¡Pero Jesús jamás enseñó contra eso!

En los últimos años, una sobrecogedora cantidad de palabras han sido blogueadas, tuiteadas, y habladas acerca del asunto de las relaciones del mismo sexo. Hay muchos (tanto dentro como fuera de la Iglesia) que han apelado a las Escrituras para retar la enseñanza tradicional sobre este tema.

Uno de los argumentos más comunes es que los cristianos han interpretado la Biblia de manera inconsistente, “eligiendo qué mandamientos del Antiguo Testamento nos ordena obedecer”. Tim Keller ya ha respondido a este argumento mucho mejor de lo que yo jamás podré hacerlo.

El segundo de los argumentos más comunes es este: “Pero Jesús jamás enseñó en contra de las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo”. Esta declaración carga un efecto retórico poderoso, porque parece honrar a Jesús y su enseñanza como la más confiable, un sentimiento que los cristianos abrazan con todo el corazón.

La realidad, sin embargo, es que hace justo lo contrario.

Alegar que algo que la Biblia enseña en otro lado no es obligatorio para nosotros hoy porque “Jesús nunca lo enseñó” no honra a Jesús o a sus enseñanzas. Al contrario, se rebela contra Jesús y sus enseñanzas. Aunque eso debería ser razón suficiente para que las personas abandonen el argumento, hay otra razón para hacerlo. Además de rechazar las palabras de Jesús, el argumento de “Jesús nunca lo enseñó” es también ilógico.

En este artículo no hablaré específicamente acerca de la postura bíblica de las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo, sino que simplemente evaluaré uno de los argumentos más comunes en el debate. Abajo expongo cuatro razones por las que el decir que “Jesús nunca lo enseñó” falla en honrar tanto a Jesús como a la lógica básica.

#1 Jesús no habló de muchas cosas.

Es ilógico decir que la ausencia de evidencia de algo es evidencia de su opuesto. Esto se conoce como “argumento del silencio” y es una falacia lógica. Por ejemplo, yo no tuitié acerca de lo que comí hoy. Pero eso no significa que tú puedes concluir que no comí nada. De la misma manera, el hecho de que Jesús no habló explícitamente en contra de las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo no significa que Jesús las aprueba, de la misma manera en que el silencio de Jesús respecto a las violaciones o la pedofilia no significa que Jesús es pro-violaciones y pro-pedofilia.

Justificar algo con base en que “Jesús nunca lo enseñó” es cometer una falacia lógica.

El hecho de que Jesús no habló explícitamente en contra de las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo no significa que Jesús las aprueba.

#2 Jesús le da la misma autoridad a las palabras de otros autores en el Antiguo Testamento que a la suya.

Durante su ministerio público, Jesús frecuentemente citó, aludió, e interpretó textos del Antiguo Testamento. Al hacer eso, reconoció tanto su autoría humana (como en Mateo 13:14) como su autoridad divina (como en Mateo 15:3).

En resumen, aunque Jesús no repitió cada enseñanza del Antiguo Testamento, Él sí aceptó toda la enseñanza del Antiguo Testamento como enseñanza autoritativa de parte de Dios. De hecho, Él confía de tal manera en la autoridad del Antiguo Testamento que cuando es tentado por Satanás en el desierto, su única (y exitosa) defensa es recordarle a Satanás lo que otros hombres escribieron como algo inspirado por Dios (Lucas 4:1-13).

#3 Jesús designó a Pablo y los otros apóstoles para hablar con su autoridad.

Aquellos que dicen que “Jesús nunca lo enseñó” gustan de poner las palabras de Jesús en contra de las palabras de sus apóstoles, especialmente Pablo, quien habló de las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo varias veces. Pero Jesús no quiere que sus palabras sean puestas en contra de las palabras de sus apóstoles. Él ve las palabras de sus apóstoles como suyas. Fue Jesús quien dijo de Pablo, “Ese hombre es mi instrumento escogido para dar a conocer mi nombre tanto a las naciones y a sus reyes como al pueblo de Israel” (Hechos 9:15). Fue Jesús quien prometió que cada uno de sus apóstoles hablaría sus palabras, con su autoridad, bajo la guía del Espíritu Santo (Juan 16:12-15). Los apóstoles no están en contradicción al ministerio de Jesús: están continuando su ministerio y fueron designados por Él para hacer precisamente esto.

Decir “pero Jesús nunca lo enseñó” es deshonrar a Jesús, quien enseña que Pablo y los otros apóstoles hablan con su autoridad, bajo la guía de su Espíritu.

#4 Si no puedes confiar en la autoridad de los apóstoles designados por Jesús, no puedes confiar en las otras citas de Jesús.

Es ilógico decir que las enseñanzas de Jesús en la Escritura son más confiables que las enseñanzas de sus apóstoles. No solo por la razón anterior, sino también porque cuando las personas citan a Jesús, en realidad están citando a los apóstoles citando a Jesús. Todo lo que sabemos acerca de lo que Jesús enseñó, lo sabemos porque sus apóstoles nos enseñaron lo que enseñó. Así, si no podemos confiar en que los apóstoles representaron a Jesús adecuadamente en sus propias enseñanzas, ¿por qué podríamos confiar en ellos cuando citan una enseñanza de Jesús directamente?

Decir “pero Jesús nunca lo enseñó” es ilógicamente depositar nuestra confianza en los apóstoles cuando citan a Jesús y no confiar en ellos cuando hablan como sus representantes designados.

En conclusión, somos libres de aceptar o rechazar el testimonio de la Escritura en las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo o cualquier otro tema. Pero no somos libres de poner las palabras de Jesús contra las palabras de otros autores bíblicos. Él simplemente no nos da esa opción.


Imagen: Lightstock
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