¿Qué hago si mi pastor no desea cambiar una postura no bíblica? | #CoaliciónResponde

¿Qué puede hacer un cristiano si su pastor expresa que no desea cambiar sus posturas no bíblicas?

Debo empezar reconociendo que el tema es delicado y complejo. Es delicado porque se trata de la iglesia y de la verdad, y ambas cosas importan. Es complejo porque es difícil ponernos de acuerdo en cuanto a lo que son posturas no bíblicas.

Si al hablar de la postura no bíblica que afirma el pastor estamos hablando de una enseñanza o práctica que contradice el claro testimonio de la Biblia, y que al sostenerla se convierte en tropiezo en vez de edificación a la iglesia, entonces el consejo sería que el creyente salga de ese lugar. Permanecer en una congregación donde el pastor enseña y practica algo abiertamente contrario a las Escrituras sería pecaminoso y una decisión dañina para la fe.

Sin embargo, cuando hablamos de una postura no bíblica, también podemos referirnos a un error bíblico, un error de interpretación, o simplemente a una perspectiva distinta de un pasaje o de una doctrina en particular. En ese caso, la respuesta es más compleja.

Un vistazo al triage teológico

Para responder en este último caso, tomaré como referencia la siguiente definición de una postura no bíblica: un error de entendimiento o aplicación de un pasaje o una doctrina. Además, asumiré que la postura no bíblica es una doctrina de segundo o tercer orden.

Me explico: el Dr. Albert Mohler propone un triage teológico, enseñando que los creyentes debemos aprender a diferenciar entre las doctrinas de primer, segundo, y tercer orden. Las de primer orden son aquellas que todo creyente debe afirmar. De lo contrario, no podríamos considerarlo un hermano. En esta categoría están doctrinas como la Trinidad, la deidad y la humanidad de Cristo, la salvación por la fe sola, y la completa autoridad de la Biblia.

Las doctrinas de primer orden reflejan las enseñanza cardinales del cristianismo. Negar una de ellas equivale a negar en realidad el cristianismo completo.

Las doctrinas de primer orden reflejan las enseñanzas cardinales del cristianismo. Negar una de ellas equivale a negar en realidad el cristianismo completo.

Por otro lado, las doctrinas de segundo y tercer orden son aquellas en las que podemos discrepar y aun así considerarnos hermanos, y hasta tener comunión, siempre que afirmemos las doctrinas de primer orden. Entre estas doctrinas se encuentran algunas posturas sobre los dones espirituales o escatología.

Decir que una doctrina es de segundo o tercer orden no quiere decir que no sea importante, pues todo lo que enseña la Biblia es importante, pero sí implica que las de primer orden son más centrales y no negociables. Es decir, aunque las doctrinas de segundo y tercer orden nos impidan tener comunión en la misma iglesia o en la misma denominación, estamos unidos en la comunión cristiana, en la Iglesia universal, por afirmar las doctrinas de primer orden.

Observaciones necesarias

Tomando en cuenta que hay doctrinas más centrales que otras en la fe cristiana, vale la pena entonces hacer al menos cuatro observaciones y consideraciones antes de responder a la pregunta de este artículo.

Lo primero, es que no creo que la respuesta que demos aplique o se ajuste a todas las situaciones. Las respuestas, los consejos, y las sugerencias dadas aquí no deben aplicarse necesariamente igual en todos los casos. Cada situación es particular y cada iglesia local es distinta.

Incluso si ya hablaste con tu pastor y la conversación no dio los frutos que esperabas, procura ser dócil y prudente mientras Dios te guía.

La segunda observación es que asumiré que, antes de hablar con tu pastor respecto a su postura que tú consideras no bíblica, ya has estudiado e investigado lo suficiente respecto al tema, y has concluido que en verdad tu pastor está equivocado.  

La tercera observación, es que también quiero asumir que has hablado con tu pastor con la mayor humildad y con el espíritu correcto. Y la cuarta observación es que quizá la inquietud que tienes no es compartida por nadie más dentro de la congregación. Entonces, ¿qué hacer?

1. Ora a Dios.

De todas las cosas que puedes hacer, esta es la más importante. Orar no es un ejercicio de resignación. La oración es el medio más glorioso que Dios nos ha dejado para acudir a Él y pedirle ayuda, sobre todo en tiempos de necesidad.

Así que ora para que el Señor te dé la sabiduría necesaria y guarde tu corazón. Ora para que Él te conceda humildad, paciencia, y mansedumbre; que, lejos de enorgullecerte y ser causa de división, tú puedas ser humilde y paciente.

