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La redención es el rescate[1] o la liberación obtenida por el pago de un precio. En la cruz Cristo entregó su vida para rescatarnos. Allí fuimos redimidos por el pago de un precio y fuimos comprados por gracia infinita. El pago lo hizo Jesús, y el precio fue su vida con su preciosa sangre derramada que vale más que diez mil universos.

Señalado desde tiempos antiguos

La teología de redención en la Biblia hebrea es extensa. Contiene una combinación de historias, ceremonias, aspectos culturales, símbolos y declaraciones explicitas, todas señalando a una redención final como la única solución y fundamento de la esperanza del creyente. Por ejemplo, hay tres palabras de donde fluye mucha de esta riqueza:

  • En Levíticos 25:47-54 la palabra hebrea גָאַל (gâʼal) hace referencia a cuando se redimía por el pago de un precio algo que tocaba por herencia (casa, familiar, tierra…).
  • En Éxodo 13:11-15 la palabra hebrea פָּדָה (pâdâh) significa redimir junto a un concepto de sustitución. Se rescataba un asno con la vida de un cordero, un levita por un israelita, o 5 siclos por un israelita.
  • Éxodo. 18:1-12 usa la palabra hebrea נָצַל (nâtsal) cuando Moisés le contó a su suegro Jetro de “lo que el Señor había hecho con Faraón”, y ese acto de Dios Moisés lo describió con estas palabras: “los había librado (redimido) el Señor” (Éx. 18:8).

Sabemos que el lenguaje de redención fue muy valorado por Israel, pero, ¿tenía eso algún significado o enseñanza espiritual para ellos en cuanto a su Salvación? Sí, pues la redención, la narrativa, las ceremonias y los símbolos, apuntaban a la obra de salvación de Dios necesaria para tener comunión con Él y al final estar con Él para siempre[2]. Así fue expresado por Dios mismo cuando les dijo, “os libraré (nâtsal)…redimiré (gâʼal)…y tomaré por pueblo, y yo seré vuestro Dios, y sabréis que yo soy el Señor” (Éx. 6:6-7). También fue reconocido por el pueblo cuando cantaron alabanzas al ser rescatados del mar rojo, porque dijeron de la obra de Dios: “en tu misericordia has guiado al pueblo que has redimido…los has guiado a Tú santa morada…el monte[3] de tu morada…tu morada…tu santuario…el Señor reinará” (Éx. 15:13, 17-18). Dios les dijo y así ellos también entendieron, que todo apuntaba a la meta divina: conocer y morar eternamente con Dios.

Rescatados y comprados

La Escritura presenta al pecador como uno que es esclavo. La cautividad es causada por el pecado y es necesario el pago de un precio porque los enemigos del pecador, la muerte y las huestes de maldad, toman ocasión de esa esclavitud para destruirle (1 Cor. 15:53-57). La esclavitud no es material, sino que ilustra la cautividad espiritual causada por el pecado y se manifiesta en la realidad del pecador como pena, culpa y castigo. La única esperanza del pecador es que alguien fuera de él lo redima, porque el precio del pago es imposible para él, pero posible para aquel en quien tenemos “redención mediante su sangre, el perdón de pecados, según las riquezas de su gracia” (Ef. 1:7). En la cruz fue realizado el pago completo y fue comprada la libertad en Cristo[4].

Los pasajes más relevantes del nuevo testamento usan una de dos palabras griegas. La primera es λύτρον (lítron) (Mr. 10:45; Mt. 20:28; Tit. 2:14), que indica el precio pagado para redimir al pecador de la penalidad causada por sus pecados[5]. En todo el Nuevo Testamento solo es usada para hablar específicamente de la muerte expiatoria: “el Hijo del Hombre [vino] a servir y para dar su vida en rescate por muchos” (Mr. 10:45; Mt. 20:28) y “se dio a sí mismo por nosotros…para redimirnos” (Ti. 2:14). Él vino a hacer una obra de rescate; el precio pagado fue su vida y fue en esencia en sustitución por pecadores.

La segunda palabra es ἀγοράζω (agorádzo). Esta palabra adorna la obra de Cristo, porque aun su significado primario describe al que va al mercado (ἀγορά – agorá) y compra por el pago de un precio. En cuanto a Cristo, el uso de la palabra hace referencia exclusiva a Su obra de redención. El enfoque no es que Cristo fue a un mercado a negociar el precio por los pecadores, sino que resalta lo altamente costoso que fue para Él lograr la libertad de los redimidos[6], y que fueron comprados, no para andar en la voluntad de su autonomía, sino para que sus afectos sean libres en Cristo como posesión exclusiva de Dios[7].

En aquellos pasajes que se resalta que los comprados han venido a ser posesión exclusiva de Dios, la inferencia central conecta al creyente a una dedicación única en libre servicio de obediencia, devoción y adoración a Cristo. Los dos pasajes mas relucientes son 1 de Corintios 6:19-20 y Apocalipsis 5:9-14.

