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¿En qué consiste el cuidado espiritual dentro del matrimonio?

Antes de responder a esta pregunta, quisiera advertir sobre algunas cosas que debemos evitar en nuestras vidas como parejas.

Primero que nada, necesitamos evitar el individualismo. Hay situaciones en que no somos capaces de ver por nosotros mismos las cosas que necesitamos mirar. Es impresionante nuestra capacidad para ver errores en otros sin ver los nuestros. Necesitamos a alguien que nos ame y nos ayude a vernos tal y como somos; la persona más apta para esa tarea es nuestro cónyuge.

La forma de practicar el principio bíblico del cuidado espiritual se resume en amar bien a nuestro cónyuge.

Además, cada uno de nosotros necesita saber que no tiene todas las respuestas ni siempre tiene la razón. No somos tan sabios como pensamos. Necesitamos renunciar a nuestro orgullo. A la vez, debemos abandonar el error de solo hablar sobre cosas positivas y evitar enfrentar los problemas en la relación. Eso es mera evasión.

Contrario al individualismo que nos aisla, el orgullo que nos indispone a mejorar, y la evasión que nos excusa, la forma de practicar el principio bíblico del cuidado espiritual se resume en amar bien a nuestro cónyuge.

Pensando en eso, aquí hay seis marcas de este amor que nos muestran en qué consiste el cuidado espiritual en la práctica:

1. El cuidado espiritual involucra confortación.

La palabra “confortar” significa dar energía a alguien cansado y debilitado. Confortar a nuestro cónyuge consiste en acompañarlo y fortalecerlo en medio de sus circunstancias. Es estar a su lado y mostrar empatía estando dispuestos a escuchar los murmullos de su corazón.

Como enseña Romanos 12:15, debemos gozarnos con los que se gozan y llorar con los que lloran. Estas dos acciones demandan lo mismo: acompañar a la persona en sus alegrías y dolores. La confortación es amor que expresamos estando al lado de nuestra pareja.

Una de las tragedias más grandes que evidenciamos en nuestra generación son los matrimonios en los que las personas se sienten solas. El cuidado espiritual demanda un grado de amor que nos llama a acompañar a nuestras parejas, participando juntos como socios en la empresa del matrimonio.

2. El cuidado espiritual incluye consolación.

El amor en el matrimonio debe ir más allá de simplemente “estar ahí”. La idea de la consolación es identificarte con tu cónyuge en sus situaciones y así mostrar afirmación, reflejando el carácter de Dios.

Consolar es dividir el dolor y la angustia para hacerlo más fácil de llevar. Como no podemos dar lo que no tenemos, necesitamos ser consolados por Dios para entonces consolar de la mejor manera a nuestro cónyuge. Como el apóstol Pablo escribió en 2 Corintios 1:3-4:

“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que también nosotros podamos consolar a los que están en cualquier aflicción, dándoles el consuelo con que nosotros mismos somos consolados por Dios”.

Las aflicciones y tribulaciones en el creyente no son un problema, sino una oportunidad para crecer. El Señor usa esas circunstancias para consolarnos y revelarse más a nuestras vidas con el propósito de que podamos brindar consuelo a aquellos que están en tribulación… incluyendo a nuestro cónyuge en sus días difíciles.

Por lo tanto, es bueno preguntarnos, ¿qué tan sensibles somos a las aflicciones y dificultades de nuestro cónyuge? ¿Qué tanto sufrimos junto a nuestra pareja? ¿Qué tan capaces somos de ponernos en el lugar del otro?

3. El cuidado espiritual incluye aconsejar.

Aquí no estoy hablando de consejería pastoral formal, sino de compartir con tu cónyuge la sabiduría, apreciación, y experiencia que Dios te ha dado. Esto requiere crecimiento y madurez. Necesitamos lo que Romanos 15:13-14 nos habla:

“Y el Dios de la esperanza los llene de todo gozo y paz en el creer, para que abunden en esperanza por el poder del Espíritu Santo. En cuanto a ustedes, hermanos míos, yo mismo estoy también convencido de que ustedes están llenos de bondad, llenos de todo conocimiento y capaces también de amonestarse [lo cual incluye aconsejar] los unos a los otros”.

