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Soy chileno, pero vivo en Estados Unidos. Al tener residencia en este país disfruto de ciertos beneficios, como poder trabajar legalmente, viajar al extranjero y volver a entrar sin problemas, y también, el beneficio favorito de muchos estadounidenses, pagar impuestos.

Pero hay un beneficio que todavía no tengo: votar en las elecciones. Ese es un beneficio —más bien, un derecho, constitucionalmente hablando— exclusivo para los ciudadanos de este país.

Si estás en Estados Unidos (o aun sin estarlo), ya sabes que en noviembre de este año se elegirá el 44° presidente de esta nación. Como suele ser el caso en temporada de elecciones, la carrera presidencial ha sido el tema dominante en los medios de noticias, y en las conversaciones entre familiares, amigos, y compañeros de trabajo. Pero en esta ocasión, los candidatos de los partidos mayoritarios han causado más ruido que tal vez en ningún otro momento: Hillary Clinton por el partido demócrata, y Donald Trump por el partido republicano.

Para ser franco, en vista de estas opciones, no poder votar ha sido de cierto alivio para mí. En más de una ocasión, cuando alguien me ha preguntado por quién voy a votar, mi respuesta casi automática ha sido: “No soy ciudadano. No puedo votar. Gracias. Chao”. Así he evitado más de una interacción larga e incómoda.

Pero no podemos ignorar el proceso de elecciones ni sus resultados para siempre. Si todo va bien con mi proceso de naturalización, es posible que sí pueda votar en noviembre. Muchos de ustedes tendrán que ejercer su derecho al voto en estas próximas elecciones. Además, ya sea que podamos votar o no, todos tenemos que vivir con las consecuencias de las elecciones de una forma u otra, nos guste o no.

Un amigo me preguntó hace poco sobre mi experiencia como cristiano latino viviendo en Estados Unidos en esta temporada de elecciones. Yo diría que mi experiencia ha sido por un lado igual a la de mis amigos que no son latinos o hispanos y, por otro, bastante diferente a la de ellos. Aquí te la comparto, junto con algunas reflexiones. 

La misma experiencia

Por un lado, mi experiencia ha sido básicamente la misma que la de otros cristianos. He tenido que informarme: lo que los candidatos creen, lo que dicen, lo que hacen, lo que dicen que harán, y lo que realmente podrán hacer. He tenido que lidiar con los sesgos de los varios medios de comunicación y con las a menudo ensordecedoras opiniones de los que tienden más hacia la derecha, más hacia la izquierda, y de los que tratan de encontrar un centro. Al igual que otros, he tenido que examinar mis propias convicciones, preferencias, y actitudes para ver si se alinean con la Escritura. 

Por lo que he visto en mis entornos sociales, muchos cristianos en Estados Unidos se sienten extremadamente insatisfechos con los candidatos disponibles al momento. Aunque esto no pareciera ser algo positivo, creo que sí lo es. Esta temporada electoral nos ha hecho darnos cuenta que ningún candidato o partido político nos representa completamente, y que a ningún candidato o partido político le debemos completa lealtad. Además, el rol del gobierno no es representar los intereses cristianos, sino dirigir en una manera justa y equitativa para todos (Rom. 13:1-7). Además, es bien cierto que, en este ciclo electoral, es bastante difícil concluir cuál de los candidatos puede cumplir mejor con un gobierno como el que expresa Romanos 13. Esto no significa que como cristianos no debemos votar, sino que al momento de votar, no hay opciones “cristianas” y “no cristianas”, ni “correctas” e “incorrectas”, sino “complejas” y “complicadas”.

Lo que debemos hacer como cristianos, seamos latinos o no, es participar en el proceso electoral informada y responsablemente, confiando en Dios y no alarmándonos. Depositemos nuestra esperanza en el soberano de los reyes de la tierra (Ap. 1:4-5) y no en los “reyes” que escogemos democráticamente. También debemos dejar espacio para diferencias de opinión en temas políticos entre cristianos. Se nos ha llamado al amor y a la unidad en medio de nuestras diferencias (Jn. 17:21; Rom. 12:9-21; 14:1-23; Fil. 2:14-15), y esta es una tremenda oportunidad para glorificar a Dios y testificar del poder del evangelio.

