¿Cuál debe ser la actitud de la iglesia ante el marxismo ideológico?

Para dar una respuesta a esta pregunta, debemos considerar qué significa el término marxismo, cómo se originó, y cómo podemos diferenciarlo entre sus aplicaciones económicas y culturales.

Sin una comprensión clara del marxismo ideológico, la iglesia estará indefensa cuando sea confrontada por marxistas económicos y culturales, o peor aún, podría ser persuadida a adoptarlo. De hecho, percibo una generación joven de cristianos que se está convirtiendo al marxismo porque creen erróneamente que es compatible con la cosmovisión cristiana. No lo es, y esta filosofía no puede ser más antitética a la cosmovisión de las Escrituras, tanto en su estructura como su dirección.

Socialismo y marxismo económico

A fines del siglo XVIII y principios del siglo XIX, el socialismo surgió como un modelo político-económico en respuesta a la opresión de los pobres por los propietarios ricos. El socialismo propuso el fin de la propiedad privada, la abolición de la moneda, y que “las personas deberían compartir los beneficios de su trabajo teniendo las necesidades distribuidas a todos según las necesiten”.⁠[1]

Esto condujo al experimento social de Robert Owen en el siglo XIX, uno de los primeros activistas del socialismo escocés. Él construyó una comunidad en New Harmony, Indiana, que viviría de acuerdo con estos principios socialistas, pero para su sorpresa, el resultado fue mayormente negativo. El erudito cristiano Mark L. Ward escribe:

“Los habitantes de New Harmony, a pesar de que habían llegado allí por invitación de Owen, se opusieron. El sistema de Owen para distribuir los bienes comunes era complejo e ineficiente, y las personas establecieron un mercado negro. De todos modos, muchas personas eran ociosas, y no todos los tipos de trabajadores necesarios para que la comunidad trabajara estaban interesados en unirse al experimento de Owen”.⁠[2]

La comunidad socialista se astilló y colapsó, pues no funcionó como se pretendía, y al final, la gente prefirió la economía capitalista. Esto, sin embargo, no sorprendería al filósofo alemán Karl Marx (1818-1883). El experimento social de Owen estaba condenado al fracaso porque, argumentaba Marx, el socialismo solo podía lograrse a través de la lucha de clases con la revolución como su clímax.

Esto es lo que sucedió en Cuba, pues con la teoría socialista de Marx la isla fermentó una revolución e impuso un modelo económico socialista. Hasta el día de hoy, las banderas de “la revolución” todavía se cuelgan en el campo y en ciudades municipales, mientras que el estado impone activamente su ideología a las próximas generaciones.

De acuerdo con el esquema de la “guerra de clases” de Marx, era la burguesía (los empleadores de clase alta) quienes estaban en conflicto con el proletariado (los trabajadores de clase baja) a causa del sistema económico capitalista. El capitalismo, según el diccionario de Oxford, es “un sistema económico y político en el que el comercio y la industria de un país están controlados por propietarios privados con fines de lucro, en lugar de estarlo por el estado”.⁠[3]

Marx predijo que, puesto que los propietarios e inversionistas cobran más por un producto que el costo de producción, y puesto que comparten sus ganancias mientras los empleados no reciben nada más que sus salarios, el colapso económico y el aumento del desempleo culminarían en una revuelta contra el sistema capitalista. Lo que seguiría entonces sería el establecimiento de un sistema socialista, donde la propiedad privada sería abolida y cada persona compartiría todas las cosas por igual, eliminando las clases económicas de la burguesía y el proletariado.

Sin embargo, la predicción de Marx no sucedió. En lugar de que la revolución surgiera de abajo hacia arriba, es decir, que la gente común se rebelara contra las clases económicas más altas, vemos en cambio que la revolución emerge de arriba hacia abajo, como en el caso de Vladimir Lenin en la Rusia comunista. Este fue un cambio económico y político impuesto por el estado, no una revolución liderada por el pueblo. Lo mismo podría decirse de Cuba.

