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“¿Qué versículo les dio Dios para irse a otro país? ¿Están seguros de que Su voluntad es que se vayan?”.

Preguntas como estas no tardaron en llegar cuando anunciamos nuestra mudanza de México a Guatemala como misioneros. Somos cristianos y queremos agradar a Dios en todo lo que hacemos. Para evitar equivocarnos, necesitamos un versículo específico que respalde nuestras decisiones, ¿no?

Muchos de nosotros tenemos esta idea distorsionada de la voluntad de Dios. Pensamos que hay una especie de código secreto escondido en la Biblia, y que el Señor nos ayudará a descifrarlo si oramos mucho y ponemos atención a las impresiones que Él pone en nuestro corazón. Andamos con mucho cuidado porque tenemos miedo de dar un paso en falso a lo largo del camino y “salirnos de la voluntad de Dios”, acabando con una vida menos bendecida que la que Él originalmente tenía preparada para nosotros.

Pero nuestro Dios no arroja a sus hijos en un laberinto, esperando que encuentren la salida resolviendo acertijos. El Señor nos ha revelado lo que necesitamos para vivir con confianza. De eso trata el libro Haz algo, de Kevin DeYoung.

El mal entendimiento de la voluntad de Dios ocasiona que muchos cristianos vivan en temor e incertidumbre. Sentimos que, como regla, esperar es más espiritual que actuar. DeYoung escribe: “No es solo que estamos siempre inquietos y llenos de temor, sino que hemos espiritualizado nuestra inquietud y cobardía, tratando de hacer que parezca piedad en vez de pasividad” (loc. 1418).

Dios no promete revelarnos todo el camino, pero sí promete acompañarnos a cada paso

Esa no es la vida que Dios quiere que vivamos. En ningún lugar de la Escritura se nos promete que Dios nos revelará el camino entero que debemos transitar. Más bien, Dios nos llama a llenarnos de la Escritura, clamar por sabiduría, rodearnos del consejo sabio de personas piadosas y tomar decisiones valientes para Su gloria y el bien de los demás.

“Dios no es una bola mágica que podemos sacudir y consultar cada vez que tengamos que tomar una decisión. Él es un Dios bueno que nos dio cerebros, nos muestra Su camino de obediencia y nos invita a tomar riesgos por Él” (loc. 245).

Dios no promete revelarnos todo el camino, pero sí promete acompañarnos a cada paso (Mt. 28:20). Él nos conoce —incluso nuestras más íntimas necesidades— y tiene cuidado de nosotros. Nuestro llamado no es complicado: buscar el reino de los cielos, amando a Dios y amando a otros, mientras hacemos discípulos de todas las naciones. Trabajamos duro en nuestra misión, confiando en la providencia y soberanía del Dios que no necesita revelarnos todos los detalles de nuestro futuro.

En su libro, DeYoung explica las tres maneras en las que solemos hablar de la voluntad de Dios: (1) la voluntad de Dios en sus decretos, (2) la voluntad de Dios en sus deseos, y (3) la voluntad de Dios en su dirección.

La voluntad de Dios en sus decretos se refiere a la mano soberana del Señor; aquello que Él ha determinado que sucederá. La voluntad de Dios en sus deseos se refiere a la voluntad revelada en la Palabra; aquellos mandatos explícitos que nos dicen cómo debemos vivir. Finalmente, la voluntad de Dios en su dirección se refiere al plan específico que Dios tiene para nuestras vidas.

“Confiar en la voluntad de Dios en Sus decretos es bueno. Seguir la voluntad de Dios en Sus deseos es obediencia. Esperar que Dios nos revele Su voluntad por medio de Su dirección es un desastre” (loc. 243).

Dios sostiene el universo en sus manos. Comprender esto nos permite caminar con seguridad. Él nos ha revelado en su Palabra lo que necesitamos para la vida de piedad. Comprender esto nos permite caminar en obediencia. Cuando nos obsesionamos por saber exactamente qué es lo que Dios tiene para nuestra vida, por miedo a equivocarnos, demostramos que nuestra confianza no está en las promesas y la provisión del Señor, sino en lo bien que “desciframos” su voluntad.

Cuando nos obsesionamos por saber exactamente qué es lo que Dios tiene para nuestra vida, demostramos que nuestra confianza no está en Sus promesas

Un cristiano no debe vivir así. Nuestra responsabilidad es obedecer lo revelado y confiar en que el Señor tiene el control de todas las cosas que no conocemos. Como escribe DeYoung, debemos tener cuidado, porque “nos obsesionamos con cosas que Dios no ha mencionado y tal vez nunca mencione, y pasamos muy poco tiempo en las cosas que Dios ya ha revelado en la Biblia” (loc. 477).

“Queremos saber qué nos deparará el mañana en lugar de enfocarnos en obedecer durante el recorrido” (loc. 504).

Si nos preguntas qué versículo nos dio Dios para venir a Guatemala, probablemente responderemos Mateo 28:19: “Vayan, pues, y hagan discípulos de todas las naciones”. Pero también buscábamos vivir en obediencia a ese pasaje mientras estábamos en México. La Biblia no es una bola de cristal que nos revela el paso exacto que Dios quiere que demos. Se nos presentó la oportunidad de servir en Guatemala y consideramos sabio tomar esa oportunidad. No fue más complicado que eso.

Dios no es un Dios que pone acertijos en la vida de sus hijos y luego los abandona para que los resuelvan a su suerte, para ver si consiguen la vida “más bendecida” que Él tenía para ellos. DeYoung escribe: “Dios concede a Sus hijos la voluntad de caminar en Sus caminos, no revelándonos los próximos pasos que debemos dar, sino dándonos un corazón que se deleita en Su ley” (loc. 1430).

El Señor nos ha dado todo lo que necesitamos en la Biblia, sin necesidad de utilizarla como una bola de cristal sacando textos fuera de contexto y acomodándolos para que hablen a nuestra circunstancia específica. Llenémonos de la Palabra, busquemos la sabiduría, y luego caminemos con confianza. Nada puede arrebatarnos de la mano de nuestro Dios.

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