Una experiencia diferente

Por otro lado, diría que mi experiencia en estas elecciones ha sido un tanto diferente a la de otros por el hecho de ser latino. Esto es principalmente por dos razones. La primera es que uno de los candidatos, Donald Trump, ha hecho comentarios groseros y denigrantes sobre varios grupos —entre ellos los hispanos—, y hasta el momento no se ha retractado. Uno se imaginaría que un candidato presidencial tendería a elogiar a un grupo tan significativo en Estados Unidos como los hispanos, con el fin de ganar algunos de sus votos. Pero esa no parece ser la estrategia de Trump. Podría decir mucho, mucho más sobre él, pero me quiero limitar a lo que me afecta como latino o hispano.

Antes de seguir, permíteme dejar claro que al decir esto sobre Trump no estoy sugiriendo tácita o implícitamente que debes preferir a la otra candidata, Hillary Clinton. Hillary no es santa de mi devoción. También hay mucho, mucho que decir sobre esta candidata. Sin embargo, Trump representa un peligro para mí como hispano que no percibo con Hillary. Y ese peligro es el de promover una cultura en donde sea aceptable insultar, denigrar, y amenazar a los que son diferentes, incluyendo a las minorías étnicas como los hispanos. No temo que Trump me vaya a deportar, pero no me gustaría vivir en un país en donde el mismo jefe de estado se sienta con la libertad de decir lo que se le dé la gana sobre los que no son como él, contribuyendo así a la fragmentación de una sociedad ya profundamente segregada. 

Repito: Lo que acabo de decir es mi experiencia y mi opinión. No te estoy diciendo por quién debes o no debes votar. Coalición no te está diciendo por quién debes o no debes votar. Y creo que la Biblia no te dice por quién debes o no debes votar; te da parámetros, pero no te dice por quién debes o no debes votar. Es por eso que, una vez más, debemos dejar espacio para las diferencias de discernimiento en temas políticos.

La segunda razón por la cual mi experiencia ha sido un tanto diferente es la importancia del voto latino este año. Si bien los latinos somos una minoría, somos una minoría significativa. Según la organización NALEO, 27.3 millones de latinos estadounidenses calificarán para votar este año. No obstante, la misma organización proyecta que sólo 13.1 millones de latinos van a votar en esta elección, es decir, menos de la mitad. De hecho, las estadísticas muestran que los latinos jóvenes son uno de los dos grupos demográficos con menor probabilidad de participar en las votaciones. ¿Qué quiero decir con esto? Quiero decir que el voto latino puede marcar una diferencia en las elecciones. La verdad es que no somos tan minoritarios como a veces nos sentimos. Nuestra voz tiene y puede tener aun más valor, política y culturalmente hablando.

Nuestra identidad y libertad en Cristo

Quizás tú seas un latino que vive en Estados Unidos, y puede que tu experiencia sea muy diferente a la mía. Ni mi experiencia ni mis opiniones políticas son normativas. Sea como sea, déjame extenderte una invitación: Si eres latino, vives en Estados Unidos, y puedes votar en estas elecciones, hazlo. Votar es un derecho, un privilegio, una mayordomía.

Sea por quien sea que votes —por uno de los candidatos actualmente en la carrera, o por el candidato de un tercer partido— eso está entre tú, Dios y la urna. Así que no te voy a decir por quién debes votar. Pero sí te voy a decir que como cristiano ejerzas este derecho con responsabilidad y humildad, pensando primeramente en honrar a Dios y en el bien común (Lev. 19:18; Mt. 22:37-40). A fin de cuentas, si eres cristiano, el factor fundamental que debes considerar al tomar decisiones no es tu identidad hispana o tu color político de preferencia, sino tu identidad en Cristo y la libertad que tienes en él (Rom. 12:1-2; Fil. 3:20; 1 Pe. 2:9-10).

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