Para aquellos familiarizados con la historia cubana, “la revolución” tenía poco que ver con el sistema capitalista y más con la defensa de la dictadura ilegal e ilegítima de Fidel Castro.⁠[4] Fue solo después de que los revolucionarios ganaron los asientos políticos del estado que se estableció un gobierno socialista totalitario, con la ayuda ideológica y financiera de la Unión Soviética. La ironía es impresionante cuando se considera que Castro comenzó como defensor de la democracia.⁠[5]

Las presuposiciones del marxismo económico son antitéticas a la revelación de las Escrituras de Dios y, por lo tanto, deletrean destrucción y deterioro.

El fracaso del marxismo económico es evidente en la historia reciente, con Cuba y Venezuela sirviendo como ejemplos. Los venezolanos bajo Hugo Chávez, y ahora Nicolás Maduro, se encuentran al borde del colapso total de la sociedad.⁠[6] Y aunque los cubanos están un poco mejor que antes (por ejemplo, cuando la Unión Soviética retiró sus fondos en 1991, los cubanos cazaban perros callejeros para conseguir comida)⁠,[7] todavía sufren de pobreza extrema, mientras que los turistas depositan su dinero en el bolsillo del estado.

La verdad es que, cuanto más consideren los estados iberoamericanos la alternativa socialista, más personas sufrirán como resultado de la ideología de Marx. Para aquellos que quieren una mejor comprensión de las implicaciones de esta ideología en el mundo real, pueden leer Rebelión en la granja y 1984 de George Orwell, dos libros distópicos y alegóricos escritos por un exsocialista que se desilusionó con Marx y su teoría político-económica.

Debemos cuidarnos del marxismo económico

Los cristianos deben tener cuidado con el marxismo económico, porque contrario al pensamiento popular en el sur de América, no es compatible con la cosmovisión cristiana, ni un modelo que pueda ser bautizado o reformado de ninguna manera. Sus presuposiciones subyacentes son antitéticas a la revelación de las Escrituras de Dios y, por lo tanto, deletrean destrucción y deterioro.

Considere, por ejemplo, que el marxismo divide a las personas en dos clases: la burguesía y el proletariado. Podemos distinguir entre alguien que es rico y acomodado, y alguien que es pobre y en necesidad, pero eso no significa que existan dos (o más) clases económicas. ¿Cómo se determinaría el umbral? Si mi salario anual supera una cierta cantidad, ¿soy rico o de clase media? ¿Quién determina el estándar de la clase a la que pertenezco? Los ricos pueden volverse pobres al día siguiente, pues las condiciones económicas de una persona pueden cambiar.

El marxismo, sin embargo, divide al hombre en dos clases con base en su bienestar económico para que pueda crear y provocar conflictos entre los dos. Así lo describe el comentarista cultural P. Andrew Sandlin en su crítica:

“Los marxistas siempre han creído que la vida está en todas partes llena de fuerzas opuestas, y la colisión de estas fuerzas trae una realidad superior y mejor. […] Así que el conflicto es algo bueno, y las élites deberían fomentar el conflicto en todas partes”.⁠[8]

Hay que decir dos cosas aquí. En primer lugar, la teoría marxista sugiere que, bajo el sistema capitalista, el hombre no es verdaderamente igual, y por igual no se refiere a reglas justas e iguales, sino iguales en sus condiciones económicas. La igualdad del hombre se basa en su condición económica en relación con la de su prójimo. Sin embargo, esto es antitético a la Escritura. La igualdad del hombre no se basa en su economía. Considere Proverbios 22:2: “El rico y el pobre tienen un lazo común: el que hizo a ambos es el Señor”. La igualdad del hombre se basa en que él fue creado con el imago Dei, la imagen de Dios.

Sin importar si uno sea rico o pobre, un empleador o empleado, la realidad es que todos somos iguales, descendientes de Adán y Eva, y sujetos a la ley y a Dios nuestro Creador. Exigir una uniformidad estricta es absurdo, por no decir imposible, pues cada persona es única como persona, y sus condiciones de vida son únicas en sí mismas.

