El corazón del ministerio pastoral

El corazón del ministerio pastoral

El evangelio es absolutamente esencial para la labor del pastor.

Imagine que usted quiere comprar una nueva y robusta mesa de cocina hecha a mano, hecha de las mejores piezas de madera de roble. Vives cerca de una comunidad Amish, y sabes que los Amish tienen una merecida reputación de hacer buenos muebles que pasan la prueba del tiempo. Así que buscas un carpintero Amish —lo llamaremos “Ezequiel”— y conciertas una cita con él en su tienda. Sin embargo, cuando llegas, notas algo muy extraño: no hay un solo trozo de madera en toda la tienda. Hay herramientas por todas partes, pero ni un solo trozo de madera a la vista.

Ezequiel emerge de la parte trasera de la tienda y te saluda con un firme apretón de manos. “Esto puede ser una pregunta tonta”, le dices, “pero, ¿dónde está la madera?”.

“Oh, yo no uso madera. Soy un carpintero sin madera”, dice.

Sales confundido de la tienda. ¿Qué tipo de carpintero no utiliza la madera? La madera está en el corazón mismo de la carpintería. No hay tal cosa como un carpintero sin madera, al igual que no hay tal cosa como un programador de computadoras sin código, o un médico sin medicamentos. La madera es absolutamente esencial para la labor del carpintero.

El evangelio está en el corazón mismo del ministerio pastoral. No se puede tener un verdadero ministerio sin tener el evangelio en el corazón mismo. Esto significa que el llamado al ministerio es un llamado a la obra del evangelio. El evangelio es absolutamente esencial para la labor del pastor.

¿Por qué? Hay muchas razones, pero permítanme ofrecer algunas que son de importancia crítica.

El evangelio fija nuestra identidad en Cristo, no en el ministerio

A veces los hombres persiguen el ministerio porque quieren ser alabados y admirados por otros. Quieren ser el encargado, el que tiene la última palabra, el hombre detrás del micrófono. La mayoría de los trabajos no tienen incorporados un flujo de afirmación. Los mecánicos e ingenieros son raramente alabados por su trabajo. Pero una persona en el ministerio puede recibir una cantidad desproporcionada de ánimo y admiración (“Ese fue un maravilloso sermón, pastor”; “Sus consejos han cambiado mi vida, pastor”).

Puede ocurrir lo contrario también. Un pastor con dos décadas de experiencia sigue estando solo a unas cuantas malas decisiones de un desplomo de aprobación. Pueden llegar temporadas de intensas críticas donde todos esos cumplidos que solía recibir se evaporan como la niebla en un lago.

Tanto el pastor que persigue la admiración como el que es objeto de intensas críticas deben tener sus raíces en una realidad inmutable del evangelio: su identidad anclada en Cristo, no en el ministerio en sí. Verás, el evangelio nos recuerda que por causa de Cristo ya tenemos toda la aceptación que necesitamos. Nuestra lucha por la gloria y el reconocimiento se detiene cuando recordamos que poseemos la única aceptación que realmente importa. El evangelio también nos protege de las flechas de la crítica al recordarnos que Dios nos ama y se deleita en nosotros a causa de Cristo, no a causa de nuestro éxito ministerial.

Si usted se siente llamado, hay una cosa que nunca debe olvidar: sea lo que sea que Dios podrá decir en el futuro acerca del ministerio, ya ha hablado lo más importante acerca de usted a través de la cruz.

Es por eso que el evangelio es tan esencial para el ministerio. Para el hombre que persigue el ministerio, levanta barreras de protección que le protejan de la distracción, y le guía hacia la verdadera razón de su papel.

Los pastores lideran con el evangelio y a través del evangelio

El ministerio pastoral efectivo siempre implica ayudar a la gente a comprender cómo el evangelio habla a su situación particular. Si quieres estar en el ministerio pastoral, primero debes ser capaz de aplicar eficazmente el evangelio a tu propia vida, y luego a la vida de otros.