Buscar el consejo de tu esposa es una oportunidad para mostrarle aprecio y crecer en humildad, entendiendo que ella puede ver cosas que tú no puedes ver.

Ante esta verdad, los hombres en América Latina necesitamos humildad. Se nos ha dado la idea errada de que un hombre de verdad no hace preguntas a su esposa. La realidad es que Dios puede usar a tu compañera para orientarte.

Buscar el consejo de tu esposa es una oportunidad para mostrarle aprecio y crecer en humildad, entendiendo que ella puede ver cosas que tú no puedes ver. ¡He perdido la cuenta de cuántos líos mi esposa me ha librado! Dios usa a nuestras parejas para complementar nuestros puntos de vista.

4. El cuidado espiritual busca animar y estimular.

En el matrimonio, debemos llevar a nuestro cónyuge a confiar en las promesas de Dios, proveyendo la Palabra como antídoto contra el desaliento.

Hebreos 10:24-25 es relevante para nosotros:

“Mantengamos firme la profesión de nuestra esperanza sin vacilar, porque fiel es Aquél que prometió. Consideremos cómo estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras, no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos unos a otros, y mucho más al ver que el día se acerca”.

Como el texto dice, nos mantenemos firmes en la fe al animarnos y estimularnos unos a otros. Así avanzamos en nuestro llamado a vivir para la gloria de Dios, incluyendo en el matrimonio.

No hay mejor manera de estimular a tu cónyuge que orando con él por su bienestar y crecimiento.

Nuestras buenas palabras juegan un papel importante en esto. Cada vez que abrimos nuestra boca, hay dos posibilidades: vamos a edificar y estimular, o vamos a destruir. Seamos de la clase de personas que imparten gracia.

Sobre este punto, puedo decir personalmente que no hay mejor manera de estimular a tu cónyuge que orando con él por su bienestar y crecimiento.

5. El cuidado espiritual desea ayudar.

Nuestro amor por nuestro cónyuge debe pasar de las palabras a los hechos, entendiendo que los aportes más importantes que hacemos al matrimonio no son los económicos. Esto no siempre es fácil, pero necesitamos renunciar a nuestra comodidad para servir al otro como Dios nos llama a hacerlo.

En esto se evidencia nuestra fe, como dice Santiago 2:14-17:

“¿De qué sirve, hermanos míos, si alguien dice que tiene fe, pero no tiene obras? ¿Acaso puede esa fe salvarlo? Si un hermano o una hermana [¡como tu cónyuge!] no tienen ropa y carecen del sustento diario, y uno de ustedes les dice: ‘Vayan en paz, caliéntense y sáciense,’ pero no les dan lo necesario para su cuerpo, ¿de qué sirve? Así también la fe por sí misma, si no tiene obras, está muerta”.

Amar es dar y corresponder a otro en su necesidad. Por lo tanto, es bueno preguntarnos, ¿qué estoy aportando a mi matrimonio? ¿Cómo estoy ayudando a mi cónyuge? ¿Cuál sacrificio he resuelto hacer para glorificar a Dios en el pacto de amor matrimonial?

6. El cuidado espiritual incluye corrección.

Dios nos ha puesto en nuestros matrimonios para ayudarnos a crecer. Ese crecimiento requiere que estemos dispuestos a confrontarnos. Si nuestra meta es practicar la verdad, es obligatorio corregirnos en amor cuando sea necesario.

Debemos pedir a Dios sabiduría para corregir bien, ayudando al crecimiento del otro. Al mismo tiempo, debemos recibir con humildad la corrección. “El que ama la instrucción ama el conocimiento, Pero el que odia la reprensión es torpe” (Prov. 12:1).

Los conflictos y las ofensas son inevitables en el matrimonio. Eso es consecuencia de nuestros pecados. Cuanto mayor sea nuestra cercanía, más obvias serán nuestras debilidades y fallas. Ante esa realidad, la Biblia nos enseña no debemos ver los conflictos como inconvenientes o ocasiones para actuar egoístamente, sino como oportunidades para demostrar la presencia y el poder de Dios, permaneciendo anclados en el evangelio. Esta es una marca esencial del cuidado espiritual.


Imagen: Lightstock.
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