En segundo lugar, lo que Marx propaga, en violación del décimo mandamiento, es que el hombre debe tener envidia de su prójimo, pues no puede deleitarse en la ganancia de otra persona, y más bien debe recibir ganancia igual o destruir la ganancia de su prójimo. En el caso de la teoría marxista, lo último es lo que se busca.

La noción general de que todos comparten la propiedad como resultado de la abolición de la propiedad privada significa que el estado debe intervenir para asignar adecuadamente la parte equitativa de las personas, pero eso significa que la gente no posee ni comparte nada; más bien, todo es propiedad del estado, y por lo tanto el rico, el beneficiario, y el que termina aprovechándose de todo es el estado. Ward escribe al respecto:

“El socialismo tiene sus raíces en el ideal democrático de la igualdad, pero el socialismo impuesto por el estado tiende a volverse muy antidemocrático […], termina empobreciendo aún más a las personas al quitarles una de las pocas cosas de valor que poseen: su tierra”.[⁠9]

El marxismo y la juventud de hoy

He oído decir a jóvenes mileniales y de la generación Z que, si “Jesús hubiera vivido hoy, habría sido marxista”. Esto es igual de blasfemo como decir que Jesús es uno de muchos dioses. Jesús específicamente enseñó que los ricos (presuponiendo diferencias económicas como en el sistema capitalista) deben usar su capital para beneficio del pobre (Mt. 19:21), manteniendo así la enseñanza del Antiguo Testamento de que los ricos deben servir para el bienestar del pueblo (ver Lv. 19:9-10; 23:22). Tampoco demostró ninguna envidia u odio hacia los ricos, sino que mostró la misma misericordia y compasión que a los pobres (Lc. 19:1-10).

Mientras que la ideología marxista etiqueta la posesión de la propiedad privada como algo “malo”, Dios llama “bueno” el derecho a la propiedad privada. Considere, por ejemplo, que el octavo mandamiento dice: “No robarás” (Éx. 20:15). El mandamiento presupone la propiedad privada, y no tendría ningún sentido si no existiera tal cosa. Las leyes relativas a la protección de los derechos de propiedad privada también se enumeran en la ley bíblica (Éx. 21:33-33:14).

Por lo tanto, cualquier “cristiano” que intente adoptar una ideología marxista estaría en contradicción a la Palabra de Dios, pues intentaría sintetizar la sabiduría de Dios con la locura del hombre, y estaría llamando “bien” aquello que Dios llama “mal”. Tal compromiso no es tolerable ante un Dios santo que pide de su pueblo una comprensión bíblica del mundo, incluso en el campo de la economía.

El marxismo cultural

Pero la ideología de Marx no se limita al campo económico; se ha convertido en un marxismo occidental, o “marxismo cultural”. El marxismo original sostenía que el problema de la humanidad era principalmente económico, pero el mundo occidental no lo creyó.

El marxismo económico nunca iba a tener éxito en el Occidente porque el proletariado, para usar el término de Marx, estaba contento con su trabajo y condiciones de vida. La probabilidad de una revolución de abajo arriba no existía, y esto significaba que el marxismo tenía que ser descartado o reorganizado para atraer las mentes occidentales. Como Sandlin escribió:

“Para ganar en el Occidente, se necesitaba un marxismo adecuado para el Occidente, que tuviera en cuenta las formas de pensar occidentales. La libertad, la liberación, y la igualdad, consignas del Occidente, fueron ideas que ellos pudieron manejar para poder ganar”.⁠[10]

Y así llegaron Antonio Gramsci, Georg Lukacs, Jean-Paul Sartre, y Herbert Marcuse, los primeros marxistas culturales. Ellos reinventaron el significado de la libertad, la liberación, y la igualdad.

