Por qué deberías ser presbiteriano

Nota del editor: Si a los evangélicos no les importara la eclesiología, ¿por qué tenemos tantas denominaciones que difieren en cómo debe ejercerse la autoridad? Es cierto que los evangélicos han relegado a la eclesiología a un asunto secundario, en comparación con el evangelio y la salvación. Pero aun los asuntos secundarios son importantes, y no debemos permitir que el hecho de que estemos de acuerdo en lo más importante oscurezca la necesidad de continuar discutiendo sobre la enseñanza de la Biblia sobre el gobierno de la iglesia. En este artículo, Mark Jones presenta el porqué deberíamos ser presbiterianos. Vea también el argumento de Hunter Powell de “Por qué debemos ser congregacionalistas”.


A pesar de lo que puedas pensar, la eclesiología presbiteriana no es definida primordialmente por iglesias gobernadas por ancianos, pero sí por iglesias gobernadas por presbiterios. Los presbiterios pueden abarcar los ancianos de una iglesia local, una iglesia regional, y lo que es denominado como una “asamblea general”. Este punto de vista es establecido a partir de la unidad de la iglesia visible. Basado en la suficiencia de las Escrituras, los presbiterianos sostienen que la iglesia es gobernada jure divino (por derecho divino). Existen ciertos principios fijos en el gobierno de la iglesia. Nos sostenemos en que Cristo ha bendecido la iglesia con las Escrituras, los oficiales de la iglesia y los sacramentos. De este modo, Cristo ha “ordenado en ella su sistema de doctrina, gobierno, disciplina y adoración, cada uno de las cuales están expresamente plasmados en las Escrituras o pueden ser deducidos de la misma por una buena y necesaria inferencia” (Presbyterian Church in America Book of Church Order). Hay mucho en lo que los presbiterianos y congregacionalistas clásicos pueden estar de acuerdo. Sin embargo, contrario a la visión congregacionalista, el presbiterianismo afirma la autoridad del presbiterio más allá de la iglesia local. Esto es lo esencial del asunto entre presbiterianos y congregacionalistas: autoridad.

Primacía de la iglesia universal

El presbiterianismo sostiene la idea de una iglesia universal visible como la meta de la eclesiología. Este principio surge de la idea en las Escrituras de la unidad de la iglesia. El Credo de Nicea habla de “una iglesia católica y apostólica”. La Escritura es clara sobre la unidad de la iglesia visible, porque “es un cuerpo y un Espíritu… un Señor, una fe, un bautismo” (Efesios 4: 4-5; ver también Juan 17: 20-23). En el Nuevo Testamento, la palabra iglesia (en singular) parece ser aplicada “a algo intermediario entre una sola congregación por un lado, y la iglesia católica o universal por el otro” (ver Hechos 8:1; 11:22; 15:4; Efesios 4:4-5), de acuerdo con William Cunningham en su Teología Histórica. Cunningham señala que la iglesia en Jerusalén no pudo haberse reunido en un mismo lugar (no habían arenas de baloncestos a la venta en ese entonces), y por lo tanto se reunían en varios lugares. Aun así, dice Cunningham, “se habla de estas distintas congregaciones como la iglesia que estaba en Jerusalén; y esta iglesia, consistida en varias congregaciones, está representada bajo la supervisión de un cuerpo unido de apóstoles, y presbíteros o ancianos” (ver también Hechos 6:1-6; 15:2). Observe también la implicación de Hechos 9:31, en donde la palabra singular iglesia hace referencia a toda Judea, Galilea y Samaria.

El poder de los presbíteros

Siguiendo la idea de una iglesia universal visible, que permite a cada congregación tener una conexión necesaria con otras congregaciones, los presbiterianos mantienen que la iglesia visible debe ser gobernada, no simplemente aconsejada, más allá de la congregación local. Demostrar este punto es refutar efectivamente el congregacionalismo.

Hechos 15 es el texto estándar de los presbiterianos en este asunto. Hechos 15:2 nos muestra que los ancianos de la iglesia de Jerusalén recibieron a Pablo y a Bernabé desde Antioquía para discutir asuntos de doctrina y práctica. Los ancianos en Antioquía habían “nombrado” y enviado a Pablo y a Bernabé. Los que tomaron decisiones en este concilio de Jerusalén eran apóstoles y ancianos (Hechos 15:4, 6, 22, 23: 16:4). Ningún miembro ordenado de la iglesia tenía un rol oficial en este concilio. Los congregacionalistas desean argumentar en contra de la interpretación presbiteriana de Hechos 15 con la típica sugerencia de que esta reunión no fue normativa de la iglesia, ya que los apóstoles actuaron de una manera profética bajo una guianza sobrenatural.

Pero hay muchos factores que prueban que los apóstoles funcionaban como oficiales eclesiásticos ordinarios. ¿Por qué los apóstoles decidieron discutir esos asuntos si habían recibido una guianza sobrenatural en ellos? ¿Por qué debatieron sobre los “motivos derivados del trato providencial de Dios, y de las declaraciones contenidas en el Antiguo Testamento de las Escrituras”, Cunningham argumenta, si ellos estaban bajo una iluminación profética especial?

