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Nota del editor: 

Este es un fragmento adaptado de La predicación que Dios bendice. Steven Lawson. Poiema Publicaciones.

Pablo dijo: “La palabra de la cruz es necedad para los que se pierden, pero para nosotros los salvos es poder de Dios.” (1Co. 1:18). Con ello Pablo quiso decir que la cruz divide a toda la humanidad en solo dos grupos. Para el incrédulo, la cruz es locura. Pero para el creyente, es el poder de Dios. La cruz separa a la gente del mundo en esas dos categorías, y esta verdad debe ser considerada por todo predicador.

Locura para el mundo

Pablo dijo que el evangelio es “locura” para los no salvos. Esta palabra (moros en griego) se refiere a alguien sin la capacidad intelectual para procesar información y sacar conclusiones correctas. Pablo asevera que, para la mente no convertida, la verdad respecto a un Salvador crucificado es tonta. Tal mente considera que la proclamación de la muerte de Cristo es estúpida e incluso una demencia insana.

Respecto a esta locura, Pablo escribió: “El hombre natural no acepta las cosas del Espíritu de Dios, porque para él son necedad; y no las puede entender, porque se disciernen espiritualmente” (1Co. 2:14). Es decir, la predicación de la cruz sigue siendo una insensatez para el hombre natural, quien solo ha experimentado un nacimiento natural, no uno espiritual.

La predicación de la cruz siempre es locura para el mundo no salvado. No obstante, muchos predicadores contemporáneos no quieren que el mensaje suene absurdo para los no convertidos. Con el deseo de ser aceptados, se vuelven a las “palabras elocuentes” a fin de ganar popularidad. Adoptan la sabiduría del mundo para reunir oyentes. Desafortunadamente, ellos no pueden aceptar que la cruz es una completa locura para el mundo.

Aquellos cuyos ojos han sido abiertos por gracia ven la cruz de un modo completamente distinto.

Por el contrario, “para nosotros los salvos [la cruz] es poder de Dios” (1Co. 1:18). Aquellos cuyos ojos han sido abiertos por gracia ven la cruz de un modo completamente distinto. Al no estar ya en tinieblas, ven la cruz como lo que realmente es: el medio de salvación de la ira divina.

Piedra de tropiezo para los judíos

Pablo dijo: “nosotros predicamos a Cristo crucificado, piedra de tropiezo para los judíos” (1Co. 1:23). Los judíos religiosos de los días de Jesús querían un libertador poderoso que los librara de la opresión de las naciones extranjeras. Ellos ansiaban a uno que los rescatara de la tiranía del Imperio Romano. No les interesaba un Mesías crucifcado.

Para los judíos, el mensaje de un Mesías muerto era el mayor de los escándalos. En los tiempos romanos, la crucifixión era un castigo reservado para los peores criminales. Tan temible era la muerte por crucifixión que ningún ciudadano romano podía ser clavado en una cruz. Una muerte tan horrible estaba reservada para los enemigos reconocidos del Imperio: terroristas, asesinos y anarquistas.

Cuando los judíos se enteraron de que su tan esperado Mesías había muerto en una cruz, para ellos eso fue una piedra de tropiezo, literalmente un escándalo. Era un frío mensaje de derrota, no de victoria, que los hizo caer más profundamente en la incredulidad.

No obstante, Pablo no alteró su mensaje de la cruz. El rechazo de Israel contra Cristo no lo llevó a adoptar un enfoque diferente en la predicación. Aunque Cristo, y Él crucificado, era un tropezadero para los judíos, con todo, Pablo lo predicó fiel y poderosamente.

No existe predicación del evangelio aparte de la predicación de Cristo crucificado. La proclamación de la cruz siempre será un tropezadero para los que son religiosos pero están perdidos. Para ellos, la cruz es locura.

Es por eso que debemos preguntarnos, ¿estamos siendo fieles al proclamar la verdad del evangelio aunque ella sea tan controversial?


Imagen: Lightstock.
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