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El milagro de las Buenas Noticias de redención

Un poema sobre el evangelio

Nota del editor: 

Este poema aparece en nuestra Revista Coalición: Las promesas del evangelio (Abril 2021). Puedes descargar GRATIS la revista aquí.

“Aclamen con júbilo al Señor, toda la tierra.
Sirvan al SEÑOR con alegría;
Vengan ante Él con cánticos de júbilo.
Sepan que Él, el SEÑOR, es Dios;
Él nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos;
Pueblo Suyo somos y ovejas de Su prado”
(Salmo 100:1-3).

Despertaste como de un sueño profundo.
Viste que era de día y volviste a la vida.
Quisieras saber qué haces allí.
Miles de preguntas se acumulan en tu mente,
no como olas en la orilla de la playa,
sino como un tsunami.
El desconcierto es total.
¡Estabas muerto y ahora estás vivo!  

Una cosa es segura,
tú no hiciste nada por revivir.
No importa, es de día y hoy estás vivo. 

Recuerdas que Pablo a los efesios les escribe,
que Dios les “resucitó”
cuando estaban muertos en sus pecados.
Muertos, les dio vida.
La muerte fue aplacada;
no, ella fue vencida.
Aplacado significa que puede volver.
Te unes a los efesios
y eso sinceramente es motivo de celebración.

Ahora estás vivo y solo quieres correr, celebrar, cantar.
¡Sí! ¡Canten alegres al Señor habitantes de toda la tierra!
¿Cómo no cantar al que me dio la vida?
¿Cómo no servirle con alegría?
Te preguntas.
Tienes un fuego, una pasión.
El muerto vive.
Eres el ladrón en la cruz,
la mujer samaritana,
Zaqueo redimido,
Pedro en la playa… 

Sí, te amo.
Yo te amo,
porque Tú me amaste primero. 

El Poderoso corrió al verte,
y no te rechaza sino te invita a su presencia.
¡Vengan a su presencia con regocijo!
Gritas por las calles
anunciando las buenas nuevas de salvación.
En esa presencia, te doblegas.
No puedes sostenerte.
Quisieras decirle tantas cosas, y no puedes.
Su presencia es poderosa
y allí mismo reconoces que el Señor es Dios.
Tú no eres Dios,
no hiciste nada para vivir.
Él te hizo y no tú a ti mismo.
¡Eres solo por Él!

El día pasa y tienes miedo de dormir.
“Somos su pueblo”,
estas palabras suenan a retumbo de volcán,
a trueno de tormenta…
quisieras ser tortuga marina
y esconderte en un caparazón hecho a tu medida.
Pero, por alguna razón,
el oírlas te trae esperanza,
confianza y anhelo.
“Somos su pueblo”,
entonces hay más resucitados, te dices con una sonrisa.
“La noche no cambiará que soy suyo,
soy su pueblo.
Mi nacionalidad está enraizada en Él”.
Este pensamiento te da descanso:
que ahora el mismo pastor te cuida.
“Somos ovejas de su prado”, repites;
“¡Dormiré sabiendo que mañana despertaré!”. 

La muerte fue vencida, y ahora lo tienes todo.
¡Canta alma mía, vida mía con alegría!
Pues estaba muerto y ahora vivo,
perdido y ahora encontrado.
Eres el pródigo.
Siempre lo fuiste. 

¡Pródigos!
Descansemos en la verdad que el Señor es Dios.
Cantemos porque Él nos invita a su presencia.
Sirvámosle porque Él nos hizo y hoy,
¡somos suyos!

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