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Por qué a Satanás le gusta más 7th Heaven que Breaking Bad

Antes de que Walter White perdiera su moral rectora en Breaking Bad, se transmitió 7th Heaven, una serie familiar que fue emitida entre 1996 y 2007, unos 10 años demasiado largos, como dirían algunos. En la serie 7th Heaven, Eric Camden es el amable ministro de Glenoaks Community Church, una congregación protestante cuyos lazos denominacionales se mantienen frustrantemente vagos y poco claros.  

El programa era acerca de su familia, Annie, su esposa y sus 7 hijos, Matt, Mary, Lucy, Simón, Ruthie y también ese bendito accidente que fueron los gemelos Sam y David. Al parecer, Lucy no tuvo la suerte de tener un nombre bíblico. Tal vez fue porque lucía de 60 años desde que nació. 

Cada programa era como una lección moral, por lo general terminando con algunos pensamientos de inspiración del Pastor Camden en su sermón de esa semana. Siempre animaba a su congregación a ser buenos, o amables, o a tener autocontrol, etc. Como cuando Ruthie se volvió adicta a la goma de mascar. ¿Recuerdan ese episodio? Tenía que demostrar más autocontrol con su goma de mascar. Hablaban mucho acerca de ser bueno, pero no se escuchaba ni siquiera un susurro acerca de Jesús.   

Es por eso que a Satanás le encanta 7th Heaven mucho más que Breaking Bad. Esta serie miente. Walker Percy dijo una vez que “Los libros malos mienten, y sobre todo mienten acerca de la condición humana”. Lo mismo sucede con los programas de televisión. Muestra a un mundo no cómo es en realidad; y muestra gente no cómo son en realidad. 

En el caso de 7th Heaven, esta serie le dice a la gente que sea buena en vez de luchar con su maldad, su necesidad de las buenas nuevas. Esto es lo que llamamos moralismo. Y el apóstol Pablo dijo que si uno podía ser lo suficientemente bueno para ser digno del amor de Dios, entonces Jesús murió totalmente en vano. El cristianismo es siempre una buena noticia, no buen consejo.

A Donald Gray Barnhouse una vez le preguntaron sobre cómo se vería si alguna vez Satanás fuera a tomar el control completo de una ciudad. Él pastoreó y amó la ciudad de Filadelfia por muchos años. Y su respuesta puede sorprendernos:

“Todos los bares estarían cerrados, la pornografía desterrada, y las calles inmaculadas estarían llenas de personas sonriendo el uno al otro. No habría ninguna grosería. Los niños dirían:  ‘Sí, señor’ y ‘No, señora’, y las iglesias, donde Cristo no se predica, estarían llenas todos los domingos”.

En otras palabras, se vería como 7th Heaven. Bonita, limpia, moral, y totalmente sin Cristo.  

Piense en aquellos que planearon y llevaron a cabo la muerte de Jesús. Ellos leían la Biblia y oraban. Un montón. Ellos nunca dejaban de asistir a la sinagoga. Ellos no decían malas palabras. Ellos eran vírgenes. Ellos no se emborrachaban. Ellos tomaban en serio la teología. Ellos tomaban en serio la adoración. Ellos tomaban en serio la santidad. Eran moralistas. Sin embargo, no podían soportar a Jesús. ¿Por qué? Jesús dijo que a pesar de que honraban a Dios con sus labios, sus corazones estaban lejos de Él. En otras palabras, hicieron todo lo correcto por todas las razones equivocadas.  

¿Qué pasa con nosotros? Esto nos enfrenta con algunas preguntas difíciles que todos debemos responder:

  • ¿Creemos más en ser bueno, o creemos en la buenas nuevas de Jesús (que nos lleva a la verdadera bondad)?
  • ¿Estamos luchando contra la lujuria (o cualquier lucha personal) porque amamos profundamente a Jesús, o porque queremos decirles a los demás que estamos libres de lujuria? 
  • ¿Creemos que Jesús nos ama porque nunca hemos bebido alcohol, fumado marijuana, hecho trampa en un examen, o habernos dado por vencido?
  • ¿Pensamos que Dios nos ama porque somos buenos, o sabemos que, siendo malos, Él nos hará bien porque nos ama?

Hace unos años me encontré con estos vídeos que eran unas parodias de cómo a menudo pensamos acerca de Jesús.  En un vídeo, Jesús va, de discípulo a discípulo, diciéndoles cómo sus pecados específicos le han trastornado. Y termina diciéndoles: “Ustedes todos son malos. No hay esperanza”.

Y es exactamente lo que le decimos a la gente cuando lo único que les decimos es que sean buenos. C.S. Lewis dijo una vez que no sabemos realmente lo malos que somos hasta que tratamos con mucho, mucho empeño de ser buenos. Solo entonces nos encontramos cara a cara con la mala noticia: que somos peores de lo que creíamos.

Pero el evangelio nos cuenta una historia diferente: que Jesús, el único verdadero hombre de bien, vino a causa del mal. Que se ha dado a sí mismo, no por los que hacen todo bien, sino por aquellos que saben que no lo hacen. Que Él ama no al hombre y la mujer perfecta, sino a los que fallan. Vino a salvar no a los “Eric Camdens” (de 7th Heaven) sino a los “Walter Whites” (de Breaking Bad). 

¡Ay de nosotros si somos todo ley y no evangelio, si somos todo demandas y no consuelo, todo buenos consejos, pero no buenas nuevas. Satanás se regocija más donde quiera que la bondad se predique que en donde se declara las buenas nuevas de Jesucristo. Porque como a Charles Spurgeon le gustaba recordar a su congregación, “La moralidad puede mantenerte fuera de la cárcel, pero se necesita la sangre de Jesucristo para mantenerte fuera del infierno”. 

Publicado originalmente en el blog de Sammy Rhodes. Traducido por Eddy Garcia. 
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