Haciendo iglesia con un Trastorno del Espectro Autista

Imagínate este escenario:

Estás en una habitación concurrida con personas que chocan contigo o te tocan suavemente con sus manos para pasar, sin darse cuenta de que cada toque hace que tu mente entre en estado de pánico.

Además de esto, tu cerebro empieza a abrumarse por los diferentes aromas que te rodean.

Mientras tratas de ajustarte, la música empieza a sonar encima del mar de sonido.

Te congelas mientras luchas para no permitir que tu ansiedad te domine.

¿Te ofrecerías voluntariamente a tener una experiencia como esta? ¿Me creerías si te digo que soportar un escenario como este es bueno para ti?

Bueno, esta es la descripción de los primeros cinco minutos de un servicio dominical para algunas personas con Trastornos del Espectro Autista. Alguien como yo.

¿Qué es el TEA?

El Trastorno del Espectro Autista (TEA de aquí en adelante) es un desorden neurológico comúnmente caracterizado por dificultades para la interacción social, comunicación, y sensibilidad sensorial.

Típicamente, alguien con un TEA es incapaz de leer lenguaje corporal o distinguir cosas como bromas y sarcasmos. Probablemente también exhiben una falta de contacto visual durante las conversaciones, y batallan para dar la mano. Por tanto, tener que enfrentar la interacción social puede causar ansiedad que solo se incrementa cuando aumenta la cantidad de personas en el área. Las personas con TEA típicamente tienen un tema que encuentran increíblemente interesante y pueden hablar sobre él durante horas. Personalmente, el mío son los videojuegos.

Sin embargo, el TEA no es un trastorno que encaje en un molde; no se manifiesta igual en todas las personas que están en el espectro. Este artículo refleja mis experiencias personales, pero otros que tienen un TEA pueden experimentar la iglesia de manera diferente.

Por qué la iglesia importa para todos

El escenario inicial solo se enfocó en la sensibilidad sensorial, así que puedes imaginar cómo son las cosas cuando entran en juego la comunicación y las interacciones sociales.

Pero aunque un servicio dominical tiene muchos niveles de dificultad para alguien con un TEA, el mandato de la Escritura es claro: “Consideremos cómo estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras, no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos unos a otros” (Heb. 10:24-25).

Como cristianos no podemos abandonar la reunión de los santos, y debemos tener comunión con la congregación ya que “El hierro con hierro se afila, y un hombre aguza a otro” (Pr. 27:17). Hay ocasiones en las que es más fácil decirlo que hacerlo, pero debemos perseverar. La iglesia es vital para nuestro crecimiento espiritual y aliento; de la misma manera, nuestra participación en la vida de la iglesia también anima a las personas a nuestro alrededor.

Acercándonos a la iglesia con un TEA

Para los que tenemos un TEA puede ser difícil sobrellevar el servicio dominical, pero hay algunos pasos prácticos que podemos dar para ayudar a aliviar la carga (al menos, esto es lo que hago yo):

  • Intento descansar bien la noche anterior, ya que ir a la iglesia con una mente cansada es en ocasiones el “fin de la partida”.
  • Tiendo a hablar uno a uno, ya que es más fácil enfocarme en la conversación. Concentrarme en una conversación me ayuda a ahogar parte del sonido de fondo.
  • Lo más importante, a lo largo de todo el servicio estoy orando por fortaleza para permanecer, que mi mente esté en paz, y que sea capaz de comunicarme con otros.

Puede que haya ocasiones en las que asistas y tengas que retirarte inmediatamente después porque es demasiado abrumador, y no debes avergonzarte por esto. Frecuentemente, en esas ocasiones, lo platico con mis amigos. Por gracia de Dios encuentro la fuerza para seguir adelante, y de cualquier manera ahí es donde nuestra dependencia debe de estar.

Conectando con alguien que tiene un TEA

Si eres un miembro de la iglesia al que le parece difícil conectar con aquellos que tienen un TEA, debes saber que puede requerir paciencia y tiempo.

