tras vez se escucha de pastores involucrados en todo tipo de negocios ilícitos, que van desde el lavado de dinero hasta el fraude impositivo. Y comúnmente, estas iglesias son dirigidas por la familia del mismo pastor principal, lo que dificulta el ejercer las medidas de la disciplina de la iglesia como nos presenta la Palabra. Esto también abre la puerta al abuso espiritual del que no pasa una semana sin escuchar un caso nuevo. Oveja tras oveja nos habla de situaciones donde los pastores tenían la última palabra en cada decisión de sus vidas, y no es hasta que salen de sus congregaciones que se dan cuenta de lo dañino de estas prácticas. Esta realidad, tan presente en el mundo hispano, es tanto causa como síntoma de una iglesia enferma.

Apreciando el pasado; orando por el futuro

Nuestro Señor Jesús nunca se ha quedado sin Pueblo. Él nos prometió que las puertas del Hades no prevalecerían contra la Iglesia, y todo lo que Él promete, Él lo cumple. Aun en la oscuridad de los años 400-1500, donde el evangelio parecía estar escondido por parte de Roma, el Señor estuvo obrando en las vidas de incontables individuos. Y si bien todos estos síntomas de enfermedad están presentes en la iglesia hispanohablante, cada vez más podemos ver una iglesia no solo viva, sino levantándose.

Pienso en el efecto de las conferencias Por Su Causa y la hermandad entre pastores en mi República Dominicana, en el mover presbiteriano, anglicano y aun pentecostal en Chile, en las hermandades y plantaciones desarrollándose en Guatemala, el hambre de los Ticos que oran por más fuerza en iglesias de sana doctrina, los movimientos tan diferentes entre ellos pero tan centrados en el evangelio en México, el pequeño avivamiento en medio de la persecución en las iglesias en Cuba, las iglesias en Venezuela que están encontrando real alimento en la Palabra en medio de la escasez, la plantación de nuevas y buenas iglesias hispanas en Estados Unidos, la hermandad de iglesias establecidas en España… Y qué decir de los buenos videos, buenas canciones, buenos recursos, y buenos libros que están saliendo en los últimos años.

En octubre de este año se celebran los 500 años de la Reforma Protestante que transformaron el mundo y que sirvieron para sanar y avivar la Iglesia. Pero yo oro por que el 2018 sea algo así como el año 1 de la Reforma Hispanohablante. Como ha enseñado el pastor Miguel Núñez, una Reforma no se trata de un par de iglesias reformadas, sino de un movimiento transformador que impacte iglesias y sus esferas de influencia. Eso no lo hemos visto aún, pero es mi opinión y oración que se puede empezar a ver algo así. Sin duda ha llovido antes, sin duda está lloviznando en diversos lugares. Y ahora, se puede ver como una nube del tamaño de un puño.

Llueve, Señor: tu Iglesia te necesita.


[1] Tal vez sería bueno clarificar que un arminiano —solo por ser arminiano— no niega la soberanía de Dios, ni está centrado en el hombre o piensa que en algún sentido el hombre es superior a Dios. Quienes enseñan estas herejías son los pelagianos o semipelagianos, de los cuáles sí hay muchos disfrazados de hermanos.
[2] Por supuesto, este hermano estaba pensando en su propio grupo de iglesias; otro grupo tendrá otro número. Sin embargo, en el mundo hispanohablante somos más de 400 millones. A pesar de que en los últimos cinco años he estado en contacto con casi todos los países hispanos, y visitando muchos de ellos, yo no conozco de 2000 iglesias sanas, y no conozco a nadie que pudiera decir que hay 2000 iglesias en toda Hispanoamérica que cumplan con los parámetros que aquí presentamos para ser consideradas como sanas. Estamos hablando de menos de una iglesia que predica el evangelio por 2 millones de personas. De ser correctos, esos son números alarmantes.
[3] Personalmente sé de más de una docena de iglesias plantadas por estadounidenses en Latinoamérica que, o entraron en conflicto con su denominación, o estaban escapando de la presión del modernismo y la teología liberal, y unieron los absolutos del evangelio con el fundamentalismo. También sucedió que muchos misioneros predicaron la verdad con fidelidad y, o no pudieron transmitir sus enseñanzas fielmente (por dificultades propias de las misiones), o los pastores locales no quisieron apropiarse de esas enseñanzas. Con todo, creo que debemos ser agradecidos con aquellos hombres y mujeres que dejaron sus tierras y culturas para compartir el evangelio.
[4] Muchos otros pasajes enseñan esta verdad de que el pastorado está diseñado por Dios para los hombres (p. Ej: 1 Timoteo 2:16). Para más información sobre este tema, invito a leer este artículo, o ver este video. Por supuesto, eso no quita de ninguna manera la contribución de muchas mujeres de Dios a la causa del evangelio, al contrario.
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