Si la economía era el problema en el marxismo original, las normas y las instituciones de la sociedad eran el problema del marxismo cultural, porque sostenía que estas impedían que el hombre viviera la “buena vida”. Y esa “buena vida” se define como la manifestación completa de la autonomía radical del hombre para ser su propio dios, para pintar su propia vida, para reinventar su propio significado, para hacer su propia realidad.⁠[11]

Según la teoría cultural marxista, la estructura de la sociedad le restringe al hombre la oportunidad de vivir su autonomía radical, y está encadenado por las instituciones tradicionales de la familia, la iglesia, y las empresas. Los roles de liderazgo de padre y madre, pastores y sacerdotes, accionistas y empleadores, son pesos encadenados alrededor de su cuello. Por lo tanto se ve obligado a vivir una vida falsa y artificial, alienado de su “verdadero yo”. Y este es el objetivo principal del marxismo cultural: para que el hombre sea libre, para ser su verdadero ser, debe ser liberado de la cultura ambiente que lo suprime.⁠[12] La cultura tradicional debe ser eliminada y reemplazada por una nueva estructura social donde uno pueda ser libre para ser homosexual, transgénero, un trans-edad (por ejemplo, un hombre de mediana edad que se siente ser una niña pequeña),⁠[13] un pedófilo, un aislacionista, un trans-especie (por ejemplo, alguien que dice ser un animal atrapado en un cuerpo humano); en fin, lo que sea, y usted puede serlo.⁠[14]

Pero ¿cómo se manifiesta esto? De la misma manera que se logra el marxismo económico. La población humana se divide en clases o grupos sociales, y luego se ponen en conflicto. Algunos son la burguesía (los opresores), otros son el proletariado (los oprimidos). Por ejemplo, los hombres son los opresores, las mujeres las oprimidas; los caucásicos los opresores, los hispanos (o cualquier otra etnia) los oprimidos; los cristianos los opresores, los no cristianos los oprimidos. Pero por “opresión” no se entiende abuso, esclavitud, o asalto (estas son formas legítimas de opresión), sino “falta de respeto, desaprobación, o desigualdad social”.[⁠15] La igualdad es el objetivo final para todas las clases sociales, pero “igualdad” no significa igualdad de condición (es decir, “todos deben jugar según las mismas reglas”), sino igualdad en los resultados. Entonces, se deben doblar o cambiar las reglas para que todos puedan obtener resultados iguales y, por lo tanto, todos puedan ser libres para ser su verdadero ser.⁠[16]

El marxismo económico es malo porque es antitético a la Escritura y promueve el odio y la envidia entre las clases económicas, mientras que eleva al estado a ser el dios de la liberación.

Esto ha dado lugar a la discriminación inversa, ya que los marxistas culturales se han infiltrado en las élites políticas para involucrar al estado en la administración de la liberación forzada. Lo que estamos presenciando en la legislatura canadiense, por ejemplo, con códigos que regulan el habla establecidos por el estado (el llamado “Bill C-16”) relacionados con el pronombre preferido de una persona,⁠17 es algo que parece salir de las páginas mismas de 1984, de Orwell.

El marxismo económico es malo porque es antitético a la Escritura y promueve el odio y la envidia entre las clases económicas, mientras que eleva al estado a ser el dios de la liberación. El marxismo cultural es peor porque promueve el odio y la envidia entre una cantidad casi infinita de clases, donde cada hombre es su propio dios, y estos dioses se enfurecen uno contra el otro, lo cual resulta en un deterioro gradual de la cultura y la sociedad.

Eso es precisamente lo que estamos presenciando en el Occidente, donde, por ejemplo, algunas lesbianas están ahora en desacuerdo con el movimiento de la identidad de género porque la transgénero socava el lesbianismo. ¿Cuál de los dos grupos oprimidos es más oprimido? Un canadiense se identificó como mujer para recibir un seguro de automóvil más económico. ¿Qué impedirá que otros hagan lo mismo? Los estudiantes ahora pueden obligar a sus profesores a referirse a ellos según sus pronombres preferidos, donde en lugar de él o ella, debe ser zer, zir, ra, me, o lo que quieran. ¿Cómo sabemos quién o qué es una persona? Y estos son solo tres ejemplos de muchos que reflejan la severa crisis existencial del Occidente. Estamos al borde de una implosión cultural.

