Las 5 “C” de la predicación

¿Cuáles son los elementos básicos de la predicación bíblica? ¿Cómo sabes que estás predicando un sermón cristiano y no simplemente dando una lección religiosa o espiritual?

Si bien pienso que la proclamación expositiva centrada en el evangelio es el mejor enfoque para cumplir con el llamamiento bíblico a predicar, probablemente vale la pena explicarlo un poco más. Y puesto que a los predicadores les gusta la aliteración y las listas, pensé que podría sugerir una lista que refleja lo que propongo es la complejidad irreducible de la verdadera predicación cristiana. La próxima vez que estés preparando un sermón, quizá tomes estas preguntas en cuenta. O después de la próxima vez que prediques, comparte esta lista con tus compañeros ancianos u otro equipo de asesores de confianza, y pídeles que apliquen las preguntas al mensaje que comunicaste.

1. ¿Es tu sermón CONTEXTUAL?

La palabra contextual es importante. Es más específica que simplemente preguntar si el mensaje es textual, porque muchos predicadores usan versículos bíblicos en sus sermones, y con base en eso dicen que su sermón se basa en un texto bíblico. Pero poner algunos versículos de la Biblia en tu sermón no es lo mismo que predicar la Biblia. Además, explicar uno o dos versículos —lo cual está bien hacer, en mi opinión— puede que no capture la relevancia de esos versículos si son sacados fuera de contexto.

Asegúrate de que el texto bíblico controle lo que quieres decir, y no al contrario. Y aun si no estás predicando un pasaje completo de la Escritura, asegúrate de que cualquier cosa que estés predicando esté contenida en el contexto del pasaje donde se encuentra. Todo texto bíblico debería ser interpretado de acuerdo a su contexto inmediato, y cada contexto inmediato debería ser interpretado de acuerdo al contexto mayor de la historia del evangelio en la Escritura (ver pregunta 5). Como dice el viejo dicho de predicadores: “Un texto sin contexto es un pretexto para malinterpretar el texto”.

2. ¿Es tu sermón CONVINCENTE?

En otras palabras, ¿expresa tu sermón declaraciones verdaderas? La trascendencia de un sermón cristiano no es simplemente plantear preguntas y satisfacer necesidades, sino proclamar: “Así dice el Señor”. Así que nuestra predicación viene con convencimiento. Viene con convencimiento acerca de quién es Dios, qué ha hecho Dios, y qué significa esto para ti y para mí.

La predicación convincente significa que no predicamos como si cada frase finalizara con un signo de interrogación. La predicación convincente significa que no balbuceamos sobre el pecado y la ley. La predicación convincente significa que no vacilamos ante las realidades del infierno y la ira. La predicación convincente significa que no satisfacemos las prioridades del mundo o impulsos consumeristas. La predicación convincente significa que no evitamos ni ablandamos las doctrinas esenciales y ortodoxas del cristianismo histórico. Y quizá lo más fundamental, la predicación convincente significa que predicamos la Palabra escrita de Dios como si fuera inspirada e infalible, suficiente y sobrenatural, viva y vivificante.

3. ¿Es tu sermón CLARO?

¡Recuerda que un buen sermón teológico no es uno que la gente encuentre difícil de entender! En uno de los mejores ejemplos narrativos de predicación expositiva en las Escrituras, leemos que los escribas y los sacerdotes que leían la Palabra de Dios a la gente reunida lo hacían “interpretándolo y dándole el sentido para que entendieran la lectura” (Neh. 8:8).

Así que hay dos aspectos importantes de claridad aquí: lenguaje claro y comprensión clara. La buena predicación no es simplista, por supuesto, sino que suele extender el intelecto de los oyentes. Pero es mejor extender el intelecto de los oyentes con grandes pensamientos de Dios, no con grandes palabras de predicadores. Los contextos específicos de tu comunidad y congregación ciertamente pueden contribuir en qué tipo de ilustraciones uses, qué tipo de vocabulario emplees, y así sucesivamente. Pero solamente recuerda que, incluso si estás predicando en Harvard, si haces que sea difícil entender la Biblia, ¡o responder a ella!, no valida tu destreza homilética.

A veces pienso que es por eso que algunos predicadores se adhieren a la versión King James: el lenguaje arcaico es difícil de entender para los oídos modernos, y por eso el predicador puede pretender ser un sacerdote exegético especialmente ungido y depositario de la gnosis divina. Y si no entendiste la última frase, ¡de eso exactamente estoy hablando!

Conoce a tu audiencia. Y luego ayúdala a conocer la Palabra de Dios. Hazla clara.

4. ¿Es tu sermón COMPASIVO?

He oído a Alistair Begg decir que la predicación es una súplica apasionada. Esta pregunta de evaluación para tu sermón simplemente dice esto: ¿Estás predicando por amor?

¿Cuál es tu motivación en tu mensaje?