La naturaleza de la deliberación del concilio prueba el “dogmático poder de la corte de la iglesia”, escribe Guy Waters en el altamente recomendado How Jesus Runs the Church. La asamblea resolvió un asunto doctrinal (Hechos 15:24, 27) y la asamblea ejercitó el poder de ordenar, diciéndole a otras iglesias que se abstengan de ciertas prácticas (Hechos 15:28-29). Hechos 15 prueba que asuntos doctrinales en una o varias iglesias tienen implicaciones necesarias para todas las iglesias de manera vinculante, por causa de las decisiones de un tribunal superior (Hechos 15:22-23). Como Donald Macleod señala, “Desde el principio la iglesia ha tenido un liderazgo colectivo unificado, extendido a todas sus congregaciones. El liderazgo estaba directamente envuelto y consultado en cada punto crítico del desarrollo del pueblo emergente de Dios: la recepción de la iglesia Samaritana (Hechos 8:14), la misión de Pedro con Cornelio (Hechos 11: 1ff) y el ministerio de Pablo a los Gentiles (Gálatas 2:9). La idea de iglesias totalmente aisladas y autónomas es completamente ajena al Nuevo Testamento”. Los congregacionalistas clásicos tratan de ir más allá del problema de aislamiento, pero ellos solo lo hacen en la medida en la que abrazan los principios presbiterianos.

Llaves del Reino y ancianos

¿A quién pertenecen las llaves del reino (Mateo 16:17-19)? Todo el cuerpo es el recipiente del poder descrito, por el “poder del todo está en cada parte,” Thomas Peck escribió en sus notas de Eclesiología. Esto significa que el cuerpo tiene poder en la medida en la que elige los oficiales de la iglesia (Hechos 6:3; 14:23; Tito 1:5), mientras los oficiales poseen poder en cuanto a su ejercicio. Solo los ancianos, como elegidos por una representación de los miembros de la iglesia, tienen el poder de “atar y desatar” (Mateo 16:19). Un anciano tiene poder declarativo y ministerial, no poder legislativo. Ellos simplemente ejecutan la ley de Cristo (Ver WCF 20.2). En cada iglesia la pluralidad de ancianos es asumida o comandada (Hechos 20:28; Filipenses 1:1, 1 Tesalonicenses 5:12-13; Tito 1:5, 7; 1Pedro 5:2). Estos ancianos pueden ser ancianos de enseñanza o ancianos de gobierno (1Timoteo 5:17). En muchas iglesias congregacionales la autoridad de gobierno reside en la congregación local, pero no es siempre claro dónde reside la autoridad final en esa congregación.  Muchos teólogos congregacionales afirman el uso de sínodos, pero el rechazo de la opinión de los otros miembros solo es “imprudente”, pero permisible. La disciplina eclesiástica de otros presbiterios no es válida.

La gloria del presbiterianismo

¿Cuál mecanismo protege y construye la unidad de la iglesia visible si el congregacionalismo es aceptado? Falsas enseñanzas destruyen la unidad, pero el mecanismo para lidiar con falsas enseñanzas bajo la eclesiología congregacional es dejar a la propia congregación. Congregaciones particulares necesitan la protección de congregaciones, tanto como los pastores necesitan la protección y (a veces) la disciplina de otros pastores. Es bueno que mi congregación pueda apelar a mi presbiterio si mi enseñanza se vuelve sospechosa y los ancianos y yo rehusamos ver mi problema.

Que otros ancianos puedan tener autoridad sobre asuntos de doctrina en nuestra iglesia es nuestra fortaleza, no una debilidad, para que ellos puedan proveer una valoración más objetiva del problema en cuestión (Proverbios 11:14). Por otra parte, en muchas iglesias congregacionales es enteramente posible que el ministro calvinista salga, solo para ser reemplazado por un arminiano. Los presbiterianos tienen mecanismos para prevenir esta clase de cambio drástico. He aprendido bastante de mi amigo congregacional Hunter Powell (el líder erudito de eclesiología puritana hoy en día) como lo mucho que los congregacionalistas necesitan del estado para regular la verdadera religión, con la esperanza de lograr unidad eclesiástica.

Sin embargo, con la separación de hoy de estado e iglesia, los congregacionalistas no tienen recursos para el establecimiento de una amplia unidad de la iglesia. Y así, uno de los defectos de la eclesiología congregacional es su crasa independencia e inhabilidad de regular la verdadera religión en amplia escala.

El presbiterianismo tiene un mejor mecanismo para lidiar con falsa religión y establecer religión verdadera (como la Confesión de Fe de Westminster). Guy Waters señala, “El presbiterianismo es esencial para el bienestar (bene esse) pero no para la esencia (esse) de la iglesia. Por lo tanto, la no aceptación del presbiterianismo no es una barrera para recibir a personas no presbiterianas como cristianos, o a iglesias no presbiterianas como verdaderas ramas de la iglesia, con la condición de que sea afirmada la única cabeza de la iglesia, que es Cristo.

Así, en la Presbyterian Church in America damos la bienvenida a todos aquellos que sean cristianos como miembros regulares en nuestra iglesia, incluso si están en contra del bautismo de infantes. Si alguien pertenece a Cristo, no tenemos ningún motivo para restringirle de la comunión visible con el cuerpo de Cristo. Nuestro deseo por unidad, mostrado en nuestros términos para membresía, es nuestra gloría y la gloría de Cristo (Juan 17:20-22), y esta gloría es mejor mostrada en la forma de gobierno conocida como el  presbiterianismo.

Publicado originalmente el 13 de Diciembre para The Gospel Coalition. Traducido por Patricia de Namnún.  

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