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Nota del editor: 

En Coalición por el Evangelio aconsejamos seguir todos los protocolos de salubridad en medio de la pandemia. Este poema nos invita a recordar que muchos estamos pasando un tiempo difícil y anhelamos volver a expresar físicamente nuestro amor mutuo. Mientras ese tiempo llega, nos reconforta saber que Cristo nos tiene bien abrazados.

Distancia social, codos,
máscaras, sospechas,
desconfianza, miradas.

Distancia que aleja;
distancia que enfría,
que daña y corrompe.

Distancia que distancia amigos.
Distancia que censura tertulias
y rechaza sobremesas.
Distancia no bendita.

Harto de los codos alzados y
hastiado de puños cerrados.

Máscaras, tapabocas,
tapa voces, tapa gestos.
Tapa sonrisas. Tapa respiración.
Lo único que no tapa es el ceño fruncido.

¿Dónde está ese abrazo
de las amistades que se añoran?
¿Dónde quedó ese abrazo
que para unos era bálsamo y para otros vida?

Sospecha vil
y desconfianza irracional.
Abrazo negado, corazón herido
y amistad deshecha.

El abrazo fue sacrificado.
El abrazo se dejó a un lado.
Hoy salud es mayor que abrazo.

Los brazos siguen esperando.
Esperando ser usados.
Si no terminarán atrofiados.
Los de Cristo siguen abiertos.
Los míos también.

No me des el codo.
No seas mezquino.
Mejor dame tus brazos.

 

¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es que habiten los hermanos juntos en armonía! (Salmo 133:1)

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