En 1 de Corintios 6, el apóstol Pablo urge a los creyentes a glorificar a Dios en cuerpo y espíritu, haciendo memoria que “por precio fueron comprados”. El contexto resalta que aquel que se entrega a la fornicación esta menospreciando la redención, porque por medio de la redención fue comprado y ya no se pertenece a sí. También el texto relaciona la redención con la morada del Espíritu como un tipo de certificación de que pertenecemos a Dios (cp. Ro. 8:9-11). Por tanto, habiendo sido redimidos por precio, hemos sido comprados a ser exclusivamente de Cristo. Y si somos de Cristo no podemos ser del mundo, ni de la fornicación, sino solo propiedad exclusiva de Dios.

Apocalipsis 5 es simplemente asombrosa gloria. Allí se describe la visión celestial de los cuatro seres vivientes, los veinticuatro ancianos, miríadas de ángeles y la multitud de millones de los comprados que se postraron delante del Cordero inmolado; y cantaban,

Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos, porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre compraste para Dios a gente de toda tribu, lengua, pueblo y nación. Y los has hecho un reino y sacerdotes para nuestro Dios; y reinarán sobre la tierra (Apo. 5:9)

Todos los que aun estamos en la tierra como coro terrenal anhelamos el glorioso día, y mientras tanto nos unimos al coro celestial hasta cuando venga nuestro Rey con todos sus redimidos y en unísono cantemos, “¡Aleluya, gloria a Cristo![8]

 


[1] El rescate también puede referirse al pago mismo que se hace para tales fines.

[2] Ceremonias como la Pascua (Éx. 12:26-27; 13:13-15) ayudaron a garantizar la transmisión del significado de la redención de generación a generación como una forma del proto evangelium (primer evangelio), hasta que en tiempos del Nuevo Testamento llegara el cordero humano-divino que fue inmolado una vez y para siempre (Ro. 6:10; Heb 7:27; 9:12, 26; 10:10; 1 Ped. 3:1), como parte del plan divino de redención establecido desde antes del principio (Apo. 13:8; cf. 1 Ped 1:20) (Douglas K. Stuart, Exodus, p. 289, vol. 2, NAC, ed. E. Ray Clenden, Grand Rapids: Broadman & Holman Publishers, 2006).

[3] Teólogos judíos tales como el reconocido académico y rabino Jacob Benno (1862-1945)  interpretan a Éx. 15:17-18 con referencia exclusiva al Monte Sinaí (Jacob Benno, The Second Book of the Bible: Exodus, p. 433, Jerusalén: KTAV, 1992), y algunos teólogos evangélicos (véase NAC & EBC) consideran este poema con cumplimiento profético en el Monte de Sion, porque luego vino a ser la morada de Dios en Jerusalén (1 Ry. 8:13ss). Sin embargo, ambos dejan de considerar al menos 4 cosas: (1) El poema habla de un santuario permanente, porque dice, “los plantaras…para siempre”. (2) El Monte Sinaí siempre fue intencionado como un lugar temporal, porque era una parada prometida (Éx. 3:12) antes de la tierra prometida. (3) El Monte mencionado es también un Reino donde el Señor reina sin límites. (4) El contexto del poema habla con lenguaje de guerra en todos los versos y hace referencia al santuario de Dios como un lugar donde ya no hay nada de eso. Por tanto, en este punto de la historia el pueblo solo podía referirse a un solo lugar como el lugar perfecto Monte y morada de Dios, esto es, aquel lugar alto llamado Edén de donde “salía un río para regar el huerto” (Gen 2:10) (Desmond T. Alexander, From Eden to the New Jerusalem: An Introduction to Biblical Theology, pp. 15-25, 86, Grand Rapids: Kregel Academic & Professional, 2009). Edén fue el lugar prototipo de la eterna morada de Dios y el contenido de Éxodo 15 hace alusiones a la narrativa de Génesis y apuntan claramente a la obra de la creación de Dios. Mas adelante la descripción de la perfecta morada de Dios en Génesis 2 es usada para construir el Tabernáculo y luego el Templo en Jerusalén (Sailhamer, The Meaning of the Pentateuch, p. 578), como morada temporal, hasta Cristo.

[4] En la edad media se difundió el error de que Jesús hizo un pago al diablo (Johannes P. Louw & Eugene A. Nida (Louw-Nida), Greek-English Lexicon of the New Testament Based On Semantic Domains, segunda edición, vol. 1, New York: United Bible Societies, 1989). Pero, la Biblia no enfoca a quien se realiza el pago, sino que fue realizado, y si fuese a identificarse un receptor sería el Padre.

[5] Léxico Griego: Thayer’s Greek Lexicon, entrada G3083. La palabra es usada tres veces en el Nuevo Testamento por lo que su significado en parte descansa en el uso de la palabra en el griego clásico, en escritos de conocidos autores tales como Píndaro, Esquilo, Jenofonte, Platón y otros.

[6] Ver entrada 37.131 del Léxico Louw-Nida.

[7] Friedrich Büchsel, “ἀγοράζω”,  The Theological Dictionary of the New Testament (TDNT), ed. Gerhard Kittel & Gerhard Friedrich, trad. & ed. Geoffrey W. Bromiley, Grand Rapids: Eerdmans Publishing Co., 1964.

[8] Frase del Himno: Hallelujah! What a Savior (Trad. Levantado Fue Jesús). Letra y música de Philip P. Bliss, 1875 y traducido al español por Enrique S. Turall (1867-1953).
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