Y ora por tu pastor. Si entiendes que su postura no refleja el testimonio de las Escrituras, entonces ora para que Dios abra sus ojos y lo inquiete a buscar o aprender más. Y también ora por la iglesia para que continúe siendo edificada a pesar de todo esto. Si tu inquietud es compartida por otros, pídele a Dios por la unidad, la protección, y la edificación de la iglesia.

2. Sé discreto.

No caigas en chismes, quejas, ni murmuraciones. Si necesitas hablar de esto, hazlo solo con los líderes maduros dentro de tu iglesia. Asegúrate de guardar mucha discreción. No te conviertas en un instrumento de división en tu congregación.

Los cristianos debemos aprender a amarnos incluso en medio de nuestras diferencias. Eso incluye amar a tu pastor cuando él discrepa contigo en ciertas posturas.

Incluso si ya hablaste con tu pastor y la conversación no dio los frutos que esperabas, procura ser dócil y prudente mientras Dios te guía. Recuerda Proverbios 15:23: “El hombre se alegra con la respuesta adecuada, y una palabra a tiempo, ¡cuán agradable es!”.

3. Ama a tu pastor.

Los cristianos debemos aprender a amarnos incluso en medio de nuestras diferencias. Eso incluye amar a tu pastor cuando él discrepa contigo en ciertas posturas. Si es así, eso no debe afectar tu aprecio, tu relación, y tu compromiso con tu pastor.

Si él sostiene una postura no bíblica, y a pesar de eso tu amor por él sigue intacto, esto puede ser un poderoso testimonio de tu verdadera motivación. Le mostrarás que tu deseo es su propio bien, el de la iglesia, y la gloria de Dios. Sé paciente amando, porque el amor todo lo espera (1 Co. 13:7).

4. Ama a tu iglesia.

Procura que esta situación no afecte tu servicio y compromiso con tu iglesia local. Sigue sirviendo y amando a la congregación donde te encuentras.

El apóstol Pablo es un gran ejemplo de esto, pues a pesar de los serios errores en la doctrina y práctica de la iglesia en Corinto, aun así llamó como hermanos a los creyentes allí (1 Co. 4:14). Incluso al reprenderlos, lo hacía movido por un gran amor hacia ellos.

Por eso te animo a amar a la iglesia, pues ella es la esposa de Cristo. Ámala a pesar de sus manchas y sus arrugas, por que así la ama Él (Ef. 5:27).

5. Recuerda que Cristo edifica a su Iglesia.

Confía en que estas cosas son parte de la obra de Dios en tu vida y en la de su Pueblo. El Señor está obrando en medio de estas circunstancias y a través de ellas. Él te está formando, junto a tus hermanos en la fe,  a la imagen de su Hijo. Por eso “todas las cosas ayudan para nuestro bien”, decía Pablo (Ro. 8:28-29); incluyendo estas desagradables situaciones que nos suceden en la iglesia.

No olvides que la Iglesia le pertenece al Señor y por eso Él está más interesado que nosotros en su bienestar.

No olvides que la Iglesia le pertenece al Señor y por eso Él está más interesado que nosotros en su bienestar. Esto nos ayuda a tener la perspectiva correcta. Al fin y al cabo, fue Él quien dio su vida por ella (Ef. 5:25); Él la compró con su sangre (Hch. 20:28) y la cuidará mejor que cualquiera de nosotros.

Cristo es quien edifica a su Iglesia (Mt. 16:18). Esto es cierto a pesar de toda circunstancia. La obra de Dios continúa y su Iglesia seguirá creciendo. ¡Ánimo!

La salida no siempre es la solución

Por último, reconozco que para algunos creyentes que hacen la pregunta de este artículo, la mejor decisión será salir de sus iglesias locales para ir a otras congregaciones más saludables. Como mencioné, cada situación es particular y cada iglesia local es distinta. Pero así como creo que a veces un creyente debe salir de su iglesia, también creo que Dios puede usar a tal creyente para enderezar el rumbo de esa iglesia.

Por eso no creo que salir deba ser la primera opción para ti, en especial si eres un líder dentro de esa congregación. No descartes que, en su providencia, Dios pueda usarte para ser de bendición y edificación para la congregación a la que perteneces. Quizá Dios te pueda usar para traer cambios. Con su ayuda, con una actitud piadosa, amorosa, y con mucha paciencia, el Señor puede hacer grandes cosas en favor de su pueblo.


Imagen: Lightstock.
Compartir
CARGAR MÁS
Cargando