La necesidad del tiempo para formar a un siervo de Dios

Nota del editor: 

Este es un fragmento adaptado de Siervos para su gloria: Antes de hacer tienes que ser. Miguel Núñez. B&H Español.

El relato bíblico nos deja ver de diferentes maneras la necesidad de “ser antes de hacer”. Moisés pasó 40 años en el desierto y anteriormente había estado 40 años en el palacio del rey de Egipto. Dios comenzó a usarlo como su profeta 80 años después de haber nacido. ¿Qué hizo Moisés durante su tiempo en el desierto? ¿Qué aprendió? De seguro aprendió mucho porque servir 40 años en la arena y bajo la dirección de un suegro (Jetro) lleva a cualquier persona a la humildad, lo que en efecto ocurrió, pues la Palabra de Dios revela que Moisés fue el hombre más humilde sobre la faz de la tierra (Núm. 12:3).

En el palacio de faraón, Moisés fue tratado como un príncipe, pero en el desierto fue simplemente un pastor de ovejas. Así aprendió Moisés humildad; aprendió a servir, aprendió a seguir. Si no has aprendido a seguir a otros, no estás listo para liderar. Créeme. No ha habido ningún buen líder que no haya sido primero un buen seguidor. Josué se formó a la sombra de Moisés, Eliseo bajo el liderazgo de Elías, y Timoteo fue formado por Pablo. El buen seguidor aprende sumisión, humildad, paciencia, y aprende también a escuchar. Los grandes líderes siempre han aprendido todo esto primero antes de ser usados grandemente por Dios.

El testimonio del Antiguo Testamento muestra que alcanzar la madurez y llegar a una posición de siervo toma tiempo. Ahora bien, la realidad es que ninguno de nosotros llegará a ser un Moisés; por tanto, no necesitamos 40 años en el desierto. ¡Gracias a Dios! Pero sí necesitamos tiempo. Y si continuamos revisando la vida de este gran profeta de Dios, notaremos otra forma en que Dios nos muestra que necesitamos un tiempo de preparación y un trabajo en nuestro carácter antes de servir. Cuando Moisés se sobrecarga de trabajo, aparece Jetro, un hombre mayor que él y probablemente con mayor madurez emocional, y le aconseja lo siguiente:

“Además, escogerás de entre todo el pueblo hombres capaces, temerosos de Dios, hombres veraces que aborrezcan las ganancias deshonestas, y los pondrás sobre el pueblo como jefes de mil, de cien, de cincuenta y de diez” (Ex. 18:21).

Notemos las palabras de Jetro: “hombres capaces, temerosos de Dios, hombres veraces que aborrezcan las ganancias deshonestas”. Estos hombres ya habían llegado a “ser antes de hacer”. Antes de servir, estos hombres debían exhibir en su carácter las características descritas en el texto citado.

Los líderes que Dios asigna no desarrollan su integridad después de ser colocados, sino que su integridad les precede.

El testimonio del Nuevo Testamento no es diferente. En una de sus epístolas, Pablo instruye a Timoteo, su discípulo más joven, con relación a cuándo colocar a las personas a servir y qué clase de personas deberían servir. Sabemos que existen diversos tipos de servicio y unos requieren más tiempo que otros, o requieren más carácter que otros, pero al final la idea es la misma: para poder servir, se debe tener un tiempo de formación del carácter. Si ese carácter no se ha formado, lo mejor es esperar a que se forme.

En ese sentido, Pablo le dice a Timoteo en su segunda carta: “Lo que has oído de mí en la presencia de muchos testigos, eso encarga a hombres fieles que sean capaces de enseñar también a otros” (2 Ti. 2:2). Aquí vemos que la habilidad de enseñar a otros (el hacer) es precedida por la fidelidad y la idoneidad que se observa en ellos (ser). Lo que Pablo intenta comunicarle a Timoteo es: “Timoteo, cuando vayas a seleccionar personas destinadas a la enseñanza, escudriña su carácter y, al hacerlo, piensa en algunos que ya sean fieles y al mismo tiempo idóneos. Luego entonces, les permites ‘hacer’ algo… enseñar”. Ese es el orden: el carácter primero y luego el servicio. Es importante que nosotros lo veamos.

Los líderes que Dios asigna no desarrollan su integridad después de ser colocados, sino que su integridad les precede. Esto lo podemos ver en el consejo de Jetro a su yerno Moisés, en las palabras de Pablo a Timoteo, y lo vemos en los requisitos para ser anciano. Un anciano o pastor no debe ser “un recién convertido, no sea que se envanezca y caiga en la condenación en que cayó el diablo” (1 Ti. 3:6). El individuo debe esperar un tiempo después de su conversión antes de poder aspirar a ser anciano.

La primera de las condiciones para ser anciano es que el candidato debe ser irreprochable (1 Ti. 3: 2). Cuando alguien comienza a servir, el servicio hace recaer mucha responsabilidad sobre la persona y la responsabilidad conlleva poder, influencia, privilegios, y derechos que el carácter de alguien inmaduro no estará listo para manejar. Podemos ver nuevamente que el testimonio de la Escritura es que para manejar servicio, derechos, privilegios, influencia, y poder se requiere carácter.

La gracia de Dios es la que hace posible todo lo que llegamos a hacer; pero, una vez que pasamos de la gracia de Dios a algo más terrenal, podríamos decir que todo está relacionado con el carácter, y su formación lleva tiempo. Nuestro Dios nunca está de prisa. La Biblia es cristocéntrica de principio a fin y, aun así, cuando Cristo vino, tuvo que esperar unos 30 años para predicar el primer sermón. Treinta años de espera para la persona que es el objeto y el sujeto de toda la revelación bíblica. ¿Por qué? Porque su hora no había llegado. Dios tiene un tiempo para cada cosa bajo el sol, pero el hombre quiere que las cosas se hagan según su cronología. Jesús vivió su vida de una manera muy diferente (Jn. 7:1-6).


Imagen: Lighstock.
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