Conclusión

Permíteme ser claro: no hay absolutamente nada en la ideología marxista, ya sea que se aplique económica o culturalmente, que sea compatible con la cosmovisión cristiana. Se rebela contra el orden creado de Dios, le declara la guerra a la ley de Dios, y a través del estado busca redefinir la creación de Dios según el pensamiento depravado y caído del hombre. Y aún más, busca imponer coercitivamente toda su ideología sobre toda la humanidad.

No hay nada admirable, nada sagrado, nada bueno en el marxismo. De hecho, Marx era un enemigo de Dios. Odiaba a la iglesia cristiana, y su objetivo final era destruir a la familia de Dios mediante la destrucción de la institución de la familia.⁠18 Su ideología siembra discordia, conflicto, y destrucción. Vuelve la estructura de la creación de Dios al caos, y adora a la criatura en lugar de al Creador.

Cristianos, echemos nuestras raíces en la Palabra de Dios, y llevemos todo pensamiento cautivo al señorío de Cristo. Necesitamos una cosmovisión claramente cristiana que abarque todos los aspectos de la realidad creada, y esto comienza presuponiendo al Dios creador que vemos en la Escritura, y la creación del hombre, sujeto a Dios, bajo la imagen de Dios.


1. Mark L. Ward, Biblical Worldview: Creation, Fall, Redemption, ed. Dennis Cone (Greenville, SC.: BJU Press, 2016), 260.

2. Ibid., 261.

3. Oxford University Press, “Capitalism: Definition of capitalism in Oxford dictionary (American English) (US),” Oxford Dictionary, 2016, accessed August 4, 2016, http://www.oxforddictionaries.com/us/definition/american_english/capitalism/.

4. Sergio Guerra Vilaboy and Osar Loyola Vega, Cuba: A History (North Melbourne, Australia: Ocean Press, 2010), 73-76.

5. Ibid., 74.

6. Kevin D Williamson, “Venezuela reaches the end of the road to Serfdom,” National Review, August 4, 2016, accessed August 5, 2016, http://www.nationalreview.com/article/438654/venezuela-starvation-economic-collapse-enslavement-citizens.

7. This was recounted to me by Cubans during my ministry visit to the island in March 2016.

8. P. Andrew Sandlin, “What is Cultural Marxism?,” Ezra Institute for Contemporary Christianity. Accessed August 1, 2018. https://www.ezrainstitute.ca/resource-library/blog-entries/what-is-cultural-marxism/.

9. Ward, Biblical Worldview, 262.

10. Sandlin, “What is Cultural Marxism?”

11. Ibid.

12. Ibid.

13. Kate Ng, “Transgender father Stefonknee Wolschtt leaves family in Toronto to start new life as six-year-old girl,” Independent. Accessed August 02, 2018. https://www.independent.co.uk/news/world/americas/stefonknee-wolschtt-transgender-father-leaves-family-in-toronto-to-start-new-life-as-a-six-year-old-a6769051.html/.

14. Siofra Brennan, “Norway woman says she’s a CAT trapped in a human body,” Daily Mail. Accessed August 02, 2018. http://www.dailymail.co.uk/femail/article-3419631/Woman-says-s-CAT-trapped-human-body.html/.

15. Sandlin, “What is Cultural Marxism?”

16. Ibid.

17. See Steven Martins, “Bill C-16, Bill 89 and the Illusion of Reality,” Ezra Institute for Contemporary Christianity. Accessed August 02, 2018. https://www.ezrainstitute.ca/resource-library/blog-entries/bill-c-16-bill-89-and-the-illusion-of-reality/.

18. Karl Marx and Friedrich Engels, Gesamtausgabe (MEGA) (Berlin: Akademie Verlag, 1976), vol. 3, 6.


Imagen: Lightstock.

 

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