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En el resurgir de la sana doctrina, se habla mucho de ser creyentes centrados en el evangelio, de ser iglesias cuya base céntrica sea el evangelio, así como de que el evangelio sea el centro de nuestras canciones. Si bien todo esto es excelente, me pregunto si en medio de esto nos aseguramos de que nuestras iglesias conocen el evangelio.

En el proceso de comunicación existen dos elementos: el emisor y el receptor. El emisor comunica el mensaje y el receptor recibe la información. La comunicación es efectiva cuando ambos están en armonía y entienden el mensaje transmitido. Si cuando decimos “evangelio” nuestros feligreses no están pensando en la obra de Jesús para salvación de pecadores, no estamos comunicando el evangelio efectivamente. Sin darnos cuenta, es posible que no estemos edificando iglesias centradas en el evangelio, sino iglesias edificadas en una frase.

Un ejercicio poderoso

Te animo a que hagas el siguiente ejercicio: invita a varios miembros de tu congregación a discutir el evangelio. Inicia la reunión dándoles papeles en blanco y un bolígrafo. Solicítales que en 5 minutos escriban el evangelio. Con este ejercicio te darás cuanta si como pastor estás haciendo el trabajo de enseñarles lo más importante que ellos necesitan conocer: el glorioso y preciado evangelio. 

Estoy hablando por experiencia. Yo di por sentado que la iglesia que sirvo conocía el evangelio hasta que hice este ejercicio. Las respuestas fueron muy diversas, pero de un grupo de 15 hermanos, entre los cuales se encontraban los más maduros de la congregación, quizás dos respuestas se asemejaban a una definición correcta del evangelio. Ese día entendí que cualquier otra iniciativa que tuviéramos en la iglesia debía pasar a un segundo plano, pues tenía que dedicarme por completo a que la iglesia aprendiera el evangelio. Esa fue la prioridad de Pablo:

“Ahora os hago saber, hermanos, el evangelio que os prediqué, el cual también recibisteis, en el cual también estáis firmes, por el cual también sois salvos, si retenéis la palabra que os prediqué, a no ser que hayáis creído en vano. Porque yo os entregué en primer lugar lo mismo que recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras”, 1 Corintios 15:1-3.

Una vez que entendí la necesidad de enseñarles el evangelio a la congregación, toda iniciativa, clase o serie de prédicas era sobre el evangelio. Necesitábamos saturar a nuestra iglesia del evangelio, y así lo hicimos.

Si no conocemos el evangelio no podemos ser salvos. Lo que nos salva no es asistir a la iglesia, ser buenos o ser parte de un grupo de personas que se reúnen los domingos. Lo único que nos salva es un entendimiento de la obra de Cristo para salvarnos y el responder en fe y arrepentimiento. Si la iglesia aprende a obedecer pero no conoce el evangelio, entonces lo que les estamos enseñando es muerte.

El evangelio definido

Lo mínimo que un creyente debe saber es que Cristo murió por sus pecados, pero el evangelio es más extenso que esto. Una de las iniciativas que hicimos fue crear unas tarjetas laminadas con una definición extensa del evangelio. A continuación les incluyo la información:


Somos pecadores (Romanos 3:10-12). Dios creó todo perfecto pero el hombre pecó. Como creación, el hombre está bajo la autoridad de Dios y rinde cuenta a Dios. Todos hemos quebrantado la ley de Dios y por consiguiente, merecemos la justa ira de Dios como consecuencia por nuestro pecado. Pero Dios en su misericordia estableció un plan para salvar a su pueblo del pecado y de sus consecuencias. Este plan es el evangelio, la obra perfecta de Jesucristo, la cual nos da salvación y restaura nuestra relación con Dios. La salvación no es obra nuestra sino la obra redentora de Cristo por su pueblo.

La obra redentora de Cristo

  1. Encarnación – Dios se hizo hombre en la persona de Jesucristo (Juan 1:14).
  2. Vida perfecta – Cristo nunca pecó (Hebreos 4:15)
    1. Cordero sin mancha apto para ser un sacrificio agradable a Dios
    2. Obedeció la ley perfectamente.
  3. Muerte – En la cruz Cristo tomó nuestro lugar y recibió la ira de Dios que nosotros merecíamos (1 Pedro 3:18)

    1. Sacrificio Expiatorio – La cruz es un sacrificio que limpia nuestro pecado
    2. Sacrificio Propiciatorio – La cruz es un sacrificio que satisface la ira de Dios
    3. Somos justificados – La obediencia de Cristo (Vida Perfecta) es imputada al creyente y Dios lo declara justo.
  4. Resurrección – Resucitó al tercer día (1 Corintios 15:4)

    1. La resurrección muestra que el Padre aprobó el sacrificio de Jesús
    2. La resurrección muestra que nuestros enemigos (la muerte, el pecado y Satanás) han sido derrotados.
  5. Ascensión – Cristo ascendió al cielo (Lucas 24:51).
  6. Sentado en el trono – Jesús está sentado a la diestra del Padre gobernando (1 Pedro 3:22).
  7. Segunda Venida – Jesús regresará por su pueblo (Hechos 1:11).

Este es el evangelio. Estas son las buenas nuevas. Cristo hizo una obra completa por nosotros y toda la vida del creyente debe nacer de este glorioso trabajo de nuestro redentor. Él lo hizo por nosotros. El creyente sin evangelio es como un explorador sin una brújula: no tiene dirección. Debemos conocer este glorioso mensaje para poder aplicarlo a nuestras vidas.

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