Cuando empecé a interactuar con una pareja en particular en la iglesia, Katie sonreía y decía: “Hola Dave, ¿cómo  estuvo tu semana?”. A lo que yo respondería sin expresión: “Es David, y estuvo bien”. Luego Bill se acercaría y me preguntaría: “¿Cómo estuvo el camino a la iglesia?”. Y mi respuesta siempre era: “Estuvo bien”. Lo que ellos entendían a partir de estas conversaciones es que no me caían bien.

Sin embargo, esto no los detuvo de iniciar estas interacciones. En los siguientes meses Dios puso en mi corazón que necesitaba crecer en mi comunión con la iglesia. Requirió mucho esfuerzo, pero ya que Katie y Bill ya se estaban extendiendo hacia mí, fue más fácil acercarme a ellos, y lo que siguió de ahí fue una amistad duradera.

Ten esto en mente cuando parezca que la conversación no va a ningún lado. Sigue acercándote a la persona y levántala en oración.

¿Cómo lidiamos con la hospitalidad?

Los grupos pequeños y las reuniones informales en casa representan otro reto. Dios quiere que los miembros de la iglesia sean parte de la vida unos de otros. Pero para los que tienen un TEA, la idea de ir a una casa que no conoces puede ser amenazador cuando no sabes qué esperar. Aunque puede ser tentador rechazar las invitaciones a la casa de alguien más, hay muchas bendiciones cuando perseveramos. 

Hay cosas sencillas que las personas con un TEA pueden hacer para que sea más fácil aceptar la hospitalidad. Una es ser honesto con el anfitrión acerca de tus retos y necesidades con anticipación. Si estás batallando cuando estás ahí, podría ser difícil decir algo en ese momento, así que háblalo con antelación. No tienes que dar más detalles de los necesarios.

Aunque tener comunión con otros creyentes es necesario, no te fuerces hasta un punto crítico. Sé paciente y haz lo que puedas; con el tiempo Dios puede fortalecerte para manejar más cosas.

Recibiendo a alguien con un TEA

Si vas a recibir en casa a alguien que sabes tiene un TEA, aquí hay algunas sugerencias de cómo servirles amorosamente:

  • La primera vez que vengan, invítalos solo a ellos y quizá a uno de sus amigos. Si vas a invitar a más personas, hazlo saber para que sepan qué esperar.
  • Pregunta si tienen alguna preferencia de comida. Algunos olores y texturas pueden ser extremadamente incómodos para alguien que tiene un TEA, así que pregunta qué es lo que les gusta.
  • Es probable que la persona tiene probablemente algún tema que les apasione muchísimo, así que habla de eso durante un tiempo. He hecho pasar a Katie por horas de conversaciones acerca de videojuegos. Ella no es fanática, pero me escucha y dice que no lo entiende bien, pero que le gusta que yo esté emocionado, y luego seguimos con otra cosa.

Que esto te anime

Hace algunas semanas me invitaron a una fiesta sorpresa para un miembro de mi iglesia. No seguí mis propios consejos; solo dormí como cinco horas la noche anterior. Cuando llegué me vi rodeado de entre 20 y 30 personas en una casa pequeña, y mi ansiedad no tardó en dispararse.

Me sentí incapaz de entrar en ninguna conversación. Necesité todas mis fuerzas para no salir corriendo de la casa. Afortunadamente una de las anfitrionas, Rachel, se acercó a mí e inició una conversación tranquilamente. Por gracia de Dios, pude concentrar mi atención en ella y bloquear un poco de la locura que me rodeaba.

Conforme mi ansiedad se apaciguó un poco, su esposo me invitó a unirme a un juego de cartas en un área más vacía de la casa. Esto me ayudó muchísimo, y pude aguantar la noche.

Dios puede usarte para ayudar a alguien con un TEA, quizá sin que te des cuenta. Y para aquellos con un TEA, descansa en el hecho de que Dios te ama, te conoce, y te cuida. Aférrate a la verdad de la palabra de Dios y, cuando te enfrentes a un reto, recuerda esto: “Y mi Dios proveerá a todas sus necesidades, conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús” (Fil. 4:19).


Este artículo fue publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por el Equipo Coalición.
Imagen: Unsplash
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