Un buen ejemplo de esto se puede ver en Gálatas 2, cuando Pedro y Pablo se enfrentan en una épica lucha apostólica. Pedro había llegado a Antioquía hacía algún tiempo y había disfrutado de la comida y la comunión con los gentiles. Pero cuando llegaron los representantes de Jerusalén, Pedro de repente abandona a los gentiles al negarse a comer con ellos o pasar tiempo con ellos.

Cuando aparece Pablo en la escena, asume la tarea de traer de vuelta a Pedro a la razón del evangelio. Pero lo que es realmente interesante en este pasaje no es el pecado de la hipocresía de Pedro (Pedro nunca fue tímido a la hora de pecar), sino en realidad cómo Pablo diagnostica el problema. En los versículos 11-14, Pablo dice:

Pero cuando Pedro vino a Antioquía, le resistí cara a cara, porque era de condenar. Porque antes que viniesen algunos de parte de Jacobo, comía con los gentiles; pero cuando llegaron se retraía y se apartaba, teniendo miedo de los de la circuncisión. Y el resto de los judíos actuó hipócritamente junto con él, de manera que aun Bernabé fue también arrastrado por la hipocresía.  Pero cuando vi que su conducta no estaba en armonía con la verdad del evangelio, le dije a Pedro delante de todos: “Si tú, siendo judío vives como gentil y no como un judío, ¿cómo quieres obligar a los gentiles a vivir como judíos?” (énfasis agregado).

Pablo interpreta el comportamiento de Pedro no solo en referencia a la ley, o a las palabras de Cristo, o a costumbres judías, sino en referencia a lo que reveló acerca de la comprensión y aplicación de Pedro acerca del propio evangelio.

Pablo dijo que la conducta de Pedro era ”… no en armonía con la verdad del evangelio”. Sí, Pedro había caído en la hipocresía, pero Pablo dejó claro que Pedro tenía un problema mucho más grave: ¡su deriva del evangelio! Pablo tuvo que ayudar a Pedro a entender cómo el evangelio se aplicaba a su pecado y situación particular. En la mente de Pablo, eso era probablemente lo más importante que podía lograr.

El trabajo del ministerio pastoral es ayudar a la gente a aplicar el evangelio a su pecado y situación particular. Para el cristiano que es amargado, que “… perdone, como Dios os perdonó en Cristo” (Ef. 4:32). Para el marido que es pasivo: “Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a la iglesia” (Efesios 5:25). Para el cristiano que es tacaño con su dinero: “Ya conocen la gracia de nuestro Señor Jesucristo, el cual, siendo rico, por vosotros se hizo pobre, para que por su pobreza fueseis enriquecidos” ( 2 Cor. 8: 9).

En otras palabras, la labor pastoral trata de ayudar a las personas a encontrar dónde el evangelio habla de sus luchas, sus miedos, ira y egoísmo. Tim Keller dice, “Todos nuestros problemas provienen de la falta de aplicación del evangelio”. Si usted aspira al ministerio pastoral, primero debe ser capaz de hacer esto en su propia vida. Usted debe estar bien familiarizado con el evangelio.

¿Conoces el evangelio?

Si lo que quiere es estar en el ministerio pastoral, el lugar de partida es el evangelio. Es necesario conocer el evangelio, el amor del evangelio, y las delicias de todos los días en la gloria del evangelio. El evangelio debe estar dirigido en primer lugar a sus propias luchas, temores y pecados. Su amor por la aprobación debe ser sofocado por el peso resplandeciente del evangelio. Su temor a la crítica debe ser crucificado por el recuento del evangelio. El evangelio es de ayuda a través de su vida, porque ha sido aplicado en su vida.

No hay ministerio pastoral sin el evangelio. Apunta a nada más: acepta nada menos.


Publicado originalmente en Am I Called? Traducido por Voicu Burca
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