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Mi esposo no quiere trabajar |#coaliciónresponde

#coaliciónresponde es una entrada semanal donde los contribuyentes de Coalición por el Evangelio dan respuesta a diversas inquietudes. Puedes usar #coalicionresponde en las redes sociales o escribirnos a [email protected] con tus preguntas.

Pregunta: ¿Qué debe hacer una mujer si su esposo no quiere trabajar ni sustentar económicamente su casa?

Lamentablemente esta es la situación de muchas mujeres hoy día. Aunque cada caso debe ser aconsejado de manera individual, quiero darte algunos principios, orando puedan servirte si estas en esta situación o aconsejando a alguien que lo esté. De plano, nadie debe atravesar por una situación como esta sin la guianza y cuidado de sus pastores y su iglesia.

Dios creó el matrimonio como un pacto de compañía. Tanto el hombre como la mujer fueron creados a la imagen de Dios, iguales en dignidad y valor delante de Él, pero con roles o funciones diferentes. Por diseño divino, el hombre es el proveedor, cuidador, protector y líder del hogar. Dios lo puso a él al frente del huerto en el Edén. Por su parte, la mujer es ayuda, dadora de vida, quien cuida y nutre (Gen. 2:16,18-25, Gn.2:20).

Cuando el pecado entró en el mundo, distorsionó todo lo que Dios había hecho bueno en gran manera. Si bien el trabajo siempre fue parte de lo que Dios había diseñado para el ser humano (Gn. 1:28), el pecado lo haría difícil, no deleitoso para él (Gn. 3:17).

Esta no es una situación para nada simple y es sin dudas dolorosa. En situaciones como ésta, la Palabra debe hacerse real y práctica en nuestras vidas, y ante los ojos de quienes nos rodean. Esta esposa está llamada a respetar a su esposo, a —dentro de lo posible— proveer el sustento que él no trae, y a depender de Dios en oración y fe, esperando en Su gracia y confiando en sus promesas de que nada le falta a los que le aman (Sal. 37:25).

1 Pedro nos enseña a someternos los unos a los otros. Los empleados son llamados a someterse a los jefes injustos, a aquellos que son insoportables y difíciles, y al hacerlo, aunque sea padeciendo injustamente, hallarán gracia delante de Dios (1 P. 2:18-19). Esto no es un llamado a buscar el sufrimiento, pero sí a permanecer fiel, a vivir mostrando esperanza y a seguir el ejemplo de Cristo si nos toca padecer. Es en este contexto que Pedro llama a las esposas a estar sujetas, de esa misma manera, a los esposos difíciles, a los desobedientes a la Palabra, porque al hacerlo, pueden con su conducta ganarlos sin palabras (1 P. 3:1-2).

La cultura que nos rodea nos llama a dejar, a desechar y a abandonar cuando las cosas salen mal en el matrimonio. Pero el pacto matrimonial es hecho ante Dios y es de carácter eterno. Por tanto, es mejor es sufrir el agravio asumiendo el rol que debió tener el esposo y no abandonar al hombre con que pactamos, porque Dios aborrece el divorcio (Mal. 2:16).

Cuando un hombre no provee para su  hogar, la Palabra dice que tal hombre ha negado la fe y es peor que un incrédulo (1 Tim. 5:8). Pero Pablo también nos enseña que los creyentes no debemos divorciarnos porque nuestra pareja sea no sea creyente, a no ser que sea el inconverso quien lo inicie. Así que aun sea tu esposo un incrédulo, eso no te da libertad para no someterte o divorciarte (1 Co. 7:12-13).

Como mujeres de fe estamos llamadas a vivir de una forma contracultura. Dios te dará la gracia para honrarlo y Él estará a tu lado como un verdadero Esposo que no falla (Is. 54). Solo Dios puede cambiar el corazón de ese esposo, traer convicción y arrepentimiento. Por eso debes llevar a tu esposo en oración siempre delante del trono de Dios. ¡Dios es poderoso para hacer más abundantemente de lo que pedimos o esperamos! (Ef. 3:20).

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