Esto no significa que cada sermón debe tener el mismo tono emocional. Diferentes textos llevan los tonos de sus contextos. Algunos textos bíblicos llaman a la reprensión, y algunos llaman al regocijo. Algunos llaman a las dos cosas. Una de las grandes ventajas de la predicación expositiva es que nos ayuda a predicar según la estructura del texto. Pero es posible traer emoción a un sermón que es totalmente injustificada por el texto en sí, o totalmente inútil en el objetivo de ayudar a la gente a ver a Jesús. Algunos predicadores parecen pensar que gritar = predicar. Pero deberías saber que si todas tus frases terminan con puntos de exclamación, ninguna de ellas lo hace efectivamente.

Así que predicar con compasión no es simplemente predicar feliz o triste o con emociones profundas. Todo eso está bien. La predicación, como un acto humano, puede emplear la gama de la emoción humana y debería involucrar tanto al corazón del predicador como al de la congregación. Pero las emociones pueden dirigirse mal. Predicar con compasión, entonces, es predicar con:

1. Una preocupación generalizada por la expansión de la gloria de Cristo.

2. Un afecto profundo por la Iglesia, para que ella pueda ser edificada y animada en sus afectos por Cristo.

3. Un deseo sincero y profundo para que las almas perdidas sean rescatadas de su pecado y de la ira que merecen.

5. ¿Es tu sermón CRUZCÉNTRICO?

Casi escribo: “¿Es tu sermón crucicéntrico?”, pero no quería violar la pregunta 3.

Esta última pregunta es quizá la más importante en toda tu predicación. Puedes predicar un sermón expositivo con claridad y convicción, e incluso compasión, pero si has olvidado el evangelio de Jesucristo, ni siquiera has predicado un sermón cristiano. Solo el evangelio de la cruz y la resurrección de Cristo puede salvar a un alma perdida y santificar a una encontrada. Es la gracia de Dios en las buenas nuevas de la vida, muerte, y resurrección en gloria de Cristo que proporciona el poder que los pecadores necesitan para crecer e ir; es solamente la gracia de Dios la que lo hace. Por eso Pablo resolvió en su ministerio: “Porque nada me propuse saber entre ustedes excepto a Jesucristo, y Este crucificado” (1 Cor. 2:2).

Aquí hay una ilustración apropiada de la importancia absoluta de la predicación cruzcéntrica, venida del propio príncipe de los predicadores, Charles Spurgeon:

Un joven había estado predicando en presencia de un venerable ministro, y después de haberlo hecho, fue al anciano ministro y le dijo:

—¿Qué piensas de mi sermón?

—Un sermón muy pobre en verdad —dijo.

—¿Un sermón pobre? —dijo el joven— Me tomó mucho tiempo estudiarlo.

—Sí, no hay duda.

—¿Por qué?, ¿no cree que mi explicación del texto fue buena?

—Oh, sí —dijo el viejo predicador—, muy buena en realidad.

—Bueno, entonces, ¿por qué dice que fue un mal sermón? ¿No cree que las metáforas fueron apropiadas y los argumentos convincentes?

—Sí, muy buenos en lo que respecta a eso, pero aun así fue un sermón muy pobre.

—¿Me dirá por qué cree que fue un sermón pobre?

—Porque —dijo él— no había Cristo en él.

—Bien —dijo el joven—, Cristo no estaba en el texto; no debemos predicar siempre a Cristo, debemos predicar lo que está en el texto.

Así que el anciano dijo:

—¿No conoces, joven, que de todas las ciudades, de todos los pueblos, y de todas las pequeñas aldeas de Inglaterra, de donde quiera que sea, hay un camino a Londres?

—Sí —dijo el joven.

—¡Ah! —dijo el viejo ministro—, y así de cada texto en la Escritura hay un camino a la metrópolis de las Escrituras, que es Cristo. Y mi querido hermano, tu meta cuando llegues a un texto es decir: “¿Ahora, cuál es el camino a Cristo?”, y luego predicar el sermón, recorriendo el camino hacia la gran metrópolis: Cristo.

Continuó el ministro:

—Nunca he encontrado un texto que no tenga un camino a Cristo en él, y si alguna vez encuentro uno que no tenga un camino a Cristo en él, haré uno; voy a sobrepasar seto y zanja, pero llegaré a mi Maestro, porque el sermón no puede hacer ningún bien a menos que tenga sabor a Cristo en él.

¡Un sabor a Cristo! Eso es por lo que todos nos estamos muriendo. Lo que sea que hagas, predicador, no le niegues a tu pueblo la cruz de Jesucristo. No trates el evangelio como un complemento o idea adicional. Predícalo desde cada texto, a cada corazón, en cada ocasión.

Así que ahí están, las 5 “C” de la predicación: contextual, convincente, clara, compasiva, cruzcéntrica. Oro que te sirvan bien.


Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Wilmer Rodríguez.

Imagen: Lightstock. 

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